

Cuando reflexionas desnudo de juicios previos y doctrinas, con el alma flotante y a la vez segura, aparece la llave que abre las puertas de los jardines mentales y pensar se convierte en una de la formas de la felicidad.
Vivimos tiempos tan infelices porque hemos renunciado a pensar, porque hemos abolido las ideas, porque hemos envenenado el pensamiento y hemos instaurado el imperio de los juicios previos y las doctrinas.
Dice la Academia que “papanatas” es la persona simple y crédula o demasiado cándida y fácil de engañar. ¿Son papanatas los entusiastas pronunciadores de Lleida, Girona, Ourense, A Coruña, etc., cuando hablan en castellano? A veces dan ganas de llamar a TVE, al encargado de los telediarios o al encargado del programa del tiempo, y contarles que, si no somos unos cursis redomados, empleamos Burdeos en vez de Bordeaux, Ginebra en vez de Genève y Londres en vez de London, y que los exónimos constituyen un recurso, de todas las lenguas cultas, que permite, entre otras cosas, el uso de gentilicios apropiados (¿cuál será el gentilicio castellano de Lleida y Girona al descartarse “leridano” y “gerundense” por remitir a los proscritos “Lérida” y “Gerona”?). Y, si no nos ha colgado el teléfono, se puede aprovechar para aconsejarle que, en aras de la coherencia, junto a Lleida y Girona no se pronuncie “Barcelona” sino “Barsalona”, recordando de paso que, por ejemplo, en catalán (¿son los catalanes menos papanatas?) “Zaragoza”, “Huesca” y “ Teruel” resultan “Saragossa”, “Osca” y “Terol”. También informa la Academia que “papanatas” viene de “papar” y “natas”.
Hubo mucha improvisación en aquella obra.
La escenografía parecía precipitada,
y cuando fue decidido el argumento
los personajes no quisieron seguir el guión.
Querían ser más libres de lo previsto.
Rechazaban envejecer y, lo que es peor,
se negaban a morir.
Pidieron al autor que retirara la pieza.
Pero era ya demasiado tarde.
Dios se consideraba un buen dramaturgo.
Estaba satisfecho del trabajo.
¿Qué le importaba si los malditos hombres,
engreídos por la oportunidad que se les ofrecía,
no apreciaban la belleza de su poema?
Esbozo estas notas en dos ciudades africanas en cuyas universidades públicas comparto unas horas de reflexión filosófica con estudiantes de diversas disciplinas, tanto científicas como humanísticas, quienes intuyen que la palaba filosofía designa algo que simplemente les concierne en lo esencial de su condición de seres de razón. La lengua propia de la población local es el Bantú, en dos variedades diferentes, aunque desgraciadamente esta lengua carece aquí de la necesaria presencia institucional y académica.
En el siglo XVI había gente que hablaba vasco en la Valdorba, un valle al este de Tafalla. Según la preceptiva vigente, es una prueba de la inveterada, pero como mínimo neolítica, antigüedad de la lengua vasca. Esos hablantes serían venerables seres puros cuyas entrepiernas habrían estado engendrando especímenes maravillosos que ejercitaban el ergativo durante las glaciaciones, cierto es que iban quedando menos a causa de la perfidia forastera en general y castellana en particular, pero ahí han quedado los pruebas de la vieja extensión de la lengua más antigua e inmaculada del mundo que, como ahora nos predica la superioridad, todo navarro debe aprender para cargar con su complejo fomentado, y para recuperar su vieja esencia milenaria y parcelaria.
En cambio, según la ciencia filológica, la Valdorba lleva un nombre que resume ejemplarmente su historia lingüística. Orba es un topónimo ibérico lobero cuya presencia es notable en toda la cuenca mediterránea desde el Peloponeso hasta la Península Ibérica. Unos ejemplos: en Navarra, Orbara, y en el Tirol, Corvara; en Asturias, los montes de (Eu)ropa, y en los Alpes, Oropa; aquí, al lado de Pamplona, Ororbia, en Soria, Borobia, y en la isla griega Eubea, Orobiai; en Toledo y Castellón, Oropesa, y en Beocia, Oropos (la ciudad saqueada por los atenienses que fueron condenados por el Senado a un multa de 500 talentos, y enviaron a Roma tres filósofos, el académico Carneades, el estoico Diógenes, y el peripatético Critolao, para negociar el levantamiento de la sanción). En Navarra, el topónimo emblemático Urbasa revela su ascendencia ibérica lobera si se compara con «urbarra», nombre del lobo en hitita, y con «urbar», el original nombre del lobo en sumerio del que descienden todos los demás. Los ejemplos son incontables, pero baste fijarse en algunos señeros como Gorbea, Ordesa, Cervera o Urbión, para hacerse una idea.
