Skip to main content
Category

Blogs de autor

Blogs de autor

Un abrazo para un futuro perfecto

Me ha emocionado la escena. Me he sentido conmovido por esos dos emigrantes perfectamente integrados en la sociedad catalana, que se funden en un solo cuerpo y muestran su íntima solidaridad.

Veinte horas antes, me había yo temido lo peor. Cuando el camerunés se encaró con los chicos de la prensa y lanzó aquello de "si tiene cojones, que me lo diga a la cara", creí estar viendo una película de Robert de Niro sobre jugadores de baloncesto, aprendices de pistolero o pequeños traficantes; en fin, la panoplia de los héroes actuales. Y pensé: en la próxima escena, un desgraciado accidente lo va a dejar sin rodilla. O bien: va a sufrir un insólito secuestro y no podrá llegar a la final. O bien: la policía va a pillarle con una menor y no jugará nunca más.

Nada de eso ha sucedido. El desafío del inmigrante ha sido debatido, seguramente, por las dos poderosas familias y han decidido echar tierra sobre el asunto en lugar de echarla sobre el inmigrante. Por esta vez, pase, parecen haber pactado. Que se abracen. El guardaespaldas ha dado la orden de que se abracen. La prensa ha sido convocada. Los inmigrantes se han abrazado.

Sin embargo, no creo yo que esto se repita. La primera vez pilla a los padrinos por sorpresa y deben reaccionar al instante sin calcular las consecuencias. Ahora ya deben de estar cavilando qué hacer con el próximo inmigrante que se les suba a las barbas.

Porque una cosa es el escándalo en espacios tan iluminados como los estadios de béisbol, y otra muy distinta que la insurgencia tenga lugar en oscuros rincones del barrio viejo barcelonés, en los alpendres agropecuarios de Lérida, en campamentos clandestinos de las montañas de Gerona, en el reseco almendral tarraconense. Allí la insurgencia se paga muy cara. Allí si alguno de estos cameruneses o brasileños comete la imprudencia de gritar "si tiene cojones que me lo diga a la cara", se ha buscado la vida. Porque, en efecto, tiene cojones. Y se lo dice a la cara. O a la espalda, da lo mismo, porque a partir de ese momento el insurgente ya no tiene ni cara ni espalda.

Leer más
profile avatar
19 de febrero de 2007
Blogs de autor

LA GUERRA DE ESPAÑA

Una sorpresa es imposible cuando se trata de Eric Hobsbawm, el historiador inglés. Sabemos que su mente va hacia una izquierda ubicada en el corazón marxista del siglo XX. Y tampoco habrá una sorpresa cuando Hobsbawm escribe sobre el papel de los intelectuales en la guerra de España. No importa, su artículo, “War of ideas” (Guerra de las ideas)  este sábado en The Guardian, es un modelo de síntesis.

No falta la frase clásica que lo dice todo: la guerra de España es uno de los pocos casos de una historia escrita por los vencidos. Y además por vencidos que eran artistas, escritores, intelectuales. Lo que dijeron, escribieron, hicieron ha tenido una presencia duradera en la cultura. Hasta tal punto que los testimonios clave sobre la guerra, para un francés como yo, son de poetas o novelistas ingleses o americanos. Hobsbawm, citando a su propio caso de estudiante en la Universidad de Cambridge, explica muy bien por qué la experiencia española era imprescindible para los anglosajones antes de la Segunda Guerra Mundial.

Lo mejor del artículo, a mi juicio, es el papel entregado a un poeta poco conocido: Laurie Lee. Es el autor de un libro de memorias, traducido bajo el título Díptico español (Península), que es a mi juicio el gran libro sobre España en esta época, no por lo que dice de la guerra sino por una mágica caminata a través de la península. Hay muchos libros de ingleses (Pritchett,  Brenan, etc.) sobre España en el momento de entrar en guerra. Lee tiene algo más: una recepción íntima del país en su corazón. Tiene que ver con España y también con su juventud, con una inocencia imposible de derrotar. Es el papel que tiene en el artículo de Hosbawm: decir, más allá de la consciente voluntad de derrotar al fascismo, cómo había en el conflicto interno entre los españoles una oportunidad de hacer “un gesto grande y poco complicado de sacrificio personal y de fe en una oportunidad que no volvería a presentarse”. Si lo leemos bien, es la definición perfecta de la juventud. Después, viene la vida del adulto. Y el tiempo de las derrotas.

