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Norma abandona el barco

Ignacio Padilla, el último premiado Hace poco anunciábamos el premio La Otra Orilla al mexicano Ignacio Padilla, con sus 100 mil dólares más. Pero un anuncio más grave, más definitivo y triste, iba por detrás. Ahora se anuncia que la editorial Norma cerrará sus series Ficción y No Ficción (hace unos años clausuró la edición de poesía) y se dedicará a los textos escolares y los libros para jóvenes y niños. El final de una editorial que, hace un par de décadas, llegó a publicar libros absolutamente indispensables en castellano y en traducciones. Y que hasta hace poco parecía dispuesta a dar batalla (algunos adelantos millonarios así lo hacían prever). Una verdadera lástima. Dice la nota:

En un comunicado de prensa emitido por el grupo, se anuncia la decisión de no seguir invirtiendo en las líneas del negocio que permanezcan por fuera del mercado educativo, viéndose afectados los libros que hacen parte de las ramas de Ficción y No Ficción (donde se concentran sus productos literarios más importantes), así como las áreas de autoayuda y los Verticales de bolsillo. La editorial, que continuará publicando literatura infantil bajo las colecciones ?Torre de papel?, ?Zona libre? y ?Buenas Noches?, así como libros de gerencia, comentó también que los libros actualmente publicados en las ramas afectadas se venderán hasta diciembre de 2012. Estos cambios se dan en el contexto global de la reestructuración del grupo Carvajal de Colombia, y en medio del cambio de la denominación legal de la editorial (anteriormente conocida como Grupo Editorial Norma) a Carvajal Educación. En el mismo comunicado la presidente del grupo, Gladys Helena Regalado Santamaría, afirma que la editorial buscará desde ahora ?convertirse en la compañía latinoamerica a que ofrece el portafolio más completo de productos y servicios para atender a todos los actores del sector educativo?. El grupo editorial  Norma entregó el 19 de Agosto pasado el premio La Otra Orilla al Mexicano Antonio Padilla por un valor de 100.000 dólares. El premio se publicará y la obra ganadora se distribuirá y estará en circulación hasta diciembre de 2012.

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7 de septiembre de 2011
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Un tsunami llamado Bibi

Aseguran quienes han vivido un tsunami que poco antes de que el mar se levante se produce un extraño silencio, fruto del silencio de los pájaros que ya han huido del escenario de la catástrofe inminente. No es el caso del tsunami diplomático que va a sufrir Israel este mes de septiembre, según anunció de forma muy temprana su ministro de Defensa, Ehud Barak, hace casi medio año. Cuando quedan apenas quince días para la fecha en que se prevé el golpe de mar se multiplican los signos de su llegada, dentro de Israel, en los territorios ocupados, en sus fronteras y en la escena internacional.

