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IRAK CITY

Por 23 de marzo de 2007 Sin comentarios

Vicente Verdú

Si las agencias internacionales de noticias no fueran norteamericanas hace tiempo que habríamos dejado de saber nada de Irak. Como en tantas otras guerras de esta escala los medios de comunicación no soportan la repetición de la repetición e Irak es el foco de contenidos idénticos día tras día, semana tras semana y mes tras mes. Se conoce de antemano qué pasará mañana, porque las jornadas se copian a sí mismas en una matanza garantizada y regular. Ningún relato de este tipo mantendría la atención de los lectores, de los telespectadores o de los radioescuchas pero, en este caso, continua la tremenda tabarra narrativa, la dosis similar de muertos tras el mismo coche bomba de la entrega anterior y como seguro anticipo de un mismo atentado suicida que hace volar a otras varias decenas de civiles igualmente inocentes.

Ningún escenario de estas características, falto de novedades, enfermo de irresolución, justificaría el gasto de cámaras, corresponsales y servicios  de transmisión. Sólo el culto a los miles de ciudadanos norteamericanos que se juegan la vida allí mantiene el despliegue informativo. Los soldados nacionales constituyen la noticia que da sentido a los informadores nacionales. Todo lo demás se convierte en ritual. No hay propiamente guerra o paz que contar sino alguna baja norteamericana acaso “cuando menos se espera” y un gasto presupuestario que junto a la suma de muertos importa al contribuyente en tiempo preelectoral.  Más allá sobre todo de estas víctimas  que son incomparablemente menos que los del tráfico o los accidentes laborales entre la población estadounidense, la masa de noticias prosigue indefinidamente sin bien ni mal, sin intriga, sin misterio, sin decisión. El fin de la guerra no es fácil de vislumbrar y la retirada de las tropas desvanece la fecha en una inconcreción tras otra. Si los receptores del mundo no nos olvidamos de Irak se debe al persistente envío que realizan los periodistas convertidos en una suerte de funcionarios o cronistas sociales que no tratan tanto de atender a la dura actualidad de Basora o Bagdad como a la de la Oklahoma City, Filadelfia o San Diego, de donde procede el soldado que ese día ha sido fatalmente alcanzado por la explosión. El resto es relleno.

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Vicente Verdú

Vicente Verdú, nació en Elche en 1942 y murió en Madrid en 2018. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y fue miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribía regularmente en el El País, diario en el que ocupó los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003), Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005), No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008), El capitalismo funeral (Anagrama, 2009) y Apocalipsis Now (Península, 2009). Sus libros más reciente son Enseres domésticos (Anagrama, 2014) y Apocalipsis Now (Península, 2012).En sus últimos años se dedicó a la poesía y a la pintura.

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