Skip to main content
Category

Blogs de autor

Blogs de autor

Los monstruos de Almodovar

 

 

Otra vez Almodóvar. Más o menos cada año, como Woody Allen pero desde una mirada muy distinta, nos convoca para que sepamos como está de piel para dentro. Como los verdaderos artistas se va contando por sus obras. Así le conocemos cada vez mejor. Hemos conocido su infancia, su familia, sus amigos, su pueblo, sus ciudades, sus lecturas y también sus obsesiones.

Me gustan mucho sus películas, unas más que otras, pero admiro mucho que además sea capaz de no estancarse, de buscar en otro lado, de no conformarse con una formula de éxito, con un estilo. Almodóvar hace tiempo tiene su toque. Pero es un "toque" que va cambiando con su autor, con sus arrugas vitales, con sus dudas morales, con sus inquietudes en lucha contra toda quietud, contra todo conformismo. Arriesga en cada película y, para mí, gana. Digan lo que digan las taquillas y algunos críticos.

Me gusta este Almodóvar que se coloca al borde de un precipicio, que no se precipita, que se contiene y que es capaz de hacernos pasar dos horas entre la inquietud, el temor, la sorpresa y, por qué no, alguna sonrisa. En "La piel que habito" está lo más serio de Almodóvar pero con un tratamiento melodramático que hace guiños a la propia parodia del género. Así me ha parecido.

Otra vez he vuelto a pensar en Buñuel como referencia. Siendo tan distintos, hay algo en su deseo de mostrarnos las obsesiones, lo turbio y oscuro de los seres humanos que los acerca. Les une Toledo y el mirar a los seres humanos como bichos de apariencia normal y raros como nosotros. Con los años el cine de Buñuel se hacia menos serio, el de Almodóvar todo lo contrario. Ese es un camino que debe repensar Almodóvar. El melodrama también puede tener su humor. Lo trágico muchas veces nos hace liberarnos con alguna risa. El horror nos espanta aunque disimulemos con algunas risas.

He visto dos veces la película. En pase privado, entre "familia" del cine, entre "amigos" de Almodóvar y me impactaron muchas cosas. Me pareció su más elegante película y la más turbia.

Volví a verla en un cine, en uno de esos que le gustan a Pedro, de los que frecuenta, con público cinéfilo pero "normal". Y la película funcionaba muy bien Con algunas risas, casi nerviosas. Y con aplauso final. Un aplauso sin duda para Pedro, para el guión, para la música de Alberto Iglesias, para la foto de Alcaine, para algunas apariciones- como la del hermano Agustín- y para los perfectos Elena Anaya y Antonio Banderas.

Una vez me dijo Almodóvar que quería volver con Antonio cuando ya tuviera arrugas, menos belleza, más marcas de la vida. Aquí está perfectamente frío, inexpresivo y perfecto en su papel. Me recuerda a esos actores de Hitchcock en "La soga", pero con menos ironía. Tiene que volver con Almodóvar.  Y Elena Anaya, que hace tanto nos tiene enamorados con su fuerza, su belleza y su fotogenia, aquí también nos muestra que es capaz de ser una fantástica actriz hasta con esas pieles tan incómodas.

Me alegra pertenecer a un país que tiene un cineasta como Almodóvar. Que nos siga contando, que se siga contando. Aquí o en Manhattan.

Leer más
profile avatar
4 de septiembre de 2011
Blogs de autor

Breve guía de la narrativa hispánica de América a principios del siglo XXI (en más de 100 aforismos, casi tuits)


I. El océano

 

1. Al principio, una provocación. Hoy, casi una declaración de principios: América Latinaya no existe. O sólo existe en la medida en que se organizan congresos literarios, sociales, políticos y artísticos -nunca científicos- sobre América Latina.

2. Una elíptica confirmación de lo anterior: la mayor parte de los congresos sobreAmérica Latina se organizan fuera de América Latina.

3. Quizás la mayor prueba de la desaparición de América Latina es la nostalgia por ese territorio perdido.

4. Tan fácil sentirse latinoamericano como difícil explicar el contenido de esta expresión.

5. En el período que va de 1959 a 1989 -los límites son arbitrarios- resultaba sencillo definir a América Latina: una región dominada por dictadores, guerrilleros, músicalatinoamericana (de Gardel a Silvio Rodríguez), futbolistas y la retórica del realismo mágico.

6. América Latina, esa América Latina, sólo existió durante ese "breve espacio": cuando todos, dictadores, guerrilleros, escritores y músicos, e incluso los ciudadanos de a pie, creían que su trabajo los volvía auténticamente latinoamericanos.

7. Durante más de treinta años, América Latina se convirtió en una de las marcas mejor posicionadas en el orbe. Todos querían algo típicamente latinoamericano: un novelón épico, una imagen del Che, un disco de salsa con una mujer semidesnuda en la portada, un anhelo, una idea.

8. Los dictadores, auspiciados y pagados por Estados Unidos, aspiraban, ellos sí, a un continente homogéneo. La Operación Cóndor fue una idea auténticamentelatinoamericana.

9. Los guerrilleros, auspiciados y pagados por Cuba, y esta a su vez por la Unión Soviética, aspiraban a liberar a la región con la fuerza revolucionaria. Otra idealatinoamericana.

10. Mientras tanto los escritores del Boom inventaban una América Latina tan deslumbrante que se volvió real.

11. Dos acontecimientos erosionaron en los 60 la nueva homogeneidad de América Latina: el caso Padilla y el inesperado éxito del realismo mágico.

12. El caso Padilla dividió para siempre a los intelectuales latinoamericanos. Los simpatizantes de Cuba -con García Márquez y Cortázar a la cabeza- y los detractores de Cuba -con Paz y Vargas Llosa como epítomes- se convirtieron en facciones irreconciliables.

13. Aún hoy los herederos de los antiguos procastristas, reconvertidos en partidarios de una izquierda más o menos democrática, no toleran a los herederos de los viejos anticastristas, reconvertidos en fanáticos del libre mercado. Y viceversa.

14. El daño provocado por la entronización del realismo mágico como paradigma único fue enorme (la culpa no es de García Márquez). 1º, porque se convirtió en el instrumento único para interpretar la realidad latinoamericana. 2º, porque ensombreció la inmensa variedad imaginativa del Boom y de la literatura latinoamericana en general.

15. Transformado en herramienta sociológica por la crítica europea y estadounidense, el realismo mágico convirtió a América Latina en un parque temático del absurdo. Un lugar donde ocurrían las cosas más insólitas o terribles sin que nadie se inmutara. El reino del conformismo.

16. No fue García Márquez, sino sus apologetas e imitadores, quienes hicieron deAmérica Latina el receptáculo del exotismo que siempre ha necesitado, como contraste a sus propias pulsiones, la sociedad occidental.

