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Un libro como un relámpago

El nuevo libro de cuentos del mexicano Antonio Ortuño, La señora Rojo (Páginas de Espuma, 2010), tiene algo de engañoso. Quizás sea su brevedad --el hecho de que se puede leer de una sentada--, o su prosa carente de florituras: todo parece fácil, demasiado fácil. Un libro que es como un relámpago podría pasar de puntillas en la avalancha de novedades. Y sin embargo La señora Rojo queda. Es notable el mérito de Ortuño: ha hecho que lo que parece poco sea mucho.

Ortuño, escogido hace poco por la revista Granta entre los mejores narradores jóvenes en español, transita por diversos registros, desde el relato breve que ha hecho escuela en la literatura latinoamericana hasta los cuentos de corte más clásico, desde las exploraciones de la individualidad desquiciada en la primera parte de La señora Rojo –una individualidad que se agita en medio del contexto social-- hasta los universos más amplios de la segunda parte, en los que lo político y lo histórico se convierten en las formas fundamentales por las que se constituye el sujeto contemporáneo. Hay un diálogo con la tradición, pero también una apropiación muy particular de esta: Ortuño ya tiene un mundo propio, un estilo inconfundible.

El tono principal de Ortuño es el del humor negro, el de la sátira descarnada: hay malicia y crueldad, aunque en general estas no suelen ser gratuitas (hay excepciones). “Agua corriente”, el primer cuento del libro y uno de los mejores, prefigura lo que vendrá: el narrador, “con una madre abandonada por el marido con un hijo pequeño y otro imbécil”, pertenece a una familia tan pobre que las cenas se preparan en base a sobras. Por suerte hay agua caliente: eso permite “limpiar la sangre que le escurría a mi hermano de la boca cuando se despeñaba por la escalera o caía en mitad de un pasillo y se machacaba en las esquinas de los muebles”. Se leen de paso observaciones afiladas en torno a la sociedad (el narrador se embrutece en la escuela “con las cenizas de educación pública que recibía”).

En este libro hay varios cuentos magníficos: “El Grimorio de los vencidos”, el más divertido y burlón; “La señora Rojo”, que funciona a nivel literal (una inmensa tortuga invade el jardín de una familia de clase media) y a nivel metafórico (una alegoría del destino aciago de nuestras sociedades, en las que un obstáculo es reemplazado por otro); “Pavura”, que comenta con lucidez acerca de la paranoia contemporánea del control y la seguridad (un encargado de seguridad obsesionado con su trabajo se enfrenta al miedo de que los controles sean burlados, pero en el fondo su inconsciente ya ha sido tomado: vive con el miedo de saber que bastará un parpadeo para que “el enemigo, el mal, la demencia infinita” ingresen en “nuestras entrañas”); “Héroe”, que se puede leer como una variación de un cuento de Borges (“Tema del traidor y del héroe”).

Como en buena parte de la cuentística latinoamericana, los cuentos de Ortuño suelen decantarse por el golpe de efecto, la vuelta de tuerca del párrafo final. Si el impacto no es el deseado, el cuento se resiente. En ese sentido, hay textos como “El día del amor” y “La culpa de las revueltas” en los que la violencia final es más bien caricaturesca y su fuerza inicial se diluye. Aquí el humor negro y la crueldad no son un medio para un fin sino un fin en sí mismo. Detalles menores: La señora Rojo es un libro sólido, uno de los mejores de la narrativa mexicana contemporánea; Ortuño, capaz de imaginar a los ancianos “cerúleos y frágiles” que caminan por los pasillos de un hospital como si fueran parte de “un ballet decadente y espantoso”, ha alcanzado la originalidad y madurez que anunciaban libros como Recursos humanos (2007) y El jardín japonés (2007).   

(Letras Libres-España, marzo 2011)

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28 de febrero de 2011
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La gran convulsión

La semana pasada tuve la oportunidad de visitar La gran convulsión, la exposición montada por el Guggenheim de Nueva York  sobre las vanguardias en el período 1910-1918. El museo no escatimó esfuerzos para presentar las grandes obras de esos años de gran fermento creativo que terminaron con el horror de la primera guerra mundial. Los cuadros estaban acompañados por fotografías y manifiestos que iban desde la noche futurista de enero del 1910 en el teatro Politeama Rossetti de Trieste hasta el Manifiesto I de De Stijl firmado en noviembre de 1918 por Mondrian, Van Doesburg y otros.