Leer más
profile avatar
19 de febrero de 2007
Blogs de autor

Mi cabeza juega al Tutti Frutti

La cabeza funciona del modo más raro. La noche del viernes, por ejemplo -mi última noche en Alemania, después de la presentación de Kamchatka en Hamburgo-, estábamos a punto de cenar cuando tuve la sensación de "dejá vu" más poderosa que haya experimentado nunca. Mi cabeza me juraba que yo ya había vivido esa escena de alguna manera, aunque más no fuese con el disfraz de un sueño; sólo que en el sueño, que es fragmentario por definición, yo no sabía aún que el hombre que cenaba a mi izquierda, y que en esa visión original sólo identificaba por su parecido con un actor inglés de talento, era Juan Carlos Benavente, profesor de español en el Instituto Cervantes, así como tampoco sabía que el lugar de la escena -un edificio hermoso, llamado Casa de Chile- era Hamburgo. Durante un instante creí que la lectura del primer capítulo de Kamchatka se me había subido a la cabeza, y que el tiempo, como mi personaje Harry sostiene allí, ocurre todo junto, del mismo modo en que tantas emisoras de radio coexisten a la vez. ¿Será verdad que podemos espiar el futuro, cuando nos detenemos un instante en nuestra loca carrera para espiar por la cerradura de alguna de sus puertas?

El sábado por la noche, mientras hacía tiempo para entrar al cine, mi hija y yo jugábamos a un juego que en la Argentina se llama Tutti Frutti. (Mi amiga Lulú sostiene que en Venezuela se llama Stop; los juegos se repiten en todas partes con mínimas variantes.) Se trata de elegir algunas categorías -sitios del mundo, actores, películas, cantantes o bandas musicales-, optar por una letra del abecedario y llenar cada casillero de la forma más rápida posible. La letra que había tocado en suerte era la hache. Yo completé la mayor parte de las categorías de forma convencional (Holanda, Hugh Grant, Henry Rollins), pero cuando llegué a película, todo lo que acudió a mi mente fue Había una vez un circo, una vieja comedia con Gaby, Fofó y Miliki. ¿Por qué, pudiendo haber elegido películas tan decorosas como Hiroshima mon amour, Hatari y Haz lo correcto, sólo pude pensar en Gaby, Fofó y Miliki? Entré al cine silbando la cancioncita, que ya no se me despegaba: "Había una vez un circo, que alegraba siempre el corazón…"

Cada vez que bajamos la guardia, la cabeza nos demuestra que por más que intentemos controlarla, ella sólo se atiene a sus propios códigos. Ya sea para recordarme a unos payasos a los que amé de niño, o para sugerirme extrañas nociones sobre la naturaleza del tiempo (en el fondo nunca dejamos de ser del todo quienes fuimos, ni siquiera en el amor por Gaby, Fofó y Miliki), nuestro cerebro nos demuestra a cada paso que sabe mucho más de lo que creemos sobre todo lo que necesitamos para vivir en plenitud.

Si tan sólo lo escuchásemos más a menudo.

Leer más
profile avatar
19 de febrero de 2007
Blogs de autor

Cartografía en Rosa

Querida:

He trazado un mapa de tu cuerpo, para no perderme cuando esté lejos.

Al principio, me limité a ponerles nombres a las penínsulas de tus piernas y tus brazos. Me parecía suficiente para orientarme en mis exploraciones. Pero con el tiempo, he ido descubriendo nuevos territorios.