En las calles de las ciudades israelíes se movilizan sus indignados, ajenos al conflicto palestino pero disconformes con un Estado que dedica mucho a la ocupación de Cisjordania y la seguridad y cada vez menos al bienestar y a la solidaridad. En Cisjordania los colonos se arman y preparan con la ayuda del ejército para la eventualidad de una tercera Intifada, que sus enemigos palestinos desean pacífica pero ellos ven como el episodio central de una guerra de civilizaciones. En la frontera con Egipto crece la inseguridad y se producen atentados e incidentes armados por primera vez desde los acuerdos de paz de 1979, hasta situar las relaciones entre ambos países al borde de la retirada de embajadores. En el ancho mundo se tensan las relaciones con antiguos aliados como Turquía, que rebaja las relaciones comerciales, expulsa diplomáticos y anuncia mayor vigilancia marítima en las proximidades de la costa israelí, mientras sigue tejiéndose cada vez más espesa la coalición internacional en favor del reconocimiento de Palestina como miembro de Naciones Unidas. El tsunami anunciado por Barak llegará con la votación en Nueva York, en la Asamblea General de la ONU, en la que se prevé que como mínimo 140 estados apoyen el reconocimiento de Palestina, que marcará el punto más bajo en la historia diplomática de Israel. Es evidente que su advertencia sobre "la parálisis, la retórica y la inacción (que) profundizarán el aislamiento de Israel" ha caído en caso roto. Nada de lo que ha hecho el gobierno al que pertenece Barak y que encabeza Benjamin Netanyahu, ha servido para mejorar la posición de Israel en la escena internacional, al contrario. El estallido de la primavera árabe aportó una bocanada de aire fresco que Netanyahu no quiso aprovechar: nadie quemaba banderas israelíes en las calles árabes donde se desarrollaban las protestas, algo que está cambiando ahora a toda velocidad, con la aparición de unas opiniones públicas democráticas que se expresan con la libertad y la desenvoltura que las dictaduras constreñían. Israel no aprovechó las tres décadas transcurridas desde los acuerdos de Camp David con Egipto y las casi dos desde la Conferencia de Madrid y los posteriores Acuerdos de Oslo para resolver el conflicto con los palestinos. Tampoco ha aprovechado la llegada de Obama a la Casa Blanca y su apertura hacia el mundo árabe y musulmán. Y menos aún estos meses de revueltas árabes, en los que ha quedado claro que los ciudadanos de estos países no se conforman pasivamente a ser gobernados por unos dictadores ladrones y corruptos, aliados de Washington y de Israel, que aseguraban la estabilidad y la seguridad de la zona y utilizaban el conflicto palestino como válvula de escape. Si hasta ahora se pudo hacer la paz con los autócratas, ahora hay que hacerla con las sociedades, sus ciudadanos, algo mucho más difícil y exigente en explicaciones y capacidad de convicción. Barak advirtió sobre el peligro del tsunami porque creía que todavía podía evitarse. La fórmula no sería muy distinta de la que estuvo a punto de alumbrar con Arafat y Clinton en 2000, cuando era primer ministro. Los dos Estados, las fronteras de 1967 y Jerusalén como doble capital israelí y palestina. No lo ve así Netanyahu, que quiere seguir ganando tiempo, aun a costa de un mayor aislamiento e incluso de un nuevo y virulento conflicto, sin moverse de sus posiciones ni paralizar la construcción de colonias sobre territorio palestino. El eslogan que quiere imponer ante la votación en Naciones Unidas es que la petición de reconocimiento de Palestina es una decisión unilateral que deslegitima a Israel. La Autoridad Palestina asegura, en cambio, que es el nuevo camino para sentarse a negociar seriamente, ya de igual a igual, la fórmula de los dos Estados en paz. El tsunami va a debilitar a Obama, obligado a utilizar el derecho de veto, y a los europeos, que se dividirán ante el voto en Naciones Unidas. Antes del tsunami, Israel ya ha perdido aliados y amigos por todos lados, incluyendo el bando palestino, donde es imposible que encuentre un socio mejor que Mahmud Abbas. Lo único que puede evitarlo es regresar a la negociación. Y lo único que puede reparar sus efectos, también es el regreso a las conversaciones de paz. Pero ambas cosas son imposibles con este primer ministro al frente de Israel. Bibi Netanyahu es el nombre que tiene este tsunami.

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7 de septiembre de 2011
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El derecho a interrogarse

Esta tribuna tiene, desde sus inicios, un objetivo primordial: contribuir a la democratización de las interrogaciones filosóficas, o por mejor decir, contribuir a que el ciudadano se reconcilie con las mismas, las reivindique como propias, sienta que algo esencial de sí mismo se juega en ellas, y denuncie las tentativas para apartarle, denuncie lo falaz de la tesis según la cual, la filosofía, la ciencia, el arte y en general la vida espiritual sería cosa de minorías.

Se halla logrado o no convencer a alguien de lo razonable del objetivo, en los meses venideros, siempre naturalmente que el responsable de este foro no me retire la confianza, seguiré empecinado en ello, y quizás de manera más sistemática que en meses precedentes.