17. Si al realismo mágico se le añade cierto componente social, como hizo la izaquierda académica, el coctel se torna adictivo. América Latina ya no sólo comoresort, sino como depósito de las frustraciones de la burguesía internacional.

18. América Latina alcanza su apogeo en 1982, con el Premio Nobel a García Márquez, y justo entonces se inicia su declive.

19. En los 80, las dictaduras comienzan a resquebrajarse (salvo en Cuba). Las guerrillas son aniquiladas o disueltas (salvo en Colombia). Y la incesante repetición de los clichés del realismo mágico comienza a empalagar a los latinoamericanos(todavía no al resto del mundo).

20. En los últimos años del siglo xx, América Latina sólo se conserva en las guías turísticas (y la nostalgia occidental). Sus distintos países apenas se conocen entre sí y sus sociedades se han vuelto cada vez más abiertas y plurales, más reacias al encasillamiento.

21. Con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994, México se escinde de América Latina. Toda su dinámica social, económica y política -y, en buena medida, cultural- se dirige hacia el Norte.

22. Centroamérica, en los 90, abandona las guerras civiles. Y se precipita, casi de inmediato, en la violencia de las pandillas y del narcotráfico y, salvo excepciones, en la obscena corrupción gubernamental.

23. América del Sur entretanto explora vías propias: una camada de líderes de izquierda, más o menos democráticos, inunda la región. Chávez se convierte en su mala cara y Lula en la buena.

24. Chávez encarna la peor nostalgia latinoamericana. Escucharlo glosar a Bolívar es como reproducir un mal bolero en un viejo acetato: clama, ruega o chantajea a sus colegas en aras de una unidad que sabe imposible.

25. Imposible desdeñar, eso sí, los incipientes mecanismos de integración de América del Sur. Pero si con los años se consolida allí una unión trasnacional, heredera del Mercosur o el Unasur, será para construir una América Latina distinta: con Brasil y sin México.

26. Todavía hoy, cuando se habla de América Latina, se piensa en una región azotada por la desigualdad, la corrupción y la violencia (aunque ya casi no haya dictadores ni guerrilleros), en la música latina (ya no latinoamericana, del Buena Vista Social Club a Shakira), en sus futbolistas y en una literatura que, a falta del realismo mágico, comienza a centrarse en esa nueva vertiente del exotismo encarnada por el narcotráfico.

27. Es enternecedor -y políticamente correcto- decirse latinoamericano. Pero pocos de quienes lo afirman viven, en realidad, la experiencia de América Latina. Los habitantes de un país apenas viajan a otro. Nada saben sobre su cultura contemporánea. Y no disponen de ningún medio -fuera de CNN en español o del mainstream del entretenimiento global- para conocer a sus vecinos.

28. La idea de América Latina, a principios del siglo xxi, es cosmética. Una copia pirata que intenta resucitar una marca en desuso.

 29. América Latina fue una hermosa invención. Y, como toda utopía, el pretexto para justificar numerosas atrocidades. Si de verdad creemos en un proyecto supranacional, deberíamos pensar en otra cosa. Y elegir otro nombre.

30. Si América Latina ya no existe, estas reflexiones deberían concluir aquí. Porque entonces tampoco existe la literatura latinoamericana.

 

II. El continente

 

31. De Nobel a Nobel. El gran arco de la literatura latinoamericana se tiende entre el muy temprano Premio a García Márquez, en 1982, y el muy tardío a Vargas Llosa, en 2010.

32. El Nobel a García Márquez consagra el esplendor de la literatura latinoamericana -y de América Latina- en el mundo. Y convierte al realismo mágico en su única expresión. Tres décadas después, el Nobel a Vargas Llosa desmiente el malentendido. El Boomnunca se redujo al realismo mágico. Y América Latina nunca fue sólo Macondo.

33. El Nobel a García Márquez sonó como una fanfarria para América Latina. El Nobel a Vargas Llosa, como su réquiem.

34. El Nobel a Vargas Llosa se siente irremediablemente anticlimático. No porque él no lo merezca, por supuesto. Sino porque se anunció cuando Vargas Llosa es, con Carlos Fuentes, el último representante de una especie que se extingue.

35. Vargas Llosa y Fuentes son los últimos intelectuales típicamente latinoamericanos. Los últimos voceros autorizados de la región. Nuestros últimos interlocutores conOccidente.

36. Para los autores del Boom, hubo siempre un tema imprescindible: el poder. En una u otra medida, García Márquez, Vargas Llosa o Fuentes no tuvieron más remedio que lidiar con él. En sus libros. Y, con igual intensidad, en sus vidas.

37. Pocas generaciones tan próximas al poder como el Boom. Sin duda, Fuentes, García Márquez y Vargas Llosa han sido sus críticos más severos. Pero también han sido permanentemente tentados por él.

38. Los autores del Boom comprueban la aporía de Foucault: el saber produce poder, y viceversa. Si tantos políticos y empresarios los halagan es porque saben que sus palabras crean realidad.

39. Los escritores de las generaciones posteriores ya no quieren o ya no pueden ocupar la posición del Boom. Cuando Vargas Llosa y Fuentes hablan, habla América Latina. Cuando lo hace cualquier otro autor, s habla un peruano, un mexicano, un argentino. Y, con los más jóvenes, ni eso: un simple escritor.

40.  Cuando los regímenes autoritarios campeaban en América Latina, los escritores disfrutaban de una libertad de expresión mayor a la del ciudadano común. El arte los protegía de las represalias (no siempre). Y los convertía en conciencias de la sociedad. La llegada de la democracia les arrebató esa condición.

41. En las nuevas democracias, no son ya los escritores de ficción o los poetas quienes critican al poder, sino esa nueva clase de comentaristas que se ha adueñado del espectro público.

42. Los politólogos sustituyeron a los escritores. Con ello, los ciudadanos ganamos en destreza académica (ni siquiera estoy muy seguro), pero perdimos en estilo.

43. Pese a contar con indudables momentos de brillantez, el discurso político delBoom saturó a las nuevas generaciones. En las últimas décadas nada resulta tan antipático, tan demodé, como un escritor comprometido.

44. La democracia había sido tan anhelada en América Latina que, cuando al fin apareció, no tardó en decepcionarnos. La democracia no era la panacea, sino una fuente de nuevos conflictos. Despojados de su condición de conciencia social, los escritores posteriores al Boom se escoraron por completo de la vida pública.

45. A diferencia de lo que ocurrió con el Boom, donde Vargas Llosa incluso pudo ser candidato a la presidencia sin comprometer su prestigio, hoy se cree que el mero roce de la política contamina a los escritores.

46. La devaluación del realismo mágico, sumada a la instauración de sociedades más plurales, permitió redescubrir a escritores olvidados o menospreciados. De pronto, la literatura latinoamericana pareció más rica -y más difícil de clasificar- de lo que nadie había supuesto.