Tus piernas, por ejemplo, se han subdividido. Entre los dedos de tus pies han aparecido huellas de un camino que sube por tus muslos hasta la región cálida de tu vientre. Lo mismo ocurre con tus brazos, cuya ruta lleva a las playas de tus hombros.

A menudo me pongo a chapotear en sus orillas. Puedo pasarme varios días bañándome en ellas sin que me importe gran cosa el resto del mundo. De vez en cuando, si no hace tanto calor, desciendo hasta las dunas y tomo el sol en el oasis. Me apetece instalar la tienda y no irme más de ahí. Pero necesito provisiones. Entonces doy un paseo por tu cuello y tus orejas, mordisqueando las frutas que encuentre al pasar. Lo importante es no quedarme quieto, disfrutar del vagabundeo.

Estudiando mis cartas de navegación, he pensado en la posibilidad de tender una hamaca entre las comisuras de tus labios. Ahí sopla una brisa agradable, y se está abrigadito. Pero uno tampoco puede vivir instalado en el placer las 24 horas del día ¿verdad? Hay que ser responsable.

Quizá sea necesario trepar un poco y poner una torre de vigilancia a la altura de tus ojos. Podría ver el mundo desde donde lo ves tú. Quizá me vería a mí mismo ahí, frente a ti, haciendo el tonto para hacerte reír. Debe ser un espectáculo bastante ridículo. Pero me gusta el efecto que produce.
Otra ventaja de colocar ahí la torre vigía es que me quedaría cerca de la jungla de tu pelo. Es divertido marchar por ella, apartando los mechones al andar y acariciándote la nuca con cada paso.

Finalmente, cuando termino ese recorrido, me gusta dejarme caer por la resbaladera de tu espalda. Es muy suave, y tiene el olor de las naranjas por la mañana. Además, si me dejo caer hasta el final, y continúo bajando por tus piernas, como en una montaña rusa, regreso de nuevo a tus pies.
Y entonces es hora de volver a empezar.

Leer más
profile avatar
19 de febrero de 2007
Blogs de autor

IV. NOMBRES DE LA MELANCOLÍA: ALEJANDRÍA QUE SE MARCHA

             Igual que los perfumes, que solamente pueden nombrarse dándoles una referencia: olor a rosa, a sándalo, a cuero viejo, a sudor, a hojas secas, a aguas estancadas, porque huyen de toda explicación por falta de sustancia, así mismo el hüzün que el propio Pamuk siente por su ciudad necesita de enumeraciones para intentar explicarlo, y lo hace, una larga lista de apuntes de la memoria, que es como buscar descomponer en sus elementos esenciales un paisaje urbano con todo y sus gentes, y convertirlo en una tabla de referencias, algo a través de lo que puede lograrse una aproximación, pero nunca aprehender su totalidad.

            Cada uno de nosotros tiene su propio hüzün, su saudade, su cabanga, por una ciudad que es propia, y siempre buscamos descodificar ese sentimiento en la mente. Puede estar frente a nosotros la ciudad amada, disolverse cada tarde en el crepúsculo, o vivir en un depósito privilegiado de la memoria. Y siempre jugaremos a desentrañarla, como quien repasa una vieja colección de tarjetas postales que nunca dejará de crecer, sino con la muerte.

            La ciudad, nuestra ciudad, que cada día entra más en el pasado, nuestro propio pasado, y la vemos así alejarse en el horizonte, tragada cada vez más por la niebla, y entonces, hacemos nuestra lista: gritos perdidos de niños que juegan en el patio de una escuela, el graffiti en una pared, la estela de un avión que cruza el cielo con rumbo desconocido, las luces que se encienden en la marquesina del cine de la esquina, los autobuses atestados de gente que regresa a sus hogares, un ensayo de piano o de clarinete tras una ventana, el ulular lejano de una sirena en medio de la noche, el llanto desconsolado de un borracho solitario, los pasos de una pareja que se aleja acera abajo.

