Pues todo ha de retornar, como está escrito en las bóvedas de San Marco y como lo proclaman, bebiendo en las urnas de mármol y de jaspe de los capiteles bizantinos, los pájaros que significan a la vez la muerte y la resurrección. (III, 871)

Pues todo ha de retornar, como está escrito en las bóvedas de San Marco y como lo proclaman, bebiendo en las urnas de mármol y de jaspe de los capiteles bizantinos, los pájaros que significan a la vez la muerte y la resurrección. (III, 871)

El principio dinástico, que muchos creen antiguo, y hasta eterno y natural, es advenedizo y esporádico si se considera en una perspectiva comparatista de las diversas modas de herencia, transmisión y acceso al poder. El historiador Burckhardt llamó sultanismo a la situación de los emperadores romanos que, a semejanza de los sultanes otomanos, no se podían sentir seguros en medio de sus hermanos, hijos, tíos, sobrinos y primos, todos presuntos herederos, si no se ayudaban a tiempo con los asesinatos convenientes. Más tarde, Weber aplicó el término sultanismo a una forma extremada de dictadura personalizada, donde la plana mayor del dictador está compuesta de “camaradas” convertidos en “súbditos” de estricta lealtad.
Entre los romanos, solía suceder que las liquidaciones preventivas dejaban el paisaje tan despejado de parientes, que el emperador se veía forzado a recurrir a las adopciones para asegurar el futuro del imperio bajo su dinastía, y permitir la continuación de los asesinatos. Y, para que la confusión hereditaria no decayera, todavía estaban en vigor reminiscencias de la transmisión matrilineal, y había usurpadores que se legitimaban mediante el matrimonio con viudas de emperadores. Hubo un Procopio que se apoderó de la hija menor de Constantino, que era una niña, y obtuvo así la ayuda de los godos, que consideraban legítimo ese proceder.
El emperador tenía el poder en nombre del senado y el pueblo, pero en realidad siempre era cosa del ejército. Hasta la lengua latina lo dice, donde “populus”, en sentido estricto, significaba “grupo que esgrime lanzas”. Asegurarse la lealtad de gente que esgrime lanzas exigía ser un jefe venturoso y afortunado, con fama de tener suerte. Así era Constantino, quien después de liquidar a los corregentes de los cuatro puntos cardinales, a su hijo, su cuñado, su segunda esposa y otros transeúntes, se hizo con la púrpura imperial.
Desde la guerra con Magencio en 312, Constantino usó una imagen simbólica que presentaba el monograma ☧, compuesto de las letras X y P entrelazadas, que son las iniciales griegas de Cristo (ΧΡΙΣΤOΣ) y de oro (ΧΡΥΣΟΣ) —y más en especial, las de “oro fácil” (ΡΑΔΟΣ ΧΡΥΣΟΣ)—. Constantino apreciaba particularmente la ambigüedad y el equívoco del símbolo. El monograma polivalente se inscribió en un gran estandarte rodeado de oro y pedrería, y durante los combates se confiaba a una guardia especial, incluso se le dedicaba una tienda propia. Es importante observar que el emblema de la suerte se dirigía al ejército, no a la población.
Después de la victoria contra Magencio, el senado y el pueblo acordaron, entre otros honores, la construcción de un arco de triunfo en honor de Constantino, para el que se aprovecharon los mejores fragmentos del dedicado a Trajano. Era sabido que Constantino, con los celos naturales de su profesión, llamaba a Trajano “musgo de las paredes”, por las muchas inscripciones que eternizaban su nombre. Cuando Constantino vio la inscripción del arco que ensalzaba su triunfo contra el tirano y su partido, hizo sustituir la expresión “por señal del sumo y óptimo Júpiter”, y poner en su lugar “por inspiración de la divinidad”, que reflejaba mucho mejor la necesaria ambigüedad.
Una vez que hizo ejecutar a su hijo Crispo, su esposa Fausta y su cuñado Licinio, con el agravante de perjurio, porque les echó mano mediante el juramento de que no los mataría, Constantino temió que fuera necesario algún tipo de purga, expiación o ceremonia, para que su famosa suerte no le abandonara. Se dirigió al neoplatónico Sopater, quien le dijo que su sistema carecía de sistema expiatorio para tales crímenes, con lo cual reconocía lo obsoleta y esclerótica que era su religión, temerosa e incapaz de fichar a tan poderoso matador y su séquito, consistente en todo el imperio romano.
