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Yo me vacío de mi vida

exposición de art reinhardt RESTOS Yo me vacío del nombre de los otros. Vacío mis bolsillos. Vacío mis zapatos y los dejo al borde de la ruta. En la noche retraso los relojes; Abro el álbum familiar y observo al muchacho que fui. Digo mi propio nombre. Yo digo adiós. Las palabras se siguen viento abajo. Amo a mi esposa pero la aparto de mí. Mis padres se levantan de sus tronos hacia el lechoso cuarto de nubes. ¿Cómo puedo cantar? El tiempo me dice lo que soy. He cambiado y soy el mismo. Yo me vacío de mi vida y mi vida permanece. Mark Strand

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4 de febrero de 2011
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El científico Nabokov

Nabokov y las mariposas Nabokov tenía dos pasiones: escribir y cazar mariposas. Y en ambas tuvo un papel sobresaliente. Desde luego, la literatura se lleva todos los aplausos y las cámaras hasta el punto que olvidamos que sus primeros trabajos en EEUU fueron como entomólogo. Era un científico serio que alguna vez dijo: ?En la ciencia pura como en el arte verdadero solo importan los detalles?. Y aunque luego del éxito de Lolita su papel científico fue tomado un poco a la ligera (sobre todo porque era autodidácta), ahora las cosas parecen estar mejorando. Un grupo de investigadores en Harvard han empezado a tomarlo en serio. Dice la nota en Revista Ñ:

Durante su vida pocos científicos del rubro tomaron en serio las ideas de Nabokov. Pero en los años siguientes a su muerte, en 1977, su reputación científica ha crecido. Y en los últimos diez años, un equipo de científicos ha probado su teoría sobre los Polyommatus azules con tecnología de ADN-recombinante. La semana pasada en The Proceedings of the Royal Society of London se reportó que la hipótesis de Nabokov estuvo completamente acertada. ?Es realmente una maravilla?, dijo Naomi Pierce de Harvard, co-autora del paper. Nabokov heredó su pasión por las mariposas de sus padres. Cuando su padre fue encarcelado por las autoridades rusas por sus actividades políticas, el joven Vladimir ?de ocho años de edad? le llevó una mariposa a su celda como regalo. De adolescente, Nabokov participaba en expediciones de caza de mariposas y describía los especímenes que capturaba con gran detalle, imitando las publicaciones científicas que leía en su tiempo libre. A no ser por la Revolución Rusa, que forzó a su familia exiliarse en 1919, Nabokov dijo que se podría haber dedicado profesionalmente a la lepidoptera. (?) Al final de un paper publicado en 1945 sobre los Polyommatus azules, meditó sobre la evolución de esta especie. Especuló que tuvieron su origen en Asia, que cruzaron el estrecho de Bering e hicieron un largo camino gradual hasta llegar a Chile. Permitiéndose unos giros literarios, Nabokov invitó a sus lectores a imaginar ?un taxonomista moderno dentro de una máquina de tiempo Wellsiana?. Retrodeciendo millones de años, llegaría a un punto en cual solamente existían las versiones asiáticas de las mariposas. Moviéndose, nuevamente, hacia adelante en el tiempo, el taxonomista vería cinco grandes olas migratorias en las cuales las mariposas llegarían al Nuevo Mundo. Nabokov concedió que la idea de las mariposas encarando un viaje desde Siberia hasta Alaska y, después, hasta América del sur podría sonar exagerado. Pero le parecía una hipótesis más probable que la alternativa: la de un puente terrestre, ya inexistente, que cruzaba el Pacífico. (?) La reputación de Nabokov cómo científico quedó en limbo hasta la década de los 90. Kurt Johnson, que en ese momento era un entomólogo en el American Museum of Natural History, examinó los genitales de los azules y se asombró con la diversidad que mostraban. Buscando investigaciones previas sobre el tema se cruzó con los trabajos de Nabokov. En el 2000 publicó un libro llamado Los azules de Nabokov, co-escrito con Steve Coates, en cual revindicaba el trabajo científico de Nabokov. Al fin, trabajando en conjunto con Zsolt Balint, del museo húngaro de ciencias naturales y Dubi Benyamini, un coleccionista Israelí, decidieron que Nabokov había acertado en su método de clasificación. Hasta nombraron algunas especies nuevas en su honor, cómo el caso de al Nabokovia cuzquenha. Más recientemente, usando tecnología de ADN-recombinante se ha reexaminado el trabajo científico de Nabokov. En 1944, por ejemplo, Nabokov publicó la primera descripción de la mariposa Karner blue, una especie rara que vive en el noreste de los Estados Unidos. Juzgando por su color y por su dieta, Nabokov llegó a postular que era una especie en sí. Pero cuando los científicos comenzaron a estudiar su genética determinaron que era meramente una derivación de una especie preexistente, la Melissa blue (Lycaeides melissa). Chris Nice y sus colegas de la universidad de Texas recientemente utilizaron una forma de recombinación genética para entender a los Karner blues en más detalle. Encontraron que los Karner blues y los Melissa blues, en realidad, compartían muy pocos genes. En su informe de diciembre de 2010 en Biology Letters, declaran que los Karner blues son, de hecho, una especie independiente como había especulado Nabokov (y acreditan al novelista con el descubrimiento). Naomi Pierce, que desde 1990 es profesora de lepidoptera en Harvard, empezó a estudiar en detalle el trabajo científico de Nabokov cuando estaba preparando una exhibición para celebrar el centenario, en 1999, de su nacimiento. Leyendo Los azules de Nabokov se cautivó con la hipótesis de las migraciones postulado por Nabokov. ?Era una hipótesis asombrosa y atrevida?, dijo. ?Y pensé, Dios mío, podríamos someter esto a pruebas?. Para lograrlo, le haría falta reconstruir el árbol evolutivo de los azules y estimar cuando las ramas bifurcaron. Hubiera sido imposible para Nabokov realizar semejante estudio basado solamente en la anatomía de las mariposas. Pierce necesitaría ADN, que daría información más detallada sobre su historia evolutiva. Aunque había coleccionado algunas secuencias genéticas de mariposas iba a necesitar mucho más. Pierce comenzó a colaborar con Johnson y sus colegas quienes arreglaron un préstamo de sus colecciones y también su colaboración intelectual. Roger Vila, un investigador de Pierce, viajó a los Andes para conseguir más mariposas las cuales trajo de vuelta a Harvard para que fueran secuenciadas. Pierce y sus colegas usaron una computadora para calcular las relaciones más probables entre las mariposas. También compararon el numero de mutaciones adquirida por cada especie para determinar hace cuanto tiempo se bifurcaron cada uno. Existían varias hipótesis factibles sobre la evolución de estas mariposas. Podrían haber evolucionado en la Amazonia. Pero no es lo que descubrieron Pierce y sus colegas. Al contrario, determinaron que las especies del Nuevo Mundo tenían un ancestro en común que vivía hace unos 10 millones de años. Pero muchas de las especies del Nuevo Mundo estaban más relacionadas con las mariposas del Viejo Mundo que con sus vecinos. Pierce y sus colegas concluyeron que hubo cinco olas migratorias desde Asia hasta el Nuevo Mundo ?justamente como había especulado Nabokov. ?Dios mío, acertó en todas?, dijo Pierce. ?No lo podía creer. Estaba anonadada?. Pierce y sus colegas también investigaron la idea de Nabokov de que las mariposas habían cruzado el estrecho de Bering. Hace 10 millones de años ese territorio era bastante cálido. Pierce y sus colegas descubrieron que el primer linaje de los Polyommatus azules que abarcaron el viaje podrían haber sobrevivido el clima del estrecho hacía 10 millones de años. Los linajes que vinieron después son más resistentes al frío, cada uno con un rango de tolerancia que cerraba con la baja de temperaturas históricas de la región. ?Qué gran paper?, dijo James Mallet, un experto en la evolución de mariposas en elUniversity College London. ?Es un tributo apropiado al gran hombre de que la tecnología pueda constatar lo que era una hipótesis sistémica?. Pierce concluyó: ?No era conocido principalmente como un científico, pero sabía perfectamente su valor en ese campo?.

