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¿La muerte banal?

Por 25 de mayo de 2009 Sin comentarios

Eder. Óleo de Irene Gracia

Vicente Verdú

La muerte en media docena de amigos en apenas una semana ha significado más que una terrible bomba de racimo. Muchos escritores han hablado de la muerte cuando la veían más o menos cerca pero ¿qué otro asunto puede interesar a quien puede hablar cuando su maldad se siente como un cerco que va despoblando a toda la generación y avanza para exterminarla entera?

Nunca antes de estos días de tanto luto la muerte de un amigo había convertido su desaparición aislada en el anuncio de la llegada de la nuestra. Muy pronto, acaso en este mes, dentro del año.

 Veo, como mis hijos y sus amigos, contemplan la muerte, tan lejana tan ajena, y es fácil recordar esa sensación del tiempo en que sólo fallecían, y merecidamente, los viejos. Pero ahora, ni viejos ni menos viejos, ni unos ni otros, sea a causa del tabaco, el alcohol o el cáncer, son amigos que merezcan morir y, sin embargo, haciendo cuentas son parte de la generación a la que históricamente le toca el turno. Como la consecuencia de una acción de limpieza social, tan automática como proyectada industrialmente, el estrato de gentes por encima de los sesenta van siendo eliminadas  como excrecencias. Primero llega la jubilación -incluso anticipada- y poco después comienzan a registrarse los hechos de muerte no simbólica, como la anterior, sino efectiva, tal como si el retiro precedente hubiera sido en verdad un ensayo general para el entierro.

Al incuestionable expediente de regulación sigue, más pronto que tarde, el consecuente expediente de incineración. Como pavesas desaparecen los cuerpos de tantos amigos y sólo queda en el aire, como un ensalmo, el nombre. El nombre es todo el fino contenedor del ser una vez que la cremación ha consumido el resto. Muertes sobrevenidas súbitamente o, lo que es más común, a través de un proceso en que la enfermedad va carcomiendo gradualmente las señas. Unos ya no andaban, otros apenas podían articular palabra, algunos iban perdiendo la memoria cada vez más débil. En casi todos puede entenderse que el formidable peso de la existencia (el dolor, el amor, la decepción, el esfuerzo) ha terminado aplastándolos pero, en realidad, no puede aceptarse pensando que la vida, de por sí, la celebramos siempre  como una adición de vida y nunca como una ración de muerte. ¿Qué confusión es esta? Y¿ cómo saltar fuera de esta marcha inclemente y no morir? ¿Cómo vivir, en fin, bajo esta amenaza tan terrible como inminente?

Hoy mismo, a la muerte de Castilla del Pino, de Benedetti, de Conte o de Ullán se añade el inevitable aviso de la propia muerte. ¿La muerte personal? ¿Qué gigantesca maldad se ha cometido para ser ajusticiados uno a uno, en masa, en racimos, sin que sea posible discutir la violencia, la injusticia  y la arbitrariedad de esta ejecución tan inútil, inhumana, banal?  

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Vicente Verdú

Vicente Verdú, nació en Elche en 1942 y murió en Madrid en 2018. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y fue miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribía regularmente en el El País, diario en el que ocupó los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003), Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005), No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008), El capitalismo funeral (Anagrama, 2009) y Apocalipsis Now (Península, 2009). Sus libros más reciente son Enseres domésticos (Anagrama, 2014) y Apocalipsis Now (Península, 2012).En sus últimos años se dedicó a la poesía y a la pintura.

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