Una exposición tan ambiciosa como esta sirve para reevaluar a artistas y movimientos. El Guggenheim muestra con contundencia que las vanguardias fueron efímeras pero su legado no: todavía hoy vivimos bajo la sombra de sus logros. Los artistas que conocemos como centrales –Picasso, Kandinsky-- lo seguirán siendo, aunque en particular hubo dos que yo entendía como de secundarios y que crecieron ante mis ojos: Franz Marc y Robert Delaunay. El alemán Marc, un expresionista fundador de la influyente revista Der Blaue Reiter, fue uno de los que creyó que la guerra podría limpiar el materialismo rampante en Europa y restaurar los valores religiosos y espirituales; un par de meses en el frente de combate bastó para desilusionarlo. Desde el punto de vista artístico, sin embargo, impresiona ver cómo sus cuadros previos a la guerra fueron premonitorios: La desafortunada tierra del Tirol y El destino de los animales, de 1913, capturan a la perfección las tensiones políticas y económicas que llevarían directamente al conflicto bélico.  

El francés Delaunay, junto a pintores tan diversos como Mondrian, Léger y Chagall, exploró esos años nuevas formas de representar el espacio. La exposición del Guggenheim hace patente su obsesión con la torre Eiffel, que él veía como el símbolo por excelencia de la modernidad y también, de acuerdo a la crítica Tara Ward, como un “desafío para la composición (¿cómo hacer que algo tan alto entre en el espacio confinado de un cuadro?)”. Influido por los cubistas y por las teorías del color de Chevreul, Delaunay trató de usar perspectivas simultáneas y combinaciones de tonos de color para crear la sensación de que sus versiones de la torre tenían tres dimensiones.

Sorprende la alianza que existía en esa época entre las artes visuales y la escritura: los futuristas publicaron más de cincuenta manifiestos; casi todos los vanguardistas escribieron ensayos para defender sus teorías. La poesía exploró formas visuales (los caligramas de Marinetti y Apollinaire), y, a la inversa, muchos cuadros tenían su referente poético. Una de las alianzas más creativas se produjo entre Delaunay y el poeta chileno Vicente Huidobro, como analiza Rosa Sarabia en su libro La poética visual de Vicente Huidobro (Iberoamericana, 2007). Huidobro llegó a vivir a París en 1916 e ingresó rápidamente en los grupos vanguardistas; en 1917 ya era uno de los fundadores y financiadores de Nord-Sud, la revista dirigida por el poeta Pierre Reverdy. Ese mismo año Huidobro publicó en Nord-Sud su poema en francés “Tour Eiffel”, que serviría de base para Tour Eiffel, el poema-libro que publicaría en 1918 con una portada diseñada por Delaunay y la reproducción en sus páginas de un cuadro del pintor francés.

Huidobro escribe:

Torre de Eiffel
Guitarra del cielo
            Tu telegrafía sin hilos
            Atrae las palabras
            Como un rosal a las abejas

Sarabia observa que la mirada celebratoria de Huidobro tiene que ver con la torre como símbolo de la modernidad y también con el final de la primera guerra mundial (la torre ayudó en las “operaciones radiotelegráficas” de los aliados). El mérito de la exposición del Guggenheim es mostrar no sólo esa exaltación de lo moderno sino la devastación de la guerra: la “gran convulsión” adquiere su sentido si ponemos los cuadros de Delaunay al lado de los de Marc.

(La Tercera, 28 de febrero 2011) 

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28 de febrero de 2011
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Sarkozy, el refundador

Las ola revolucionaria se ha llevado por delante a dos dictadores, tiene a otro acorralado, ha hecho caer al primer ministro tunecino y ha obligado al presidente francés Nicolas Sarkozy a despachar a su ministra de Exteriores, Michèle Alliot-Marie que le ha durado cuatro meses en el cargo. No está mal. Todo sigue teniendo la apariencia de un brillante comienzo: ahí están en cola Bahrein, Yemen, Oman, Argelia, Marruecos, e incluso, Arabia Saudí. No hay que minusvalorar un pequeño detalle significativo: la Autoridad palestina ha cerrado su oficina de apoyo a la negociación de paz. Sarkozy, al anunciar la remodelación de Gobierno, ha anunciado también que hay que refundar la Unión para el Mediterráneo (UpM).