Empezaré por señalar un hecho tan lamentable como generalizado: el planteamiento ingenuo de interrogaciones está mal considerado por el mundo cultural y desde luego por el académico. Se ha instalado subrepticiamente la idea de que para tener derecho a avanzar  alguna de las interrogaciones que ocupan a filósofos,  científicos, o  ambos, hay ya de entrada que estar bien informado. Más que una persona tensada por lo desconocido e inquieta sobre su ser y su entorno, se exige de entrada ser una persona culta y hasta una persona erudita. Esto alcanza, como veremos, al mundo académico: un especialista en genética, por ejemplo,  no sólo se siente incompetente para emitir una opinión sobre algún interrogante de interés  general pero  técnicamente objeto de la  física, sino para formular el interrogante mismo, siendo obviamente cierta la recíproca, el temor a meter la pata del físico tratándose de uno de los abismos filosóficos a los que conduce la genética.

Se diría que la información ha de preceder a la interrogación...incluso tratándose de las interrogaciones universales, cuya temática concierne a todos y cada uno de los humanos (otra cosa es que se hayan visto forzados a repudiar de sus vidas tales interrogantes). Ante este estado de cosas, se impone tomar posición:

Cabe eventualmente sentirse abrumado por la complejidad de los instrumentos con los que  especialistas  de una u otra materia (también curiosamente los filósofos, que no son especialistas de materia alguna, aunque deban alimentarse de muchas) abordan ciertos problemas cuyo origen es sin embargo muy elemental, pero no hay en absoluto que sentirse abrumado ante la cuestión misma, que no sólo todo el mundo está en condiciones  potenciales de abordar, sino que probablemente ya  ha abordado alguna vez. La formulación de una interrogación cabalmente filosófica nunca puede ser sofisticada en los términos. Ejemplo:

 ¿Hay o no hay una realidad física exterior, que seguirá tras mi eventual desaparición y la desaparición de todos los demás humanos, cuya percepción de esa realidad coincide  aparentemente  con la mía? Los instrumentos para responder en uno u otro sentido a esta pregunta cubren hoy miles y miles de páginas de sesudas revistas filosóficas o científicas  y han sido esgrimidos como armas por algunos de los pensadores más importantes del siglo veinte...pero la pregunta sigue siendo sencillísima y todo el mundo es susceptible de sentirse interpelado por la misma,  hasta el punto quizás de que, si su vida material y social se lo permitiera, acuciado por tal interrogación, empezaría a ahondar en los escritos eruditos, y se dotaría de los argumentos  para entenderlos. Disposición de espíritu por la cual la erudición misma alcanzaría un sentido, pues se mostraría como instrumento para lo que realmente importa y no como fin en sí. Reitero la tesis, clave en estas reflexiones: la información es no sólo válida, sino imprescindible cuando constituye un  arma para abordar un objetivo esencial; pero disponer de información por el hecho de estar informado (como sí el espíritu humano fuera esa tabula rasa, en sí vacía de contenido,  a la que se refiere criticamente Steven Pinker) no tiene más interés que el que tiene para un saco estar lleno de patatas o de piedras. Múltiples veces en este mismo foro he recordado la tesis platónica de que la educación ha de fertilizar las facultades del espíritu y no sustituirse a ellos.

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7 de septiembre de 2011
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Ante la próxima guerra carlista

Cada vez que a alguien se le ocurre decir que en Cataluña se habla el español por lo menos tanto como cualquier otra lengua, el establecimiento acomodado de aquella comunidad se ajusta la faja y corre a por el trabuco. ¿Es por ignorancia? ¿Por fanatismo? No, qué va, es porque la realidad siempre ha sido el peor enemigo de Cataluña.

    En todos los lugares más o menos normales la gente habla la lengua del que manda, además de la otra. El inglés de la India, de Kenya, de las islas caribeñas, herencia del colonizador, ha dado alguno de los mejores narradores de nuestro tiempo y muy buenos negocios. Los colonizados no eran tontos y sabían que la lengua del que manda es la que da dinero y expansión. De hecho, sigue dando dinero y expansión.