47. Más que el post-Boom, a partir de los 90 se hizo visible una generación completa que había sido su contemporánea. El grupo de la revista Medio Siglo, en México, o autores como Saer o Antonio di Benedetto en Argentina, de pronto pudieron ser leídos como novedades.  

48. Los autores nacidos entre 1950 y 1965 -fechas otra vez arbitrarias- son demasiado jóvenes para haber sufrido el eclipse del Boom, pero suficientemente maduros para sufrir la opresión de los regímenes autoritarios: Piglia, Eltit, Villoro, Abad Faciolince, Boullosa, Castellanos Moya, Sada, Bellatin, Aira, Pauls, Fontaine y, por supuesto, Bolaño.

49. Bolaño sólo tiene un precedente: García Márquez.

50. ¿Por qué Bolaño? Quizás porque llevó a sus límites mejor que nadie la estética del Boom. Y porque negó con la misma fiereza su idea de lo que debe ser un escritor latinoamericano.

51. Por su arquitectura y su ambición narrativa, Los detectives salvajes 2666 son herederas directas de Cien años de soledad, La casa verde, Terra Nostra Rayuela.Ideológicamente, son su reverso.

52. Bolaño admiraba tanto el riesgo estético original del Boom como detestaba su autocomplacencia, su fe latinoamericanista y su discurso hegemónico.

53. Para Bolaño y sus coetáneos, a partir de los ochenta el Boom se había convertido en una institución monolítica, una marca comercial, en un paradigma tan poderoso como el que sus miembros habían desmantelado décadas atrás. Para sobreponerse a ellos, no bastaba con insultarlos: había que subvertir su discurso.

54. Cada libro de Bolaño es un pulso con el Boom. Y un homenaje implícito. Textos llenos de parodias y burlas, de juegos estilísticos, de socarronería y mala leche y,sottovoce, de honda admiración.

55. Los detectives salvajes es una Rayuela sin romanticismo ni artificios experimentales, ubicada en el desierto mexicano en vez de París, salpicada de dardos envenenados contra la historia literaria oficial. Pero, como Rayuela, también es un canto épico al magma vital de la literatura.

56. 2666 es la mayor respuesta posible a Cien años de soledad. Sin magia, sin genealogías explícitas, sin la cegadora belleza del estilo. Pero con la misma ambición: la voluntad de transgredir todos los códigos e inventar otra América Latina.

57. Si los textos de Bolaño están plagados de oscuras referencias literarias es porque necesitaba desmantelar el canon del Boom. Porque necesitaba crear su propio sistema de signos, su propio contexto, su propia recepción.

58. Como los autores del Boom, Bolaño fue un autor ferozmente político. Sólo que su discurso no intentaba ser una respuesta ideológica al autoritarismo, sino un elusivo retrato de la microfísica del poder.

59. Vargas Llosa, Fuentes o García Márquez narraron el poder desde dentro: O Conselheiro, Artemio Cruz o Aureliano Buendía. O lo experimentaron en carne propia. Bolaño prefirió exhibir sus aristas, sus márgenes, sus corrientes subterráneas. Y, en la práctica -gracias tal vez a su muerte prematura- siempre se escabulló de él.

60. En contra de la imagen construida en el ámbito anglosajón, Bolaño no era unoutsider ni un rebelde sin causa, sino un infiltrado que conocía a la perfección el sistema y que se empeñó en desestabilizarlo desde dentro.

61. ¿Cómo el resto del mundo ha endiosado a un autor que no cesa de hacer guiños privados, chistes y burlas a una tradición -la latinoamericana- que a la mayoría se les escapa? Porque Bolaño le arrebató esa tradición a los latinoamericanos, la pervirtió y la transformó en un instrumento a su servicio.

62. Bolaño se convirtió, primero, en el gurú de los menores de cuarenta. Luego, en un ídolo de culto en Europa. Y, por fin, en una superestrella gracias a su entronización en Estados Unidos. ¿Un malentendido? Quizás todas las grandes obras literarias lo sean.

63. Bolaño ha comenzado a sufrir la suerte del Boom: el paso de las orillas al centro lo ha vuelto, de pronto, hegemónico. En Estados Unidos, Bolaño no es el último, sino el único escritor latinoamericano. Y de nuevo la intensa variedad de la región ha quedado sepultada bajo su marca.

64. Bolaño vivió obsesionado por América Latina, pero a su muerte incluso él ha dejado de ser latinoamericano. Su nacionalidad apenas importa a sus lectores. Más que un escritor global, un escritor apátrida.

 

III. Los archipiélagos

 

65. Pertenezco a una generación cuyo mayor mérito consistió en tratar de normalizar a América Latina. Aunque otros lo pensaron antes, McOndo y el Crack pusieron sobre la mesa la quiebra del realismo mágico.

66. En 1996, dos iniciativas, una chilena y otra mexicana, sin conocerse mutuamente, alzaron su voz contra esa América Latina que se resquebrajaba. Eran los síntomas de un profundo malestar en la región.

67. Los antologadores de McOndo querían señalar, con este título sarcástico, queAmérica Latina ya no existía. O, más bien, que existía otra América Latina, dominada por las contradicciones de la modernidad y no por la magia o el exotismo.

68. El Crack, por su parte, buscaba reencontrar los orígenes del Boom: el momento anterior a la eclosión global del realismo mágico, cuando sus autores dinamitaban el discurso dominante en vez de representarlo.

69. Más allá de sus flaquezas juveniles, McOndo y el Crack contribuyeron a jubilar esa construcción de tres décadas llamada América Latina.

70. Durante la época de esplendor del Boom, la edición en español se dividía con bastante equidad entre España, México y Argentina. A partir de los 80, el desequilibrio que favorece a las editoriales peninsulares se vuelve apabullante.

71. De pronto, los grandes grupos españoles controlan la edición en América Latina. Y España se convierte en una Meca para los nuevos escritores latinoamericanos.  

72. Mientras a los autores del Boom les gustaba pasar temporadas en España, para los escritores nacidos en los 60 y 70 publicar en España se torna una obsesión.

73. Si los intercambios editoriales entre los países latinoamericanos habían comenzado a disminuir desde los setenta, en los ochenta se vuelven rquíticos. Los únicos libros que circulan de un país a otro son españoles.

74. A inicios de los 90, los escritores latinoamericanos publicados en España (con la obvia excepción del Boom) se cuentan con los dedos de una mano.

75. Los esfuerzos para hacer circular las novedades literarias de un país a otro fracasan sin remedio. Carentes de referencias comunes, a los lectores de un lugar no les interesan los libros de sus vecinos.

76. A diferencia de los autores del Boom, los nuevos escritores no cuentan con editores dispuestos a apostar por ellos más allá de sus fronteras nacionales.

