Skip to main content
Category

Blogs de autor

Blogs de autor

Con Karl

«No sonrías», me dice al oído después de ver en el ordenador los primeros disparos de este retrato. Le hago caso. No se puede sonreír al lado de Karl Lagerfeld, aunque paladees un instante de felicidad. Pero sí aplaudir de gozo. Manotear como hace él cuando se divierte contando una historia. A su alrededor solo se permite la felicidad. Gente vivaz, curiosa, y sobria, sin la marca del tedio. Nada que ver con el cuento del ogro; sí, en cambio, de personaje casi sobrenatural. Un mito andante, irrepetible. Durante los cuatro encuentros que mantenemos habla cuatro lenguas, recita versos de Catherine Pozzi ?«qué raro, muy poca gente la conoce, es brillante», me dice el periodista y poeta Antonio Lucas cuando le hablo de mi hallazgo?, lee ocho periódicos al día, rastrea la última novedad musical que graba en sus iPods y regala cortésmente. Y como un enjambre de abejas, continuamente entran y salen asistentes mostrándole el work in progress de algún proyecto. KL dice que quiere pasar por las vidas ajenas como una aparición y no entrar en ellas como algo real. Así ha sido en esta historia desde aquel mediodía en el Café Le Basile, en el que su directora de comunicación, Caroline Lebar, fue escribiendo sobre la pantalla de su iPad el proyecto de celebrar nuestro número 25 aniversario con Karl Lagerfeld como editor invitado. «Os invita a comer a casa», me comunicó al cabo de un mes escaso. Fue el inicio de una inmersión en el diseñador más influyente en los últimos 25 años, que recibirá en noviembre el Prix Marie Claire 2012. De una escuela donde los únicos límites ha sido la mediocridad mientras íbamos cruzando pdfs con páginas entre la redacción de Madrid y su estudio en París. «Quería hacer algo en España, ahora que las cosas no están muy bien allí. Algo optimista, mostrar mi apoyo». Sería pretencioso decir que el papel de Lagerfeld en la moda ha sido el de modernizar el concepto de prêt-à-porter. Pero ha sido así y lo ha excedido. Su autoridad en la moda y en las artes, su vasta cultura y sus múltiples facetas lo coronan como un gurú de la imagen. Podríamos decir que Lagerfeld siempre ha estado ahí, pero cada temporada con más vigor. Recorrer los veinticinco años de la historia de Marie Claire ha sido un sueño de cualquier editora de revista de moda, además de aprender a no sonreír en la foto. Pero sobre todo este es el tributo que queríamos ofrecer a quienes nos habéis dado el alma desde el otro lado. A las lectoras.

A ti, que haces crujir este papel, que abrazas la vida en minúsculas y escarbas por la empinada cuesta del deseo, que aceptas tus contradicciones y sientes que solo dudando puedes acceder a la verdad; a ti, que deseas conocer las realidades invisibles, que no quieres el típico menú de revista para mujeres; a ti, que a veces sientes que te falta algo, amor, chocolate, piernas? A ti, porque desde hace veinticinco años te prometimos amor y buenos sumarios. Gracias. (Marie Claire)

Leer más
profile avatar
19 de octubre de 2012
Blogs de autor

Lecturas atrasadas: La piel del miedo (I)

I. Mundos encubiertos

Pongo al ecuatoriano Javier Vásconez entre mis escritores favoritos, de esos que parecerían ellos mismos huir del ruido con pasos silenciosos, y que hace de la escritura su deidad. Inició su carrera literaria en 1982 con Ciudad lejana, y en 1996 apareció El viajero de Praga, una novela
memorable que le mereció excelente crítica y lo puso más allá de las fronteras de su país; La sombra del apostador, otra de sus novelas, fue finalista del premio Rómulo Gallegos en 1999. Sólo escojo algunos de sus títulos, quizás porque recuerdo su lectura, y ése es ya un buen indicio, porque la memoria te dice lo que ha valido la pena leer. La piel del miedo, a la que voy a referirme, apareció en 2010, y este año acaba de ser publicada la última, La otra muerte del doctor

La piel del miedo se abre con unos disparos nocturnos en el corredor de un hogar de clase media en Quito, que un adolescente escucha sobresaltado desde su lecho, y que le provocan uno de sus ataques de epilepsia. Como una madeja de hilos oscuros, se desenrolla la relación de Jorge, el niño epiléptico con Rogelio, el padre alcohólico, un periodista perseguido por los demonios de la enemistad política con su antiguo camarada, que es ahora el hombre de máximo poder en el país, el presidente de la república, y que termina por desaparecer del hogar.

