Escrito por

Jesús Ferrero

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Animales, demencias, ausencias

"Los animales son amigos tan discretos que ni hacen preguntas ni repiten chismorreos", pensaba George Eliot. Cierto: practican las virtudes del silencio, seguramente intuyendo que si supiéramos lo que piensan de nosotros, su destino sería más adverso.

"La palabra no está hecha para cubrir la verdad, sino para decirla", pensaba José Martí. Glorioso pensamiento negado por la realidad, ya que a menudo las palabras ahogan la verdad en lugar de iluminarla, y ante esa evidencia, da igual para qué están hechas las palabras.

"No es cierto que todo sea incierto", decía Pascal. Sí, salvo en política.

"Es difícil conocer a un necio si es callado", aseguraba Alonso de Ercilla, pero ocurre que los necios no se suelen callar. Dificultad solucionada.

Doble imperio: La soledad es el imperio de la conciencia y el imperio de la demencia

En toda disputa la verdad acaba brillando por su ausencia.

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27 de junio de 2022
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Aquellas ferias de libros del segundo neolítico

Me dijeron que hubo un tiempo en que se celebraban ferias de libros en algunas ciudades.

Se disponían casetas como en los mercados de dátiles y olofrendas o como en las ferias de mardelos y de ocomindas de nuestra época.

Me dijeron…

Eran tiempos en los que los libros circulaban todavía con normalidad. Se decía (pero es una leyenda) que mucha gente sabía leer. Aún no tenían incorporado a su cerebro el programa total que hace innecesarios muchos aprendizajes, y tenían que descifrar el texto página a página. No podían asimilar como nosotros textos de mil páginas en segundo y medio.

Todo en ellos era tosquedad, pero para nosotros siempre tendrá aquella época el encanto de lo primitivo y lo primordial. Tardaban días enteros en leer un solo libro. ¿No es para alucinar?

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12 de junio de 2022
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Proust (9) La respiración

La conciencia de la muerte le obliga a interpretar de otra manera sus encuentros con los amigos. Para Marcel la tragedia siempre había estado unida a la idea de irreversibilidad. Los viajes en tren podían tener un aire trágico porque eran irreversibles.

En cuanto el tren se ponía en movimiento ya no había marcha atrás. En cuanto la muerte se empezaba a apoderar de tu mente y de tu cuerpo tampoco había marcha atrás. Por eso sus despedidas tienen ya la gravedad de un dictamen y el espesor de la losa sepulcral.

Cuando se despide de sus amigos les está diciendo adiós para siempre. Es difícil imaginar un estado tan flotante y tan definitivo. Seguramente sus amigos sentían en sus manos húmedas el frío de la muerte, como decían de Keats los pocos que le tendieron la mano durante sus últimos días.

Los ataques de asma son cada vez más agudos, y cada vez frecuentes los desvanecimientos. Todo se complica cuando contrae una bronquitis que hace aún más doloroso el acto mismo de respirar.

Siempre la respiración fue para mi algo mucho más complicado que para los demás, pero en este momento respirar es ya un verdadero suplicio”, puedo suponer que le dijo más de una vez a Celeste Albaret, su devota sirviente que le acompañará hasta la muerte.

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8 de junio de 2022
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Proust (8) El año1922

El 1922 fue un año curioso para el novelista, un año liminar además de conclusivo y fronterizo. Liminar porque el autor se está acercando a los verdaderos umbrales de la oscuridad, conclusivo porque está a punto de acabar la Recherche, y fronterizo porque concluir una obra tan definitiva solo te puede conducir al vacío real de la muerte. Apenas sale de casa, pero en las pocas veladas a las que asiste aparecen personajes definitivos que a Marcel no le interesan demasiado: Picasso, por ejemplo, y el enrome Joyce. No se llega a encontrar con ellos aunque los tenga delante y participen de la misma velada. Quizá para Marcel esos sujetos presuntamente geniales ya solo son sombras flotantes que le despistan, que le alejan de su tarea fundamental: añadir las últimas parrafadas a La prisionera mientras ve por primera vez en los escaparates de las librerías el segundo tomo de Sodoma y Gomorra.

A pesar de su fragilidad, Marcel es un titán luchando contra el tiempo, batiéndose contra la sustancia misma de su relato. Busca la ayuda de la cafeína, abusa de ella hasta quemarse las vísceras. A comienzos de primavera cree que finalmente ha concluido la Recherche, pero se engaña, porque su empresa es en realidad infinita. Le dice a un amigo: “Podría añadir mil páginas más. Cuanto más ahondas en una situación más se agrandan las dimensiones de esa misma situación, más se ensancha la cavidad del tiempo”. Miento, esto último no lo dijo, pero lo pudo haber dicho, y seguro que lo pensó. Es una deducción lógica más que una suposición.

-Continuará-

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21 de mayo de 2022
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Proust (7) La moral familiar

Dos asuntos, aparentemente desconectados, le habían impedido desplegar el tapiz descomunal de la Recherche: no dar con los nombres adecuados para sus personajes (cada personaje ha de tener el nombre que mejor le represente en el teatro del mundo), y el hecho de que sus padres aún estuviesen vivos.

Tenía muy claro Marcel que si su madre leía algunas páginas de Sodoma y Gomorra bien podía sucumbir a un síncope y quedarse muda y sorda hasta su última hora.

Lo que para una generación es una monstruosidad, para otra puede ser una delicia, y así, de susto en susto y de gemido en gemido, va avanzando y retrocediendo la historia.