    En Cataluña, sin embargo, no está claro quién manda y de ahí la caótica sociedad que ha emergido en los últimos decenios desde que Pujol y Maragall decidieron sintetizar nacionalismo y socialismo diluyendo la izquierda en la derecha. Siempre que la nación está por encima de la sociedad se impone un orden para-fascista, o sea, irreal. Hace poco me enviaron un discurso que el jefe de los socialistas catalanes, Obiols, pronunció en 1994. Acusaba a Pujol de obligar a los hijos de los obreros a arrodillarse lingüísticamente ante los patronos catalanes. ¡Vaya cambio! Todo se transformó cuando Zapatero y el primer tripartito dieron un golpe de estado contra la Constitución que ha pasado sin pena ni gloria.

A partir de aquel momento allí nadie sabe quién manda. O mejor dicho, hay dos amos para una sociedad bipolar. Uno de los amos obliga a los niños a hablar la lengua del poder y los padres de los niños se resignan porque ya les gustaría que sus hijos fueran funcionarios. El otro amo parece que no exista, pero está fantasmalmente presente y se llama España. Cada año convoca oposiciones en lugares tan exóticos como Sevilla u Orense. Todo el esfuerzo del amo catalán consiste en que nadie se dé por enterado. Para el amo catalán sólo existen las oposiciones catalanas y el Barcelona CF. Lo demás es mero enemigo extranjero, sucio invasor, y tienes que odiarlo si quieres recibir alguna subvención. Evidentemente la gente con recursos, como el presidente Montilla, envía a sus hijos a colegios alemanes o americanos y se cuida mucho de caer en la encerrona de los pobres. En cuanto a los empresarios, con el inglés van que arden.

    Este divertido entretenimiento en el cual dos marionetas se pegan con un palo en un escenario irreal da mucha risa, pero es catastrófico. El retroceso de la comunidad catalana en todos los órdenes es portentoso, pero nunca jamás nadie lo expondrá en cifras y si lo hiciera sería lapidado por los medios catalanes, todos ellos siervos del amo catalán. La escisión en sectores cada vez más enfrentados está sumamente soterrada y silenciada, pero sigue zapando la trinchera.

    Hay sin embargo algo que puede simplificar la situación. A medida que se ahonda la ruina económica, menos importancia tiene el teatrito de los dos amos, lo cual se traduce en una separación cada vez mayor entre los de la soberanía y la gente que aún trabaja. Bien es verdad que todo puede terminar como el rosario de la aurora si a cualquier subvencionado le da por disparar el trabuco, pero lo más probable es que al carecer de dinero con que pagar el servicio y la munición, el secesionismo aparque momentáneamente la tercera guerra carlista. ¿O es la cuarta?

    Si se ve incapaz de mantener sentada a la clientela del teatrito, el amo catalán puede preferir el trabuco, pero es más probable que por una vez se vea obligado a aceptar el mundo real. La clientela del teatrito es ya muy escasa: el Estatut lo votó un 30% de la población catalana. Aunque también es cierto que los poderosos suelen tener suficiente con sus mutuas presencias y pendencias, como las grandes damas en los bailes de capitanía. Eso sí, con los del trabuco a la puerta vigilando la entrada.

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7 de septiembre de 2011
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III. Un cepillo de dientes con mango de oro

En uno de los infinitos cuartos de baño revestidos de mármol de la mansión abandonada de Al Saadi, cuyas almenas miran al mar Mediterráneo, un muchacho de la calle, que ha entrado en el tropel, se apropia de un cepillo de dientes con mango de oro. No se sabe bien si el cepillo pertenecía al dueño de la mansión, o a Dina, su perra doberman, que disfrutaba de su propia suite, y de su propio cuarto de baño, y solía comer filet mignon, su plato preferido. Un criado se encargaba de lavarle los colmillos tras cada banquete.

            Otro se lleva como trofeo media docena de jeans Diesel, la marca preferida del futbolista fracasado. En un estacionamiento subterráneo hay media docena de vehículos, un Laborghini, un Hummer, un BMW, un Audi, un Mercedes, un Ferrari. Y, por supuesto, en los predios de la mansión, una cancha de futbol profesional, con grama artificial y torres de iluminación. Según las historias que corren, Al Saadi pagó una vez a Maradona un millón de dólares para que lo entrenara. De muy poco le sirvió.