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4 de febrero de 2011
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Saltarse las barreras ideológicas

Click here to view the embedded video. ¿Usted es de los que fabrica las mentiras o de los que se cree las mentiras? Me gustaría hacerle esta  pregunta al ponente que despliega una complicada teoría de la conspiración en este video. Si se trata de alguien que sólo transmite un mensaje, entonces la respuesta es sencilla: la falsedad se cuece más arriba y él es apenas un emisario. Pero me temo que parte de lo que expone frente a esos adustos militares ?que exhiben una constelación de estrellas en sus uniformes? es de su propia cosecha, se ha gestado en su interior. Su larguísima intervención apuntalada con palabras como ?enemigo?, ?operativo? y ?los malos?, me hace ver que se puede estar hablando de tecnologías muy modernas con un lenguaje bien desfasado. No parece entender las afinidades y lazos que tejen sitios como Facebook y Twitter, pues le aplica a estos el prisma de lo fabricado, antes que reconocer que los individuos por sí mismos se afilian y ¡horror! se saltan las barreras ideológicas. Aunque pudiera llegar a ser brillante en ciencias informáticas, este joven está desaprobado en ciencias sociales. Sobre esas bases ficticias trazaran estrategias que apenas dañarán a la blogósfera alternativa. Mientras crean que el impulso no brota de nosotros sino que otros nos manejan como marionetas, desarrollarán tácticas que harán mucho ruido, pero generarán pocos resultados. Reconocer que el hombre nuevo ?su hombre nuevo? se cansó de ser un soldado, de repetir consignas, de aplaudir en los actos políticos y ahora quiere tener su propio espacio de expresión, sería como confesar que han fracasado. Todos los muros y los límites que nos han puesto en la Cuba real, los estamos saltando en este espacio infinito que tanto les quita el sueño. Si ya no pueden controlarnos, dejémosles al menos el consuelo de descalificarnos. *Agradezco a la comentarista de mi blog que me hizo llegar el link a este video, cuya distribución es la prueba palpable de que nuestros gobernantes han perdido el monopolio informativo, incluso de sus materiales clasificados. ¡Viva el Cubaleaks!

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3 de febrero de 2011
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Al fin Israel despierta

Israel ha empezado a reaccionar. Al fin. ?Un Egipto democrático no es una amenaza para la paz?. Menos mal. Hasta ahora, de todo lo que había dicho el primer ministro Benjamín Netanyahu se desprendía lo contrario: que Israel se siente muy cómodo con su monopolio democrático en un océano de tiranías y prefiere mantener la exclusiva durante el mayor tiempo posible. No era una cuestión meramente retórica. Estaba claro, además, que nadie como un dictador para garantizar un buen tratado de paz, debidamente engrasado por contratos civiles, ayuda militar, colaboración policial y de espionaje, y naturalmente, negocios con que los que dar de comer a todos, de uno y otro lado.