 

Leer más
profile avatar
19 de octubre de 2012

Eder. Óleo de Irene Gracia

Blogs de autor

La esperanza y la estrategia

La esperanza no es una estrategia. Esta es una de las frases acuñadas por el equipo de Mitt Romney para el último tramo de la campaña presidencial. Contiene una respuesta a la audacia de la esperanza que dio título al best-seller de Barack Obama, publicado en 2006 para lanzar su apuesta presidencial, y también al póster dibujado por Shepard Fairy para la campaña de 2008, donde aparece la palabra Hope (esperanza) y un rostro de Obama inspirado en el cartelismo socialista.

El reproche vale tanto para la política interior como para la exterior. Las extraordinarias esperanzas levantadas en la elección de 2008 han quedado decepcionadas. Obama no ha conseguido la presidencia transformadora que muchos esperaban. Especialmente en el escenario internacional. Recordemos el Premio Nobel de la Paz, prematuramente concedido, que dio pie a un realista discurso de Obama nada pacifista y en defensa de la guerra justa.

La estrategia de la esperanza de Obama se desplegó en forma de discursos muy bien pensados y escritos y todavía mejor pronunciados en Berlín o en Praga, en Ankara o en Cairo, en los que prometió el desarme nuclear, la reducción de emisiones a la atmósfera, la reconciliación de Estados Unidos con el islam y con los países árabes y resolver el conflicto entre Israel y Palestina, además de cumplir sus promesas de retirada de Irak y de renovar la estrategia en Afganistán. El balance que presenta ahora, a pocos días de la elección, no es precisamente brillante. Nada se ha avanzado, al contrario, entre israelíes y palestinos. Irak está pasando al lado oscuro, después de la salida de las tropas americanas. Las cosas no hacen más que complicarse en Afganistán y Pakistán, sobre las ruinas del paquete denominado Afpak con el que Obama pretendía encontrar la solución a la inestabilidad en toda la zona. Avanza la amenaza de un Irán nuclearizado, con capacidad de entrar en resonancia con una abierta guerra civil en Siria, en la que Washington no consigue encontrar márgenes de acción. Y para postre, solo faltaba el golpe que ha significado la muerte del embajador Christopher Stevens y cuatro funcionarios estadounidenses más en Libia en manos de un grupo terrorista vinculado a Al Qaeda. Romney perdió una oportunidad de oro con el ataque de Bengazi. Su penosa reacción, fruto de los reflejos partidistas y de las bajas pasiones políticas, le impidió ver que tenía en la mano un proyectil letal: la muerte de un embajador de EE UU en un ataque terrorista y en fecha tan señalada como el 11 de septiembre neutralizaba el éxito que significó para Obama la liquidación de Bin Laden, demostraba que Al Qaeda estaba viva y destruía incluso la sensación de invulnerabilidad creada por George W. Bush tras los atentados del 11-S, que había preservado de la acción terrorista durante once años al entero territorio de EEUU, incluidas embajadas y consulados.

No ha sido precisamente la política exterior donde Romney ha movido mejor su campaña. Tiene su lógica. Los votos se juegan en la política doméstica y sobre todo en la economía. Es una paradoja, porque donde el presidente moldea su presidencia y tiene mayores márgenes es en la acción de la superpotencia en el mundo. Además, son pocas las diferencias reveladas hasta ahora, apenas de énfasis: Romney se adhiere a una imagen exterior más dura y amenazante, mientras que Obama persiste en su realismo político y una cierta modestia ante la necesidad de contar con los nuevos países emergentes. Hay antecedentes: los cambios en política exterior entre Bush y Obama no han sido tan bruscos como se esperaba e incluso hay continuidades (sigue abierto Guantánamo y hay terroristas sin juicio) e incluso intensificaciones (los asesinatos selectivos con drones han aumentado en esta presidencia).

Aun así, hay que atender al entorno de Romney, donde pululan los neocon y los halcones de la seguridad, cada uno con su librillo, para darse cuenta de que podrían regresar ideas ahora descartadas como es el caso de los interrogatorios reforzados implantados por Bush: ya existe un memorándum republicano al respecto. Este tipo de políticas antiterroristas tiene efectos ejemplarizantes y repercuten negativamente en el respeto de derechos humanos en el mundo. Lo mismo cabe decir de las ideas sobre la interrupción del embarazo de Romney: aunque ha prometido no legislar en contra, su llegada al poder abriría las puertas a un cambio conservador en el Tribunal Supremo y a una revocación de la famosa sentencia Roe vs. Wade de 1973. El efecto internacional no se haría esperar.