            También ha entrado el pueblo a la mansión de Aisha el Gadafi, abogada de profesión, y a quien se recuerda por haber sido parte del bufete de abogados que se encargó de la defensa de Sadam Hussein. Presidía también en Libia una organización de caridad, para ayudar a los beduinos pobres y a los menesterosos de las calles. Madre amorosa, sólo el pabellón de juegos de sus niños era un verdadero parque de atracciones, y en una sala adyacente había una biblioteca infantil con cerca de dos mil volúmenes. Si a su hermano Al Saadi le gustaban los jeans Diesel, las preferencias de Aisha iban por las chaquetas de cuero Dolce & Gabbana, de las que tenía una amplia colección en sus closets.

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7 de septiembre de 2011
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El miedo como concepción del mundo

Se ha instalado entre nosotros. Basta con ver los titulares de los periódicos entre agosto y septiembre. El miedo se ha convertido en una política y una ideología. Una concepción del mundo, una Weltanschauung, según la frase del general Hammerstein que un escritor de enorme talento ha recuperado para la posteridad.

Después del miedo llega la estampida. Sálvese quien pueda. Cada uno a lo suyo, aun a costa de aplastar al vecino. Cuando el miedo se convierte en política y en ideología estamos a un paso del pánico y del caos. No se puede gobernar por el miedo. No se puede atajar la crisis por el miedo. Nada se consigue por el miedo sino más miedo. La frase de Hammerstein es de la misma época en que el presidente Roosevelt expresó su único temor: al miedo mismo. Crisis económica, ascenso de los populismos, retraimiento nacionalista, y el totalitarismo al acecho ahora, y en plena expansión entonces. Miedo al desempleo, miedo a la ruina, miedo al extraño, miedo al regreso a la miseria, miedo a la pérdida de la propia identidad: las políticas del miedo tienen un amplio y peligroso registro de teclas sobre las que pulsar, algunas bien auténticas y tangibles y otras producto del miedo mismo. Muchos son las que las pulsan con gusto y no pocos beneficios inmediatos, electorales sobre todo, y pocos quienes combaten y neutralizan a estos fúnebres concertistas que acompañan a todas las crisis. (?Hammerstein o el tesón?, de Hans Magnus Enzensberger, arranca con la frase ?el miedo no es una concepción del mundo? como lema. El general, que pudo impedir mediante un golpe de Estado el nombramiento legal de Hitler como canciller, fue uno de los pocos militares alemanes y prusianos que nada tuvo que ver con el nazismo. Con el miedo instalado en toda Europa, Hammerstein resistió con honor.)

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6 de septiembre de 2011
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De Semprún a ‘Inside Job’

Vi la película ‘Inside Job' la misma tarde en que se anunció la muerte de Jorge Semprún, un intelectual cuya elevada talla humana ha sido para mí mayor que la valía de su obra escrita. En el cine, Semprún, que tuvo siempre, hasta en la vejez, físico y maneras de galán, trabajó de guionista con algunos excelentes cineastas, haciendo, a lo largo de un poco más de una década (entre 1966 y 1978), películas políticas muy europeas, y no sólo de tema. Fueron títulos, sobre todo el primero en que colaboró con Resnais, ‘La guerra ha terminado' (1966), y los dos primeros escritos para Costa-Gavras, ‘Z' (1969) y ‘La confesión' (1970), de gran relevancia moral, innovadores en su alegato, pero, a mi juicio, de no muy distinguida calidad cinematográfica. Incluso trabajando para un extraordinario director como Joseph Losey, en ‘Las rutas del sur' (1978), el denso tejido ideológico que Semprún aportaba a temas candentes iba en detrimento del armazón narrativo de las historias contadas, que aspiraban a ser alegorías de la resistencia al franquismo y sus desilusiones (‘La guerra ha terminado' y ‘Las rutas del sur') o denuncia, en su momento osada e intempestiva, de los posos estalinistas del comunismo centroeuropeo (‘La confesión'). En ninguna de ellas el núcleo histórico del compromiso y el marco ficticio cristalizaban en algo similar a ‘Salvatore Giuliano', la obra maestra de de Francesco Rosi que en 1962 se adelantó al formato del documental manipulado por la invención que ahora está tan en boga. Las limitaciones discursivas del guionista Semprún en la trilogía valientemente ‘revisionista' que interpretó Yves Montand para Resnais, Losey y Costa-Gavras se advierten comparando esas películas con las que posteriormente hizo Costa-Gavras trabajando con guionistas de menos categoría intelectual pero más sabiduría dramática, logrando esas dos extraordinarias muestras del cine de memoria política que fueron ‘Missing' (1982) y ‘La caja de música' (1989).