Es una de las noticias más curiosas de la temporada: la UpM arrancó hace tres años en una cumbre en París con un buen puñado de dictadores y no ha conseguido reunirse por segunda vez. Su secretaría, instalada en Barcelona, no funciona todavía a pleno rendimiento y tiene el cargo de secretario vacante, porque el diplomático jordano que lo ocupaba dimitió solo empezar las revueltas árabes. Por cierto, hace bien Sarkozy queriendo refundarla: nominalmente, él y Mubarak son todavía los copresidentes del artefacto. Todos sabemos que el presidente francés tiene algo de Adán. Le gustan los nuevos comienzos y las refundaciones. Quiso refundar el capitalismo, que tiene un poco más de historia que la UpM, y todo quedó en agua de borrajas. La UpM ya fue a su vez una refundación de algo que, mal que bien, tenía más sentido y funcionaba mejor, como era el llamado Proceso de Barcelona, en el que se incluían todos los capítulos políticos y derechos humanos que fueron eliminados del nuevo invento sarkozyano. Quizás, en vez de refundar, habría que regresar simplemente al anterior formato y recuperar los papeles que el presidente francés barrió de la mesa. Michel Rocard, el ex primer ministro socialista francés al que Sarkozy quiso encargar la puesta en marcha de la UpM, ha explicado que ?comprendió en seguida que el punto de partida era la voladura de todo lo que ya existía en cuestión de diálogo euromediterráneo?. Por eso rechazó el encargo. También lo rechazó Alain Juppé, el nuevo ministro de Exteriores nombrado en sustitución de Alliot-Marie. Juppé ha explicado que ?no veía la cosa y como sustitución acepté el Libro blanco sobre política exterior porque me dije que no podía decir que no a todo?. Ambos lo explican en un libro dialogado, de reciente publicación en Francia, seguramente poco oportuno, pues acredita la profunda distancia que hay entre Sarkozy y Juppé, hasta ahora ministro de Defensa. ?El mejor de todos nosotros?, para Jacques Chirac, era Alain Juppé. Es un político tan brillante y valioso como desafortunado. El primer intento de reformar el sistema social y laboral francés fue obra suya, siendo primer ministro de Chirac entre 1995 y 12997, pero solo consiguió que la agitación social y la oleada de huelgas terminara con su gobierno. Luego cargó sobre sus espaldas los mangoneos de la financiación ilegal de su partido, llegando a sufrir condena penal por ello. Juppé ha pagado las facturas de la presidencia de Jacques Chirac, al igual que Sarkozy ha cobrado los beneficios. Juppé apoyó a Chirac en las presidenciales de 1995 mientras que Sarkozy hizo lo propio con el candidato derechista que perdió, Edouard Balladur. Está visto que si hubiera ganado Balladur entonces, quizás ahora Juppé sería presidente. Y a Francia las cosas quizás le habrían ido mejor. La llegada de Juppé a Exteriores es una buena noticia para la diplomacia francesa. Juppé ha criticado abiertamente los recortes y la marginación sufrida por el Quai d?Orsay por parte de Sarkozy con su manía de concentrar todo el poder en sus manos. También es una buena noticia para los europeos. Al fin hay un ministro de Exteriores con cara y ojos, que ya tiene experiencia en el mismo cargo desde 1993 hasta 1995. Aunque es un gaullista, sus convicciones europeas son profundas y serias, mucho más que las de su jefe Sarkozy. En el panorama actual, con una alta representante de la UE de perfil tan bajo como Catherine Ashton, y con un ministro de Exteriores alemán contestado en el interior y sin futuro en el exterior, como Guido Westerwelle, Juppé tendrá márgenes para actuar y la posibilidad de tirar al menos un poco de la apática tropa europea. (Las citas pertenecen al libro ?La politique telle qu?elle meurt de ne pas être. Alain Juppé. Michel Rocard. Un débat conduit par Bernard Guetta. JCLattès)