La política debe servir para dar esperanzas. Esperanzas efectivas, no falsas esperanzas, pero esperanzas al fin y al cabo. No se sabe qué esperanzas puede dar Romney al mundo. Obama puede todavía. Y la esperanza debe ser parte de su estrategia.



[ADELANTO EN PDF]
Leer más
profile avatar
18 de octubre de 2012
Blogs de autor

Especies y lenguas

De todo el hablar concreto era guardiana esa anciana a la que me refería en la anterior columna, depositaria única de la lengua vasca en un pueblo roncalés, porque de la misma manera que no hay animal sino especies animales (gato, perro, o chimpancé), el lenguaje humano sólo se da en una u otra lengua Por eso la desaparición de una lengua equivale a la desaparición de una especie, y con una diferencia fundamental: hay especies dañinas para el hombre y cuya desaparición supondría por consiguiente para este un bien, mientras que no hay lengua alguna en la que no se halle recogida y archivada toda la riqueza esencial de la condición humana. Siendo salva veritate intercambiables en lo esencial, no cabe que una lengua sea dañina para alguien, al menos que (potencialmente) ese alguien esté dispuesto a repudiar la lengua propia. Sólo quien está a puno de aceptar que su lengua se convierta en mero código, considerado eventualmente más sofisticado y eficaz que otros, puede llegar a despreciar (eventualmente odiar, si esta empieza a hacerle competencia ) la lengua del otro.

Leer más
profile avatar
18 de octubre de 2012

Eder. Óleo de Irene Gracia

Blogs de autor

Aquello fue la hostia

En el centenario de Menéndez Pelayo, creo que lo único original ha sido la vindicación matizada que ha escrito Goytisolo. Por lo demás, el historiador sigue en la inanidad que supone la nombradía sobresaturada, buena para el callejero. Menéndez Pelayo es un monumento mandado recoger y entoldado bajo la tabarra apologética y la inquina filial que le manifestó la generación del 98. Pero siempre habrá algo importante que decir a su favor, y es que no perjudicó la reputación de sus heterodoxos, al contrario, los dio a conocer. Por más enormidades que dijera de ellos, en  el fondo, han sido suyos, y cualquier propósito de recuperar su memoria lo ha tenido que reconocer. En cambio, despreció a más de un ortodoxo con una arbitrariedad que luego devino argumento de autoridad.
 
Un ejemplo sería Fonseca, que fue el mayor divulgador de Platón de todo el Barroco europeo, autor del Tratado del Amor de Dios, que fue una de las obras más leídas y admiradas de su tiempo, muy elogiada por Cervantes y Lope de Vega. Para Menéndez Pelayo fue un autor farragoso y pedantesco, “uno de los menos originales y de los más pesados místicos”. Semejante juicio emitido por tal autoridad hizo repensar que los dos insuperables titanes de la narrativa y la crítica, Cervantes y Menéndez Pelayo, no podían discordar a ese extremo y, en consecuencia, se decretó que la alabanza de Cervantes a Fonseca en el prólogo del Quijote tenía que ser en broma. Siguiendo la nueva línea de investigación, no tardó en “descubirirse” que, picado Fonseca por la befa, escribió la segunda parte del Quijote, llamado de Avellaneda. Todo esto sucedió en el siglo XX, y no fue más que una de las consecuencias del magisterio indiscutible de Menéndez Pelayo.
 
Da la impresión de que hubo una suerte de celos retrospectivos y que el erudito decimonónico se irritó por la abundancia de citas del autor barroco, como si Fonseca fuera el Menéndez del siglo XVI, y Menéndez temiera quedar como el Fonseca del XIX. Pero me alargo, y yo quería recordar a Isidoro de Sevilla, que también fue suspendido por Menéndez Pelayo en la Historia de las ideas estéticas en España como mero copista servil de Quintiliano y Casiodoro.
 
Isidoro de Sevilla fue muy leído en la Edad Media y el Renacimiento, y hay que reconocerle la calidad de hito fundamental en la transición del pensamiento antiguo al medieval. De hecho, junto a Boecio, fue el gran intelectual de la segunda mitad del primer milenio, y el mayor impulsor de los estudios del griego y el hebreo, en un momento en que esas lenguas habían caído en el olvido.
 