Mubarak era el modelo de esta relación perfecta. Pero eso se ha terminado y no volverá nunca más. Quien quiera la paz, deberá ganársela con las sociedades civiles y firmarla con regímenes plurales y democráticos. De ahí la primera reacción absurda de Netanyahu a la revuelta tunecina, empeñado en cargarse de razón más que en atender a los hechos: era la demostración de que no se puede hacer la paz en un contexto geopolítico tan inestable. El segundo movimiento, cuando ya se tambaleaba el faraón, no fue mucho mejor: no os alegréis de la caída del tirano, porque será una revolución como la iraní. Ahora, ante el inevitable curso de los acontecimientos, no hay más remedio que dar un paso atrás para que no se identifique a Israel con los enemigos de la libertad y de la democracia. No es distinto lo que le ha ocurrido a la secretaria de Estado, Hillary Clinton, que en una semana ha pasado de ensalzar la estabilidad a favorecer el cambio. Al vicepresidente Joe Biden que se negó a identificar a Hosni Mubarak como un dictador. O al presidente Obama, que ha tenido que salir en dos ocasiones a salvar la cara ante los árabes pero todavía no le ha dicho a Mubarak que se vaya, con la misma contundencia y resolución con que Reagan le dijo a Gorbachov que derribara el Muro de Berlín. Se entiende la prudencia: un gesto brusco dejaría a todos los otros socios, empezando por la monarquía saudí, al pie de los caballos. Pero la cautela excesiva consigue el efecto contrario ante las poblaciones civiles de unos países que identifican a sus tiranos con EE UU. Esta revolución promete ser como la de 1989, pero geoestratégicamente del revés. De momento, las fichas van cayendo, una detrás de otra. Ni uno sólo de los gobiernos árabes ha podido sustraerse a la oleada del cambio. Con mayor o menor celeridad, todos los regímenes están moviéndose para aplacar el descontento, desde medidas sobre los precios de los productos básicos hasta cambios de gobierno, pasando por la rectificación de los habituales planes de sucesión familiar. Aunque el movimiento tectónico no ha hecho más que empezar, ya se puede dar por descontado que la arquitectura geopolítica del mundo árabe y más en concreto de Oriente Medio quedará hecha una ruina. Todos deberán repensar y reconstruir sus estrategias. Ahora se han quedado con las manos vacías. Ninguna de las piezas que han sostenido la estabilidad de la región en los últimos 40 años, desde la guerra del Kipur en 1973, se mantiene ya en pie. Israel, sin la pieza clave que era el Egipto de Mubarak, centra toda su preocupación en mantener el tratado de paz firmado en Camp David en 1977. Un Egipto menos monolítico, con mayor peso del islamismo político de los hermanos musulmanes, e incluso con una fuerte sociedad civil, que simpatiza por instinto con la causa palestina, es todo lo contrario de la seguridad que significaba el régimen de Mubarak, con su estrecha colaboración en la vigilancia de la franja de Gaza, su control sobre el canal de Suez, su influencia sobre la Autoridad Palestina y el conjunto árabe y, sobre todo, la garantía de una frontera segura y en paz. A pesar de la rectificación de última hora, Netanyahu sabe que un Egipto democrático, al estilo de Turquía, sería un vecino más inquietante para su actual visión estratégica. El Israel de las vallas de seguridad, de las colonias en Cisjordania y Jerusalén Este en expansión constante, de la franja de Gaza bajo bloqueo militar y de una Autoridad Palestina administrando bantustanes políticamente inviables es literalmente imposible en un contexto árabe de transición a la democracia. Puede que los actuales gobernantes israelíes tomen ahora conciencia de que han sido ellos, y no los palestinos, quienes no han dejado pasar ni una sola oportunidad de perder toda oportunidad (una frase célebre del ministro de exteriores israelí, Abba Eban, referida naturalmente a los que hasta ahora han sido el payaso de las bofetadas). La revolución democrática árabe conduce indefectiblemente a que los palestinos exijan sus derechos civiles. Si no se les reconoce en un Estado palestino propio, habrá que hacerlo dentro de un único Estado donde los árabes en muy pocos años serán mayoría. Quizás para Israel ésta es la prórroga de la última oportunidad.

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3 de febrero de 2011
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I. Retratos que arden

Tras la caída en Túnez de la pareja formada por el dictador Ben Alí y su mujer Leila Trabelsi, la sagaz Primera Dama que según se cuenta se llevó de las bóvedas del banco del estado dos toneladas de lingotes de oro para no pasar dificultades en su exilio, otros países árabes vecinos, con largos regímenes autoritarios y familiares están siendo sacudidos por crecientes revueltas populares. La gente se ha decidido a salir a las calles sin miedo, decidida a obtener la democracia a cualquier precio. Cuando la pradera prende, el fuego no conoce ni límites ni fronteras.

            La dictadura de Hosni Mubarak en Egipto, que ya dura treinta años, es la siguiente en la lista. El ejército ha sacado sus tanques a la calle, pero rodeados por la multitud parecen bestias inofensivas. Los prisioneros políticos huyen de las cárceles que se quedan vacías hasta de guardianes. Un joven manifestante dice frente a las cámaras de la televisión en la plaza Tahrir de El Cairo: "Si mi abuela y mis tías están aquí, ¿Por qué no iba estar yo?". Cuando las abuelas se deciden, ya todo el mundo perdió el miedo.      

            Arden las efigies gigantescas del anciano Mubarak colocadas en plazas y avenidas. Pero también ha ardido en El Cairo, incendiado por los manifestantes, el imponente edificio que sirve de sede al Partido Nacional Democrático, el partido oficial, y prácticamente el único legal en Egipto. Es el destino final de los partidos que obligan a todos los ciudadanos a llevar un carnet en el bolsillo, arder alguna vez. Las fichas de afiliación terminan consumidas por las llamas, y los carnets van a dar a la basura.

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3 de febrero de 2011
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Impaciencia de banquero

 

El 5 de abril de 1478, Guglielmo d’Estouteville, el cardenal más viejo de la curia, octogenario gotoso y jovial, organizó en su palacio de San Apollinare, junto a la Torre Sanguigna y el estadio de Domiciano, una fiesta para celebrar el dieciocho cumpleaños de Raffaelo Riario, el cardenal más joven, recién nombrado legado pontificio en Perusa. 

