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Sensacionalmente distinta

 

La verdad es una sensación, escribe Azúa. Y añade que la visión inmediata de que la solución dada a un problema matemático es verdadera no es distinta de la aprobación placentera del ebanista, el pintor o el músico, que rematan su obra. La reflexión está muy bien traída porque pone en problemático entredicho a las sensaciones que no dejan de ser nuestras guías ineludibles y preeminentes en el interminable equívoco entre lo bueno, lo bello y lo verdadero.

 Con todo, yo sostengo que hay para el hombre una sensación de la verdad distinta a todas las otras. Dar con la verdad que está ahí y que todos verán cuando se les muestre, sea como sea, bajo otro régimen o en otra dimensión estética, difiere esencialmente de la sensación narcisista y de sumo alivio  que produce el último toque feliz, ese momento dichoso en que uno  se despide, “ahora sí que no puedo hacer más por ti”, y deja la obra a merced del público y la nada. Porque, al cabo, uno sabe que en el mejor de los casos se trata de su personalidad, su verdad, que ahora quedará expuesta a la intemperie de aprobación, indiferencia o vituperio. La exaltación se abigarra con irisaciones de inseguridad, esperanza y desmesura. La plenitud llega a irradiar una aureola de impotencia. La necesidad de aprobación ajena se parece inesperadamente al miedo.

Con la verdad, es distinto. Cierto es que urge la compulsión de hacerla saber,  la más humana de las urgencias, pero la cuestión personal se reduce a un problema táctico, exclusivamente de organización, a un “veamos cómo digo esto para que se entienda”. La inseguridad limita su reino a las siempre necesarias precauciones para no explicarse tan espeso que aumente la dificultad para la aproximación y el entendimiento ajenos. En la visión de la verdad no hay último detalle, sino comprensión del conjunto. Los detalles tendrán que concordar, o no valdrán, y serán falsos e irrelevantes. No hay exaltación, sino confort repentino, algo parecido a cuando se enfoca una lente.

Durante años tuve cercado al sospechoso de la cuestión homérica. Es difícil interrogar a un sospechoso a tanta distancia, y yo mismo creía que nunca pasaría de las conjeturas. En el verano de 2008, el confuso océano de la cuestión se había reducido a un esfera, todavía con el centro en muchas partes, pero la circunferencia ya no estaba en todas. Una tarde de julio me fui a la siesta. Por si sirve a los especialistas, puntualizaré que había comido oveja, que según los entendidos infunde la virtud de la paciencia, justo la que yo no tengo. En el mejor sopor, con la élite de mis funciones dedicadas a la digestión, a punto de quedarme frito, entendí el epigrama dórico, no solo el significado, no solo el imperativo final, también con qué verbo de la Ilíada había que relacionarlo para hacer incontestable la exposición. Lo supe todo. El sospechoso ya no era un sujeto legendario y difícil de interrogar a a través de los milenios, sino un poeta que salva las distancias dejando por escrito su confesión con toda suerte de anotaciones e instrucciones para entenderla. También supe lo que tenía que escribir, cómo lo argumentaría, en qué dirección llevaría el crescendo, en qué orden vendrían los rittornelli y cómo administraría las pruebas. Ninguna exaltación, nada de levántate pamplonica. Me dormí igual. La certeza, con toda su exposición y consecuencias, ocupó mi mente el mismo lapso de tiempo y produjo la misma emoción que si me hubiera preguntado por el lado en que tenía la ventana. 

Se diría que una parte de mis entendederas se había dedicado por su cuenta, haciendo horas extraordinarias, a reflexionar y comparar, conjeturar y desechar, y presentaba el resultado sin hacer aparatos, como quien responde cuando le preguntan qué hora es. La verdad entonces se asimila de modo que parece que se sabía de siempre, y cuesta imaginar cómo pensaba uno cuando aún la ignoraba. Ahora mismo, al corregir las pruebas, me acuerdo de aquella hora meridiana y te puedo asegurar que la sensación de la verdad es distinta a las demás.