77. Si se atiende sólo al mercado editorial español, entre 1982 y 1998 la literaturalatinoamericana es un fantasma. Imitadores del realismo mágico, obras postreras delBoom, y poco más.

78. El desierto comienza a repoblarse a partir de 1998, con la publicación de Los detectives salvajes. 

79. A partir de 1999, los escritores latinoamericanos vuelven a ganar premios importantes en España. Primero, la resurrección del Biblioteca Breve para JV. Luego, en 2000, el Primavera para Ignacio Padilla. Y, en 2003, el Alfaguara para Xavier Velasco.

80. A partir del 2000, las editoriales españolas vuelven a perseguir su autorlatinoamericano de moda. La estrategia no funciona. Porque ya ninguno de esos escritores parece latinoamericano.

81. Al inciarse la segunda década del siglo xxi, la literatura latinoamericana no sólo ya no existe, sino que, fuera de a unos cuantos académicos, a nadie le importa su desaparición. Para bien o para mal, ser latinoamericano ha dejado de ser chic.

82. A partir de fines de los 90, resulta inútil decir "narradores latinoamericanos" o "narrativa de América Latina". Lo más preciso sería "narrativa hispánica de América" (nha), en donde "hispánica" no se refiere a la lengua del escritor (que a veces es el inglés), sino a su filiación imaginaria.

83. A principios del siglo xxi, la nha ya no responde conscientemente a la tradición de la literatura latinoamericana canonizada durante el Boom, sino que responde a otras tradiciones, aunque con especial énfasis en la literatura anglosajona (o, más bien, en los dictados del mercado literario internacional).

84. El siglo xxi señala el fin de la vieja y amarga polémica entre literatura nacional y universal que azotó a América Latina durante dos siglos. Pero con la globalización no ganaron los cosmopolitas, sino el mercado internacional.

85. A principios del siglo xxi, la nha carece de movimienos o grupos explícitos. Las generaciones se mezclan y recomponen, para fastidio de los académicos. La literatura identitaria se halla en vías de extinción. Quedan unos cuantos escritores, y sus obras. La taxonomía, pasión crítica por antonomasia, se vuelve impracticable.  

86. Muerto Bolaño, dos argentinos ocupan su vacío, sin llenarlo. Ricardo Piglia, creador de brillantes piezas que enlazan ficción y metaficción (Borges + Artl). Y César Aira, autor de libros que son casi instalaciones (enésimo derivado de Duchamp).

87. Los escritores nacidos en los cincuenta se hallan de pronto descolocados frente a la sombra de Bolaño. Unos lo alaban, otros lo envidian, alguno lo contradice, nadie lo imita.

88. Imposible ofrecer un retrato de familia de estos escritores. Siendo estrictos, no valen criterios temáticos, ideológicos o estructurales para agruparlos. Si algo los une, es ser sobrevivientes.

89. Migrantes digitales, los escritores nacidos en los cincuenta han tardado en adaptarse a la nueva realidad líquida del mundo digital.

90. Salvo excepciones -Aira, Bellatin, Rivera Garza-, la narrativa tradicional mantiene su predominio (como en todas partes). Pocas artes tan conservadoras, a principios del siglo xxi, como la novela.

91. La literatura experimental vive con los mismos (pocos) fanáticos y los mismos (numerosos) detractores del arte conceptual. El arco se tiende entre Diamela Eltit, y sus juegos posmodernos de género (nuestra Jellinek), y Mario Bellatin, y sus juegos ultramodernos sin género (nuestro Beckett).

92. Un hecho clave para los nacidos en los 60 y 70 fue el congreso organizado en Madrid en 1999. Por primera vez en mucho tiempo, los escritores latinomericanosvolvieron a tener la ocasión de encontrarse. En España.

93. El breve arco de la nha reciente se tiende entre los congresos de Madrid, 1999, y Bogotá, 2008. El primero marca el último intento de resucitar a la literaturalatinoamericana. El segundo es la comprobación última de su imposibilidad.

94. En 1999, los escritores celebran conocerse. En 2008, el desarrollo del correo electrónico, los blogs y las redes sociales muestra el carácter redundante de los congresos literarios. Los intercambios de ideas ya no se llevan a cabo en vivo.

95. En medio de estos dos congresos, una cita especial (por emotiva): Sevilla, 2004. Conviven, por primera y última vez, un miembro del Boom (Cabrera Infante), Bolaño, y once escritores nacidos en los sesenta y setenta.

96. Burdo epílogo, la selección de Granta del 2010. Para entonces, ya ninguno de sus autores es latinoamericano y ni siquiera se busca ser más o menos equitativo con el número de representantes por país.

97. Un nuevo estereotipo: la narcoliteratura. Poco importa que sólo se haya reflejado en la ficción de Colombia, México y, en menor medida, Centroamérica. Para los nostálgicos, significa la resurección de América Latina.

98. Decenas de libros rodean ya al narcotráfico, de la explotación comercial al registro lingüístico. E incluso cuenta con una obra maestra: Trabajos del reino, de Yuri Herrera. El problema es que un tema urgente se convierta, a causa otra vez de la necesidad de exotismo de occidente, en obligación.

99. Se dice que en América Latina proliferan los géneros: la novela histórica y policíaca, en particular. O la narrativa femenina. O la gay. Tanto como en cualquier parte.

100. Si los escritores nacidos en los 70 son esencialmente antipolíticos, los de los 70 y 80 son apolíticos. Sólo les interesa el poder en la medida en que interfiere con sus vidas privadas. Es pronto para hablar de los nacidos en los 90.

101. Entre los escritores nacidos en los 70 y 80 no hay grupos explícitos (al menos de momento). La individualidad como único imperativo.

102. Otro fenómeno de los últimos veinte años: la extinción de la crítica periodística. Suplementos literarios agonizantes. Revistas literarias que se vuelven políticas.

103. En vez de manifiestos o revistas, blogs (algunos tan influyentes como el de Iván Thays). Para el chismorreo literario, Facebook. Y, para participar activamente en la vida intelectual (de un solo país), ese nuevo telégrafo que es Twitter.

104. Último fenómeno para dinamitar del todo la vieja idea de literaturalatinoamericana: a Bogotá 39 fueron invitados como escritores latinoamericanos Daniel Alarcón y Junot Díaz. Ambos escriben en inglés.

105. El fin de las fronteras y las aduanas. De la distinción entre lo local y lo global. De la literatura como prueba de identidad (nacional, étnica, lingüística, sexual). El fin de los departamentos universitarios de "literatura latinoamericana", de "literatura española" y de "lenguas romances". ¿Y el inicio de qué?