El sustrato ibérico data del tercer milenio a. C. La primera parte del topónimo Valdorba indica la romanización que se inició al final del primer milenio, o sea, que en la Valdorba se habló ibérico un par de milenios, y luego se romanizó. Lo mismo pasó en toda la Península Ibérica.
Entretanto, los vascones eran un pueblo ibérico que no hablaba vasco por el mismo motivo que Séneca no hablaba italiano. El vasco no existía en el tiempo de los vascones, porque se formó aquí más tarde, a la vez, y en el mismo sitio que los diversos romances.
En 58 a. C. los aquitanos se aliaron con los iberos vascones, que ya estaban experimentados en la lucha contra los romanos desde los tiempos sertorianos, para resistirse a las legiones que se disponían a ocupar la Galia. Fueron derrotados y Julio César nos da noticia de que casi todos los aquitanos se rindieron y entregaron rehenes. Los que no lo hicieron se refugiaron en la Península Ibérica, en el territorio de sus aliados iberos, más en concreto en las cuencas bajas del Bidasoa y el Urumea, como muestra la frontera isoglósica oriental aún vigente digu / dauku, o zigun / zaukun, donde el primer ejemplo es de raigambre aquitana y el segundo de origen ibérico. En ese enclave se formó la lengua vasca a partir del aquitano, bajo la influencia del ibérico, que era la lengua del lugar, y del latín, que era la lengua imperial. Hoy el vasco tiene un 80 % largo de romance, y un porcentaje notable y apenas estudiado de préstamos ibéricos, el resto es de origen aquitano, que a su vez remite al sumerio, lo mismo que el ibérico.
En el tiempo que va desde los romanos a la Edad Media, el vasco se fue formando, como los demás romances, de modo que hablantes de vasco mezclados con hablantes de romance era algo corriente. Y su presencia en la Valdorba indica su maxíma extensión meridional, puesto que el vasco tiene un foco original en los refugiados aquitanos de la vertiente cantábrica y una expansión hacia el sur, este y oeste a lo largo del medioevo. Originalidad y expansión siempre mezcladas, siempre con otros que no hablaban vasco, que es lo que ignoran nuestros incontables filólogos de guardia. Que nunca hubo raza vasca, ni pureza de lengua, ni antigüedad fuera de serie, es algo que, aunque dé pereza, hay que repetir, y más a estas horas populacheras, y más donde tenemos a unos gobernantes que dan tanto la vara con la didáctica del racismo vergonzante.
Sagradas guerras olvidadas,
¡qué cerca estáis de nosotros!,
¡cómo vivís, rojas luciérnagas,
en el interior de nuestros pensamientos ciegos!
Ahora, allá
-ese "allá" grande como la inmensidad,
ese "allá" concreto como la herida-,
ahora, allá,
un machete se balancea contra el cielo blanco
y luego, como el ave en busca de alimento,
desciende en picado hacia la víctima.
Ahora, allá,
se repite el rito de la mutilación,
y la carne seccionada
se desprende cruelmente del cuerpo.
Si escuchamos con atención
podemos oír el grito terrible del sacrificio,
seguido del todavía más terrible silencio.
Si miramos con atención
podemos ver como baja el río de sangre
que pronto anegará el valle.
¡Ahora estáis aquí,
sagradas guerras olvidadas!
En medio de la avalancha, para salvarse,
corrió, gritó, atropelló,
ciego entre otros ciegos,
sordo entre otros sordos.
Estaba dominado por el pánico
y, olvidado todo principio, no dudó, siempre para salvarse,
en golpear a niños y apartar a viejos
que obturaban la salida del teatro en llamas.
Pero no lograba escapar y, desesperado,
creyó que su destino era perecer
atrapado en el caos de cuerpos.
En aquel momento apareció un ángel
que, espada en mano, golpeando aquí y allá,
le abrió paso entre la muchedumbre.
La espada angélica chorreaba sangre
cuando, fuera ya del teatro,
llegaron a un lugar seguro.
"Estaba equivocado -susurró-,
todavía no ha llegado mi hora".
Entonces la espada angélica,
bañada en sangre, cayó sobre su cabeza.
"Estabas destinado a salvarte -dijo el ángel-
y ya ves, por cobarde, mueres".