En ese momento intervino el personaje que el historiador Zósimo llamó “egipcio de España”, y que logró aproximarse al emperador por contactos que tenía entre las damas de la corte. Por “egipcio” hay que entender “mago” o “sabio”, que es el sentido que tenía la palabra en griego desde los tiempos de Platón. Como Zósimo explicaba la caída del imperio romano por haber abandonado el culto a los viejos dioses, procuraba una presentación de ese mago español anónimo como una especie de proxeneta cínico y vendedor de detergentes que convenció a Constantino de que el cristianismo podía limpiar toda clase de manchas y consiguió así el fichaje estelar que necesitaba aquella religión pérfida.
Los historiadores han identificado al mago anónimo como el obispo Osio, natural de Córdoba, porque era el único hispano de quien se sabe que estaba presente en la corte de Constantino por aquellas fechas.
El nombre de Osio es griego (hosius, que significa santo), lo que da idea de lo preparado que venía para su oficio. Aunque leía y entendía el griego, Osio no lo hablaba con soltura y en el concilio de Nicea se explicó por intérpretes. Parece que acudió a la corte imperial llamado por el propio Constantino, lo que sugiere cierta fama previa.
Estuvo en Alejandría, adonde acudió para reconducir la herejía arriana, y conoció entonces a Calcidio, destacado hombre de letras, al que nombró su archidiácono e intérprete de confianza. En el concilio de Nicea, el obispo Osio fue presidente nato y representante del emperador, y fue donde tuvo lugar su hazaña más señalada al definir el principio de consustancialidad en la profesión de fe cristiana. También es significativo de la autoridad que ejercía Osio en materia de dogmas y definiciones el hecho de que las actas del concilio de Sardis presenten el original en latín y la traducción en griego (cuando lo usual era lo contrario), y empiecen con estas palabras: “Osius episcopus dixit…”, para terminar: “Synodus respondit: placet”.
Cuando murió Constantino, Osio tenía más de ochenta años y volvió a su episcopado de Córdoba, según Isidoro de Sevilla. Allá vivió hasta cumplir los cien y murió de un mal aire que le dio cuando iba a desterrar al santo obispo de Málaga, quien le echó un conjuro de rebote, de modo que cuando Osio iba a pronunciar sentencia se le torcieron la boca y el cuello, y cayó al suelo, bastante muerto.
Otra versión más coherente dice que el emperador Constancio, en aplicación del sultanismo habitual para liquidar contendientes y restos de serie, lo obligó a firmar contra su gran invención del concilio de Nicea, y Osio murió a consecuencia de los malos tratos recibidos en la deliberación. En cualquier caso, tenía cien años cumplidos. En su lucha con emperadores y herejes, fue perseguido por Diocleciano, elevado a la más alta asesoría por Constantino, y ejecutado por Constancio.
Aparte de lograr introducir el cristianismo en la cabeza del imperio, lo cual condicionó la historia universal, la hazaña más interesante de Osio consistió en ordenar la recopilación del Corpus Hermeticum, probable labor del erudito Calcidio, que una vez redescubierto y traducido en el Renacimiento por Marsilio Ficino para su patrono Cosimo de Médicis, fue considerado como prueba y preparativo del cristianismo por finos analistas como Pico de la Mirandola.
También planeó Osio traducir al latín el Timeo de Platón, pero al final se lo encargó a Calcidio, quien le dedicó su versión, distinguida en la historia de la filosofía por ser el único libro platónico conocido hasta el Renacimiento. Una buena parte del comentario de Calcidio está centrado en la demonología y presenta la primera traducción al latín del término “daimon” como “daemon”.
Hay que ver adónde nos hemos ido. No se sabe mucho más de Osio, el cordobés más influyente en la cultura occidental, después de Séneca.

El antiprogre es aquel rebelde juvenil empeñado en mantener su insolencia pero adaptado a las conveniencias de su cartera de acciones.
Pero el interés también cuenta: la época reclama y cotiza a favor de quienes la emprenden con esos fetiches muertos y archivados. También hay antiprogres de circunstanciass o de oportunidad. Son los compañeros de viaje del bolchevismo de derechas.

