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Cien años de José María Arguedas

 
 

El debate sobre los modelos de la modernidad, sus agentes y programas en un país multinacional y desigual como el Perú, tuvo en la obra de José María Arguedas (1911-1969) una lección creativa que es hoy más actual y, contra todas las apariencias, más universal. Ese debate se produjo en torno a dos ejes: las representaciones del país, debidas a las ciencias sociales; y las interpretaciones emancipatorias, elaboradas por la cultura política de la época. Sin las Utopías no habríamos tenido pasado.

El Perú remontó la crisis de la violencia terrorista y la represión militar (70 mil muertos en una “guerra sucia” que llevó al expresidente Fujimori a prisión); y debate, otra vez, su propia versión de lo moderno que es ahora más mestiza y compleja; y sólo en apariencia más legible desde el programa de una economía de extracción y exportación, cuyo horizonte es convertir la vida cotidiana en mercado. Aunque el país crece económicamente, la delincuencia, el narcotráfico y la corrupción son el otro lado del bienestar, tanto como la mayor desigualdad y la pobreza endémica. Esto es, los dilemas que Arguedas confrontó en su obra, nos siguen advirtiendo sobre la destrucción del medio y de la comunidad hecha por una modernización compulsiva.

En la obra de Arguedas el mestizaje celebrado se ha vuelto universal (migratorio, transfronterizo), y es  parte hoy de un pensamiento crítico que reconstruye el espacio cultural operativo (democratizador, dialógico) entre redes de estrategia asociativa y fuerza inventiva. Sus hipótesis son una agenda de futuro.

El Perú se define en su obra como el raro lugar donde un hombre no puede hablar libremente con otro. Pero no se limitó a las evidencias y trabajó las opciones: convocar las demandas del diálogo y ampliar los límites de la comunicación es su propuesta más creativa. Por eso, forjó una representación del mercado como el espacio de la interlocución donde sería posible reapropiar la función humanizadora del diálogo. En su obra mayor, Los ríos profundos, el mercado de las “chicheras” es un espacio de intercambio empírico, donde muchas voces regionales suman la celebración de lo vivo. Ese espacio está presidido por las mujeres, por las madres, quienes convierten al mercado en esfera cultural, en plaza pública del intercambio, la individualización y la comunicación horizontal. Estas vendedoras de comida y bebida son agentes mediadores entre clases y etnias y, como tales, propiciadoras de la música y las voces  del ágape y el banquete. Son ellas las que se rebelan contra el Estado protestando el monopolio de la sal, y son por eso perseguidas por el ejército. Si el pueblo confirma su carácter de espacio cerrado al estar situado dentro de una gran hacienda, el mercadillo abre por dentro la afirmación de la cultura popular como lenguaje alterno.

En cambio, en El zorro de arriba y el zorro de abajo un lenguaje profundamente dividido encarna en el habla del tartamudo, del pescador envilecido, del burdel degradante, del loco profético. Esta división ilustra las hablas de la migración, esa formidable agencia del nuevo poder de negociación cultural. El lenguaje es oral, y la oralidad es la forma del mundo reciente. Su actualidad es indeterminada y su habitat está en construcción. 

La prostitución sitúa a la mujer en la clandestinidad del mercado como centro de la violencia de la modernización. La misma naturaleza se ha prostituído en la economía de extracción (el boom town se debe a la industria de la harina de pescado), que genera la corrupción subyacente y fatal, donde el mismo lenguaje se fractura. La novela encuentra su mejor alegato en las voces rotas de los sujetos, en la conversación que reconstruye sus historias, sus heridas, horrores y agonía. El lenguaje no es una conciencia analítica sino una zozobra confesional, una gestualidad dramática, de emotividad cruda e incierta. “Lloraba y hablaba; lloraba y hablaba,” se dice de una prostituta.

La escena dantesca de los pobres de una barriada trasladando las cruces de las tumbas de sus muertos, dramatiza la reorganización del espacio de la ciudad desde la perspectiva de la muerte. Esta escena fantasmática es conjurada por el rezo de tres mujeres: “Dios, agua, milagro, santa estrella matutina...” La oración suma motivos de los varios lenguajes del migrante: el animismo quechua, el salmo católico, el castellano reciente. El imaginario de la migración se construye desde el habla como el trayecto de una subjetividad desarraiga. No demasiado distinta fue la lengua de Dante como metáfora del exilio (la peregrinación) y la intemperie (la caída).  

 

En las cartas de suicida que Arguedas incluyó al final de su novela herida, se puede advertir que encontró albergue entre los personajes. Se asumió como parte del peregrinaje peruano, que es la forma  de su migración; y lo hizo desde la conciencia trágica, y también paradójica, del suicida que se despide protestando su fe en nosotros, sus lectores.  Se excusa de su muerte,  y nos delega su vida.