 

 

 

 

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23 de septiembre de 2011
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Coetzee, broche de oro

JM Coetzee en FILBA Tal como lo sospeché, el broche de oro del FILBA con JM Coetzee estuvo repleto, seguro me quedaba fuera como siempre. Felizmente no fui a Buenos Aires. Pero qué placer para quienes vieron a quien, sin duda, es uno de los más importantes escritores vivos. En la Revista Ñ Julietta Roffo comenta lo que fue este estupendo final para un FILBA inolvidable. Dice la nota:

Fue la periodista de Clarín y escritora Matilde Sánchez, quien se encargó de presentar al autor sudafricano, aunque los primeros aplausos ya habían llegado cuando el escritor entró al auditorio para esperar su turno detrás del telón. Su presentación fue, más que invitación al escenario, una exhaustiva disección de su obra, en la que destacó ?una emoción muy contenida y concentrada, que sin embargo llega a puntos de desnudez que pocos autores consiguen?. Otro elemento de la literatura de Coetzee que subrayó Sánchez fue su modernidad en distintos aspectos, que hacen que su realismo resulte innovador: ?Algunas de sus novelas hibridan distintos géneros. En Diario de un mal año, rompe la unidad de la página, la convierte en pantalla con dos y hasta tres hipertextos, que pueden leerse de manera alterna o bien lineal. La segunda razón es que a menudo ha dado una vuelta inesperada (?) asumiendo la voz de narradoras y personajes femeninos?, explicó, y valoró la imagen que el autor construyó de sí mismo en Verano, la última entrega de su autobiografía: ?En los tiempos actuales de obsesiva primera persona, es difícil encontrar memorias más autocríticas?, señaló. Coetzee, en un castellano anglosajón y cuando la segunda tanda de aplausos le dio permiso, agradeció a las más de doscientas personas que lo escuchaban en atento silencio, a Sánchez y a la Fundación Filba y su comité literario por la invitación a Buenos Aires. Enseguida, el escritor leyó ? en el inglés que aprendió al mismo tiempo que el afrikáans en su casa natal ? un texto titulado La vieja y los gato s (Ver recuadro). Es un texto que ya había leído en la India en 2010. Resultado: más de media hora de público en silencio, dentro y fuera de la sala. Algunos seguían la lectura con atención y con risas cuando asomaban la ironía o el humor. Otros ?no hubo traducción simultánea ni ejemplares disponibles con el texto en castellano? con cara de estar perdiéndose algo importante, sobre todo cuando los que seguían el cuento sonreían. Recién el turno largo de los aplausos, justo después del punto final, volvió a reunir a todo el auditorio. Pablo Braun, director del festival, anunció que firmaría ejemplares y la cola de lectores se improvisó enseguida. Braun aprovechó la masividad del cierre para anunciar que en 2012 la Fundación Filba aspira a lanzar el Festival Nacional de Literatura, que rotaría por distintas ciudades del país. El escritor Noé Jitrik, el artista plástico Guillermo Kuitca y los novelistas invitados a esta edición del Filba Andrés Barba, de España, y Richard Gwyn, de Gales, estuvieron entre el público que escuchó al autor de Elizabeth Costello. ?Era una buena ocasión para dedicarse a la reventa?, había bromeado Barba en el bar del Malba antes de entrar al auditorio. Y la cola de espectadores que serpenteaba por la avenida Figueroa Alcorta le daba la razón.

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22 de septiembre de 2011
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Los 25 de Guadalajara

Cartel de la FIL Guadalajara 2011 Como ?secretos literarios mejor guardados? considera la FIL Guadalajara a 25 autores de Latinoamérica, a quienes ha invitado para que se presenten ?en sociedad? en la Feria Internacional. Son autores de diversas nacionalidades, distintas edades, obviamente diferentes estilos y también, hay que decirlo, cada uno con su propio destino literario. Algunos de ellos, como Jacinta Escudos o Pablo Soler Frost, son muy reconocidos en su país. Otros, como Dani Umpi o Fabián Casas, lo son a nivel Latinoamericano. Hay también escritores que han sido nombrados de vez en cuando, y otros que no se conocen demasiado más allá de círculos pequeños incluso en sus países. Quizá el rasgo general es que ninguno de ellos ha logrado dar un salto a España realmente notable (aunque Fabian Casas ha sido premiado y muy elogiado en Alemania) y que sus nombres no suelen circular en la lista de autores latinoamericanos contemporáneos. Veremos qué sucede en Guadalajara. He leído a varios de ellos y creo que la selección es estupenda. Por el Perú, por ejemplo, me parece muy justo el reconocimiento a Enrique Planas, con obras bastante sólidas desde hace años.  La lista es la siguiente:

Juan Álvarez (Colombia, 1978), Luis Alberto Bravo (Ecuador, 1979), Andrés Burgos (Colombia, 1973), Fabián Casas (Argentina, 1965), Miguel Antonio Chávez (Ecuador, 1979), Carlos Cortés (Costa Rica, 1962), Francisco Díaz Klaassen (Chile, 1984), Jacinta Excudos (El Salvador, 1961), Nona Fernández (Chile, 1971), Fernanda García Lao (Argentina, 1966), Ulises Juárez Polanco (Nicaragua, 1984), Roberto Martínez Bachrich (Venezuela, 1977), Emiliano Monge (México, 1978), Javier Mosquera (Guatemala, 1961), Diego Muñoz Valenzuela (Chile, 1956), Enrique Planas (Perú, 1970), María Eugenia Ramos (Honduras, 1959), Luis Miguel Rivas (Colombia, 1969), Giovanna Rivero (Bolivia, 1972), Hernán Ronsino (Argentina, 1976), Pablo Soler Frost (México, 1965), Daniela Tarazona (México, 1975), Dani Umpli (Uruguay, 1974), Eduardo Varas (Ecuadro, 1979) y Carlos Oriel Wynter Melo (Panamá, 1971).

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22 de septiembre de 2011
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Flotante rizo

Hay dos romanticismos en los relatos inéditos de Juan Benet que ahora se rescatan. El primero lo pone la imagen memorable del mechón de pelo de la larga melena de un librero y periodista español afincado en México, Cipriano de las Cagigas, amigo y protector de José Zorrilla en su larga estancia centroamericana. La amistad, los viajes conjuntos y la muerte, atacado por el "vómito negro", de Cagigas, ocupan una parte importante de las extraordinarias memorias de Zorrilla, ‘Recuerdos del tiempo viejo', contando el poeta cómo ese mechón de Cagigas quedó fuera por descuido al cierre del ataúd y se fue meciendo al viento en el largo trayecto hasta el cementerio, donde el autor de ‘Don Juan Tenorio' no pudo contenerse más y cortó, antes del sepelio, "aquel flotante rizo". Y añade Zorrilla: "Sobre mí lo he llevado mucho tiempo, y aún lo conservo".

    El ‘tema' del título del libro, ‘Variaciones sobre un tema romántico' (que lleva como pórtico la escena del pelo suelto y cortado de Cagigas) es la breve historia, una sola página, de una pareja de novios a la que un macabro accidente de moto impedirá casarse. Y a continuación empieza a sonar el teclado romántico de Benet, componiendo las cinco variaciones del libro, al que le falta una, encontrada entre sus papeles de un modo demasiado fragmentario como para aconsejar su inclusión. Hay que decir, sin embargo, que esa ausencia, por mucho que nos pese o intrigue, de ningún modo deja insatisfecho al lector; la última variación, ‘El legado', no sólo es, junto a la primera y única conocida de antemano, ‘Amor Vacui', la mejor, sino que cierra perfectamente, en su final asombroso y esclarecedor, el bucle narrativo de la obra. Las cinco variaciones son, en todo caso, un maravilloso ejercicio de virtuosismo, a la altura de las mejores páginas ‘benetianas' del período en que este libro se fue escribiendo y guardando en una carpeta, los años 1975-1985, es decir, entre otras, las de ‘En el estado', ‘El aire de un crimen', ‘Saúl ante Samuel', ‘Trece fábulas y media' y las dos primeras entregas de ‘Herrumbrosas lanzas'. La brevedad de los movimientos, la alegre soltura del impromptu, así como la auto-impuesta plantilla de la variación temática a partir del motivo fúnebre y capilar de Cagigas, permiten al autor el juego de un intérprete inspirado que se desmelena sin perder de ojo las notas de su aleatoria partitura.