Hace un mes me mudé a una casa al lado de un cementerio. Al principio, cuando fuimos a ver la casa y la agente inmobiliaria nos conducía por los dormitorios, había visto por la ventana un triángulo verde que creía un parque, e imaginé a mi hijo menor jugando al frisbee conmigo. Luego la agente nos informó que el parque era un cementerio, y las piedras rectangulares que había visto diseminadas dejaron de ser adornos y se convirtieron en lápidas. Creía entender por qué la casa no había podido venderse en más de un año. Me acerqué a la ventana de la cocina, desde donde se veía mejor el cementerio, y quise ver, no sé por qué, los nombres de los seres a los que esas lápidas pertenecían. No pude distinguir nada. Saqué una foto, tratando de decidir si me gustaba la casa. Ella ya lo sabía: amor a primera vista, dijo, fascinada con la idea de vivir en una de las pocas casas en forma de cubo de Ithaca (la casa había pertenecido a una pareja sin hijos; la mujer era arquitecta, discípula de Frank Lloyd Wright). Yo estuve de acuerdo, convencido de que el cementerio sería una inspiración para la escritura.
Me mudaba después de haber vivido nueve años en la primera casa que tuve en Ithaca. Allí habían transcurrido los primeros años de mi hijo mayor: no pusimos una mesa en el living para que hubiera campo para sus juguetes. En las paredes había cuadros de pintores bolivianos contemporáneos, un plano antiguo de Cuzco, marcos y espejos con motivos andinos. Los cuadros me gustaban, pero reconozco que en general mi actitud era dejar hacer. Me preocupaban otras cosas y no entendía cuán importante era tener un lugar limpio y bien iluminado para vivir. A veces salía al jardín a patear la pelota con mi hijo mayor, tratando de que se interesara por el fútbol. De lo más orgulloso que estaba era de mis libros.
Mi escritorio en el segundo piso era muy frío y sólo lo visitaba para imprimir cuentos y formularios. De hecho, toda la casa, construida más de cien años atrás, era fría: el viento se colaba por las rendijas de las ventanas. No ayudaban los largos inviernos, que duraban la mitad del año. Escribía en la cocina, el lugar más cálido. En esa cocina ocurrió la primera batalla. Hubo otras, que fueron haciendo que desapareciera el poco cariño que le tenía a la casa. Sucedían cosas entre sus habitantes, se desplazaban los sentimientos, y la casa se resentía. Una vez se coló un murciélago a las tres de la mañana y yo tuve que perseguirlo con un bate. Es un mal presagio, me dije, aunque sabía que nuestros problemas no tenían nada que ver con el murciélago.
Cuando me quedé solo, me encontré con las paredes vacías, con huecos en lugares donde antes había habido muebles, con polvo por todas partes. Pero no era sólo la casa la que había decaído; era todo el barrio. En realidad el barrio siempre había sido así, pero yo no lo había visto. Era hora de buscar abrigo en otro lugar.
(versión original publicada en Etiqueta Negra, agosto 2010)

Festival Eñe América Me encuentro en este momento en el frío Montevideo. La ciudad oscurece muy rápido. Las casas frente al Río de la Plata parecen detenidas en el tiempo, como si todos hubieran abandonado súbitamente la ciudad. Tienen las barandas oxidadas, se mezclan los estilos entre el ladrillo, el minimalismo y el art deco. He visto varias construcciones herrumbrosas y hasta un tren fantasma. He visto grafitis, un muchacho conectado en internet en un paradero con una notebook, una casa de antiguedades. Acabo de regresar de oír a Ricardo Piglia en el Centro Cultural de España en Montevideo. Los uruguayos son elegantes, sus mujeres hermosas. Y la temperatura sigue bajando. Dice una nota en el diario ADN de España:
El Festival Eñe América, una ?fiesta de la literatura? hispanoamericana, abrió hoy su primera edición en Montevideo para que más de cien escritores y creadores de todo el mundo hispánico compartan experiencias y palabras en un encuentro ?apasionante? con sus lectores. Un diálogo entre el cineasta uruguayo Álvaro Brechner y el escritor español Vicente Molina Foix sobre la relación del cine con la literatura fue el primer evento de este festival que se prolongará hasta el próximo 7 de agosto, con más de 50 actividades programadas por toda la ciudad dispuestas para atraer todo tipo de público y suscitar el debate en torno a la palabra. El Festival Eñe América llegó a Montevideo de la mano de La Fábrica, una