            Los dioses siempre te abandonan a tu propia memoria, como en el poema de Cavafis:

             Dile por fin adiós a Alejandría que se marcha,
            y sobre todo no te engañes y no vayas
            a decir que fue un sueño, que se confundió tu oído…

Leer más
profile avatar
19 de febrero de 2007
Blogs de autor

FICCIÓN REAL

El Real Madrid ha vuelto a ser proclamado el club de fútbol más rico del mundo. Obtiene este puesto en estos últimos años en que justamente no ha ganado ningún título. ¿Gana más dinero cuando menos victorias logra?

La ecuación no responde sino a la lógica de la perversión. Lo decisivo se encuentra en lo que no se ve, ¿cuenta lo que no se cuenta?

De la misma manera que tendemos a improvisar sin referencias a una edad, el Real Madrid se consagra como fantasma. Es tanto más famoso cuanto más desaparece como entidad futbolística. Es tanto más relevante cuando es menos Real.

Su caso se alza como un paradigma de la nueva realidad. La multiplicación del mito (o la leyenda, según dice el club) del Real Madrid nunca ha sido mayor que cuando ha confiado su grandeza a los profesionales de la marca. No habrían podido conseguirlo sin que un equipo jugara al fútbol pero, como demuestran los hechos, el encantamiento requería no la verdad del juego o los resultados sino su sustitución por el fantasma. Nada llega más lejos que la imaginación y nada la frena más en seco que la exactitud de lo verdadero. La holgura entre verdad y ficción coincide con el territorio del marketing.

Leer más
profile avatar
19 de febrero de 2007
Blogs de autor

Historia no tan secreta de un placer

Aunque pretendamos lo contrario, la mayoría de los escritores somos egocéntricos sin remedio: nos creemos excepcionales, lo cual significa que sólo rendimos pleitesía a los clásicos -que dicho sea de paso, por lo general tienen la cortesía de estar muertos. Esto significa también que miramos con cierto desprecio a nuestros contemporáneos. Hecha la confesión, debo decir que muy de tanto en tanto me cruzo con un colega que me fuerza a echar mis prejuicios a la basura. Esto acaba de ocurrirme con el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez: la lectura de su flamante Historia secreta de Costaguana fue uno de esos placeres que sólo tienen lugar muy de tanto en tanto.

La culpa la tuvo Gerardo Marín, de la oficina de Alfaguara en Barcelona, quien se apareció en mi hotel con abrazos, una agenda llena de entrevistas de las que debía dar cuenta en apenas dos días... y el libro de Vásquez en la mano. Debe haber intuido, conociéndome como me conoce, que mi paladar sería sensible a semejante plato. Empecé a hojear la novela esa misma tarde, con la misma desconfianza (mea culpa otra vez) con que suelo abrir los libros de mis colegas en la tarea y en el idioma. Pero Historia secreta me atrapó de inmediato: un narrador confiado y poderoso, una historia americana con aliento universal, el hábito de la aventura y, planeando por encima de todo, la sombra mayúscula de Joseph Conrad. ¿Quién era este Vásquez, que parecía estar escribiendo en respuesta a mis deseos más profundos, dirigiéndose al lector ávido y todavía niño que sigue viviendo dentro mío?

Historia secreta de Costaguana es además la historia secreta de José Altamirano, un colombiano que se da el lujo de consumar la más exquisita venganza en contra de su país -podría impedir la secesión de Panamá del territorio nacional, pero elige no hacerlo-, y que a la vez recibe el castigo más cruel por sus pecados: quedar marginado, esto es desaparecer, del seno de su propia historia, cuando Conrad escribe Nostromo y lo relega como personaje. Confieso que esta era la parte del asunto que más me preocupaba; pensé que sería el caso de otro escritor latinoamericano (¡otro más!) que trata de robarse algo del fuego de los clásicos usando alguno de sus personajes, o convirtiendo al escritor mismo en parte de una historia. Pero Vásquez sabe lo que hace: reverencia la literatura de Conrad pero no deja que su relato se convierta en un refrito metaliterario. Creo que a Vásquez le apasionan los libros, pero le apasionan tanto como la vida misma. Historia secreta de Costaguana está llena de referencias históricas y literarias, y también está llena del humor y del dolor que sólo experimenta aquel que además de leer mucho, no teme vivir.