El cardenal d’Estouteville hacía honor a su origen franciscano con una frugalidad extraordinaria. Acudía a los consistorios con un séquito de trescientos jinetes, amaba tanto la arquitectura como la música, y sostenía en su palacio a una orquesta completa, siempre preparada para lo que fuera menester. También apreciaba otras formas del arte y era el mecenas de santa Fiesolina, que ya tenía más años que su ilustrísima, y vivía en su palacio nadie sabía desde cuándo. Unos decían que estuvo incluida en la compra, como uno más de los enseres palaciegos. Otros aseguraban que era hermana de Juana de Arco y fue concubina del cardenal cuando éste regresó de Rouen, donde revisó el proceso de la heroica doncella. Con el tiempo, empezó a ponerse amarilla y a levitar, mostrando claros síntomas de santidad. 

Santa Fiesolina era uno de los atractivos de los festines de Estouteville. Solía hacer esperadas apariciones, en pleno banquete, espectral y flaca como un espadín bergamasco. Salmodiaba en un dialecto cruce de normando y retorromano, hacía visajes, afeaba a los comensales su depravación y los amenazaba con el infierno.

Además de santa Fiesolina, en la fiesta, estaba Franceschino Pazzi, banquero bajito y elegante; Francesco Salviati, arzobispo de Pisa, eclesiástico de mucho aspaviento; y Girolamo Riario, tío de Raffaelo, el joven cardenal agasajado en la fiesta. El arzobispo Salviati dijo a Raffaelo Riario que debía acudir a Perusa, a hacerse cargo de sus funciones como legado en la ciudad. Él mismo lo acompañaría hasta Florencia. Franceschino Pazzi, el banquero bajito, también mostró mucho interés en acompañarlo. Él era florentino, le enseñaría la ciudad y su tío Jacopo Pazzi lo recibiría en su fastuosa villa de Montughi. Además, era casi seguro que los Medicis también lo invitaran a su villa de Fiesole.

Raffaelo Riario, recién salido de la universidad de Pisa para ser objeto del favor papal en forma purpurada y sin tiempo todavía de contraer a fondo la rabbia papale o alguna de las otras muchas rabias que hay en la vida, no podía sospechar que iban a ser utilizados de cebo en una emboscada urdida en una conjura. Él encontraba muy natural que la vida fuese un continuo agasajo a su persona.

Franceschino Pazzi aspiraba al monopolio banquero de Roma y Florencia. Para eso, había prestado a Sixto IV los miles de ducados necesarios para que comprase Imola y se la regalara a su sobrino. Los Medicis, banqueros rivales, lo acusaron de traición, por ayudar a sustraer Imola del dominio florentino, y privaron a su hermano Giovanni Pazzi de una herencia. Como es natural, los Pazzi deseaban matar, patear e incluso apuñalar a los Medicis.

Francesco Salviati había sido nombrado arzobispo de Pisa contra el parecer de Lorenzo el Magnífico, quien no deseaba sino obstaculizar su carrera y favorecer con la púrpura cardenalicia a su hermano Giuliano de Medicis. Como es natural, el buen Salviati deseaba exterminar, aniquilar e incluso liquidar a toda la estirpe medicea.

Al arrimo del joven cardenal Raffaelo Riario, se formó un séquito numeroso de humanistas, bandoleros y curas, todos dirigidos por el banquero Pazzi y el arzobispo Salviati, y conjurados para dar un golpe de mano en Florencia que acabase con la dictadura de los Medicis.

Como era de esperar, Lorenzo el Magnífico no podía dejar pasar a un cardenal por su ciudad, sin invitarlo a su casa. Conocida la invitación medicea, los conjurados decidieron que el mejor escenario para asesinar un poco a los hermanos Lorenzo y Giuliano de Medicis sería el convite en su propio palacio. Pero Giuliano se había herido en una cacería y, a última hora, anunció que no asistiría a la fiesta.

Por sugerencia de Pazzi y Salviati, Raffaelo Riario solicitó visitar a Giuliano en el Palazzo de Via Larga. Se convino en celebrar una misa solemne, en la catedral, presidida por el joven cardenal, y después banquetear en la mansión de los Medicis. 

La noche anterior a la entrada en Florencia, el banquero bajito y el arzobispo ceremonioso repartieron los papeles entre los conjurados: unos, los lacónicos, apuñalarían a los dictadores, y otros, los locuaces, instigarían a los florentinos a un levantamiento. Era perfecto pero, por la mañana, se conoció un imprevisto que arruinaba el plan: Giuliano de Medicis hacía saber a Raffaelo Riario que no iría al banquete, a causa de su herida, pero acudiría a la misa catedralicia.

—¡El maldito fastidioso! —clamó el banquero Franceschino Pazzi— ¡Lo mataría!

Se acordó, en efecto, que el banquero matara al fastidioso en misa, a la vez que el condottiero Montesecco apuñalaba adecuadamente a su hermano Lorenzo.

Raffaelo Riario y los más allegados de su séquito se instalaron en el coro de Santa Maria del Fiore, donde se les unió Lorenzo de Medicis. A escasa distancia, Torralba estudiaba absorto la fisonomía del amo y señor de Florencia, según la metoposcopia, última novedad científica. Aquella nariz porrona, aquella boca complacida y burlona, ¿qué querrían decir? No se dio cuenta, ni el objeto de su estudio tampoco, de un movimiento de inquietud en los conjurados. Giuliano, el fastidioso, no llegaba.

Franceschino Pazzi, el banquero impaciente, fue a buscar a Giuliano el fastidioso al palacio cercano. Jamás conoció Giuliano adulador ni amante que lo invitara con más dulces bromas y halagos. Conocía la enemistad del banquero Pazzi; pero, ante tanto cariño, creyó que la llegada del cardenal Riario marcaba el inicio de una reconciliación firme. ¡Qué abrazos! Franceschino le pasaba la mano amistosa por el pecho y la espalda. Tenía que asegurarse de que el fastidioso no llevase cota de malla. Cualquiera que haya apuñalado a un semejante, aunque sea de paso y pensando en otra cosa, sabe lo enojoso y frustrante que resulta embotar la daga en el momento crucial.