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28 de febrero de 2011
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El vacío que sopla

Si este mundo se queja continuamente de la falta de líderes, de valores, de proyectos, de sentido, su fosa principal o su cimiento es la ausencia. La ausencia en un estadio abarrotado de personas y aparatos, de bienes de consumo y financieros, de parados y emigrantes. Saturado acaso de opciones pero que una y otra vez cuando presenta su rostro le vemos marcado por la ausencia. Este es el caso de los motines, agitaciones, revueltas o disrupciones en el norte de África. Los dictadores dejan tras de sí el podio vacío, abandonan sus armaduras y se vacían las cárceles, se vacía incluso el país a través de la ola de refugiados que huyen de la masacre tirana. El vacío aparece tras de su ausencia pero adelante en el porvenir sin su pezuña se alza un nueva ausencia. Posee el resplandor de lo nuevo y la atracción del bien pero ¿de qué se trata? ¿De la democracia desacreditada de occidente? ¿De una conjugación del desconcierto en el mismo instante del desmantelamiento? La falta de proyecto, la invisible ideología conductora de quienes van a vencer repite el fenómeno característico de este mundo actual, flotando en el creciente hueco de sí mismo. Sin cuestión, la democracia agujereada es mejor que la dictadura maciza, pero  a la democracia agujereada, carcomida, corrupta desvencijada y vieja que puede remedarse le queda poco tiempo para desplomarse y dejar entre su polvareda el solar vacío. ¿Para qué? ¿Hospedando qué clase de arquitectura? ¿Trazando qué convivencia humana? ¿Y en qué sistema económico, financiero, especulador, de intercambio desigual?

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28 de febrero de 2011
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La mujer en el golpe

He tenido un ‘shock' viendo estos días en prensa las fotos de hace treinta años. Yo no estaba aquí, sino en Berlín, donde llegué al anochecer del día 23 de febrero al hotel Kempinski, lugar de la tertulia que los españoles acreditados en la Berlinale, críticos, productores y cineastas, formaban casi todas las tardes. Al verme entrar en el bar del hotel con aire incauto, Elías Querejeta me colocó en la sien el metal de una radio-casete de pilas. ¿La banda sonora de alguna alegoría bélica de las que él había, tiempo atrás, producido? Se oían tiros y voces en la grabación, pero Elías me miraba sin orgullo profesional, más bien con la cara de un atormentado personaje de la cinematografía nórdica. "Ha habido un golpe de estado en España". Ya se imaginan ustedes la continuación de la ansiosa velada berlinesa. Dos detalles recuerdo con especial nitidez: la solemne oferta de asilo político que a los españoles nos hizo en el bar americano del Kempinski el director del festival de cine, Moritz de Hadeln, y ver al día siguiente todos los periódicos alemanes con la palabra ‘putsch' ocupando la portada.

           Volví a Madrid cinco días después de la multitudinaria manifestación anti-golpes del 27 de febrero, y me sumé a la alegría y el estupor que todos ustedes sintieron, los que entonces hubieran nacido o tuviesen uso de razón, claro. La vida continuó, hasta hoy, con sus altibajos políticos, que les ahorro por economía narrativa, y sus bajas humanas, más de las que uno habría supuesto, con la imprevisión de la juventud, en sólo tres décadas. España es otra, querría yo pensar que una ‘tercera españa' moderna y mixta emanada como un elixir de las sempiternas ‘españas dos' del refranero y la poesía. No vivimos actualmente en la mejor España posible, pero vivimos en un país en el que, al menos al incauto, le puede producir un ‘shock' comprobar que en las filas de encabezamiento de la henchida manifestación madrileña del 27 de febrero de 1981 no se ve a ninguna mujer, absolutamente a ninguna (al menos en la foto a dos planas que El País Domingo publicó en su edición del pasado día 20). Por curiosidad o por juego me dediqué después -todos sabemos lo que da de sí una tarde de domingo, y más si es lluviosa- a ver otras fotos en ese periódico y en otros del mismo día. Se distingue, por supuesto, a alguna que otra diputada en los escaños del Parlamento donde irrumpió con su pistola el teniente-coronel Tejero, y poco o nada más. Entre los quince miembros (uno con cigarro encendido) fotografiados por EFE en la decisiva reunión de la Junta de Defensa Nacional posterior a la intentona golpista, no hay ni una sola posibilidad de plantearse lingüísticamente el sustantivo ‘miembra'. Y de un total de treinta y cinco personajes retratados en la extraordinaria imagen de los periodistas leyendo la histórica edición especial de El País en las escaleras del Hotel Palace, sólo cuatro son mujeres, una cifra que ahora, en una situación idéntica, sería un inverosímil. Ningún número femenino de la Guardia Civil asaltó tampoco aquel 23 de febrero el Palacio de las Cortes.