empresa de gestión cultural española que ya realizó un festival similar en Madrid el año pasado que ahora pretende llevar a distintas ciudades de América de la mano de la Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo (AECID), según explicó a Efe su director, Alberto Anaut. ?Este será un festival muy dinámico, con muchas actividades, más de 100 autores y distintos formatos. Lo que queremos es que la gente tenga que elegir, que no pueda ir a todo, y que tenga la sensación de que es un acontecimiento apasionante?, dijo Anaut. Encuentros, conferencias, diálogos, talleres y mesas redondas, todo gratuito y protagonizado por escritores de la talla de Javier Reverte, Ricardo Piglia, Iván Thays y Lorenzo Silva, entre otros muchos, se sucederán durante cuatro días en una actividad sin precedentes en Uruguay cuya sede central, pero no única, será el Centro Cultural de España en Montevideo. El Festival nació en 2009 al calor de ?Eñe. Revista para leer?, una publicación trimestral editada por La Fábrica. Tras el éxito de su primera edición en Madrid sus responsables decidieron dar el salto a América, donde pretenden realizar un encuentro similar cada año en distintas ciudades donde se ?sienta la literatura?. ?Creemos en la democratización de la cultura. Así como participan grandes nombres de la literatura con jóvenes creadores, nosotros nos orientamos a otros públicos, en países reales, con actividades reales. No es un lugar de grandes potencias y por eso nos gustaría ser reconocidos como un festival no obvio?, apuntó el director de La Fábrica. Por su parte, María Palacios, la directora de esta primera edición de Eñe América, explicó que la idea era llevar ?a la acción? el contenido de la revista Eñe con un ?programa intenso, de calidad, potente y atractivo, con nombres conocidos y otros no, heterogéneo y para un público amplio, con la idea de romper la barrera escenario- platea?. ?La verdad es que Montevideo acogió el proyecto de la mejor manera y todo el mundo está interesado en este encuentro en torno a la palabra, donde la gente podrá conversar con los autores y que ese sea el mejor plan para hacer en la ciudad mientras dure el encuentro?, afirmó Palacios.

Vamos todos, y yo el primero, por la senda del trabajoso ocio estival, así que les dejo en paz durante este mes de agosto. Sin embargo, me gustará ver colgada durante treinta días la carta del ilustrado alemán J.G. von Herder que me ha enviado el poeta Juan Barja para consolarme de la monomanía catalana. Espero que les guste y aprecien el tipo de monstruo sobre el que algunos hemos estado alertando durante años, con la agradable consecuencia de recibir palizas por todas partes. Ahora ya es tarde. El monstruo lo controla todo.
Los secesionistas catalanes decían que Aznar fue quien más independentistas creaba con su intransigencia, pero como ya suponíamos los que trabajamos en Cataluña, el que más independentistas ha generado ha sido Zapatero con su insensatez. Fue contundente opinión de Carlo Cipolla que entre la maldad y la estupidez hay que elegir siempre la maldad; es menos dañina.
Esta es la carta:
Por desgracia, sabemos que en el mundo pocas cosas hay más contagiosas que la locura. Debemos investigar la verdad laboriosamente y mediante razones, pero aceptamos la locura sin apenas percatarnos y sólo por imitación o por efecto de la sociabilidad cuando convivimos con un loco y participamos de buena fe en la parte cuerda de sus ideas.
La locura se contagia igual que el bostezo, de la misma manera que los rasgos físicos o los estados de ánimo pasan de unos a otros, como una cuerda responde y corresponde a otra armónicamente. Si añadimos a esto el cuidadoso esfuerzo que lleva a cabo el loco para confiarnos sus opiniones predilectas como si se tratara de un tesoro, y si encima el loco sabe comportarse educadamente, ¿quién no compartirá con toda inocencia la locura de un amigo simplemente por complacerle y luego aceptará y transmitirá a otros esa creencia?
Los seres humanos vivimos unidos gracias a nuestra buena fe y gracias a ella hemos aprendido, si no todo lo que sabemos, sí lo más provechoso. Además, ¿no suele decirse que los locos no mienten? La locura, en tanto que es locura, necesita participar en sociedad, la locura se crece en sociedad dado que en sí misma no tiene ni base ni certeza. Para alcanzar sus propósitos se sirve hasta de la peor de las sociedades.