No hacía mucho que habían apuñalado, con éxito, a Galeazzo Maria Sforza, el duque de Milán, a la entrada de la iglesia de San Estefano. Porque era sabido y notorio que, cuando quería ir elegante, no se ponía cota de malla, que le arruinaba su talle gentil. Los Medicis, en cambio, eran menos atildados, y Pazzi era concienzudo en los detalles de negocios.

El momento de la elevación de la hostia era el señalado. Pero un instante antes, el encargado de apuñalar a Lorenzo, Gian Battista Montesecco, soldado disciplinado, al menos mientras se le pagase con puntualidad, se pasó de los lacónicos a los locuaces. Musitó al oído del cura Maffei que no le parecía bien apuñalar a Lorenzo, allí, en el templo, justo cuando el sacerdote hacía el milagro de la transustanciación.

—¿Transus… qué? ¡Asno! ¡Qué sabrás tú de eso! ¡Yo lo haré!

Asi pues, el cura Maffei hubo de pasar, en el último momento, a los lacónicos, siendo él de natural locuaz. Y, así como el condottiero Montesecco no debía saber mucho de transustanciaciones, el cura Maffei no dominaba el arte del atentado con puñal y tuvo que improvisar.

Cuando el oficiante elevó la hostia en el altar, Bandini, uno de los lacónicos, dio una puñalada normal y corriente a Giuliano de Medicis. Entonces, Franceschino Pazzi el impaciente saltó sobre el fastidioso y lo apuñaló con frenesí tan desordenado, lleno de pasión y falto de miramiento, que asestó una de las mejores en su propia pierna, hiriéndose de gravedad.

Entretanto, el cura Maffei, acostumbrado a las maneras curiles y melifluas de su oficio, le puso la mano sobre el hombro a Lorenzo de Medicis, antes de ponerle el puñal en el pecho. Quizá creyó que era como dar un pésame, una adhesión inquebrantable, o una falsedad semejante; tal vez leyó esa técnica defectuosa en Gubbio o algún otro de los novellieri ecclesiastici, muy pulidos, pero desconocedores del arte. Lo cierto es que ese gesto permitió a Lorenzo apartarse, chocado por esa familiaridad inusual. Maffei, además, empeoró su actuación con una puñalada tarda, floja y desatinada, que sólo rozó el cuello de la víctima. Otro cura, Bagnone, quiso ayudar a su colega, pero en tanto levantaba el puñal muy alto con la diestra, manoteaba con la siniestra, queriendo preparar el terreno en la pechera del Medicis, que no se dejaba. Quizá Bagnone era un esteta y había visto aquella grandiosa pose cesarina en algún cuadro, sin sospechar lo poco efectiva que era.

Lorenzo envolvió el brazo izquierdo en la capa, desenvainó la espada, saltó la valla del coro, cruzó ante el altar mayor, donde se había verficado el misterio de la transustanciación que fascinaba a Montesecco, y se dirigió a la sacristía. Pazzi lo persiguió, furioso, arrastrando su pierna herida. Pero Angelo Poliziano, el poeta humanista, cerró tras Lorenzo la puerta de bronce. La hazaña quedó acreditada en su crónica Pactianae coniurationis commentarium, de severo aire salustiano, y en varios de sus sonetos, lamentos y madrigales. Dentro de la sacristía, los amigos aprovecharon para salvar la vida al Medicis, unos succionando el rasguño del cuello, porque es sabido que los curas usan puñales envenenados y había que aspirar la ponzoña, y otros rasgando sus capas para hacer vendas y compresas.

Riario se metió debajo del altar mayor. Parecía el lugar más seguro. El cura oficiante también procuraba meterse debajo, sin ocuparse de la hostia transustanciada, que ya no fascinaba a Montesecco, porque se abrió paso entre la muchedumbre a sablazos, sin considerar que ensangrentaba el templo, y salió a la calle. Los curas Maffei y Bagnone, tan poco expeditivos para huir como para apuñalar, fueron capturados por la plebe y, tras las clásicas cirujías reductoras de narices, orejas y otros adminículos, fueron linchados en la misma catedral.

Franceschino Pazzi, agotado por las emociones y por la pierna que se apuñaló él mismo, se fue al palacio familiar y se metió en la cama. Bandini, el autor de la primera puñalada a Giuliano, huyó a pie, a caballo y en barco, y no se detuvo hasta llegar a Constantinopla. Año y medio después, a finales de 1479, Lorenzo consiguió su extradicción de Mahomet II, y fue colgado de las señoriales ventanas del palacio Bargello. 

Leonardo da Vinci hizo un croquis del ajusticiado, emulando a Botticelli, por ver si conseguía la gracia medicea. Fue su última labor en el ingrato meritoriaje que hizo en Florencia, para no conseguir jamás el favor de Lorenzo el Magnífico.

Los lacónicos habían fracasado a medias. Los locuaces, encabezados por el arzobispo Salviati, gran predicador, lo hicieron del todo. Debían expulsar a los priores del palacio comunal de la Signoria, instaurar un gobierno revolucionario y hacerlo aclamar por el pueblo. El arzobispo, escoltado por el humanista Bracciolini y una treintena de agitadores armados, se hizo anunciar como portador de un mensaje urgente del papa para la Signoria de la ciudad. Fue recibo por el gonfaloniero Petrucci, que era la máxima autoridad policial florentina. Pero, al acudir a la sala de audiencia, cerró inadvertidamente la puerta de la cancillería, dejando encerrados a sus acompañantes. Viéndose solo, perdió el hilo, olvidó la soflama revolucionaria y todo el discurso. El humanista Bracciolini irrumpió en la sala, creyendo que estaba llena de los suyos, y no tuvo mejor idea que gritar “¡Pueblo y libertad!” a la vez que llegaban a la Signoria las noticias de lo sucedido en la catedral. Los locuaces fueron detenidos y los que no fueron apuñalados ni arrojados desde las ventanas, no tardaron en balancearse, condecorados por la soga apretada. Ese  fue el honor que le cupo al arzobispo Salviati, gran orador, así como a Jacopo Bracciolini, poeta en ciernes, que dejó varias estancias inacabadas. Y Franceschino Pazzi, banquero bajito y elegante, fue sacado de la cama por una multitud, entre la que figuraban no pocos de sus clientes, y colgado de la misma ventana señorial que Salviati.