La Biblia, fragmentos del libro de Isaías y al final una epístola de Pablo, alimenta con citas y alusiones, una inquietante persuasión cristiana. En primer lugar, este plano de alusiones parece darle sentido sacrificial al padecimiento sin discurso de las víctimas de la modernización. En segundo lugar, la vehemencia enunciativa de Isaías, que resuena también tras algunos poemas de Vallejo, se aviene a la lengua desasida y tremebunda del relato. Pero, lo que es quizá más importante, este lenguaje bíblico posibilita una mediación entre la vida sin sentido y la muerte sin discurso. Ya que la representación social se agota en su propia explicación, en las evidencias; y ya que el mundo es percibido desde la subjetividad alterada por la violencia moderna, esta dimensión mítico-religiosa posibilita articular la diáspora andina como un sacrificio patente y un renacer latente. Los indios que un antecesor de Arguedas (Guamán Poma de Ayala) llamó “los pobres de Jesucrito,” son en el mapa de la migración los nuevos cristianos primitivos.

"Con el Señor hablo bien, derecho," anuncia don Esteban, declarando su independencia de la práctica religiosa pero afirmando su estirpe cristiana. En su ojo, dice, hay candela que ataja a la muerte.  El habla se levanta "contra la muerte," a la que ha jurado vencer. Esta figura de rebeldía y sacrificio parece nutrirse de la teología de la liberación, que por entonces Arguedas ha empezado a apreciar desde su diálogo con el padre Gustavo Gutiérrez. Un capítulo se cierra con la epístola de Pablo: "Si yo hablo en lenguas de hombres y de ángeles, pero no tengo amor, no soy más que un tambor que resuena…”

Por un lado se levantan los mercados de la muerte, por otro los discursos de linaje sacro y mágico, sus fragmentos, que confrontan a la modernización desnaturalizadora con su fuerza regenerativa y su utopía comunitaria. Una utopía capaz de recuperar para lo humano el espacio revertido: contra el desierto, tan peruano, del desvalor, Arguedas nos sigue prometiendo la casa acrecentada por el mutuo hacer y el bien decir.

La intimidad religiosa de ese proyecto utópico, recorre el espacio infernal convirtiendo al lector en “hombre dialógico”. Contra la moneda del mercado, la palabra es gratuita y compartida. Pero ese gesto no es “arcaico” o “premoderno;” es, más bien, un exceso de modernidad: su promesa medida desde sus incumplimientos. Lo más moderno es lo diverso, inclusivo y plural. Porque si hubiese una sola razón, una sola verdad, un solo discurso, América Latina no tendría lugar en este mundo. José María Arguedas le dedicó la vida a esa esperanza.

 

 

 

 

 

 
 

 

 

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15 de febrero de 2011
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De Goyas sin Larras

 

 

Hace años dejé de asistir a la gala de los Goyas. Un poco por aquello de Groucho Marx de que nunca me fío de un club en que me admitan. Y mucho más  por el aburrimiento que me producen las alegrías, emociones, llantos, amores domésticos, familiares,  profesionales o ñoños expresados desde un escenario y para mayor gloria de esa efímera fama de unos segundos de "éxito" televisado.

De la misma manera que me molestan los ganadores de felicidad en público, vestidos de incierto glamour de una noche, me sobran las tristezas, odios, cabreos y decepciones de los que creen que un premio les hace mejores de lo que son. Me agota el necesario disimulo, el aplauso falso y la general ignorancia de la tropa de asistentes. Ni han visto, ni les importa, la mayoría de las películas que se premian o ignoran. Es una de esas noches en que casi todo es de mentira. Y la mentira puede ser estéticamente hermosa y necesaria o previsible, tierna, cargante e impostada.

Yo, más allá de los aciertos y las gracias de Buenafuente, de las alegrías por ver premiar a quines se lo merecen, o del placer de ver las derrotas de algunos que tantos meritos habían demostrado para el olvido o el castigo, veo a la tribu del cine gustándose en su vanidad más desenfocada.

No soy gremial, soy académico, miembro de esa familia- son mis semejantes, no diría que mis hermanos pero casi mis primos- y me sentí muy contento con que la ganadora fuera un película como "Pá negre". Es verdad que me hubieran gustado algunos premios más para Icíar Bollaín y habría cambiado el destino de otros, pero nunca me siento cómodo con la puesta en escena. No tiene que ver con la realización, el escenario, el guión o el presentador, sino con los extras, con esa fauna variada que tiene una entrada para unas horas de ¿¿¿glamour??? a la española, autonomías históricas incluidas.