    Virginia Woolf, en uno de sus textos más enigmáticos, escribió que en torno a diciembre del año 1910 "el carácter humano cambió". La afirmación se ha prestado desde entonces a interpretaciones diversas, y algunas, de talante feminista, son recogidas en el recién aparecido libro ‘Virginia Woolf and December 1910'. No todos los indicios de ese cambio -coincidente con el fin de la era eduardiana- enumerados por la novelista son exclusivos de la condición femenina, aunque hay una frase en su texto que resalta estupendamente el fin del yugo de la tradición doméstica que hacía natural para la mujer educada "pasar su tiempo persiguiendo cucarachas y fregando sartenes, en vez de escribiendo libros".

    No sé si el 23-F es la efemérides exacta para fijar nosotros el arranque de una metamorfosis similar, a partir de la derrota de la negra España ‘tejeriana'. Resulta en cualquier caso vertiginoso verificar que en sólo tres décadas desde aquel momento de resistencia cívica a la barbarie las mujeres ocupan hoy las Juntas, los cuerpos armados, la cabeza de la política y las finanzas, por no hablar de las artes en general y en particular de una narrativa fotográfica y fílmica que el día de aquel golpe las tenía aún en el limbo de una segunda o cuarta fila. También ha salido a la luz pública en los años trascurridos otra forma de golpe bárbaro que las mujeres reciben en su cuerpo, y no sólo en su persona, desde épocas ancestrales. La agresión continúa, no falta una casi ningún día, pero ahora -en la sociedad que surgió de aquella golpiza frustrada al amanecer del 24-F-  tiene en los medios y en nuestra conciencia el lugar destacado que el horrendo crimen de la violencia machista merece.

    ¿Qué pensará, por cierto, de aquí a treinta años, la gente joven egipcia o tunecina al ver que en febrero del año 2011 había mujeres, con y sin velo, en la primera fila de todas esas plazas de la libertad? Ojalá que en el 2041 les parezca normal, aunque -como a mí me ha pasado ahora en nuestro aniversario- un poco corto el número de las mismas.

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28 de febrero de 2011
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Tres preguntas sobre la revolución árabe

La primera y más inmediata cae por su propio peso y es compuesta: ¿cuándo y quién será el siguiente? Nos quedó claro que Egipto no era Túnez, ni Libia es Túnez o Egipto. Pero que eso es una oleada nadie puede discutirlo. Las tres manzanas caídas del árbol son todas distintas, pero todas tienen algo en común. Estaban maduras aunque nadie supiera verlo o como mínimo decirlo. Con tres ya es una muestra que permite enunciar la regla y ver luego si alguien más la cumple. Bahréin y Yemen están en la senda. Marruecos y Argelia solo han dado síntomas elementales. Y a nadie se le ocurre, todavía, que en los emiratos o en Arabia Saudí pueda prender.