El cardenal Riario permaneció escondido detrás del retablo de la capilla della Croce, hasta que fue arrestado y encerrado en los calabozos del palacio Medicis, tres plantas por debajo de la sala donde le aguardaba el banquete. Y fue por suerte para él, porque había comenzado la cacería de los conjurados.  

Muchos fueron ejecutados en la calle o en sus casas, conforme los capturaban. Los significados, como Jacopo o Renato Pazzi, huyeron disfrazados, pero fueron reconocidos y ahorcados. Después, sus cadáveres desmejorados aún fueron objeto de ultrajes póstumos: desenterrados, arrastrados, arrojados al Arno, repescados, apaleados… Todo ello con el entusiasmo de un pueblo apasionado por la belleza, el arte y el humanismo. Los poetas locales, súbitamente inspirados, hallaron rimas líricas contra los Pazzi, sus amigos y parientes. Los escudos de armas de los Pazzi se picaron  y borraron de las fachadas. La fiesta que hasta entonces se llamaba Carro dei Pazzi, porque los pedernales traídos del Santo Sepulcro por los Pazzi era paseados en un carro y usados para encender el fuego artificial del Sábado Santo, pasó a llamarse sólo Scoppio del Carro y se olvidaron los santos pedernales. Y, por último, se encargó a Sandro Botticelli el retrato infamante del arzobispo Salviati y los Pazzi ahorcados en la fachada del palacio.

Cuatro días más tarde, después de protagonizar algunas escaramuzas en las calles florentinas, Montesecco fue preso y, tras declarar los nombres de los conjurados y la implicación del papa Sixto IV, se le decapitó ante la misma reja del calabozo de Riario. El trato de favor no se debió a su confesión ni a su condición de soldado, sino a a que, gracias a su respeto al misterio de la transustanciación, fracasó parcialmente la conjura.

De la declaración de Montesecco, se deducía que Raffaelo Riario no sabía nada de la conjura y que los instigadores eran sus tíos, Sixto IV y Girolamo Riario. Pero el cardenal era un rehén importante porque, en cuanto se supo la noticia en Roma, el papa declaró la guerra a Lorenzo de Medicis y a Florencia.

El papa exigió el destierro de Italia de Lorenzo de Medicis. Luego, hizo que cinco cardenales instruyeran un proceso a Florencia y, como sentencia, redactó una bula fulminante: excomunión para Lorenzo de Medicis, la Signoria, los priores y todos sus cómplices. Lorenzo era declarado iniquitatis  filius et perditionis alumnus “hijo de la iniquidad y discípulo de la perdición”; sus seguidores, infames, abominables e ineptos para tener cargo, testar, heredar o comparecer ante la justicia. Todos los hombres de la Cristiandad tenían prohibido tener cualquier relación con ellos, incluida la conversación; sus bienes pasaban a la Iglesia, sus casas serían destruidas y dejadas en ruinas para siempre. Toda la ciudad de Florencia quedaba en interdicto: se suprimían los sacramentos todos, nadie podría ser bautizado, casado o enterrado, no se celebraría ninguna misa transustancial en la diócesis, las campanas debían enmudecer y desaparecía el rango de arzobispado.

La Signoria replicó, en misiva a todos los príncipes de la Cristiandad, extrañándose de la severidad papal contra una ciudad tan piadosa como Florencia y un sanctissimus civis como Lorenzo, que había salvado la vida al cardenal Raffaelo Riario, arrancándolo de las manos furiosas de la plebe. Los elegantes latinistas florentinos Scala y Becchi también redactaron algunas abominaciones contra el papa, que era llamado siervo del adulterio y vicario del demonio. 

De parte de Florencia se pusieron Venecia, Milán y Francia, que propuso un concilio cismático. A favor de Roma, tomaron partido Nápoles y Siena. Pero la guerra se suspendió para celebrar los funerales de santa Fiesolina.

 

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3 de febrero de 2011
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Medio millón de libros digitalizados

digitalización 500,000 libros franceses descatalogados serán digitalizados en Francia dentro del proyecto Gallica de la Biblioteca Nacional. La idea no es solo recuperar libros antiguos sino, sobre todo, darle a esas obras y sus autores la posibilidad de volver a comercializarse. Gran idea. Dice la nota en el ABC:

Francia digitalizará en los próximos cinco años medio millón de libros descatalogados para de dar acceso a los lectores a esas obras yfavorecer que sus autores y editores puedan volver a explotar comercialmente sus derechos de propiedad intelectual. ?Un libro no disponible es un trozo de memoria que se derrumba, una parcela del patrimonio que se borra y una obra artística que se olvida a sí misma?, aseguró el ministro galo de Cultura, Fréderic Mitterrand, signatario del acuerdo suscrito con la Biblioteca Nacional de Francia, principalmente. Esta iniciativa persigue ?dar una nueva vida, bajo formato digital, a libros bajo derechos (de autor) del siglo XX que no se comercializan ya en las librerías?, señalaron los firmantes en un comunicado conjunto. Los títulos, que estarán disponibles en la web del proyecto Gallica de la Biblioteca Nacional de Francia, serán seleccionados del fondo de colecciones de esa institución, que podrá conservar una copia digital para su propio uso. El acuerdo prevé la explotación comercial de los títulos digitalizados de manera ?justa y colectiva?, garantizando tanto a los autores como a los editores ?una remuneración equitativa desde el estricto respeto a los derechos morales y patrimoniales?, agrega la nota. Según Mitterrand, la digitalización de 500.000 títulos permitirá a los autores beneficiarse de nuevas oportunidades de difusión y de explotación de sus obras, salvo que se opongan a ello, mientras que los lectores disfrutarán de un ?acceso sin precedentes a una considerable oferta de libros digitales?.