La gala de los Goya es para la televisión. Desde mi butaca pude ver a los anónimos amigos de Alex de la Iglesia en la calle y gritando libertades bajo la lluvia- nada que ver con los que daban la cara en la plaza de El Cairo- dando la máscara. Todo el año es carnaval decía el mejor de los nuestros, de los periodistas, que a unos pasos de esa plaza se pegó un tiro cansado de nosotros, de su amor y un poco de sí mismo. Mariano José de Larra, muerto por su mano antes de cumplir los treinta años, fue sin embargo uno de los autores mejor pagados de su tiempo. Nadie le burló su trabajo. Ningún enmascarado le gritó por querer cobrar de su obra. Fue un dandi ilustrado. Un culto cabreado con tantas tonterías de un pueblo dado al grito, al cabreo y a darnos lecciones desde los púlpitos, mientras con otra mano están llevándose los réditos del cepillo. Hace años que vivimos en este lugar de Internet, no necesitamos que nadie nos de la bronca descubriendo que es el presente. Ni que el Mediterráneo está dónde se bañan Berlusconi y los del caso Gurtel. Hay cosas que hasta los periodistas que no somos presidentes de nada, e incluso los documentalistas que vamos por libre, lo sabemos sin que "señor, sí, señor" nos lo tenga que recordar desde un teatro irreal en una noche de baja comedia.

Pues eso, que soy un antiguo y me voy a una sala de cine a ver la de los Cohen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

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14 de febrero de 2011
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Locke & Key: Bienvenidos al mundo de Gabriel Rodríguez

Descubrí el trabajo de Gabriel Rodríguez en la única tienda de comics de Ithaca. Buscaba novelas gráficas con tema fantástico y/o de horror para perfilar un personaje en la novela que estaba escribiendo, y el dueño de Comics for Collectors me recomendó Locke & Key. El guión era de Joe Hill, el hijo de Stephen King; no podía estar mal. Me la llevé a casa y quedé sorprendido: una historia de horror que sabía moverse entre el plano realista y el sobrenatural. Los dibujos de Rodríguez eran impresionantes en su minucioso detallismo; me alegré de saber que a un dibujante latino le iba muy bien en el difícil mundo del comic en los Estados Unidos.

Un par de meses después fui invitado a un congreso de literatura y cultura pop en Santiago; Mike Wilson, uno de los escritores que lo organizaba, me contó que iba a participar Rodríguez. Ha debido ser difícil ubicarlo, dije. Para nada, respondió Mike. Así me enteré que Gabriel era chileno y vivía en Santiago; que ni siquiera conocía en persona a Joe Hill, pues recibía los guiones por email y enviaba los dibujos por el mismo método. Lo cvi en el congreso y me acerqué a él con admiración; me fui a casa con el primer tomo de Locke & Key autografiado y con formatos de guiones que me ayudarían a situar al personaje de mi novela. Me entusiasma saber que Fox está adaptando Locke & Key para la televisión y que Gabriel está tan en demanda que tiene trabajo para los próximos tres o cuatro años.  

Hill es un buen hijo de Stephen King: tarda apenas seis páginas en meternos de lleno en la historia. El asesinato del padre de los tres hermanos Locke -Tyler, que lucha con sus sentimientos de culpa por la muerte del padre; Kinsey, responsable, protectora de su familia; Bode, el niño de seis años con experiencias sobrenaturales--- hará que ellos abandonen California junto a su madre alcohólica y se muden a Keyhouse, la mansión de la familia, en Lovecraft, Massachussets. El primer dibujo es el de una puerta cerrada con un felpudo en el que se lee Welcome; la imagen parece inocente, pero en realidad estamos presenciando gráficamente -el título ya lo anunciaba-- de qué va Locke & Key a nivel simbólico: de puertas que se abren y se cierran, de llaves convertidas en el elemento central de la mitología construida por Hill y Rodríguez.

El único error de Hill es el haber llamado Lovecraft a su ciudad ficcional (demasiado obvio). Por lo demás, sabe dosificar el ritmo de la historia, y su imaginación cinemática va llenando la trama de momentos de tensión y suspenso (Gabriel acompaña esos momentos con secuencias de páginas enteras en las que a veces no hay una sola palabra). Locke & Key ha sido planeada en seis arcos dramáticos (estamos por la mitad del cuarto): los hermanos ya saben que están luchando contra un espíritu maligno que quiere echarlos de Keyhouse, aunque todavía no saben por qué; en el transcurso de la narrativa, han ido descubriendo llaves con diferentes poderes: una permite cambiar de género, otra convertirse en gigante, otra reparar objetos... Las llaves son, literalmente, la puerta a lo fantástico (en "Juegos mentales", la llave de la cabeza permite que Bode se abra la cabeza y juegue con sus memorias y emociones; en "Corona de sombras", la llave gigante logra que Tyler se convierta en un gigante para luchar contra un ejército de sombras vivientes).

El mundo del comic no es cosa de broma, pero a veces lo parece gracias al talento de gente como Hill y Rodríguez. 

(La Tercera, 14 de febrero 2011)

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14 de febrero de 2011
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¿Teme Israel a las democracias árabes?