 

 

 

 

 

Leer más
profile avatar
4 de septiembre de 2011
Blogs de autor

Tarjetas de visita

Sin saberlo, los internautas más audaces están recuperando una de las costumbres de más abolengo entre las élites burguesas del siglo XIX. Me refiero naturalmente al modo de auto-presentación de los usuarios de Facebook y demás vías sociales de contacto, que incluye, junto al perfil, al menos una foto del interesado. Exactamente igual a lo que hicieron, sin Red, los prohombres decimonónicos, cuando en la segunda mitad de ese siglo, exactamente el año 1854, el fotógrafo francés André Adolphe Disdéri patentó su invento de una cámara con múltiples objetivos con la que era posible obtener, en una sola sesión y a partir de un único negativo, numerosas impresiones fotográficas en el formato llamado ‘carte de visite'.

    Las que se exponen en una pequeña pero fascinante exposición abierta (hasta el 26 de septiembre) en el museo de la Fundación Lázaro Galdiano, en Madrid, son frontales y algo solemnes, como corresponde a quienes posaron para distintos artistas de la cámara, como el propio Disdéri y otros de mayor renombre como Nadar o Laurent. Esas tarjetas de visita con la fotografía del titular las fue coleccionando otro prohombre, nuestro Pedro Antonio de Alarcón, a quien muchos se empeñan sólo en recordar como autor de ‘El sombrero de tres picos', por toda su secuela de adaptaciones al cine, al teatro y a la danza. El escritor granadino se cuenta, en buena lógica, entre los retratados, pero el repertorio mostrado en la Fundación recoge un panorama de la ‘jet set' de entonces, que, no usando aeroplanos, se desplazaba con gran frecuencia y abundante bagaje, como lo hizo el propio Alarcón, autor de un delicioso recuento de un viaje ‘De Madrid a Nápoles'. El Papa Pio IX, Napoleón III, los decimoquintos Duques de Alba, la flor y la nata de la poesía postromántica (Rivas, Núñez de Arce, Ventura de la Vega, Campoamor), y tantos otros políticos, oradores y prelados figuran en esa galería de grandilocuentes aunque de tamaño modestas tarjetas. Mujeres hay pocas, y las que hay son marquesas o cómicas principalmente, si bien está la poetisa Carolina Coronado absorta en la contemplación de un libro. También se puede ver a un moro de importancia, Muley-el-Abbass, y al hombre de carne y hueso que dio nombre a la copla de Mambrú, aquel que se fue a la guerra.

      Yo adoro las tarjetas de visita, que tuve y repartía, en un rasgo de petulancia precoz, a mitad del bachillerato, sin que mis compañeros de curso se mostrasen impresionados. La mía, como las de la mayoría de los humanos del siglo XX, no tenía foto incorporada, sólo el nombre y la dirección de casa, de casa de mis padres. De más mayorcito pude poner un domicilio propio, un teléfono, antes de que llegaran el fax y los correos electrónicos. Las sigo teniendo, encargándolas en paquetes de cien a una imprenta artesanal del barrio de la Guindalera, pero creo que en los últimos tiempos sólo usaban tarjetas los profesores universitarios extranjeros y algunos funcionarios del Estado.

      Luego llegó, como ustedes saben, el siglo XXI, y los cambios de costumbres, que no se acaban nunca. Reaparece con ellos la tarjeta, además de los ya citados insertos con foto en Internet. Ahora se hacen negras (ya me habría a mí gustado tener en el colegio, para achantar a los díscolos, una tarjeta negra de visita), oblongas, ribeteadas, y hasta sonoras. Aunque la más mundial es la que vi en una tienda fotográfica de Antalya, al sur de Turquía. Uno se fotografiaba ante un Disdéri local, y en dos horas obtenía diez, sólo diez, copias de su propia efigie en 3D, pudiendo asimismo insertar la foto en un llavero o un posavasos. El precio era alto, y no me decidí.

Leer más
profile avatar
2 de septiembre de 2011
Blogs de autor

II. El lujo sin fin ni medida

Al momento del derrumbe de su régimen de largos cuarenta y dos años, la prole numerosa del coronel Gadafi era de ocho hijos, entre propios y adoptados, unos útiles a su aparato de poder, otros inútiles y ociosos, pero todos ellos dueños de una abundante parcela de riqueza, mansiones, yates, jets privados, flotillas de automóviles, villas en el extranjero, cuentas cifradas, legiones de criados, y protegidos por igual en sus gustos y caprichos.

            Ahora que las mansiones de todos ellos en Trípoli fueron ocupadas por los rebeldes, podemos enterarnos de cómo vivían, de cuáles eran sus gustos y sus manías para gastar el dinero que recibían a raudales de las arcas sin fondo de su padre. Gastar el dinero que no cuesta ganarse, parece ser el más irreprimible de los vicios. Caprichos, fijaciones, obsesiones, fastuosidad. La riqueza es el reino de la exageración. Todo lo que la imaginación y el deseo dicten. Poseerlo todo a la vez, no privarse de nada, encontrar gusto en tener lo que no se necesita. Todo lo que está colocado entre la avaricia y la sensualidad del ocio bien vivido, la riqueza como instrumento de poder y de dominio, la exacerbación sin fin de los sentidos.

            Junto con los rebeldes armados entró el pueblo llano y silvestre en las mansiones amuralladas de la familia, una de ellas la de Al Saadi el Gadafi, el hijo al que papá le compró el sueño de ser futbolista de la liga italiana, lo que logró haciéndose de un paquete de acciones del equipo Udinese.  El muchacho jugó por todo un total de media hora, para luego calentar de manera permanente la banca. Pero eso no es todo. Llegaba a los entrenamientos en un helicóptero, o al volante de un Lamborghini, y siempre a mano su jet privado para escaparse a Paris, aficionado como era a los shows del cabaret Crazy Horse.

 

Leer más
profile avatar
2 de septiembre de 2011
Blogs de autor

Victoria con sordina

Tras los descalabros vendidos como victorias, llegan las victorias silenciosas. La actuación de la OTAN en Libia confirma un nuevo estilo de guerra o de intervención militar adoptado por Estados Unidos bajo la presidencia de Barack Obama, un tipo de contienda en el que el protagonista, la mayor superpotencia militar, se mantiene discretamente en segundo plano, atendiendo más a los resultados y a la gestión política que a la publicidad de las victorias.