Segunda pregunta, conectada con la primera: ¿cuándo nos afectará directamente a nosotros? En ese nosotros estamos los ciudadanos españoles, pero vale para otros. Italia ya se ha visto afectada con Libia; Francia, con Túnez; Estados Unidos, con Egipto y Bahréin. La extensión a Marruecos nos afectaría y de qué manera. Sabemos cómo han utilizado los sucesivos monarcas alauíes los múltiples resortes que nos vinculan con nuestros vecinos del sur como válvulas de descompresión cada vez que han tenido un problema interno. Arriba del todo de la lista se hallan Ceuta y Melilla; pero a continuación está el Sáhara, la inmigración, la seguridad, los marroquíes en España e, incluso, en el límite, las Canarias. No hay que hacer alarmismo ni asustarse con la eventual proximidad de una revuelta en las puertas de casa. Pero si queremos seguir haciéndonos preguntas inquietantes, y esta es una época de preguntas inquietantes, la tercera que toca es la siguiente: ¿quién va a llenar el vacío que dejan esos regímenes mineralizados como losas funerarias? Sabemos que la naturaleza tiene horror al vacío. No se trata únicamente de evitar que estos países su hundan en el caos y restaurar el mínimo orden social para que siga funcionando la economía. Hay que mantener suministros energéticos, preservar la libertad de circulación por el canal de Suez y atender a los tratados y compromisos internacionales firmados. Donde hay un ejército fuerte no parece suscitar dudas que serán los militares quienes lo harán, a riesgo de que se instalen definitivamente. Una segunda posibilidad es que sea el islamismo político el que quiera aprovecharse. Tentaciones no le faltarán, aunque por el momento haya optado por el camino de la discreción. Y la tercera, finalmente, es que estos países consigan poner la locomotora de sus revoluciones en los raíles de una transición democrática. Es lo que todos deseamos, desde Israel y EE UU hasta toda Europa, aunque a veces no lo parezca y se nos antoje lo más difícil. A tener en cuenta para nuestro comportamiento: si han hecho solos su revolución, necesitarán toda la ayuda, dinero y sobre todo visados de inmigración para hacer sus transiciones.

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27 de febrero de 2011
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las hermosas brisas rojas continuaron soplando en armonía

rojo, marrón y blanco. marc rothko VI. Ideas  A la larga Gerión aprendió a escribir. María, la amiga de su madre, le regaló un hermoso cuaderno japonés con portada fluorescente. En la portada Gerión escribió Autobiografía. Adentro anotó los hechos. Totalidad de hechos que se conocen acerca de Gerión. Gerión era un monstruo todo en él era rojo. Gerión vivía en una isla del Atlántico llamada el Lugar Rojo. La madre de Gerión era un río que desemboca en el mar el Río de la Dicha Roja el padre de Gerión era oro. Algunos dicen que Gerión tenía seis manos seis pies algunos dicen que alas. Gerión era rojo también lo era su extraño ganado rojo. Heracles llegó un día mató a Gerión se llevó el ganado. Después de los Hechos puso Preguntas y Respuestas.  PREGUNTAS  ¿Por qué mató Heracles a Gerión?    1. Por violento   2. Lo tuvo que hacer era uno de Sus Trabajos (10°)    3. Se le metió la idea de que Gerión era la Muerte de otro modo podría vivir para siempre.   FINALMENTE Gerión tenía un perrito rojo Heracles también lo mató. De dónde saca sus ideas, dijo la maestra. Era día de Padres y Maestros en la escuela. Estaban sentados codo a codo en los escritorios diminutos. Gerión vio cómo su madre se quitaba una brizna de tabaco de la lengua antes de decir: ¿Alguna vez escribe algo que tenga un final feliz? Gerión se quedó pensativo. Luego se estiró y con cuidado retiró la hoja escrita de la mano de la maestra. Se encaminó a la parte posterior del aula, se sentó frente a su escritorio de siempre y sacó un lápiz.    Nuevo Final.    Por todo el mundo, las hermosas brisas rojas continuaron soplando en armonía.  ANNE CARSON  Traducción de Tedi López Mills Letras Libres

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26 de febrero de 2011
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Diario imaginario

 
 
 

La lectura en Granada

Abrí en la Biblioteca el tomo de la Enciclopedia para verificar el lugar de una de las batallas de la saga emancipadora. Pero leyendo la entrada me encontré ingresando a otra historia, donde los hombres eran más casuales que el lenguaje.  A veces abrir un libro es abrir una puerta que se abre al paisaje donde acontece la permanente sustitución de la mirada por lo visto. Como si al pasar una página se abriese otra dentro, dictada por el lenguaje, más libre en el libro.  

Como un espejo, el lenguaje nos lee, siendo éste factual y aquel ilusorio, si bien ambos están hechos de la misma materia, del verbo conjugado por la gran traducción de lo vivo.