Hay una pregunta que muchos se formulan, pero pocos osan plantear en público y todavía menos responder. ¿Pone en peligro la seguridad de Israel la actual revolución árabe en marcha? La respuesta es afirmativa si escuchamos las declaraciones del actual Gobierno, alarmado por una eventual ruptura del Tratado de Paz con Egipto, y si tenemos en cuenta también las gestiones para apuntalar a Mubarak y sobre todo garantizar que Estados Unidos seguirá apoyando incondicionalmente a Israel, sea cual sea la evolución política que se produzca en Oriente Próximo.

Pero también hay voces israelíes, pocas, es verdad, sobre todo en la izquierda, que solo se han preocupado de expresar su satisfacción por los movimientos de protesta contra las dictaduras que se extienden por toda la geografía árabe. Si somos justos, reconoceremos que son las voces más genuinamente judías que pueden oírse en Israel, concebido por sus fundadores como un Estado que sería "una luz entre las naciones". La única democracia durante décadas en un mar de dictaduras árabes debía ser el faro que algún día condujera a todos los vecinos a la instauración de sociedades más libres y más prósperas. En esta idea se inspiraron los acuerdos de Oslo, que debían convertir el proceso de paz en algo similar a la reconciliación franco-alemana y a la unidad europea. De momento no es Israel quien directamente se dedica a promover la democracia, aunque mucho puede hacer en el futuro para echar una mano. Y si atendemos a las primeras encuestas, no parece que los egipcios estén por romper el tratado de paz ni que el islamismo radical esté en auge, al contrario. La ola democrática, que alcanza en una medida mayor o menor a todos los países desde el Atlántico hasta el Golfo Pérsico, abre un horizonte más claro y seguro para Israel, si los israelíes saben encarar este cambio político adecuadamente. La teoría nos ha dicho hasta ahora que no hay guerras entre democracias. Demos, pues, la bienvenida a las democracias árabes. La demografía nos dice que entre el Mediterráneo y el Jordán habrá una mayoría árabe dentro de pocos años. ¿A qué esperan, pues, los israelíes para hacer la paz? Lo que necesitan cuanto antes es la creación de un Estado palestino democrático, que será la garantía más sólida y más estratégica para que Israel siga siendo también un Estado judío democrático y seguro. La pregunta inicial esconde otra: ¿favorece la actual revuelta al proceso de paz y a los palestinos? Se puede responder con otra pregunta: ¿no habría sido mejor llegar a este punto con el acuerdo de paz ya cerrado? El único Israel que teme a la democracia árabe es el de los colonos intransigentes, el de la limpieza étnica y el de la limitación de derechos a los ciudadanos árabes. Serio problema: ¿no es acaso el del actual Gobierno? Veremos qué hacen.

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14 de febrero de 2011
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Poniéndose ya el abrigo

 

Hace ya unos años cayó en mis manos de forma totalmente fortuita una novela titulada El monumento en la que se narraba una apasionada y trágica historia de amor entre Justin, un chico de dieciséis años perteneciente a una acomodada familia londinense, y Úrsula, una aristocrática  dama de origen húngaro, casada y diez años mayor que su fogoso amante. Aunque la novela se leía con gran facilidad porque enganchaba al lector desde las primeras líneas, estructuralmente era muy compleja debido a factores estrictamente literarios, pero también a diversas circunstancias que no tenían relación con la literatura. La primera y más llamativa de tales circunstancias extra literarias era que se trataba de una historia real, con el añadido de que Justin, el adolescente apasionado, era el hermano menor del narrador, once años más joven que éste. Por lo tanto, muchos de los personajes del relato eran asimismo reales  (Anthony Blunt, Bruce Chatwin, Patrick Leigh Fermor y un largo etcétera) y a ellos se unían  otros protagonistas despreocupadamente ocultos tras nombres ficticios. Ello daba motivo a un juego constante entre realidad y ficción, a lo cual se añadía el hecho (este puramente literario) de que de la narración se encargaban tres voces consecutivas, las tres plenamente autorizadas  pero no siempre coincidentes: una, la principal, era la del narrador, que contaba hechos en principio históricos pero condicionados por sus propias opiniones, a las cuales se unían las experiencias  de otros personajes asimismo históricos y que conocieron a los protagonistas, aunque sus recuerdos muchas veces diferían de los testimonios de los demás.  La segunda voz narradora era la de Justin, que dejó un texto autobiográfico titulado Estilo en el que trataba de explicarse a sí mismo y a los demás su experiencia con Úrsula, la mujer que lo dejó todo (esposo, seguridad económica, posición social, nacionalidad)  por vivir una apasionada historia de amor devorada hasta sus más profundas raíces por su miedo obsesivo al paso del tiempo (destructor de la belleza física) y el  inevitable recurso a la muerte como escapatoria a la degradante humillación que entraña la decadencia física. Ella era la tercera de las voces narradoras gracias a las extensas citas de un texto titulado El monumento y que escribió  antes de infligirse una muerte horrorosa.