Pero la innovación más audaz de Isidoro fue la que aportó a la ceremonia de la misa. En el debate con los herejes arrianos, se había exaltado la divinidad de Cristo y, con ella, la preeminencia del clero, poseedor de la exclusiva de su representación. Sin embargo, la verdadera promoción del sacerdote católico, pasando de la categoría de mediador a autor de un milagro por misa, fue un favor inestimable que Isidoro hizo a todos sus colegas.
 
Hasta entonces, la misa se concebía como una eucaristía, es decir, una acción de gracias, en cuyo transcurso, los dones de la comunidad, por la palabra del sacerdote, eran sublimados a una ofrenda celestial. Pero en sus ideas, expuestas en De Ecclesiasticis officiis y las Etimologías, Isidoro invirtió audazmente el proceso y definió la eucarístia como la gracia que Dios envía, bajando en persona del cielo y compareciendo exactamente en el momento de la oratio sexta
 
Como consecuencia, la escena se delimitó y realzó. La línea divisoria entre altar y pueblo se conviertió en una barrera, un auténtico muro de separación, que, en adelante, se reflejará  en la misma construcción de las iglesias. El altar se retiró al fondo del ábside y la sillería para el clero se dividió en dos mitades, una frente a otra. Con eso, se dejaba al pueblo la nave de la iglesia. Pero, en las catedrales españolas, aún se mejoró la separación, construyendo, en medio de la nave central, el coro para uso exclusivo de los canónigos, una especie de iglesia interior, un íntimo santuario cubierto por un inaccesible velo. 
 
Pero eso no fue nada; el mayor cambio fue el ocasionado por la presencia real de Cristo en la hostia. Agustín y otros padres de la Iglesia hablaban del simbolismo del  sacramento; a nadie, antes de Isidoro, se le ocurrió pensar en una presencia sustancial del cuerpo de Cristo. La atrevida explicación convirtió la misa en un sobrecogedor advenimiento divino que el pueblo admiraba y adoraba desde lejos.
 
Antes, los cristianos se llevaban a casa el pan consagrado para írselo comiendo a diario durante la semana. Esa práctica perduró bastante tiempo, sobre todo en Egipto y de ella se aprovecharon en especial los eremitas del yermo. También era costumbre llevarse ese pan, que tenía virtudes protectoras y medicinales, además de nutritivas, en los viajes largos o a la guerra. El vino consagrado también se llevaba a casa y se usaba para ungirse ojos y frente. 
 
Con la nueva interpretación de Isidoro, todo ese relajo y familiaridad debía desaparecer. Sobre todo, en los lugares, como España, donde la lucha contra el arrianismo habia llevado a una consideración unilateral y desaforada de la divina presencia de Cristo. Empezó a hablarse del mysterium tremendum y nació un gran temor reverencial, disminuyendo rápidamente la frecuencia en el atrevimiento a acercarse a comer semejante cosa excelsa. Por si fuera poco, la confesión sacramental se convirtió en un mandato estricto cada vez que se quisiera recibir la sagrada forma.
 
Los teólogos, sorprendidos y desbordados por la innovación, no detallaron el modo de la presencia hasta dos siglos después, en el año 831, en que tuvo lugar la primera controversia sobre el tipo de realidad de esa misma presencia. En el magisterio de la Iglesia no aparece una definición hasta el VI concilio romano de 1079 en que se condenó al contumaz hereje Berengario de Tours, quien se atrevió a sostener la negación racionalista de la presencia real. 
 
Para entonces, era una arraigada creencia popular. Había estrictas prescripciones sobre la selección y preparación del pan y el vino. Antes, los fieles llevaban para el culto los panes que tenían por casa. Una vez extendida la doctrina de Isidoro, se abogó por la utilización exclusiva de pan ázimo, lo cual acabó provocando el cisma de la iglesia bizantina en 1054. Los más fogosos partidarios de la presencia real y el pan ázimo estaban, como era de esperar, en Toledo, donde se manifestó, por primera vez, ya en el sínodo del año 693, la preferencia por las puras y blancas hostias. 
 
Más cosas cambiaron. La entrega de las ofrendas en forma de pan en una enorme patena ya no pintaba nada; la ofrenda se convirtió en algo más práctico: una entrega de donativos en metálico. Se instituyó la costumbre de que el sacerdote juntara el pulgar y el índice que se purifican sumamente por el contacto con la divinidad y se redactaron reglas concretas sobre la ablución de la boca, los dedos y la limpieza de los vasos sagrados.
 