Marcel sabía que el tiempo era tan discursivo como circular, por eso el camino de Swann ya nos está conduciendo al tiempo recobrado, el comienzo anuncia el final, y en el principio está el fin, como rezaba Eliot haciéndose eco de muchas voces anteriores.

No solo lo que podía haber sido, también lo que fue es una especulación, y eso es la Recherche: una portentosa y sofocante especulación sobre el tiempo, llena de hechos vividos y de hechos imaginados que están apuntando a un fin único: el presente en el que vive y agoniza Proust cuando corre el año 1922.

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1 de mayo de 2022
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Proust (6) Los padres muertos

El último año de vida de Proust estuvo presidido por la ansiedad y la fiebre.

Sentía que la muerte seguía sus pasos por los pasillos de su casa, las habitaciones, el cuarto donde crepitaba siempre el fuego. Las llamas de le chimenea eran las lenguas de la muerte, las sombras que proyectaban en las paredes eran las sombras de la muerte.

Muchos de los personajes que habían transitado por su inmensa feria de las vanidades estaban muertos, como estaban muertos sus padres, y muy especialmente su madre, la que podía conducirle al abismo las noches de su infancia, cuando la reina de su vida no acudía a darle un beso y sin la seguridad pueril del beso materno la noche se abría ante él como la vasta morada del insomnio.

Ah, la muerte de los padres, sin su ausencia no hubiese sido posible levantar el edificio de su pasado. Los grandes jueces han de morir para que el vástago libere su voz y deje paso a los demonios de la carne, y sea la carne la que hable y se abra a la noche de los gozos inconfesables.

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23 de abril de 2022
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Proust (5) Lo perdido

Buscamos lo perdido. Pero ¿qué es lo perdido? Lo perdido, al nacer, es el vientre materno. Y si vamos aún más allá del vientre materno, lo perdido sería la insensibilidad de la materia, en cierto modo la nada, idea en la que Freud basó la pulsión de muerte: el deseo de regresar al tiempo en el que todavía no éramos, la nostalgia de la más elemental oscuridad.

¿El amor tendría algo que ver con eso? ¿Y si lo perdido, en lugar de ser la oscuridad, fuese nuestro propio ser, y por derivación, nuestra propia forma, nuestros propios límites? «Sé tú mi límite», dijo en un poema Valente. Es decir: sé tú mi perímetro perdido, sé tú mi ser, en el sentido más específico del término. Ese límite que buscamos en el otro tendría que ser, por definición, muy parecido a nosotros. Nos tendríamos que ver en él como nos vemos en un espejo. Ese límite sería también el límite de nuestra carencia, y el objeto en el que cesaría nuestra pobreza ontológica y la miseria de nuestro ser, como viene a decir Platón en el mito del doble ser incluido en el “El banquete”. Según ese mito, todos éramos andróginos al principio, pero los dioses nos partieron en dos para quebrar nuestra arrogancia, condenándonos a pasar la vida buscando nuestra mitad primordial.

¿Una mitad muy difícil de encontrar? Da lo mismo, cuando el ser que nos sale al paso no se parece al que buscamos; podemos llevar a cabo una operación de maquillaje. Podemos convertirnos en un manipulador y conseguir que lo distinto sea semejante. Una vez más, Narciso convertido en Pigmalión. Ese fue el gran trabajo de Proust durante toda su vida y durante toda su obra: un inmenso Narciso trasformado en un inmenso, titánico Pigmalión.

Para Proust "La recherche" fue su mitad perdida y encontrada, y el útero de signos y de sombras donde se refugió antes de convertirse él mismo en un signo y una sombra.

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16 de abril de 2022
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La balada de Javier Goñi

 

Irónico y severo,

afable, burlón, generoso y atento

al despliegue incesante del teatro del mundo,

 

lector empedernido

de los clásicos y los modernos,

amante de secretos incalculables,

maestro en el arte de la sinceridad

y de la simulación, pues a ambas ha de recurrir

la mente prudente y sabia

en esta selva de fieras y de lágrimas.

 

Amigo leal hasta la muerte,

fuiste la encarnación

de la dignidad humana

y de la buena voluntad,

y tu sentido de la amistad era tan indestructible

que ni siquiera lo podía destruir la traición.

 

Te recordaremos siempre.

 

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7 de abril de 2022
Jeanne Proust nee Weil and her two sons Marcel and Robert. Private Collection.
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Proust (4) Dos hermanos y su madre

Observen esta foto: los hermanos Proust con su madre. De izquierda a derecha: Marcel, la madre y Albert, el hermano menor de Marcel, que es médico como el patriarca de la familia, especializado en urología y ginecología.

Marcel y Albert han invertido los papales. Marcel, el mayor, parece un reprimido, en cambio su hermano parece un expansivo. Marcel observa con asombro el mundo y Albert con la distancia arrogante de los que mandan.

Albert parece estar poseyendo a la madre, sin que Marcel (que en la foto ocupa el lugar del padre) se de cuenta. La madre expresa serenidad y continencia, Marcel expresa dudas metafísicas que lo dejan bizco, y su hermano casi se despatarra como si se hallase rodeado de las alegres chicas del Molino Rojo.

Bajo la apariencia de la tranquilidad burguesa, una tormenta emocional se despliega. Al final, el hermano mayor acabará siendo el dueño de la palabra. ¿A qué precio?

Al precio de una vida, ni más ni menos.

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25 de marzo de 2022