Así sucede con la guerra de los drones, esos aviones no tripulados, cada vez más imprescindibles para el espionaje y para los bombardeos y disparos de precisión, que está diezmando a Al Qaeda a mayor velocidad con que la organización terrorista intenta reproducirse. Es también el tipo de intervención diseñada para Irak y Afganistán, una vez retiradas las tropas directamente de combate, y utilizada en Yemen, con tareas de apoyo y entrenamiento de las tropas nacionales de cada país en su lucha contra la insurgencia de Al Qaeda. Los resultados de estas intervenciones con sordina están ahí, en forma de dos éxitos iniciales en Libia: el primero, con la imposición de la zona de prohibición de vuelos que frenó la matanza que Gadafi preparaba en Bengasi; el segundo, con la caída del tirano, sin poner ni un solo soldado a combatir en tierra. Falta el tercero, quizás el más difícil y cuyo protagonismo corresponde entero a los libios, consistente en organizar y constituir la libertad después de haber conseguido la liberación. La victoria libia manda un mensaje inequívoco al resto de países árabes. Para Túnez y Egipto, países en difícil transición, es un alivio contar con un vecino al fin en paz, que emprenda un camino paralelo después de desembarazarse de su propio tirano. Para Siria, significa situarse ahora en el foco de toda la atención: el siguiente en la lista. Para el resto, la seguridad de que el impulso revolucionario, debidamente acompañado por el apoyo internacional, sigue vivo e intenso: deberán tomar nota quienes albergan dudas sobre la necesidad perentoria de reformas y cambios. El método de Obama en Libia es exactamente el contrario de Bush en Irak. La intervención aérea se ha producido a petición de los libios, cosa que no fue el caso en Irak. Los bombardeos y ataques, salvo contadas excepciones, han podido evitar las víctimas civiles. El derrocamiento del dictador ha sido obra de los propios libios. Nadie les va a decir cómo deben organizarse y construir su futuro. Por eso no le han faltado las críticas de quienes deseaban una legitimación retrospectiva de aquella guerra ilegal, unilateral e injusta que dividió a la comunidad internacional y a Europa, al menos mediante el fracaso de esta guerra legal, multilateral y justa según los parámetros del derecho internacional y que ha contado con la cobertura de Naciones Unidas. Una vez derrocado Gadafi, estos críticos hacen ahora de aves de mal agüero con maldiciones sobre el futuro de Libia para que sea de caos y guerra civil. Hay muchas razones para invertir aquel esquema nefasto de la Misión Cumplida, cuando apenas dos meses después de la invasión de Irak Bush exhibió imprudentemente sobre un portaviones una victoria que los hechos desmintieron cruelmente hasta el último día de su presidencia. Las victorias bélicas, reales o imaginarias, difícilmente hacen ganar elecciones, aunque su conducción insensata sí puede llevar a perderlas. Las elecciones se juegan hoy en la cancha de la economía y del empleo. No corresponde buscar rendimientos electorales a problemas de profundidad estratégica como es el cambio que se está produciendo en el mundo árabe. Sin EE UU y su apabullante aunque silenciosa participación, la OTAN no se podría apuntar ahora esta victoria. Los aliados atlánticos no tienen por sí solos las capacidades, ni siquiera la munición, para soportar una campaña como la de Libia. Esta guerra, siendo un éxito para quienes apoyaron la intervención, exhibe las debilidades de Europa ?y concretamente de una OTAN dividida y una UE inexistente?, que necesitaría más voluntad política, conciencia ciudadana y sobre todo presupuesto de defensa para poder actuar en crisis como la libia meramente como la potencia de ámbito regional que debería ser. Obama ha prestado las alas de esa victoria a Sarkozy y Cameron, que han llevado el peso de la imagen y le van a sacar buen provecho político; sobre todo el francés, que tiene elecciones en 2012 y puede aparecer como vencedor en Libia después de ser perdedor en el Túnez de Ben Ali. En el pasivo político de esta guerra sobresale Alemania, país instalado en la disonancia europea en todos los campos: el euro, Libia y próximamente el reconocimiento de Palestina en Naciones Unidas. Obama dirige desde atrás, pero Merkel frena desde delante. El primero, sin doctrina, está tejiendo una nueva doctrina. La segunda no quiere saber nada de lo que pasa en el mundo si no afecta estrictamente a la caja registradora de votos y de dinero.

Leer más
profile avatar
31 de agosto de 2011
Blogs de autor

I. De los turbantes a los quepis

Cuando Anastasio Somoza Debayle huyó a Miami en julio de 1979, el bunker al pie de la loma de Tiscapa en Managua, que fue su último refugio, donde vivía y se mantenía al tanto de las operaciones militares, quedó indefenso y abandonado y los primeros guerrilleros que entraron en aquel recinto considerado hasta entonces una fortaleza inexpugnable, se encontraron con sus estancias desiertas. Hay una foto que revela mejor que nada su conquista final: uno de los guerrilleros, con la dicha pintada en su cara, disfruta metido en la bañera del dictador. Comparado con el complejo militar de Bab El Aziziya, desde donde reinaba el coronel Gadafi, el bunker de Somoza parece más bien modesto, apenas unas cuantas oficinas, una sala de sesiones, y un dormitorio. Gadafi tenía un sentido más monumental y más faraónico del poder, y era mucho más histriónico, empezando por su infinita colección de disfraces y uniformes militares, unas veces vestido con suntuosidad oriental, como los califas de las Mil y una noches, y otras de mariscal de campo como cualquiera de los viejos sátrapas latinoamericanos, las vistosas charreteras y la casaca cargada de medallas. Toda clase de quepis, gorros dorados, turbantes de seda. Y sus palacios. Los que ocupaba él, y los que ocupaban sus hijos, pródigo en dispensarles lujos y antojos.

Leer más
profile avatar
31 de agosto de 2011
Blogs de autor

Se acabaron las sobras

La otra cara del ?demasiado grande para caer? nos explica la crueldad de los recortes sociales: porque afectan ante todo a los que son ?demasiado pequeños para aguantar?.

Ahora adquiere visos de heroicidad quitarle el mendrugo de pan al pobre. Así es como el gobernante sacrifica su más íntimo y elemental sentido moral en el altar de un bien común al que llama equilibrio presupuestario o exigencias europeas. Cuando llega la necesidad y se extiende la pobreza, hay que cerrar el grifo: no da para tanta gente. No era solidaridad. Eran las sobras.

Leer más
profile avatar
30 de agosto de 2011
Blogs de autor

Sobre la prehistoria del cine

No hará muchos meses que comentaba aquella sorprendente escena en la que una cámara montada sobre la grúa recorre desde la altura el círculo de espectadores que miran alelados el baile de Esmeralda en torno a la hoguera, a las puertas de Notre-Dame, y que de pronto se detiene en un rostro oculto entre la multitud para, de seguido, con una aproximación violenta, descubrirnos la exasperada mueca de lujuria, ira y locura que identifica de inmediato al satánico perseguidor de la gitanilla. El espectador sufre un violento escalofrío de terror.

    Y también un escalofrío de admiración porque la escena no es de Hitchcock sino de Victor Hugo y se encuentra tal cual la cuento en Notre-Dame de Paris. ¿Fue semejante truco narrativo copiado luego por algunos cineastas con lecturas? ¿O es un telescopage instintivo en cualquier narrador, sea cual sea su soporte, celulosa o celuloide?