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2 de febrero de 2011
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3 siglos de vidas privadas

Diario de Nathaniel Hawthorne La Morgan Library & Museum de Nueva York está realizando una exposición sobre tres siglos de escritura de diarios. La exposición incluye varios fragmentos y cuadernos de diarios íntimos que guarda la librería. Solo para fetichistas. Debe ser un placer ver esas letras cursivas, con tinta, desplazándose por el papel. Dice la nota en Ñ:

Ya antes había intentado llevar un diario pero no funcionó debido a la necesidad de ser honesto?, escribe John Steinbeck en un voluminoso libro de contabilidad completo.Este particular diario de Steinbeck, parte de la atractiva exposición que se inauguró el 21 de enero en la Morgan Library & Museum de Nueva York, ?The Diary: Three Centuries of Private Lives? (El diario: tres siglos de vidas privadas), tiene un objetivo tan modesto ­hacer una crónica del trabajo de Steinbeck en ?Viñas de ira?  que posiblemente no tuerza demasiado la verdad. Sin embargo, después de pasar un tiempo con estos diarios, uno observa el fervor puesto por quienes los escriben en realizar un laborioso trabajo para dar forma a los relatos acerca de sí mismos.Pueden verse las crónicas de famosos (Nathaniel Hawthorne) y poco conocidos (Adèle Hugo, la hija de Victor); de la realeza (la Reina Victoria relatando sus viajes a las Tierras Altas de Escocia) y de piratas (Bartholomew Sharpe, que asedió a los españoles en el siglo XVII); y de niños escritores (J. P. Morgan cuando tenía 9 años) y escritores para niños (E. B. White, que a veces utilizaba sus propios diarios como fuente). El diario de viaje de Bob Dylan durante su gira de 1973-74 con The Band se inicia con un dibujo hecho por él de una vista desde la habitación del hotel de Memphis; el diario de viajes de Einstein en 1922 está abierto en cálculos relacionados con el electromagnetismo y la relatividad general, escritos al dorso de la página. Los diarios están escritos en volúmenes encuadernados (como el de Sir Walter Scott) o relegados a un bloc borrador (como un relato de los ataques del 11/9 escrito por Steven Mona, teniente de la policía de Nueva York). Están garabateados enérgicamente (como el de Henry David Thoreau, escrito con lápices fabricados por la empresa de su propia familia hay una caja en exhibición) o comprimidos en una letra casi microscópica (como la reacción a una noche oscura y tormentosa de una joven Charlotte Brontë). Son todas presentaciones, confesiones, manifestaciones artísticas sorprendentes a menudo afectadas y, tal vez, ocasionalmente, honestas. (?) En cualquier caso, muchos de los diarios exhibidos son casi dolorosos en sus confrontaciones con la recalcitrante realidad de las vidas y temperamentos de sus autores.Un enorme volumen del tratante de esclavos británico John Newton relata su conversión espiritual, pero también sus ?reiteradas reincidencias?: ?He estado leyendo lo que registré de mi experiencia en el último año una extraña vanidad. Me descubro condenado en cada página?.Y un poco juguetonamente, un volumen de los diarios de John Ruskin de 1878 muestra el encabezado ?Febrero a abril, el Sueño? sobre páginas en blanco. Son un espacio deliberado que este crítico dejó para marcar el período de su derrumbe mental  una pesadilla.Más adelante, Ruskin volvió sobre las primeras partes de su diario, tratando de discernir sus síntomas latentes. Inesperadamente conmovedora es la serie de apuntes escritos a toda prisa por Tennessee Williams correspondientes a los años 50; era celebrado por su genialidad pese a languidecer en la soledad y la angustia, dependiendo de las drogas y el alcohol.?Un día negro para comenzar un diario azul?, escribe al inicio del cuaderno expuesto en la muestra; más adelante, los encuentros sexuales de una noche sugieren que una ?benévola Providencia de golpe tomó piedad de mi larga desdicha este verano y me dio esta noche como muestra de perdón?.En toda la exposición, de páginas sobrias surgen ejemplos de experiencia y emociones fuertes.También hay algunos documentos históricos extraordinarios, como el maletín de cuero y el diario que llevaba el cirujano en jefe de Napoleón, Dominique Jean Larrey, durante la desastrosa campaña francesa en Rusia en 1812-1813.Napoleón decía que Larrey era ?el hombre más fino que he conocido?, y Tolstoi lo hace examinar las heridas graves del Príncipe Andrés en ?Guerra y Paz?.Aquí Larrey relata los horrores de la batalla, describiendo a madres que se ahogan con sus niños en brazos en medio de 30.000 muertos: ?Nunca se ha visto desastre más grande que éste?.De algunas cosas me habría gustado ver más, como partes del diario de Sir Walter Scott que muestran su pérdida gradual del lenguaje después de una serie de accidentes cerebro-vasculares.?Ya no soy el hombre que era?, escribe. ?El arado está llegando al final del surco?.

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2 de febrero de 2011
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Piedras en el camino

A principios de la década pasada dirigía el programa de estudios de la universidad de Cornell en Bolivia. Durante cuatro semanas en el verano (invierno allá) estaba a cargo de un grupo de diez estudiantes; los del doctorado tomaban cursos de quechua con un colega, los de la licenciatura política y literatura andinas conmigo. El programa incluía un par de viajes para conocer el país. Los llevaba a La Paz, Sucre y Potosí.
 