     Ahora bien, estamos hablando y poniéndole peros al cine político realizado cuando el cine tenía más rango y más ambición, y las grandes construcciones historicistas cobraban fuerza en relatos de un magistral empuje romántico, los mejores de ellos dirigidos, por alguna razón inexplicable (¿o lo explicaría la tradición operística?) por cineastas italianos, y sobre todo por dos, cada uno a su modo discípulo de Visconti: Bertolucci (con ‘Antes de la revolución', ‘El conformista' o ‘Novecento') y Gianni Amelio con ‘Lamerica'. Frente a ellas, las películas que ahora nos conmueven, o al menos nos mueven a ir a los cines, que ya es mucho, son de otra estirpe, acorde con los tiempos. Películas que extienden vigorosamente el clásico cine bélico de Fuller o Anthony Mann, añadiéndole una noción política más nítida, e incluso más crítica, por ejemplo en la estupenda ‘The Hurt Locker' (‘En tierra hostil') de Kathryn Bigelow, o en los numerosos documentales y pseudo-documentales que suelen venir con frecuencia de la franja ‘indie' norteamericana: los divertidos panfletos de Michael Moore, la juiciosa ‘Una verdad incómoda' de Al Gore, la más bien indigesta empanada mental sobre Guantánamo del británico Michael Winterbottom, y ahora la interesantísima ‘Inside Job' de Charles Ferguson.

       El éxito mundial de ‘Inside Job' reconforta mucho y despierta a la vez una nostalgia de los lenguajes fuertes en el arte. Apasionante de ver, inquisitiva sin trampas, muy bien argumentada, ‘Inside Job' no pasa de ser en su planteamiento un buen programa de formato televisivo cuyo gran mérito es su valor cívico y su oportuna salida pública en medio de la crisis bancario-político-gubernamental que recorre, como un fantasma forrado de billetes ilícitos, el mundo. Es también, y eso constituye para mí su principal virtud, una película demoledora en su pesimismo, pues sabe presentar y elaborar de modo irrebatible no ya lo que presentíamos o temíamos sino lo que nos espera irremediablemente: una sociedad global mandada por los mismos amos en la sombra que engañaron, robaron y salieron indemnes, y ahora, con otros gobiernos más progresistas como el de Obama en los Estados Unidos, siguen manteniéndolos como quinta columna empotrada en las fuerzas de salvación de la macro-economía. La película, y es sólo un ejemplo, desmonta de modo palmario los sucios manejos extorsionistas de las agencias de calificación financiera, esas hoy célebres Moody´s, Fitch y Standard & Poor´s cuyos nombres no nos ha quedado más remedio que aprender, y a la vez confirma que nuestro futuro depende de ellos, pues siguen dictando a los ‘zapateros', ‘sócrates' y ‘papandreus' de la tierra lo que tienen que hacer en sus mercados interiores.