     Es particularmente apropiado por ello que Lumen haya hecho coincidir, en elegantes volúmenes de tapa dura, las ‘Variaciones' con los ‘Ensayos de incertidumbre', una antología al cuidado y criterio de Ignacio Echevarría, quien además de haber elegido inteligentemente las piezas (todas posteriores al libro ensayístico seminal de Benet, ‘La inspiración y el estilo') la prologa y la culmina con un prontuario de opiniones y dichos ‘benetianos' sin duda útil para lectores curiosos y neófitos, aunque tal vez impertinente al espíritu del novelista madrileño. Echevarría retoma los cuatro ensayos capitales de la que a mi juicio es la obra de pensamiento artístico más radical y vigente de Benet, ‘En ciernes' (1976), donde destacan dos conferencias originalmente dictadas en Salamanca y Berlín, y que leídas ahora, en conjunción con la escritura alada, de pérfida belleza, que caracteriza estas ‘Variaciones', alumbran y sostienen vigorosamente la naturaleza del arte literario del creador de Región, su singular potencia verbal, la poética del eterno retorno de la metáfora, la comicidad entre sublime y astracanada, que alcanza un hito en las páginas 104-106 del libro al describir los preparativos y efectos, inducidos por el bicarbonato francés, de un eructo en el vestíbulo de techo neomudéjar de una sede provincial de Correos:  el Benet del rechazo a "la determinación y la funcionalidad" de la novela, y la defensa del "componente de arbitrariedad de toda creación artística".

     Esta segunda cita procede de otro texto recogido y resaltado por Echevarría en sugestiva comparación con un pronunciamiento de Gil de Biedma sobre Juan Ramón, la carta abierta de Benet a Pedro Altares, entonces director de ‘Cuadernos para el diálogo', a propósito de Galdós, una proclama de 1970 que no tiene desperdicio, en sus brillantes invectivas contra la "novela asertórica" y de "levantamiento catastral" y en sus manifiestas veleidades (Benet reconoce haber frecuentado poco la vasta obra de Don Benito), no por ello desprovistas de gracia, como al hablar de la "imaginación litográfica" del autor de ‘Fortunata y Jacinta'.

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22 de septiembre de 2011
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Multilateral y legitimadora

La iniciativa del presidente Abbas solicitando el reconocimiento de Palestina en Naciones Unidas ha sido tachada por Benjamin Netanyahu de unilateral y deslegitimadora para el Estado de Israel. Como sucede con las consignas eficaces, fruto de un trabajo político y diplomático cuidadoso, ambos argumentos ya han hecho fortuna y hoy no faltan en ninguno de los debates sobre los acontecimientos que se producirán en los próximos días en la sede de la organización internacional. Un tercer inconveniente o tacha se deduce de los dos anteriores: su propósito es aislar a Israel.