Aquel relato trasmitía una fascinación mezclada de misterio porque su autor, Tim Behrens, parecía haber llevado a cabo una operación de borrado de huellas tan eficaz que ni siquiera el sabelotodo  Google sabía apenas nada de él: que era un pintor inglés de nacimiento, que de joven había pertenecido a la Escuela de Londres (Francis Bacon, Lucien Freud, etc) y que tras expatriarse  y deambular por varios países durante bastantes años, había terminado por recalar en  Galicia. Tampoco la editorial, pese a un par de intentos al respecto, ofrecía mucha más información.

Ahora acaba de aparecer su segunda incursión en el campo de la narrativa, Poniéndose ya el abrigo, y en esta ocasión Behrens ha optado por contar su propia experiencia vital-profesional-matrimonial en la forma de una búsqueda de sí mismo simbolizada en la continua (y por lo general desgarradora) tensión entre su voluntad de expatriarse y su necesidad de dar con un lugar donde le resulte verosímil aceptar que podrá esperar con dignidad la llegada de lo inevitable. A ratos es una autobiografía. Durante muchas páginas es un libro de viajes, y en este sentido su buen ojo para combinar colores le permite llevar a cabo unas magníficas descripciones de paisajes, ambientes y personajes. Lógicamente, no puede dejar de juzgar y muchas veces consigue transmitir la curiosa sensación de extrañeza que produce el verte juzgado por un forastero que encima sabe de lo que habla. Y también es una reflexión sobre ese curioso espécimen humano que es el expatriado, un animal aficionado a formar colonias mucho más duraderas de lo que cabría esperar de su pintoresquismo. Pero sobre todo, y el autor lo dice claramente desde el principio por más que lo califique de "libro de relleno", es un extenso y doloroso ejercicio de reflexión moral.  El monumento era un relato tensionado por la muerte más trágica que les cabe a dos amantes (la que ellos mismos se infligen ante la evidencia del fin de su amor). En esta ocasión la tensión surge de un dolor imposible incluso de objetivar, siquiera sea simbólicamente: si ya de por sí es un escándalo que los hijos mueran antes que los padres, que encima se vayan por su propia voluntad resulta devastador porque pone en cuestión la existencia entera de una persona, pues qué era eso tan importante que le ocupaba y le impidió estar allí cuando él ( en este caso ella, una hija llamada Soph) decidió quitarse la vida. No se vuelve a mencionar el hecho y ni siquiera se da cuenta del nacimiento o las circunstancias de esa desgraciada criatura. Pero su presencia impregna todas y cada una de las páginas del relato y confiere una dimensión insondable a los amores, las borracheras, las búsquedas y los innumerables paisajes que atraviesa quien habla sin parar, yendo de aquí para allá como quien huye. Y todo, curiosamente, para acabar anclado cerca de La Coruña.

 

Poniéndose ya el abrigo

T. Behrens

Ediciones del viento   

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14 de febrero de 2011
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Las memorias de Charles Simic

Charles Simic Charles Simic es un gran poeta, quizá el mejor de lengua inglesa de la actualidad. Pertenece (como Nabokov o Conrad) a la estirpe de los emigrados, los que adoptan un idioma. Nació en Belgrado y sus memorias, al parecer escritas con sentido del humor y precisión poética como toda su obra, tituladas Como una mosca en la sopa, han sido editadas en España por Vaso Roto ediciones. Dice la reseña de Luis Muñoz en Babelia:

Su poesía establece relaciones directas entre las cosas y lo que podríamos llamar su representación imaginativa. Los poemas son recuerdos construidos con materiales de la imaginación, ideas confeccionadas con retales de recuerdos o estados de conciencia ilustrados con imágenes. Pero son, sobre todo, el laboratorio en el que cristalizan algunas certezas y en el que las sensaciones y las experiencias de la fantasía se convierten en formas primordiales de conocimiento. Su acercamiento a la realidad es abierto, expectante, poroso, el de alguien que, como Simic escribe a propósito de una serie de poetas de su preferencia, no ha decidido aún qué es la realidad. El primer acierto de Una mosca reside en su tono. Los avatares familiares, la distante relación entre los padres, los juegos a la guerra en plena guerra, los intentos de escapar del país, el paso por distintas cárceles, las largas colas en París para obtener un permiso de residencia, la aventura americana, la recuperación de la figura del padre, los ejemplos de relación directa entre la alegría y una buena comida, el descubrimiento del amor, el jazz, el cine y la poesía, están contados como una charla tranquila con lectores en una sala pequeña. Parece echar a rodar a su memoria y a sus pensamientos delante de nosotros y la voz que escuchamos es la de un confidente brillante y sereno que elige, gracias a la perspectiva de los años vividos, con qué se queda. Si ponemos frente a frente Una mosca y sus poemas, la operación resulta fascinante: encontramos observaciones, imágenes, fraseos, misterios comunes y, en unas pocas ocasiones excepcionales, dos versiones de los hechos, que darían para un enjundioso estudio sobre las fronteras entre los géneros literarios. Pero lo que sobresale es el poder de propulsión vital y la coherencia de un mundo poético que no ha dejado de explorar en los estímulos secretos, en la energía palpitante de lo que le rodea.