La locura nacional es todavía más terrible. Lo que ha echado raíces en una nación, lo que un pueblo aprecia y reconoce, ¿cómo no va a ser verdadero? ¿Quién podría dudarlo? El lenguaje, las leyes, la educación, la manera cotidiana de vivir, todo lo consolida e insiste en lo mismo. Aquel que no comparta la locura nacional es un idiota, un enemigo, un hereje, un extranjero. Si además, como suele suceder, esa locura es cómoda o beneficiosa para grupos sociales concretos, muy especialmente los más distinguidos, o incluso beneficiosa para todos (según suele decir la locura misma), si la han cantado los poetas y la han publicado los filósofos, y, en fin, si la opinión popular proclama que justamente esa locura es la gloria total de la nación, ¿quién les llevaría la contraria? ¿Quién no optaría, aunque sólo fuera por cortesía, a sumarse a ella?
Incluso las dudas que podría provocar una locura contraria no hacen sino consolidar la ya aceptada pues los caracteres de los pueblos, las sectas, los estamentos y las gentes chocan unos con otros y por eso las personas buscan un acuerdo común. De este modo la locura se convierte en el auténtico escudo nacional, así como en blasón estamental o estandarte gremial, según los casos.
En verdad que es terrible cómo se aferra la locura a las palabras tan pronto como queda impresa en ellas con toda su fuerza. Un reputado jurista llegó a decir que hay un conjunto de imágenes dañinas unido a la palabra «sangre»: «limpieza de sangre», «justicia de sangre», «sed de sangre»... A las palabras «herencia», "posesión", «propiedad» les sucede lo mismo. Palabras y signos que no tenían en sí ningún significado fueron adoptados por los partidos políticos y con una locura contagiosa trastornaron mentes, destruyeron amistades y familias, asesinaron personas y arrasaron países y naciones. La historia está llena de esos nombres demoníacos y podríamos escribir con ellos un diccionario de la locura que daría cuenta de los más veloces cambios y los más drásticos contrastes.
(De la recopilación de cartas herderianas Briefe zur Beförderung der Humanität 1794, 4ª parte, carta 46. Ésta carta fue seleccionada por Walter Benjamin y Willy Haas para su inclusión en una antología de textos de la ilustración y el romanticismo que se publicó en Die Literarische Welt en su número de mayo de 1932, como advertencia ante las amenazas del nacionalismo y el fascismo.)

Desde que fue creada, la Comisión ha logrado que sean destituidos más de dos mil funcionarios del poder judicial, del Ministerio Público y de la Policía Nacional Civil: desde el mes de agosto del año pasado, la cúpula policial ha sido destituida dos veces, por vínculos comprobados con los narcotraficantes. Y desde que comenzó su mandato, el presidente Álvaro Colom ha tenido que cambiar cinco veces a su Ministro de Gobernación, por causas que no son ajenas a la corrupción.
Carlos Castresana, Fiscal del Tribunal Supremo de España, nombrado por el Secretario General de las Naciones Unidas como jefe de la comisión, empezó a funcionar en el 2007 a la cabeza de un equipo de juristas y expertos investigadores de distintas nacionalidades, y fue dotado de los recursos técnicos suficientes para hacer su trabajo, incluida la intervención legal de las llamadas telefónicas. Una especie de superhéroe, aparentemente colocado más allá del alcance de las manos sucias de los que se disputan el control de la justicia, en busca de establecer la impunidad como ley suprema.
Y porque gozaba de ese prestigio de independencia supranacional, es que pudo hacer valer, sin que nadie los discutiera, los resultados de una investigación que resolvió uno de los casos criminales más extraños de que nadie tengan memoria.