    Hace unos días me encontré con otra de estas escenas míticas. El narrador quiere introducir un personaje femenino y hacerlo coincidir con el héroe en circunstancias favorables e interesantes, de manera que desboca al caballo que tira de la calesita, pone a la bellísima muchacha a dar gritos con la rubia melena al viento y presenta a nuestro héroe cabalgando al galope para salvar a la joven. El carricoche, desvencijado, está a punto de precipitarse por un barranco y el enloquecido caballo da grandes salto junto al precipicio. Ya casi caen, pero el coche queda atorado en el mismo borde, balanceándose sobre el vacío. Llega el héroe y con gran riesgo de su vida extiende un brazo hasta agarrar a la dama por la muñeca y mediante un sobrehumano esfuerzo la alza hasta dejarla extendida en la tierra, salva y desmayada. Magnífica escena.

    Pero no es de John Ford, sino de Pérez Galdós en La batalla de los Arapiles, otro de esos inmensos episodios nacionales en los que asistimos boquiabiertos a lo más extraordinario junto con lo más abyecto de la literatura en español. Hay páginas que me parecen iguales sino superiores a Tolstoy, y otras cuyo sentimentalismo populachero chapotea más abajo todavía que el Dickens de Little Dorritt, una concesión a la clientela romántica en el peor sentido, de escaso cerebro y alma simplona, para la que don Benito escribía con perfecto cinismo.

    Bien, pero, ¿quién inventó la escena? Lo cierto es que no recuerdo el arquetipo ni en Walter Scott ni en Alejandro Dumas. Galdós lo escribe en 1875, ¿lo habría leído en algún precursor? Cabe pensar que haya algo parecido en la literatura clásica, aunque sólo me viene a las mientes la carrera de carros de la Ilíada en la que aquel muchacho, Antíloco, hijo de Nestor, simula que va a chocar por impericia y cuando su contrincante se aparta, le supera y vence la carrera como cualquier marrullero actual tipo Hamilton.

    No sé cuándo ni dónde nace la escena del despeñamiento de la bella, pero en Galdós está descrita con tanta perfección que parece genuina. Aunque dado que, según tengo entendido y por extraño que pueda parecer, John Ford no había leído a Galdós, siempre es posible que se trate una vez más de uno de esos topoi escondidos en nuestra más profunda memoria biológica. Todos alguna vez hemos salvado a la amada de precipitarse en el vacío. Por ejemplo, en el nuestro.

Leer más
profile avatar
30 de agosto de 2011
Blogs de autor

El hecho poético

 

 

En 1926, cuando ya era una celebridad, Yeats publicó el poema Among School Children, donde figura el nunca bien ponderado verso Soldier Aristotle played the taws (El soldado Aristóteles jugaba a las canicas). Así se leyó en las sucesivas ediciones y reimpresiones de los poemas completos que se publicaron en vida de Yeats —reputado corrector compulsivo— quien, según toda evidencia, decidió que podía vivir muy bien con dicho “soldado”. En 1947, ocho años después de la muerte del poeta, el soldado Aristóteles fue licenciado y sustituido por Solider Aristotle (El más sólido Aristóteles). Los editores decidieron que, por más acogedor y garante que se hubiera mostrado Yeats con el soldado Aristóteles, ellos, por su parte, no podían soportarlo ni una edición más. A favor de su rectificación figuraba el preterido manuscrito original y la convicción de que el más sólido Aristóteles hilaba mejor con los versos anteriores Plato thought nature but a spume that plays / Upon a ghostly paradigm of things (Platón pensaba que la naturaleza no era más que una espuma que juega con un paradigma fantasmal de las cosas). Se desestimó el parecer de algunos entendidos que sugerían la posibilidad de que Yeats hubiera pensado —no importa si fue a posteriori— que Aristóteles fue efectivamente soldado cuando, según la leyenda, acompañó a su discípulo Alejandro Magno. La contumaz presencia del soldado Aristóteles en versiones online insiste en mantener abierta la cuestión de si Yeats querría una cosa, pero luego otra, y si sería pertinente dirimir cuál de ellas es “mejor”.

A Montale también le hizo dudar el redactor de su poema Falsetto. El poeta había escrito Esiti a sommo (Dudas en lo alto) y quien picó el texto transcribió Esisti a sommo (Existes en lo alto). Se trataba de una nadadora en el trampolín y, hasta donde manda la preceptiva, no hay mayores indicios poéticos a favor de la duda frente a la existencia. Muchos lectores, recordaba Montale, prefirieron la forma existencial.

En cambio, Mallarmé, celebrado paladín de ambigüedades, desató un tomo de certezas con su soneto Le vierge, le vivace et le bel aujourd’hui. El profesor Agosti publicó en 1969 El cigno de Mallarmé, una detallada guía donde explicaba a diez páginas por verso lo que Mallarmé no quiso nombrar pero quiso decir. El cisne no era tal, sino un poeta; tampoco el lago era un lago, sino una tumba (bastaba fijarse en que el poeta Prudencio utilizó lacus con el sentido de foso a finales del siglo IV). La escarcha, le givre,  se refería a la losa tumbal, como era de prever. Esto último se basaba en que Mallarmé fue profesor de inglés y no podía ignorar que grave en inglés es tumba. Otras claves interpretativas eran incontestables: no había duda que el cuello del cisne era el orgullo intelectual. El resultado aleccionador es que Mallarmé no era ambiguo ni por el forro, bastaba el diccionario Agosti para entender que en realidad ejercía una claridad meridiana. Solo los filisteos antipoéticos alegarían que para ese viaje no hacían falta esas alforjas, y que cualquier otro explicador podría despachar otras tantas interpretaciones igual de convincentes.

Si se descubriese la carta donde Mallarmé revelaba que el cisne se refería a una novia suya de Logroño, ¿qué sería del cisne de Agosti? Se podría pensar que la mayor objeción a la poetería es que el poeta sabe lo que su poema quiere decir, y que él mismo pone así sus alforjas en cuestión. Pero eso no sería más que otro cisne. Porque no se trata de que la poesía sea un hecho lingüístico, sino de que el lenguaje es el hecho poético. Hay lenguajes donde no rige el código lingüístico —por ejemplo, la música— pero no dejan de ser casos del hecho poético. Ahora, el soldado de Aristóteles y la nadadora existencial, ¿de dónde son? Si por poesía se entiende cierta virtualidad emanante del texto patentado y autorizado, acaso no fueran de la poesía,  pero siempre serían casos del hecho poético.

Un caso de conjunción de lenguajes que supera las virtualidades del código lingüístico es la canción. En 1896 se creó una de las más célebres de Austria. Según la leyenda, el letrista Josef Hornig se dirigió al músico Ludwig Gruber con un letra de canción que tenía este estribillo:

Es wird a Wein sein, und mir wer'n nimmer sein,

(Habrá un vino y nosotros ya no estaremos,)

D'rum g'niaß ma 's Leb'n so lang's uns g'freut.

(Por eso saboreamos la vida, y tanto gusto.)