De todos los pasos que han realizado los palestinos a lo largo de la historia para ejercer sus derechos, el movimiento diplomático elegido por el presidente Abbas es de los más pacíficos y multilaterales posibles. Se trata, de entrada, de una petición. Que se somete al juicio de la entera comunidad internacional. No de una acción irreversible que se toma al margen del multilateralismo. La Autoridad Palestina solicita de los otros países un gesto similar al que obtuvieron los judíos de Palestina en 1947 cuando se aprobó el plan de partición que les permitió crear el Estado de Israel. La petición cierra el círculo, puesto que lleva a consagrar interna y externamente dicha partición, entonces no aceptada por el conjunto de los Estados árabes; y de ahí, no cabe olvidarlo, la oposición al gesto de Abbas del campo radical ?Hamas e Irán-- que quieren meramente la desaparición de Israel. No es un gesto deslegitimador. Del reconocimiento del Estado palestino sobre las fronteras de 1967, surgiría por primera vez un Israel reconocido por sus vecinos. En el ?impasse? actual, entre los vecinos solo lo reconocen los que tienen acuerdos de paz, Egipto y Jordania, y muy pocos más en el entorno árabe y musulmán. La precariedad de las relaciones con estos y otros países hace temer, por el contrario, que el ?niet? de Israel no hará más que complicarle el futuro, convertido en esta fortaleza que no quiere integrarse en su marco geográfico natural, según descripción del rey Abdalá de Jordania. Tienen razón quienes esgrimen este argumento si centran la deslegitimación en los territorios ocupados de Cisjordania. Son los colonos, esos okupas ilegales y consentidos, quienes quedan deslegitimados. Lo único que podía justificar la defensa de las colonias, incluso retrospectivamente, era su utilización como arma negociadora, y así fueron concebidas en los años posteriores a la conquista militar de 1967 por los gobiernos laboristas. Hasta que llegaron los derechistas del Likud, con los mapas del Gran Israel bajo el brazo, el mandato bíblico sobre la entera Palestina histórica y el propósito de hacer saltar los Acuerdos de Oslo por los aires, perfectamente cumplidos. No es un gesto unilateral en la forma, como dice Netanyahu, porque rompa la negociación multilateral de una negociación rota y suspendida como la de Oslo. Tampoco lo es en su contenido: su objetivo es regresar a Oslo y a la fórmula de esos dos Estados que no quieren ni Hamas ni tampoco el socio de Netanyahu, Avigdor Liberman; el padre centenario y consejero del primer ministro e historiador de la Inquisición española, Etzion Netanyahu; y probablemente el propio Netanyahu. Sin contar con la ironía de una acusación de unilateralidad desde Israel, país surgido del multilateralismo pero asentado en el unilateralismo y en el derecho de veto de Washington en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Llegamos así a la tercera tacha, la voluntad de aislar a Israel que esgrime el partido de Netanyahu. Las pruebas son evidentes: Abbas quiere negociar de Estado a Estado y tener la oportunidad de actuar internacionalmente en condiciones más equilibradas, algo que puede conducir a emprender acciones penales internacionales contra los colonos, sus gobernantes y los militares. Pero este no es argumento respecto al Estado de Israel, sino a determinados responsables políticos. Que compromete también a los palestinos que actúen fuera de la legalidad internacional, como es el caso de Hamas. Si Israel está aislado no es por la acción diplomática de Abbas, sino por la acción aislacionista y deslegitimadora de Netanyahu, que ha roto la entera arquitectura de alianzas forjada durante los 60 años de historia de su país. El mérito de Abbas es su camino legal y pacífico, que no debe abandonar en ningún caso. ¿Cómo no quieren que la comunidad internacional aplauda a unos palestinos que ahora solo esgrimen la rama de olivo y al fin han entregado la pistola? La palabra es lo que les da su fuerza moral y política; desautoriza y anula el erróneo camino violento que algunos todavía quieren transitar; y coloca a EE UU e Israel en un brete. La derecha israelí está a punto de repetir aquel gesto de 1948 pero con las tornas cambiadas. ¿Declararán la guerra los conservadores israelíes como hicieron entonces los árabes?

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21 de septiembre de 2011
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El cronista miseria

El cronista miseria es uno de los grandes personajes en la fauna del periodismo narrativo.

El cronista miseria consigue fondos gracias a los bajos fondos.

Para el cronista miseria las cosas son simples: Para hablar de la miseria humana, se va a una villa miseria. Para decirnos que el mundo es una basura, se va a un basural con niños abandonados. Para confirmarnos que no tenemos salida, cuenta la historia de unos pobres en la cárcel.

El cronista miseria, debilidad de ONG´s y Fundaciones bien pensantes, escribe mal y amarillo.

El cronista miseria elige sus temas con la misma lógica con que responden las candidatas a Miss Universo: "Los problemas del mundo son la pobreza, el narcotráfico y las guerras".

Ideológicamente, el cronista miseria no se hace problemas: divide a las personas entre buenos y malos.

Aunque no sea su meta, el cronista miseria suele fomentar el pánico social y el avance policial. El cronista miseria es amigo de uniformados, y es conocido por los poderosos de cada barrio bravo.

El cronista miseria habla de periodismo narrativo y de lenguaje literario, aunque sus textos solo terminan siendo una crónica roja de larga extensión.

El cronista miseria es éxito en Europa. Disfruta metiendo sus textos en medios del primer mundo, o en revistas tercermundistas dedicadas al buen vivir: Miseria chic.

El cronista miseria piensa que las dobles lecturas son lo mismo que releer.

El cronista miseria cree que una buena crónica es narrar miserias que están a la vista, cuando en realidad se trata de revelar miserias ocultas.

El cronista miseria defiende su parcela, su nicho, su quinta de miseria, como si fuera una propiedad privada.