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13 de febrero de 2011
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Gordon Lish no solo tacha

Gordon Lish Gordon Lish pasará a la fama por haber tachado párrafos, páginas enteras, de los primeros libros de Raymond Carver. Algunos incluso dicen que es el verdadero autor del estilo Carver, y que sin él Ray no sería nadie. Exagerados. Quienes quieren comprobar el verdadero genio de Lish no deben leer las obras de Carver, sino los propios libros que Gordon publica, a razón de una docena. Hace unos años, Periférica editó Perú. Ahora publica Epígrafe. Andrea Aguilar lo entrevista para ?Babelia?.  Aquí algunas preguntas:

PREGUNTA. ¿Por qué decidió escribir? RESPUESTA. Siempre he escrito, desde pequeño. Paré cuando tenía 22 o 23 porque me rechazaron un cuento. Luego escribí dos novelas fruto de mi experiencia en el loquero. Una se llamaba Oda a la locura -¡Dios, hasta los títulos son vergonzosos?!-. Iban a ser publicadas pero no quise hacerlo por mis padres. No volví hasta que tenía 45 o 46 años para mantener a la familia, a las exmujeres, esas cosas. P. Su primer libro, Dear Mr. Capote, era una carta, un género que retomó conEpígrafe. R. Originalmente, eran dos cartas, una dirigida a Capote y otra a Norman Mailer, y la segunda daba la vuelta al texto. Era algo ingenioso, pero a mi editor y a mi agente les pareció demasiado. Presionaron para que lo quitara y cedí. No debí haberlo hecho, era mejor el original, al menos era defendible. P. ¿Qué hace a un buen escritor? ¿Y a un buen editor? R. Como cualquier otra cosa en la vida, se trata de convicción. Tienes que estar dispuesto a jugártelo todo. Debes buscar el riesgo en la medida en que puedas. ¿Hay o no música en las frases? P. ¿Es la misma receta para ambos? R. Cuando se edita el trabajo de otro ¿qué música buscas escuchar, la tuya o la suya? El texto es como un cuerpo y la relación que tienes con él como editor o escritor debe ser entendida como una relación social. El único criterio son los arrestos, el volumen, la pervivencia de la canción. Uno quiere sacar de cualquier acto de la vida eso que necesariamente merece ser perpetuado. P. ¿Por qué escribe libros de cartas? R. Las cartas son fáciles. Puedo reconocer lo que es una buena novela en un instante. Y arreglar las estructuras o reconocer el genio en el trabajo, pero en mis escritos no sé hacerlo, no puedo copiar o imitar. P. Pero imitó a J. D. Salinger. R. Cuando estaba en Esquire publicamos el cuento For Rupert, with no promises y no iba firmado. La revista se agotó. La gente pensó que lo había escrito Salinger o Cheever o Updike. Luego se descubrió que había sido yo. Lo hice como un homenaje, y Salinger consideró que era algo despreciable. P. ¿Cómo habría editado a Salinger? R. No habría cambiado ni una coma. Es un prodigio. Su vida me parece fascinante. P. ¿Su espíritu rebelde? R. No, es el misterio. Mi hija mayor fue compañera de clase de aquella chica que vivió con él, Joyce Maynard. Uno se pregunta cómo pudo Salinger someterse a semejante ser humano y no haber visto la esencia. A Holden Caufield no se le habría escapado. Cabe pensar si en los primeros textos que publicó esta joven y que llamaron la atención de Salinger ya estaba la semilla de lo cutre y lo mediocre. P. ¿Ha sentido inseguridad como escritor por su celo de editor? R. Si fuese capaz de crear cosas como las que escriben DeLillo o McCarthy no creo que insistiera tanto en corregir. Lo que me puso en marcha fue la idea de posar primero como persona literaria y luego como escritor. P. ¿Por qué usó su nombre y el de su mujer en Epígrafe? R. El libro no hubiera existido sin la enfermedad de mi esposa, una esclerosis amiotrófica. Meter nuestros nombres subía las expectativas, convertía la escritura en una acción mucho más excitante. P. ¿Qué necesitan aprender los escritores? R. Que lo que hacen importa. P. ¿Cómo son los estudiantes hoy en día? R. No quieren ser amateurs. ¡Contratan publicistas! Siento que soy el cazador entre el centeno que impedirá que esos chicos se conviertan en un producto.

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12 de febrero de 2011
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Desislamización

Todas las revoluciones marcan un cambio de tendencias. Tardaremos en captar con precisión los componentes ideológicos que explican la actual oleada revolucionaria, entre otras razones porque todavía estamos en una fase incipiente. Pero la pregunta central y urgente, de cara al rumbo que tomen los dos primeros países que se han desembarazado de sus respectivos dictadores, es el papel que jugará el islam político.