Homenaje a Onetti en Montevideo En unas horas estaré volando a Montevideo para participar del Primer Festival Ñ, organizado por la revista Ñ de España. Como siempre, será una buena oportunidad para encontrarme con amigos, escuchar autores que admiro muchísimo (en esta ocasión especialmente me interesa conocer a Ricardo Piglia), conversar de literatura (mi mesa redonda, con Gabriel Peveroni de Uruguay y Mercedes Cebrián de España, será sobre las influencias literarias de nuestra literatura) y, muy en especial, visitar librerías que, me dicen, son un paraíso en Montevideo. La verdad es que me hace mucha ilusión pasear por Montevideo. Siempre quise conocerla (aunque mi imagen de ella está teñida por las desoladas Montevideanas de Benedetti y la tristeza de El Pozo de Onetti) y finalmente se cumplió. Espero poder postear desde allá y colgar algunas fotos. Les dejo el comentario sobre el evento:
Más de un centenar de escritores, músicos, cineastas y dramaturgos se darán cita en Montevideo desde mañana y hasta el sábado en el Festival Eñe que celebrará la lengua castellana y promete convertirse en el evento literario del año en Uruguay. Mesas redondas, talleres, conciertos, exposiciones, firmas de libros, cine y teatro integran el menú de la cita que muda temporalmente de locación a Latinoamérica tras el Primer Festival que se realizó en Madrid el año pasado. Escritores españoles como Agustín Fernández Mallo, Lorenzo Silva; los argentinos Ricardo Piglia, Leila Guerriero, Martín Caparrós y Rodolfo Fogwill, además del boliviano Edmundo Paz Soldán, el peruano Iván Thays y el chileno Pablo Meneses son algunos de los literatos que compartirán con el público la pasión por la palabra escrita. El programa incluye mañana la proyección del filme uruguayo ?El viaje hacia el mar?, al tiempo que se podrá ver un avance del documental ?Jamás leí a Onetti?, de Pablo Dotta y que cuenta con un testimonio del escritor Eduardo Galeano. ?Será una celebración de la literatura en lengua castellana, una fiesta fundamentalmente pensada para los lectores?, explicó Hortensia Campanella, directora del Centro Cultural de España en Montevideo y una de las sedes donde se desarrollará el Festival.

El antiprogre es aquel hombre de principios de Groucho Marx que siempre tenía otros cuando no convenían los que mostraba en primer lugar.
Ser antiprogre es una forma de arrepentimiento. También de disimulación. Todavía cuela mejor el antiprogresismo que el reaccionarismo a secas.

El humo se me pega en el pelo, en la ropa y durante toda la noche llevaré olor a tabaco, aunque soy de esos adultos cubanos que nunca han fumado. El hombre de la mesa de al lado ha consumido caja y media de Hollywood en el breve tiempo que lleva aquí y usa una lata de cerveza vacía como cenicero. En la pared, una señal muestra un cigarro atravesado por una línea roja y el fondo blanco del cartel está manchado de nicotina. No hay remedio, soy una fumadora pasiva aunque desde 2005 en mi país se aprobó un decreto que debería protegerme los pulmones. Pasé indemne de esa primera ?cachada? de complicidad que los muchachos prueban -para demostrar cuánto han crecido- mientras están sentados en círculo. Sin embargo, el 32% de mis compatriotas se quedó enganchado a esa travesura juvenil y hoy gasta una buena parte de sus recursos personales en adquirir Criollos, Populares o H. Upmann. Se trata de una de las cifras más altas de la región, quizás equiparable con los elevados niveles de alcoholismo, estos últimos no declarados oficialmente. Aunque la mitad de los hogares de la Isla están expuestos al humo, en nuestra casa somos un ex fumador, un adolescente que no parece estar interesado todavía y esta servidora que le sumergía las cajetillas en agua a su padre para disuadirlo de dejar el vicio. La resolución para resguardar a los que no fumamos es estricta y sumamente moderna, pero en la práctica apenas si llegó a funcionar un par de semanas. No conozco a nadie que haya sido multado por infringir la norma antitabaco en un lugar público o en el transporte urbano y cerca de las escuelas primarias y secundarias se siguen vendiendo diferentes marcas de cigarros. No obstante mi abstinencia, hace un par de meses me diagnosticaron un enfisema pulmonar y el médico me hizo un guiño mientras decía ?¿Fumas, verdad??. Tuve deseos de comprarme una docena del más fuerte de los tabacos, darme bocanadas prolongadas y lanzar el humo sobre el papel mojado de una ley que no se cumple, sobre quienes han hecho de estas regulaciones simple letra muerta. Pero no sé, presiento que si lo hiciera recibiría una de las pocas multas que se han emitido en estos cinco años