El cronista miseria nunca escribe de los poderosos, aunque conoce a muchos.

El cronista miseria no entiende la pornomiseria.

Algunos piensan que el cronista miseria es un invento del nuevo periodismo latinoamericano.

El cronista miseria se burla de quienes, piensa él, solo escriben de frivolidades. Seguramente, su risa también sea su gran triunfo: ha logrado frivolizar todas nuestras grandes miserias.

 

 

Publicado en etiquetanegra.pe

@menesesportatil

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21 de septiembre de 2011
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De la ciencia a la hermenéutica

El  uso  distorsionado, por ideológico,  de la teoría cuántica al que me refería en la columna anterior  no debe hacer olvidar que la Mecánica Cuántica es  una de las disciplinas científicas que mayormente ha contribuido tanto a   determinar el entorno natural   (a través  de una técnica que supone una revolución en el concepto mismo -heredado de los griegos- de   techné ) como a hacer inteligibles los mecanismos por los que se rigen las estructuras  elementales del mismo. La Mecánica Cuántica puede (como tantas otras cosas interesantísimas, el arte en primer lugar) jugar el papel de comodín para espíritus  perezosamente adictos a la esperanza, pero asimismo puede incentivar la inclinación a retomar la interrogaciones mayores del espíritu humano, aquellas que se fraguan en la transición de la in-fancia a la humanidad cabal, que los griegos archivaron y exploraron y que hoy constituyen el contenido legítimo de lo que damos en llamar Filosofía.

De ahí que el caso paradigmático de hermenéutica de nuestro tiempo sea el de las llamadas interpretaciones de la Mecánica Cuántica. Algunas de ellas se deben a los creadores mayores de la disciplina. Sin embargo ninguna  es fundamental a la hora de efectuar experimentos o avanzar protocolos que permiten innovaciones tecnológicas. Por decirlo con toda nitidez: la diferencia entre una u otra interpretación es irrelevante desde el punto de vista del progreso de la física.  ¿Quiere ello decir que es irrelevante simplemente? Todo depende de si  se considera que el hombre tiene como destino el control de la naturaleza o si lo suyo es más bien la interpretación de la misma  la cual se revela indisociable de una interpretación de su propio ser.   

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21 de septiembre de 2011
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III. El punto de fuga

Ir más allá de las posibilidades es siempre el gran desafío. ¿Cuál es el punto de fuga de la acción? Desafiar las leyes de la gravedad, romper con lo que ella llama "la frontera neurológica". El cuerpo tiene su propia gramática, sus sintaxis y su morfología. Hay que saber leer el cuerpo. Un libro suyo, donde explica su filosofía se llama "Cómo llegar a ser un héroe de la acción extrema".

Los héroes de Elizabeth vienen del mundo pop, de las páginas de las historietas cómicas, los superhéroes que todo lo pueden, desde levantar pesos descomunales, volar por los aires, escalar las paredes de los rascacielos o descender por ellas, como lo hemos visto hacer a ella misma en un video que la muestra bajando desde una azotea hasta la acera, piso tras piso de un edificio, un paseo horizontal en un plano vertical pendiente del cable de una polea.

Por eso mismo, sus héroes son también aquellos de carne y hueso que alguna vez asombraron por sus desafíos, como Houdini, el rey de los magos, y todo los demás quienes como él hicieron del espectáculo una acción extrema, lanzarse por el torrente de las cataratas del Niágara metidos dentro de un barril, caminar sobre la cuerda floja a enorme altura entre dos rascacielos, con el vacío a los pies, el vuelo solitario de Amelia Earhart sobre el océano Atlántico. Mohamed Alí más allá de todo y de sí mismo dentro del encordado.

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21 de septiembre de 2011
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La ciudad

Unos tipos de cabeza simple quieren acabar con las grandes ciudades. Efectivamente son mentes "naturistas" y exponen como sevicias de la gran ciudad sus aires tóxicos, la emisión de los automóviles y las calefacciones, los aires acondicionados y el humo de los que todavía fuman, aun en las terrazas o las aceras. Los detractores de la gran ciudad no le encuentran atractivos: concentración, prisas, agresividad, distancias, incomunicación, basuras.