      La gran pegada de una película algo árida y a veces fea, por el abuso del gráfico y la estadística en la pantalla, es su sutil pero contundente maniqueísmo, nada chusco en comparación con el invasivo y narcisista estilo de Michael Moore. ‘Inside Job' es un western de las altas finanzas, y su acierto está en introducir, plasmando un asunto tan poco figurativo, malos y buenos, emboscadas y duelos a muerte, e incluso, en una de las entrevistas más agradecidas, una ‘madame' opulenta al frente de un ‘saloon' de chicas seguramente tan rubias como ella y  atendiendo a diez mil clientes, de los que la mitad, ella misma lo afirma ante la cámara, son los cuatreros de Wall Street. Como pasa en el cine de género, también en ‘Inside Job' resultan más atractivos los malvados, en especial esa lumbrera académica y consejero de Bush llamado Glenn Hubbard, frío y calculador hasta el último momento, quizá por saber que a él nunca le llegará la hora del ‘sheriff'. Ferguson termina su documental sobrevolando la Estatua de la Libertad y lanzando un mensaje que quiere ser de esperanza. Los espectadores sabemos, sin embargo, que en esta película del oeste no oiremos al final el toque de corneta de la caballería yanki, que viene a rescatarnos.

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6 de septiembre de 2011
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Sacrificio ritual

Cuanto mayor el dolor, mayor el valor. No es lo que se pierde con el sacrificio lo que importa, si no el efecto de esta pérdida: el dolor. Sin dolor, de nada vale el sacrificio.

Quien creía que la crisis debían pagarla todos por igual ahora estará obligado a hacérsela pagar a los más menesterosos, y encima a defenderlo luego en nombre del bien común, la estabilidad presupuestaria. Quien consideraba el consenso como método supremo y clave de arco de la democracia ahora se verá obligado a romperlo. Quien se mostraba dispuesto a gobernar responsablemente y en solitario hasta el último momento se verá forzado ahora a entregar las riendas al adversario antes incluso de que este venza en las elecciones. Quien quería avanzar en la nueva generación de derechos ciudadanos estará obligado ahora a retroceder mediante el recorte de viejos derechos que se daban falsamente por adquiridos y consolidados. Quien hacía gala de la renovación de la democracia para hacerla más deliberativa y más participativa, deberá ahora tomar las decisiones sin consulta y por acuerdo casi secretos entre las cúpulas partidarias. Quien lucía de la España plural deberá prescindir ahora de todos los que expresaban esta pluralidad, en nombre del bien común que es la estabilidad presupuestaria, que exige el súbito acuerdo patriótico entre los dos grandes partidos españoles. Nada duele más que entregar algo personal e íntimo. Las propias ideas, el poder que todavía se preserva, o incluso la buena imagen que uno tiene de sí mismo. Un sacrificio en el que se entrega el ideario, el gobierno y la posteridad es lo máximo que se le puede pedir a un político. Es lo más próximo al suicidio político. Pero esto es lo que exige este Baal cruel que ahora rige el curso de la historia. Y a pesar de tanto sacrificio, de tanto dolor, ni siquiera es seguro que baste para aplacar su ira.

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5 de septiembre de 2011
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Un nuevo mundo portátil

 

nuevo mundo

Comienza una nueva historia. O, más bien, varias historias. Acepté la invitación a sumarme a El Boomeran(g) con una idea clara: usar esta plataforma para hablar de libros, de medios, de autores y, especialmente, de nuevas voces del periodismo narrativo en español. Esta no será la bitácora del día a día de una sola persona (para eso ya hay suficientes blogs, en este mismo sitio hay varios ejemplos muy buenos). El propósito es que funcione como un observatorio, como una cámara que enfoque desde distintos puntos, literalmente.

Hace 9 años tuve mi primer blog. Eran mis comienzos haciendo periodismo portátil, es decir, viajaba escribiendo historias para sobrevivir. He tenido blogs en España, Perú, México y Chile. Hace 3 años publiqué en Buenos Aires el libro "Crónicas Argentinas", un libro que reunía buena parte de mi trabajo en otro blog que tuve largo tiempo, en el diario Clarín de Argentina. Lo que comienza ahora es diferente.