Uno de esos viajes logramos entrar a una mina en Potosí. Era la primera vez que yo lo hacía. Nos dijeron que para convencer a los mineros debíamos llevarles de regalo cartuchos de dinamita -se conseguían con facilidad en las tiendas de la ciudad--, cigarrillos, alcohol puro y hojas de coca. A la entrada de la mina, un minero hizo explotar unos cartuchos y yo me puse nervioso aunque aparenté calma. Una vez adentro, descubrí que el túnel por el que avanzábamos era muy estrecho y tuve un ataque de claustrofobia; el polvo de las rocas caía sobre mí y la linterna del guardatojo apenas iluminaba. Iba a preguntar cuánto faltaba cuando el minero dijo que habíamos llegado: de pronto, estábamos frente a El Tío, una estatua de barro con un falo enorme que los mineros adoran (en el sincretismo religioso andino, el Tío es una versión del Diablo, dueño de las oscuridades de la mina; hay que rezarle para encontrar minerales y salir de la mina sano y salvo). Dejamos nuestros regalos a los pies del Tío. Mis estudiantes miraban todo fascinados.
 
Al día siguiente teníamos que ir de excursión al lago Titicaca. Por entonces Evo Morales lideraba protestas en oposición al modelo neoliberal y las comunidades aymaras aledañas al lago habían decidido seguir sus instrucciones y bloquear la carretera. Escuché por la radio que los militares controlarían los caminos y pensé que era mejor que que no se cancelara el viaje. Fue un día espectacular en Copacabana y en la isla del Sol; comimos las especialidades del lugar, truchas enormes y ancas de rana. El problema comenzó a la vuelta. No se me ocurrió que los militares, después de mantener las vías expeditas durante el día, se irían a sus cuarteles al caer la tarde. A eso de las seis de la tarde, de regreso a La Paz, nos topamos con un bloqueo. Los líderes campesinos se nos acercaron sin ganas de dialogar. Dije a mis estudiantes que negociaría con ellos y bajé de la vagoneta. Los campesinos me hablaron en aymara y no entendí ni una palabra, pero por los gestos supe que querían que los hombres bajaran de la vagoneta y ayudaran a llenar de piedras la carretera. Hubo un momento de tensión, pero no había mucho qué hacer. Los hombres -los estudiantes, el chofer-- bajaron y ayudaron a bloquear la carretera.
 
Nos desviaron a un pueblito en medio del altiplano. Cerca de la plaza había autos con los vidrios rotos. No había lugar donde dormir, y yo seguía haciendo preguntas en español y recibiendo respuestas en aymara. Los estudiantes me miraban ansiosos; debía decirles que no nos quedaría más que dormir en la vagoneta, pero trataba de ganar tiempo caminando de un lado a otro como si estuviera buscando soluciones. Me resignaba a tener que contarles lo que ocurría cuando un joven se acercó al chofer de la vagoneta y le dijo que por una módica suma nos podía guiar a un camino abandonado por el que llegaríamos a La Paz. No perdíamos nada; subió a la vagoneta y partimos. Así fue cómo evadimos el bloqueo (luego me enteraría de gente que tuvo que quedarse allí alrededor de dos semanas).
Ya de regreso en Cochabamba, un estudiante me agradeció por haber sabido manejar la situación. Estaba emocionado, dijo que nada se comparaba a tener "una experiencia auténtica, muy boliviana". Le dije que no había nada que agradecer, y lo decía de veras.

Vanity Fair (España), febrero 2011

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2 de febrero de 2011
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Ahí está el viejo topo

Ahí está, otra vez. Cuando menos se la esperaba. Cuando nadie quería ya nombrarla. Pacífica, tranquila, pero dura, determinada y resuelta. Dispuesta a poner la historia de nuevo del revés. A sorprender a los conservadores y a los cínicos. Resurrecta cuando todos la daban por muerta. Llevada en volandas por esos árabes hasta ahora callados y sometidos, humillados y victimizados. Ondeando con el nuevo orgullo de esos ciudadanos emancipados tanto del tirano como de su viejo resentimiento de vencidos.

Ahí está, horadando los cimientos. Destruyendo viejas alianzas indignas y obsoletas, lamentables ideas recibidas, prejuicios contra la dignidad de los pueblos. Dinamita de los intereses y del dinero. Taladro de una geopolítica que ni las fechas gloriosas de 1989 pudieron destruir. Terror de jeques y reyes petroleros. Espanto de cristianos sionistas y neocons. Ruina de espías y policías. Desconcierto de diplomáticos realistas y pragmáticos. Ahí está otra vez, cuando nadie ya osaba nombrarla. Cuando yacía ya olvidada ante la fascinación de los viejos y eficaces mandarines, los más conservadores entre los conservadores, los más autoritarios entre los autoritarios. Ahí está, ondeada por esos jóvenes árabes, hombres y mujeres sorprendentes, inesperados, maravillosos portadores de historia y de esperanza. Ignorada y olvidada por Europa. Lejos de Europa, de su Europa. Lejos también de Bakunin y Marx, pero no de Ghandi y Mandela. Ahí la tenemos de nuevo, obstinada, tenaz, nuestra vieja amiga. Mientras los últimos añorantes susurraban su nombre camuflado, la disrupción decían, ella, la vieille taupe, escarbaba y escarbaba para hacer caer a dos tiranos ya. Con la promesa de seguir y seguir, hasta derribarlos a todos, hasta dejar que ondee un día, bien pronto, esa bandera, la libertad de los árabes, desde el Atlántico hasta el Golfo Pérsico.

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2 de febrero de 2011
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El Boomeran(g)
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