Sin embargo una gran ciudad, desde Nueva York a Hong Kong, es una obra maestra de la historia urbana. Y de Toda la historia del arte. Una urber de estas características no se hace en una generación ni en cuatro. Esere sedimento de diversidad y misterio, de grandes construcciones y arquitecturas extraordinarias, anchas avenidas y callejones insondables, de mescolanza de razas y clases sociales, de metros atronadores cargados de promiscuidad, de ricos y delincuentes, de delincuentes y ricos, de supermercados y superalmacenes y superteatros y supermuseos, no se hace de la noche a la mañana. El máximo monumento de la modernidad es la gran ciudad. ¿Serán tan simples que desean peatonizarla, ajardinarla, des montar su modelo por un simulacro  campestre, entre  lo grotesco, estéticamente insoportable y los político, correctamente político para la más ignorante de la población?

Una gran metrópoli es una entidad se respeto. Si se quiere vivir aire puro,   prados y vacas existe el campo y sus muchas oportunidades de indudAble placer y recompensa pero ni ese placer es el mismo en el campo que en la ciudad a la que machaconamente se le opone. La ciudad es una cosa, una extraordinaria construcción de la humanidad y el campo, si se apura su idiosincrasia, una vana secreción de Dios.

La primera, se supone, también procede de Dios pero efectivamente de un Dios más culto, más complejo y mejor vestido. El campo queda como el modelo de una obra divina confundida con la perfección mientras la ciudad, de acuerdo con el desprestigio de la torre de babel, una fabricación maldita. Puesto que hoy todo lo fabricado es anatema y lo brotado de por sí una bendición.

Maldita es a, sin embargo, esta bastarda distinción. ¿Cómo puede compararse la riqueza de Londres, París o Chicago con las aldeas que las circundan? Gente rica y por lo general de mucho mundo, dicen querer regresar a la paz rural, pero la paz rural, en efecto, es como una residencia para la tercera edad, tan lastimosa de fuerzas como de perspectivas. No quiere decirse con ello que la urbe de millones de habitantes sea un reflejo del paraíso terrenal pero acaso sí es la mejor encarnación del imaginario infierno, si se tratara, en ambos casos, de perseguir similitudes míticas.

Pero ni eso. La Gran Ciudad tiende a la confusión, la aglomeración y el martirio o el crimen, paralelamente a la oferta de la diversidad, la individualidad y el goce estrambótico de su excepcional realidad.

En ningún otro lugar puede hallarse las nuevas estéticas y sus parodias, sus experimentos y sus aventuras. Es decir,  las nuevas maneras de vivir y de crear, de  morir, de amar o de apartarse. Las Grandes Urbes, condenadas oy como pozos de reptiles, equivalentes a pozos destructores  de la condición humana, asimiladas a la deshumanización y a toda clase de crímenes que hacen de la humanidad un producto depravado, incluso ahora cunado mas de la mitad del género humano es urbano.

¿No entienden nada? ¿Creen que la bendición se hallaba en la aldea y la pérduda del campanario ha "sonado" a más de media humanidad. En realidad no saben entender sino a estos pastores de ovejas que aman los riachuelos, los bosques de encinas y el gorjeo de los pájaros. Lo demás es vicio o calamidad. Son estos pensadores efectivamente, melancólicos y, a la vez reaccionarios, amantes de la vuelta atrás. Condenan los rascacielos, los aparcamientos subterráneos, el semáforo y el coche; propugnan el regreso a la cabaña, la paja  y la mula. No se puede ser más burros de vocación.

Desearían al parecer la inversión del costoso camino hacia la creación de la Mobra maestra de la gran ciudad, sea Nueva York. Marid o París cotando con la premisa de que fuera eliminado este proceso civilizatorio y todos los demás. ncluso conglomeraciones como Kuala lampur, Abdis Abeba, Lagos o Nueva Delhi, cargadas de excrementos animales, deberían ser abolidas en nombre de la vida pastoril  donde las deposiciones de los animales se reciben en un cesto para abonar alelíes.

En todas estas capitales del tercer mundo, con un tercio de visión urbana, la vida pastoril ha querido insertarse por la fuerza de la tradición en las calles y, a la fuerza, como en Nueva Delhi, se ha convertido, en una pestilente astracanadas que han conve4rtido el espacio urbano en un caos mortal.