Volví la página y vi en el lenguaje el libro, discurriendo silencioso en el sentido contrario, como si los libros fuesen las puertas al mundo. Esa lección de la  escritura de lo dado, que no acabaremos de leer, pero que protestamos cifrar, requiere de las palomas que laten como sílabas del día.

Como las palomas, levemente medievales,  las palabras son la súbita diferencia de lo claro, libres de la redundancia literal, esa servidumbre.

 

Traducciones del Dr. Sintaxis

No es mi antagonista, sólo un contemporáneo.

Nuestro poeta  ha hecho suya una filosofía que justifica sus inclinaciones.

Los viejos amigos son nuestros peores testigos. 

Nuestro novelista está poseído por una idea fija, y es una idea equivocada.

La razón que presumes en el Yo es la sinrazón que asumes en el Tú.

La libertad que demandas para ti me deja sin aliento.

 

Lecturas de poesía en Rosario

La poesía, concluimos, desafía el orden geométrico. Enzia Verduchi despidió a la ley de  gravedad. Ana Gorría terminó con la referencialidad.  Antoni Marí demostró que la imagen es el sello de agua del poema. Nadia Prado evocó las voces sin voz que esperan por el poema. Salimos haciendo adiós con el sombrero, mientras  el río de Rosario discurría, liviano y cierto. 

 

Feria del libro quechua

Obras de 615 autores escritas en quechua se exhibieron en la Feria Runa Simipis Quelqakunmi. Runa Simita akllay (El quechua también se escribe. Elige el quechua), que se llevó a cabo en la plazoleta Espinar del Cusco. Se presentaron también investigaciones académicas y estudios linguísticos sobre el quechua y otras lenguas nativas. “Esto es el inicio de una campaña para incentivar la lectura y escritura en quechua entre los niños en edad escolar y también entre los adultos que sólo hablan este idioma”, adviritó el escritor cusqueño Luis Nieto Degregori.  Y añado yo:  el quechua es una rama del lenguaje que a los peruanos nos han arrancado por la boca. Cuando mi país sea mundo habrán escuelas para recuperar ese bosque.  Pero no necesitamos una beca para aprenderlo. Recomiendo un Diccionario, el más vivo, si es posible del siglo XVII. Es el azogue del espejo.

 

Los lectores en 1661 según Covarrubias

Y queriendo publicar este Tesoro y sacarle a luz, temo que las lenguas de los maldicientes y mal contentadizos me lo han de volver en carbones, pero estos mismos, en manos de los sabios y bien intencionados, con el soplo de los ingenios y rectos juicios, han de encender en ellos un amoroso fuego y convertirlos en radiantes carbunclos y hermosos rubies.

 

Leído en una hoja de papel

Esta hoja de papel prueba que  el libro no morirá.

Alberga la intimidad del lenguaje que nombra, como si este papel

fuese del calendario futuro.

Porque la escritura traza su inteligencia imaginaria.

Y de la tinta fluye el verbo y en la letra reverbera, de paso.

Leyendo esta hoja que vendrá.

 

Poesía completa de Nicanor Parra

Ignacio Echeverría ha hecho un espléndido trabajo crítico al editar la Poesía de Nicanor Parra para el Círculo de Lectores. Veo en el Diccionario en linea de la RAE que el término “editor” consigna la acepción “Persona que edita o adapta un texto.” Se advierte que se trata de un artículo “enmendado,” desduzco que puesto al día. Pero al definirse editar como publicar la acepción requiere añadir que se trata de preparar, establecer o compilar. Petrarca habría agregado que se trata de restaurar con cuidado y no sin devoción. Ahora prepara Echeverría el segundo tomo, y me pregunta detalles de la antología de Parra que edité en el Fondo de Cultura Económica, donde aparezco como “compilador,” porque en México (a pesar de la acepción de “preparar una publicación” que Luis Fernando Lara consigna en su espléndido Diccionario del español usual en México) no suele usarse tal acepción.  La antología se titula Poemas para combatir la calvicie (1993). Le respondía yo a Ignacio que el título se lo pedí a Nicanor, y me lo dio con la explicación de que la poesía debería servir para algo, tendría que ser escrita por gente joven, y era, además, un título que no pondría nunca Octavio Paz. Incluye una sección de poemas inéditos, entre los cuales viene éste, que dice mucho de la ironía de sus obsesiones:

 

                      EPITAFIO            

           

            Yo soy Lucila Alcayaga

 

    alias Gabriela Mistral

 

            primero me gané el Nobel

 

            y después el Nacional

 

            a pesar de que estoy muerta
            

    me sigo sintiendo mal 

            porque no me dieron nunca 

    el Premio Municipal

 
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26 de febrero de 2011
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Enhorabuena, John Banville

John Banville Siguen las reseñas positivas de Los infinitos de John Banville, editada por Anagrama en noviembre del 2011. Parece imposible que la novela aun no llegue a Lima. Qué diferencia con Colombia, donde los libros de Anagrama llegan casi al instante gracias a que consiguieron una distribuidora estupenda. Acá los libros no llegan, y si llegan no están en todas las librerías. Una lástima. Por lo pronto, podemos leer las reseñas. ¿Qué más nos queda? Dice la reseña de Nadal Suau en El Cultural:

Los infinitos resulta, por temática, una novela existencialista: habla de la muerte o la otredad como límites del individuo, y del amor como superación, quizás falsa pero consoladora. Más existencialismo: un kierkegaardiano ?temblor? recorre a los personajes. Más: Banville escribe sobre el tiempo y la materia con enorme profundidad.El irlandés es tan inteligente que a ratos nos preguntamos si se apiadará de sus criaturas o se conformará con someterlas a su juguetona ironía. A fin de cuentas, el dios-narrador Hermes dice: ?no pretendemos ser benignos, sólo somos festivos?. Obtenemos la respuesta en esta obra cuya emocionante belleza demuestra que, aunque parezca absurdo conceder importancia a la vida de un individuo, sigue siendo imposible desprenderse de ficciones tan hermosas como el amor o el sentido del dolor. Adam Godley, centro de Los infinitos, contuvo el tiempo en un concepto físico: el cronotrón. Paralelamente, Banville nos ofrece una narración metafísica con el ropaje de su prosa más física: junto a metáforas y símiles poéticos recurrentes en él, nos explica gráficamente cada movimiento, gesto y acción, como si una contracción abdominal pudiera iluminar el sentido del mundo. Esta prosa es apabullante. También lo es su asombroso uso del narrador y la focalización. ¿Basta todo lo dicho para sentenciar? Pues lo siento, no. Ya advertí que me serviría de un truco barato para remachar mi reseña: al autor lo ha atravesado el rayo de Júpiter y, tocado por la gracia, ha escrito su mejor libro. Aunque claro, ya dijo Kierkegaard que ?cuando falta lo humano, lo grande deja de serlo?. Así que: enhorabuena, John Banville. 

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26 de febrero de 2011
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IV. Dictadores de mala memoria

No desaparecieron las dictaduras, es cierto. Vinieron otras, en no pocos casos peores, las dictaduras del cono sur, por ejemplo, o la de Duvalier,  sucedido a su muerte por su hijo Baby Doc, o las que siguieron en Guatemala, que acaba de regresar a Haití, como si nada. Todas ellas establecieron el genocidio como regla, los cementerios clandestinos, los desaparecidos.

            Hoy, cuando vemos al general Videla, el dictador de Argentina, sentado en el banquillo de los acusados, juzgado por sus crímenes, parece un anciano inofensivo que aún no acaba de entender lo que le está pasando, como no lo entendió el general Pinochet, el dictador de Chile, cuando vestido de lord inglés recibió en Londres la notificación de que era un reo sujeto a un proceso de extradición.

            Y Mubarak, ¿pensó alguna vez que también sería borrado de la foto? No lo pensó, con seguridad. La gente, entusiasta y enardecida, desgarró por todo El Cairo los gigantescos afiches con su efigie, de modo que en las tomas de televisión podemos ver unas veces que sólo le queda la mitad de la cara, o sólo un ojo, o sólo la frente, mientras las manos vindicativas progresan en su implacable tarea hasta hacer desaparecer su rostro para siempre.

            Otro dictador de mala memoria, que olvida lo que los pueblos siempre recuerdan.

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25 de febrero de 2011
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El Boomeran(g)
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