Hay quienes aseguran que el blog está muerto. Que su formato se tornó aburrido, predecible y rutinario frente a las redes sociales. Que ya no conecta. Discusiones técnicas, casi administrativas, que siempre olvidan lo más importante de cualquier medio: el contenido. En este caso, parte de esa carne vendrá de la Escuela Móvil de Periodismo Portátil, un proyecto online de crónicas, con nuevos autores conectados desde más de 20 países y 40 ciudades diferentes. ¿El autor como DJ que hace bailar mezclando otras voces? ¿El autor como un recopilador que administra otras miradas? ¿El autor como un maquillador de cadáveres desconocidos? ¿El editor convertido en el último autor?

Trataremos de ir buscando respuestas. Al partir, solamente hay una certeza: no tengo idea a dónde vamos a llegar. Los blogs de eterno autobombo, o los convertidos en plataforma propagandística, o los transformados en trincheras de guerillas de egos, serán de gran ayuda: la idea siempre será escapar de ellos. A cambio, iremos probando. Quizás, para llegar donde mismo, o para no movernos mucho, o para -sería lo mejor- terminar descubriendo lo inesperado: un nuevo mundo portátil.

Es la idea. El que quiera, se suma. No hay cupo para todos. Los insultos también ayudan. Es hora de partir. Buen viaje.  

 

@menesesportatil

 

 

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5 de septiembre de 2011
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Dictaduras irreformables

Ben Ali duró apenas un mes. Mubarak ni siquiera. Las guerrillas del Consejo Nacional de Transición han necesitado medio año para echar a Gadafi. Los tunecinos y los egipcios consiguieron liberarse de sus tiranos sin disparar un tiro. Los libios empezaron pacíficamente, pero enseguida la protesta se convirtió en una insurrección, que recibió la cobertura aérea de una coalición internacional liderada por la OTAN, gracias a una resolución del Consejo de Seguridad.

Ahora le toca a Siria desembarazarse de su tirano, Bachar el Asad. La caída de Gadafi es un estímulo para los sirios y un mensaje de desánimo para los partidarios del régimen. Hay noticia de deserciones entre los militares de conscripción. Puede haberlas también dentro del régimen. El ministro iraní de Exteriores, Ali Akbar Salehi, ha pedido a Asad que atienda las demandas legítimas de su pueblo, y Hassan Nasrallah, el líder del poderoso partido chiita libanés Hezbolá, también quiere que se apresure con las reformas para aplacar las protestas. Las barbas del vecino, ya se sabe. Cada pieza de dominó tiene sus peculiaridades. Túnez no jugaba un papel estratégico, pero dio el empujón inicial. El peso geoestratégico de Egipto es enorme, y por eso su caída dio el mayor impulso a la oleada. Libia tiene petróleo, instrumento de chantaje, de corrupción y de blindaje policial y militar. Siria es doblemente estratégico, por su conexión chiita con Irán y por su guerra fría con Israel, con el radicalismo palestino de por medio. Asad está todavía más blindado que Ben Ali, Mubarak y Gadafi, puesto que su régimen ha hecho ya la sucesión familiar. Estuvo en el punto de mira de Washington en la época del eje del mal y lo superó sin las piruetas y payasadas del líder libio derrocado. Ahora, a pesar de la represión letal contra su población, ha conseguido que las sanciones internacionales lleguen lentamente y en algunos casos todavía no hayan llegado. Cuenta con una diplomacia eficaz, buenos padrinos en Moscú y tentáculos en muchos países, España sin ir más lejos. Todos estos apoyos se van debilitando. Turquía, antaño país aliado, ahora es el que más presiona entre sus vecinos. La idea de que en Damasco se produzca un vacío de poder suscita un mismo y enorme vértigo a los enemigos jurados que son Ahmadineyad y Netanyahu. Una Siria en transición induciría a la revuelta en Irán y situaría en una difícil posición a Israel en sus fintas para evitar la creación del Estado palestino. Asad finge que escucha. ¿Pedían reformas? Ha levantado el estado de emergencia, anunciado varias reformas legislativas incluyendo el reconocimiento del pluripartidismo y decretado tres amnistías. Humo de pajas todo, acompañado de una represión todavía más dura, que demuestra el valor del reformismo en este tipo de regímenes instalados en el crimen.

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4 de septiembre de 2011
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