La ciudad es una cosa y el campo es otra. No hay punto medio. El movimiento del campo a la ciudad, puesto que se gana más pidiendo limosna en la Zona R0sa, que en cultivar maíz, es un ef4ecto de lo mismo.La ciudad no ha nacido para  liberas al campo ni el campo, ahora en el capricho de los alcaldes ricos se halla para liberar de la ciudad. Tanto uno como otro se han convertido en dos polos de la evolución y en tanto no establezcan entre sí una relación de tú a tú, sin complejos ni compromisos será imposible pensar en armonía con lo real.

Muchos de los habitantes de las grandes urbes desean la paz bucólica de sus antepasados. Pero nunca serán sus antepasados sino versiones teatrales de la vida en la antigüedad.

Igualmente muchos de los pobres campesinos que se establecen en la ciudad serán, a la fuerza, un pintoresco paisaje en ella. Ninguna integración verdadera es imposible. Vivirán hacinados en pisos patera, vivirán con unos pesos o dólares que invariablemente compararán (dolorosamente) con los precios de mercado en sus aldeas verdaderas.

La fusión raramente se produce. Hay ciudades, criminales, suicidas  que esperan para matar a sus emigrantes  a quienes deseen habitarlas sin su pasión natal. Como hay campos, a la vez, preparados de antemano para ser camposantos que guarecen a la  población advenediza.¿Zonas peatonales? ¿Para quién? ¿Para los pobres campesinos  cuyos sus ancestros ideológicos paseaban por la calle mayor o para quienes tener, además de los teatros y los antros, los excitantes y los parques temáticos, una alameda con albero apisonado  en remedo de los  escenarios en los que se hicieron novios y novias en aquel tiempo que el tiempo urbano ha clausurado aquí y allá?   

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21 de septiembre de 2011
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La burbuja soberanista

Un libro compuesto bajo el signo de la urgencia, cuando más duelen los golpes de la crisis económica, y sus consecuencias sobre el empleo, el bienestar o la cohesión social. Centrado, sin embargo, en los efectos más morales de una crisis que desborda a los actuales percances económicos y se extiende sobre la entera idea de sociedad y de ciudadanía. Y de todos los efectos morales, los que se sienten como más cálidos y pegados al corazón humano, los más dolorosos, por tanto: los que afectan a la identidad, es decir, a la lengua, la religión, la cultura, la imagen que cada uno de nosotros nos hacemos de nosotros mismos. El objeto que el autor ha escogido para armar su libro es también un antagonista: no quiere exaltar la identidad, sino combatirla; tampoco preservarla, sino fragmentarla y multiplicarla; y ni siquiera mantenerla como concepto, sino sustituirla por los de ciudadanía y pacto republicano, equilibrio de deberes y derechos entre iguales. Parte para ello de lo más próximo: las más recientes tensiones españolas a propósito y como consecuencia del Estatuto catalán y de sus avatares jurídicos; pero llega hasta lo más lejano, la fórmula de hierro que combina la impugnación de la política con un neoliberalismo extremo además de la politización de la religión y el rechazo del extranjero, tal como aparece en los populismos rampantes de Europa y Estados Unidos. Pensado desde unas referencias culturales y políticas inequívocas, las del catalanismo autonomista, este libro circula en dirección exactamente contraria a la deriva independentista adoptada por el catalanismo mayoritario pujolista y también en discordancia con el endurecimiento anticatalanista de la política española. En realidad, contra los dos nacionalismos catalán y español, que se reatroalimentan uno a otro incluso cuando se camuflan y no quieren aparecer como tales. Es también un envite valiente y contundente, desde la tolerancia y la lealtad, a favor de un nuevo entendimiento. ?La independencia no es para mí ni un somni (un sueño) ni un malsón (una pesadilla), sino un miratge (un espejismo?. Esta crisis que favorece a las identidades unívocas es también una burbuja, pero no hay que esperar pasivamente a que se deshinche sola sino que hay que pincharla. (Reseña del libro de Rafael Jorba ?La mirada del otro. Manifiesto por la alteridad?, publicada en Babelia el pasado sábado, 17 de septiembre)

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20 de septiembre de 2011
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El Boomeran(g)
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