Tanta presencia real, tanta delicadeza y exquisitez, en la suntuosa iglesia feudal, acabaron por provocar el incendio del ideal de una iglesia más primitiva y tosca. Pedro de Bruis y sus neomaniqueos, de los que salieron los albigenses, negaron la jerarquía y los sacramentos, también la consagración eucarística y cualquier clase de presencia, con bastante éxito de público. Los cátaros (puros) aún tuvieron más, afirmando que toda aquella invención del sabio Isidoro era mero pan, purum panem y que bastaba la bendición y reparto de la vianda para cumplir la ceremonia. 
 
La Cruzada que exterminó a aquellos herejes negadores de la presencia real y la transustanciación fue la única, de las muchas que puso en marcha la Iglesia, que acabó victoriosa y llevando a cabo su cometido previsto. No sólo acabó con los albigenses en todas sus variantes, de paso aniquiló también la floreciente cultura provenzal. 
 
Entretanto, los teólogos ya dominaban el complicado problema de la transustanciación, quedando reservado para el papa Inocencio III escribir las primeras sutilezas sobre el asunto. Los literatos también acabaron por comprender las inmensas posibilidades del nuevo género que ofrecía la presencia real y, en el siglo XII, surgieron como nunca narraciones sobre los milagros producidos por las sagradas formas. Se multiplicaron los casos de quienes veían la realidad en el signo. 
 
Se comenzó a elevar a buena altura el pan consagrado, realidad de entrambos signos, por parte del sacerdote, para que pudieran verlo y adorarlo todos. Con esa ceremonia, se consiguió la expresión adecuada que absorbía toda la atención del público. 
 
“Ver con los ojos” era también la suprema aspiración en la leyenda del Santo Grial, en la que, por entonces, encuentran su expresión poética los anhelos medievales. En la obra más antigua de éste género, la de Chrestien de Troyes —el mismo que desencadenó el gusto popular por el ciclo arturiano y sus jaleos de culebrón—, escrita a finales del siglo XII, el momento cumbre es la procesión del Santo Grial, el vaso misterioso, cubierto de piedras preciosas, en que se lleva el signo y la realidad al rey enfermo. Tanto resplandor despide que a su luz palidece la de las velas y cirios que le acompañan, igual que las estrellas ante el sol o la luna.
 
En la poética grialiana posterior, sobre todo en el Parzival de Eschenbach, se añaden elementos de decoración oriental salpimentados de hermetismo esotérico y los efectos milagrosos ya no se atribuyen a la fenomenal invención de Isidoro, el signo y la realidad contenidos que diría Inocencio, sino al mismo continente, el vaso sagrado, y se experimentan con sólo verlo.
 
Las afirmaciones sobre los efectos milagrosos de la contemplación de la hostia empiezan en el mismo pontificado de Inocencio III, el papa semiótico y guerrero. Todavía un manuscrito del siglo XV, de la catedral de San Egidio, en Graz, que data de la época de la consagración del templo y que se podría catalogar como un folleto propagandístico de las excelentes prestaciones que promete el nuevo establecimiento, publicita que, durante el día en que se consigue contemplar la hostia consagrada, no se pierde la vista, no hay que sufrir hambre, uno no se muere de repente y se le perdonan las murmuraciones y otros pecados menores.
 
De hecho, el aprecio por la contemplación de la hostia llegó al extremo de preferirla al acto de comérsela. Así que no tardó en surgir la delicada cuestión de si no sería sacrilegio el que un pecador la mirase. Mientras se dilucidaba el problema, se prohibió, de manera preventiva, que los excomulgados o puestos en entredicho mirasen la sagrada hostia. La prohibición indujo a los mismos excomulgados a hacer agujeros en los muros de la iglesias, con la más grande y arrebatada fe que tuvieron en los días de su vida.
 
Durante la Edad Media, lo esencial en la asistencia a misa era ver la sagrada hostia. Sólo por haberla logrado ver, quedaba satisfecha la devoción. Pero la cosa no siempre era fácil, por el obstáculo que suponían la disposición coreográfica que alejaba el drama y el gentío que se agolpaba. En las ciudades, estaba la ventaja de poder correr de iglesia en iglesia para verla el mayor número de veces posible. Los pudientes compraban su asiento, de donde se contemplase bien el momento clave de alzar, y hubo enfrentamientos graves en las mismas iglesias y procesos en los tribunales por la posesión y posición de un asiento con vistas.
 