Por favor, no se pierdan esta Historia secreta. Sigo siendo egocéntrico como la mayoría de los escritores, pero cuando descubro un placer -y la lectura de Vásquez fue uno de ellos, particularmente exquisito-, no puedo resistir la tentación de compartirlo.

Leer más
profile avatar
16 de febrero de 2007
Blogs de autor

El bebé gigante

Siempre tuve miedo de Enrique Vila-Matas. Los escritores importantes en general nos intimidan a los novatos, pero éste tiene el agravante de ser un escritor muy distinto a mí, lo cual me inspiró siempre una corazonada aterradora: si él era tan bueno, yo tenía que ser pésimo.

Por eso, tiemblo cuando topo con él en el hotel de un congreso literario en Portugal. Como no se me ocurre nada que decir a la altura de su talento, sólo consigo preguntarle qué está leyendo. Me muestra un volumen de un autor francés y me dice:

-Me han pedido un artículo sobre este escritor, que me gusta mucho. Pero él seguramente se enterará de lo que yo escriba. Así que ahora voy a tener que leerlo.

Demoro en reírme, porque siempre he creído que los escritores consagrados no se ríen. Pero constato con alivio que es una broma. Más aún, con el paso de los días descubro que toda su conversación es un juego. Por ejemplo, cito el siguiente fragmento de la presentación de su libro Doctor Pasavento. Habla Vila-Matas:

-Buenas noches, vengo en nombre del Doctor Pasavento, que no puede ver a nadie. El Doctor Pasavento, harto de las obligaciones públicas del escritor, cansado del éxito, un día decidió huir del mundo y encerrarse a solas en un hotel. Albergaba la secreta esperanza de que el país entero se pusiese a buscarlo presa de la conmoción. Pero nadie lo buscaba. Así que se mudó a otro hotel, donde la gente pudiese reconocerlo, para ver si entonces descubrían su desaparición y lo buscaban. Pero tampoco ahí lo reconoció nadie. De hecho, un día entró en el hotel su editor, y tampoco lo reconoció. Así que el Doctor Pasavento no ha podido abandonar su encierro, y me envía a mí en su representación.

En los días que pasamos en Portugal, Vila-Matas no sale del hotel. No es pedantería. Concede entrevistas y conversa con quien se acerque, pero no da un paso fuera. Una mañana, cuando le menciono su extraña actitud, me confiesa:

-Escribí mi columna semanal sobre este hotel. Hablé del cielo gris y lluvioso de Portugal, y describí hasta las cortinas de mi habitación. Pero lo hice antes de venir. No conocía el hotel. Por suerte, todo ha coincidido con lo que yo imaginaba: la habitación es como la describí, palabra por palabra, y el cielo está encapotado. Así que no he tenido que corregir mi texto. Pero sigo paseando por aquí, para confirmar que todo está como lo inventé.

Cuando dice esas cosas, Vila-Matas no se ríe. Sólo se te queda mirando con una lucecita extraña en los ojos, como si acabase de hacer una travesura. Como los personajes de sus libros, él ha decidido usar las palabras para jugar con la realidad, para reorganizarla a medida de sus deseos. Parece un bebé gigante para quien el mundo no es más que un patio de juegos.

El día de su mayor presentación pública, dedica el tiempo a contar lo mal que habla en público. Confiesa que usa pastillas para contrarrestar los temblores. Recuerda a una viejita que se le acercó después de una conferencia a pedirle que se la repitiese al oído porque era sorda. Durante toda la intervención de Vila-Matas, el público se arrastra de risa. Y eso que no hablan español.

Gracias al tema de lo mal que habla en público, Vila-Matas termina por ser el mejor orador. Pero yo soy escéptico. Empiezo a sospechar que él ha escrito a ese público, y a ese anfiteatro, incluso a mí, y que sólo pasea entre nosotros para ver si seguimos como nos inventó.