'S wird schöne Maderln geb'n, und wir werd'n nimmer leb'n,

(Habrá chicas guapas y nosotros ya no viviremos,)

D'rum greif ma zua, g'rad is's no Zeit.

(Sus y a ello, que luego es tarde.)

Ambos acudieron adonde el editor musical Blaha, le propusieron la canción y solicitaron un anticipo. El astuto Blaha dijo que sí, pero que lo daría por una canción ya compuesta, de modo que Gruber se sentó al piano e improvisó allá mismo la melodía. Así se dice que se alcanzó una insuperada cumbre de la canción vienesa, el mejor testimonio de aquella época de la vieja Austria fluctuante entre el irreprimible placer vital y la melancólica atmósfera de decadencia. 

Este canción (me permito sugerir, entre las muchas versiones, esta interpretación a dúo por una tiple y un característico, como se decía entonces):

 

 ha sido la favorita de muchos austriacos, a cuyo deseo se ha cantado en despedidas fúnebres y en toda suerte de ágapes. El poeta Peter Altenberg dijo que era el mejor, más conmovedor y profundo cuplé nunca cantado, porque aunaba la más dulce, cordial y frívola alegria vital de los vieneses con su honda desesperación por tener que estirar la pata.

Es notable que toda la gracia de esta canción, que no deja de tener una letra admirable, esté más allá del código lingüístico, porque yace justo en su conjunción con la música, que confiere a la adversativa un tono  indeciblemente cantabile.

 

 

 

 

 

Leer más
profile avatar
30 de agosto de 2011
Blogs de autor

Unless otherwise instructed

Al otro, al poeta, le ocurren los cumpleaños, las obras completas, los homenajes, las admiradoras. Apelado por su obra, a mi me tocó escribir, de muchacho, una nota  cuando  Nicanor Parra visitó Lima y leyó, con cara de Buster Keaton, sus antipoemas, que creí entender como la paradoja del lenguaje, capaz de hacer lo que dice, y recibí el premio de una carta alentadora de José María Arguedas. Ahora que cumple 97 años, me doy cuenta de que su poesía es un pensar que nos piensa.

 

Parra, muy joven, había  estudiado en Brown, donde me ha tocado, por amor a las simetrías, recibirlo como  doctor honorario. Todavia recordaba la casa donde escribió el poema a Catalina Parra, su pimera hija. De Providence se marchó a Oxford, a estudiar física y matemáticas, y descubrir la crítica del lenguaje. Estaba obsesionado, me contó, con un problema irresuelto, a cuyas fórmulas improbables iba a dedicarle la vida. Pero alguien resolvió el problema con la elegancia inapelable de las matemáticas y, en esa misma lógica, Nicanor abandonó la ciencia. Se hizo pofesor. Y recobró la poesía, donde ningún problema está jamás resuelto.

 

Qué magnifica fe en las palabras demuestra su implacable crítica del lenguaje. En su poesía, a veces se escucha el lamento de Don Quijote a través del escarnio de un Sancho letrado. Obtuvo, hace 20 años, el primer Premio Rulfo de Literatura Latinoamericana, en Guadalajara. Fui parte del jurado irrefutable, conjurado a sumar esos dos nombres pilares del futuro que habitamos. Me tocó hacer la Antología de su obra; y cuando le pedí el título, me dijo: "Poemas para combatir la calvicie." Porque la poesía debe servir para algo, es cosa de jóvenes, y ese título no lo pondría Octavio Paz.

 

Si el mundo, le dije, es el orden de las cosas en el lenguaje, la antipoesía es nuestro lugar en la lectura. La poesia es sin/taxis, respondió, sentado en una silla, entre la tumba de Huidobro y la tumba de Neruda, en Las Cruces, frente al Sur de sures. Crei descubrir  allí la encrucijada de su larga vida irrenunciable: la curiosidad. Lo he encontrado traduciendo el Rey Lear; leyendo varias versiones de los Evangelios, donde descubrió que en uno de ellos hay humor: el evangelista se oculta tras un árbol para que no le pidan más milagros; recordando letreros de Manhattan, que son artefectos perfectos; anotando frases hechas como espejos del habla. Esa creatividad es la fuerza desencadenante que su obra precipita en el lenguaje español, haciéndolo hacer más de lo que es capaz de decir. Le dió aliento a la poesía de Enrique Lihn, pie a tierra a la de Zurita,  vivacidad aleatoria a la prosa reverberante de Bolaño, y vuelo metafísico al genio de Lemebel.

 

Cuando en 1971 coincidimos en Yale, Nicanor acababa de tomar el té con la señora Nixon, lo que le valió el varapalo inmediado de la izquierda latinoamericana, y su excomunión inapelable. Para explicarse inventó el género de los “artefactos,” después derivados en “chistes para combatir a la policía.” Neruda se había sentido personalmente aludido con la bajada del Olimpo proclamada por Parra, como si ese poema fuese una versión de la Bastilla. Los dos apenas cabían en Chile, donde, según los surrealistas, Huidobro caminaba con los brazos pegados al cuerpo para no salirse del mapa.

 

El Círculo de Lectores acaba de publicar el segundo tomo de su Poesía completa, al cuidado de Ignacio Echeverría.  Incluye la serie de sus Artefactos, que es una anotación oral (hasta su nieto le provee de frases anti-célelebres que él recoje como si el habla prodigara ocurrencias casuales de ironía involuntaria, gusto paradójico y sabiduría mundana), que él copia como otro graffiti callejero. Lo entusiasman las instrucciones que los ascensores, las señales del tránsito, y las advertencias y otras prohibiciones convierten en  lenguaje institucional. Le ha encontrado gracia incluso al aviso que en los ascensores dice que en caso de incendio no debe Ud. usarlo, “salvo que le indiquen lo contrario.” En inglés es, además, un verso perfecto. Todos somos el poeta que en el lenguaje postula Parra: el lector capaz de desencadenar una tormenta en una palabra.

 

En el campus de una Universidad que acabo de visitar vi un buzón de correos que lleva el título de BUZON. Si dijera “Buzón de correos” ya no sería un artefacto. Pero el nombre que declara la cosa cuando no puede ser ninguna otra, ilustra el principio de identidad que definió el filósofo. Mientras que el pintor que en el Quijote le añade un título a su garabato, “Esto es gallo,” debe haber sido platónico: cada imagen era una pérdida de la forma original. De Cervantes, a Wittgenstein y a Parra corre este humor de nombrar el mundo como el sobresalto de un malentendido.

 

Siguiendo estas lecciones de lector operativo, tengo para Nicanor este regalo de cumpleaños,  recuperado de otro campus:

 

                            ZONA ACADÉMICA

                            PROHIBIDO EL INGRESO

 

Leer más
profile avatar
30 de agosto de 2011
Close Menu
El Boomeran(g)
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.