Mientras había teólogos y predicadores que cultivaban el ansia de ver la sagrada hostia, subrayando los abundantes frutos de esa devoción, otros comenzaban a quejarse de que la gente no entraba en las iglesias más que inmediatamente antes de la elevación y salían después atropelladamente. Con la intención de conservar la clientela, la elevación se solía prolongar y también repetir en otros momentos de la misa. Los dominicos llevaban la fama de ostentarla más rato que nadie.
 
El éxito de la presentación al público de la hostia consagrada hizo que no tardase en formarse un rito distinto fuera de la misa; así se introdujo la custodia y, poco despues, en el siglo XIII, la fiesta del Corpus. También se introdujo por entonces la genuflexión, la luz, el incienso, el trono y el baldaquino, todo proveniente del ceremonial de la corte imperial, para la hostia consagrada. Algo que antes era prerrogativa exclusiva de los obispos.
 
La misa ante la hostia consagrada expuesta en su lujosa custodia y elevado monumento cobró un nuevo empuje con la aparición de las herejías de los zafios protestantes. Pero ya a partir del siglo XVI, los últimos ecos de la innovación del atrevido Isidoro y los ejercicios, dialécticas y revuelos que ocasionó cayeron en la rutina gris y el desinterés. Surgían otras novedades.


[ADELANTO EN PDF]
Leer más
profile avatar
18 de octubre de 2012

Eder. Óleo de Irene Gracia

Blogs de autor

La cultura inhumana de la crisis

¿Podría ser que dejando de hablar de la crisis se acabara la crisis? No es nada seguro pero, día a día, se observa que el tratamiento que se aplica para superar esta enorme adversidad se inspira exclusivamente en los actuales conocimientos económicos -reyes de la cultura- y no se atiende sino a sus argumentos sobrevolando a los demás.

No hay, sin embargo, posibilidad de abordar un problema importante del siglo XXI, sea el que sea, desde un único y dominante punto de vista. La realidad mundial ha multiplicado su complejidad y posee un rostro facetado que se divide, a la vez, en otras faces e interfaces.

Prácticamente todos los éxitos científicos o innovaciones culturales de los últimos años no han sido obra de una especialidad sino de la conjunción de criterios y perspectivas distintas presentes en red. El paquete de factores heterogéneos que se encuentra en el origen y desarrollo de esta aciaga coyuntura requiere expertos de distinta especialidad, diferentes culturas y diversos puntos de vista.

Porque si la crisis es financiera... ¿Cómo desdeñar que es también social y cultural? ¿Cómo continuar atendiendo los desajustes económicos por encima de todo sin atender las simultáneas destrucciones sociales y culturales de alrededor? ¿Cómo no ya igualar sino anteponer la inquietud sobre el mísero estado en que va progresivamente cayendo gran parte de la ciudadanía y deducir desde ese punto el pertinente camino a seguir? ¿Qué avala desvivirse primero por el desequilibrio financiero y hacerlo a costa de todo lo demás?

Si se tratara de un asunto menor acaso no tendría tanta importancia el desatino ni la injusticia sería tan radical, pero cinco años de crisis y con tendencia a empeorar requiere el concurso de otra sensibilidad y otros expertos que sazonen el equipo dedicado a solventar la situación.

La pésima situación de la gente es más grave que el balance de un banco. La cultura o la sanidad son más importantes que la conflictividad entre el Banco Central Europeo y los criterios de los ministros de Finanzas alemán, finés y holandés.

Como la crisis no es solo una crisis económica que pueda operarse en un quirófano esterilizado, la muerte del paciente se halla de antemano garantizada. O, en definitiva, el régimen de austeridad que se impone a los países como un purgante de cicuta y los recortes sobre recortes son dos maneras de llegar al éxito a través de la anemia o la mutilación.

Si la ecuación se invierte y lo económico dejara de ocupar el primer y excluyente lugar es probable que las autoridades estuvieran actuando no solo con mayor eficiencia sino con el debido sentido de la humanidad. Porque algo hace creer que cuando la humanidad y lo humanitario fueran por delante de los balances del capital, se habría adoptado un desfile acorde con la naturaleza fundamental del problema.

Entretanto, la situación empeora y en casi cualquier aspecto o lugar. Prueba, en suma, de que la cura se está aplicando con un protocolo equivocado y con ello el paciente va muriendo al compás de la asfixia que le causa un equipo de poderosos tecnócratas tan rudos como estranguladores.

¿Los políticos? ¿La acción humana y cultural de la política? ¿Han oído ustedes hablar?



[ADELANTO EN PDF]
Leer más
profile avatar
17 de octubre de 2012
Close Menu
El Boomeran(g)
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.