Leer más
profile avatar
16 de febrero de 2007
Blogs de autor

III. NOMBRES DE LA MELANCOLÍA: ESTAMBUL

            En Estambul, memorias y la ciudad, Pamuk explica el hüzün como un mal común a los habitantes de la ciudad, atrapados entre el borroso recuerdo de una lejana gloria, y el incierto presente de una modernidad que huye hacia delante, con apariencia, más que sustancia, de quimera. Es el precio que pagan por vivir en la frontera incierta de dos mundos, no sólo en términos geográficos, sólo el estrecho del Bósforo separando dos continentes, Asia y Europa, pero también separando dos ideas de civilización, la del esplendor perdido del oriente que reinó desde Estambul, cabeza del imperio otomano, y la del occidente hacia donde Turquía quiere ir, bajo la pretensión de modernidad insuflada desde los tiempos de Kemal Ataturk, el gran reformador de la primera mitad del siglo veinte, y cuyo apogeo vendría a ser el ingreso de Turquía en la Unión Europea. El hüzün como melancolía ante la identidad incierta.

            Un mundo perdido que no se puede recuperar, pero cuyo espíritu vaga por las calles y entresijos de la ciudad, iluminado por la luz mortecina de la nostalgia. El hüzün, al que Pamuk ve no como la consecuencia, sino como la causa inmanente de la búsqueda incesante de un pasado cada vez menos aprensible. Pero ese hüzün, esa cabanga, por una ciudad, ¿tiene que ver sólo con una frontera cultural, o continental, con las glorias pasadas y las pretensiones de futuro?

            Todos tenemos nuestro propio hüzün, nuestra propia cabanga por la ciudad perdida o presente donde vivimos nuestra infancia, la adolescencia, la primera juventud, la ciudad a la que una vez llegamos como forasteros para quedarnos, o aquella de la que vientos contrarios nos alejaron.

Leer más
profile avatar
16 de febrero de 2007
Blogs de autor

LA DESAPARICIÓN DE LA “VERDAD”

Digo “verdad” u otra categoría que resista al menos el peso del cuerpo porque la sensación general es hallarse actualmente suspendido en el aire, sin asidero en un lema, una sentencia, una revelación sostenida e incluso una bien atinada cita.

El espíritu de esta época coincide con la vivencia de una atmósfera imprevisible que lo mismo desencadena un huracán que una corrupción inefable de la Justicia, una masacre territorial o el suicidio de un colegial por día. Se trate de los llamados valores, de las referencias o de los principios, un acuerdo común diagnostica su desaparición, su desvanecimiento o su confusa decadencia. Ni padres, ni maestros, ni jueces, ni presidentes. A todos se les han escapado los papeles en la ventisca. Como consecuencia vivimos en este dictamen de la improvisación y la  inminencia. A menudo, en el posmodernismo, uno y otro, se glorifican como condiciones vitalistas que enfatizan la joie de vivre, pero lo cierto es que son realmente agotadoras. La improvisación crea  ansiedad, incertidumbre y dosis de miedo. La inminencia, a su vez, posee la naturaleza del ataque y aumenta el pavor.

En  el seno del pavor tratamos de desenvolvernos con cordura pero no viene siendo fácil. La inspiración para vivir, falta de un código encuadernado, trata de apañarse con notas y hojas sueltas y la consecuencia es la fatiga crónica. En términos generales, la inspiración dominante procede del suspiro sucesivo y, de suspiro en suspiro, comprendemos que sobrevivimos de milagro. Cuanto creemos, decimos o transmitimos desaparece como un soplo y de liana en liana, de improvisación en improvisación, de carátula en carátula; nos desvivimos, puesto que el rostro de la verdad ha perdido su identidad y día y noche se halla en manos de la cirugía.

Leer más
profile avatar
16 de febrero de 2007
Close Menu
El Boomeran(g)
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.