Parece evidente que en ninguno de los dos países el islamismo organizado ha jugado un papel relevante en el origen y ni siquiera en la organización de la revuelta. En el caso egipcio, donde se halla la organización matriz y más fuerte de todo el islam sunní, los Hermanos Musulmanes, son muchos los que han deducido de su bajo perfil un paralelismo con partidos comunistas clandestinos, como el español, capaces de aglutinar e incluso monopolizar la oposición pero incapaces luego de obtener mayorías. Otras voces, más suspicaces, temen que la actual prudencia de la cofradía sea una táctica previa a un asalto perfectamente diseñado para tomar el poder y crear una república islámica. Esta teoría tiene sus adeptos israelíes, estadounidenses y saudíes, y el propio Mubarak la ha exhibido hasta el último minuto para aferrarse al poder. La percepción más común es que esta revolución árabe, no tan sólo en Egipto, está en manos de una generación nueva, muy numerosa y diferenciada de las anteriores, sobre todo gracias a la irrupción masiva de la cultura globalizada de las redes sociales a través de teléfonos móviles. Hay abundancia de mujeres descubiertas y de jóvenes con vestimenta occidentalizada. El conflicto árabe israelí no tiene relevancia alguna en la protesta. Tampoco las mezquitas han sido un especial punto organizativo ni han irrumpido líderes religiosos. Hay que tener en cuenta que el sunismo, a diferencia del chiismo, es una religión sin clérigos; un punto de diferencia importante respecto al derrocamiento del Sha en 1979, el otro paralelismo exhibido como espantajo por quienes querían evitar el derrocamiento. Hay unas incipientes e interesantes pistas demoscópicas, producidas por el Washington Institute for Near East Policy esta misma semana. Según una encuesta realizada en El Cairo y Alexandria a usuarios de móviles, entre el 5 y el 8 de febrero, sólo un 15 por ciento de los preguntados aprueban a los Hermanos Musulmanes, un 12 por ciento son partidarios de aplicar la sharia y un 7 por ciento justifican el levantamiento porque el régimen no es suficientemente islámico. Una mayoría del 37 por ciento frente al 27 quieren que se mantenga el Tratado de Paz con Israel y una proporción similar se pronuncia a favor de unas buenas relaciones con Washington. Sólo un 8 por ciento se han unido a la protesta porque consideran al régimen demasiado proamericano. Venimos de dos décadas de intensa reislamización, lo que ha significado una regresión en los procesos de laicización de las sociedades y la aparición de un Islam globalizado muy impregnado de la identidad más tradicional. La actual oleada revolucionaria, en cambio, emite señales de una desislamización incipiente. Olivier Roy, uno de los mejores conocedores de la evolución del Islam político, ha explicado en este mismo periódico que estas señales se deben a la aparición de una nueva generación postislamista y a la evolución de muchos islamistas hacia la democracia, en la estela de la experiencia turca. Una novedad de esta revuelta es la sintonía entre la ciudadanía de todos los países árabes, en una especie de panarabismo aglutinado por la abominación de las dictaduras, no por el antiimperialismo ni el antisionismo. De confirmarse la tendencia, ésta sería la señal mayor de la superación del islamismo político por una solidaridad árabe con recorrido hacia la sociedad laica y plural.

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12 de febrero de 2011
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Melania Mazzucco entrevistada

Melania Mazzucco Melania G. Mazzucco estuvo en España para presentar su nueva novela, editada por Anagrama, La larga espera del ángel. Una novela biográfica (parece que está de moda eso de recrear vidas célebres) sobre la agonía del pintor Tintoretto y el repaso de su vida y de su época. Alberto Ojeda la entrevista para El Cultural. Aquí algunas respuestas: 

Pregunta.- Reconoce que hace unos años no sabía apenas nada sobre Tintoretto. ¿Cómo surgió su interés por este pintor?Respuesta.- El interés se me despertó cuando vi en la iglesia veneciana de la Maddonna dell?Orto su cuadro Presentación de la virgen en el templo. Me conmovió mucho cómo un pintor del Cinquecento presenta el destino de la niña y cómo se ocupa del mundo femenino, porque el cuadro está lleno de mujeres. Me desconcertó porque yo tenía una idea muy diferente de Tintoretto. En la escuela me habían dicho que eran un pintor manierista, de la contrarreforma? Nada que ver con lo que estaba viendo. Entonces empiezo a investigar más sobre él, a viajar a Venecia a menudo, y me compruebo que la niña del cuadro es Marietta, su hija ilegítima, una mujer fascinante, también pintora, de la que se había perdido su rastro, y con la Tintoretto mantuvo una relación de amor absoluto. P.- La relación de Tintoretto con esta hija ilegítima que nació de su relación con una prostituta alemana trascendió lo estrictamente paternofilial?R.- Fue una relación muy compleja; una relación entre creador y criatura, se podría decir. Tintoretto marcó casi todos lo pasos de esta hija. La obligó a casarse con quien él quería y también fue él quien le enseñó a pintar. Ella fue seguramente su mejor alumna, pero acabó renunciando a su libertad por seguir las exigencias paternas, hasta quedar prácticamente disuelta en la excesiva protección de Tintoretto. Es algo que llama la atención, porque él tuvo otras cuatro hijas legítimas, pero nunca se preocupó por ellas tanto como por Marietta. En esa época las hijas ilegítimas eran, por lo general, abandonadas a su suerte. Fue una relación de amor absoluto, en la que él deseo también estaba presente. P.-¿Por qué decidió contar la historia con la propia voz de Tintoretto, en primera persona? R.- Eso ha sido una de las cosas más difíciles en la escritura de la novela. Tintoretto era un pintor muy temerario, le gustaban pintar cuadros que le plantearan alguna dificultad o algún desafío. Era un hombre que se arriesgaba en sus decisiones, estéticas y vitales, y yo creía que si escribía sobre él también me debía arriesgar, para intentar estar a su altura. También lo creí necesario porque Tintoretto fue el creador de la historia de su hija Marietta, él contó y escondió lo que quiso. En realidad, fue como su biógrafo. P.- En su opinión, ¿qué cualidades hacen de él un pintor especial? Decía Sartre que fue ?el primer cineasta?. R.- Fue un pintor muy avanzado para su tiempo, muy moderno. Su pintura te impacta en cuanto la ves: sus cuadros y sus personajes son los que te observan a ti, y no al revés. Además fue capaz de pintarlo todo. Ha pintado a Jesucristo y muchas escenas religiosas, la mitología griega y muchos retratos de sus contemporáneos. Pinta príncipes, nobles y obispos mirándoles cara a cara, sin intimidarse por su cargo o por su estatus social. Los miraba simplemente como a seres humanos. Fue también un pintor muy intelectual, que manejaba textos condenados por heréticos. Estaba continuamente investigando sobre la religión. Era una mente muy inquieta, siempre a la búsqueda. No en vano, se le definía como el cerebro más terrible de la pintura. 

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11 de febrero de 2011
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¿Quién será el próximo?

Y van dos. No ha transcurrido ni un mes desde la caída de Ben Ali y la revolución árabe ya se ha cobrado la segunda pieza. Esto además es caza mayor. El tunecino, a fin de cuentas, era un policía corrupto casado con una peluquera ambiciosa. Mubarak es un general, héroe de guerra, que ha suscitado elogios y apoyos a diestro y siniestro. El tamaño y peso político de ambos países, no hablemos ya de su emplazamiento estratégico, no permiten ni siquiera las comparaciones. Si la ola sólo se hubiera llevado a Ben Ali estaríamos ante un fenómeno interesante pero muy limitado. Con la culminación egipcia, el vendaval adquiere una envergadura histórica y promete seguir creciendo y amenazando ahora a otros regímenes.

Ya van dos, y enorme paradoja, los dos eran máximos dirigentes de unos partidos-estado que no han sido expulsados de la Internacional Socialista hasta bien avanzada la revuelta. ¡Qué vergüenza! Derecha e izquierda se han comportado con idéntica bajeza con esos dos dictadores. Alguien deberá dar una explicación, o al menos aprender la lección. Pero ahora el asunto importante es seguir mirando hacia delante. ¿Quién será el siguiente en caer? ¿Será un monarca? También hay otra posibilidad. Que se produzca una segunda caída en Egipto. Omar Suleiman es tan responsable como Mubarak de la situación a la que ha llegado el país. Con un agravante: el responsable directo de los mayores abusos de la policía y de los servicios secretos es Suleiman. Si juega tan fuerte en este envite, es porque se siente muy apoyado por quienes han sido los aliados de Mubarak hasta ahora, concretamente Estados Unidos e Israel. Pero está por ver que los jóvenes egipcios se conformen a una transición liderada por alguien tan comprometido con el régimen. Aunque el rumbo de la transición sea todavía incierto, hay un hecho incontrovertible, y es que la caída de Mubarak dará mayor impulso a la ola revolucionaria y animará a los jóvenes de todo el mundo árabe, e incluso de otros países, a seguir el ejemplo. Esta es una de las mejores aportaciones de la revuelta. Las dictaduras están algo menos prestigiadas en el mundo después de la caída de máscaras en Túnez y Egipto. Además de dictadores sin escrúpulos, todos ellos han robado como locos, mientras sus conciudadanos vivían cada vez peor. Donde hay dictadura hay crimen y hay corrupción, una obviedad más conocida y difundida después de este triunfo revolucionario.

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11 de febrero de 2011
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El Boomeran(g)
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