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El arte

Por 16 de diciembre de 2008 Sin comentarios

Vicente Verdú

Queremos creer (aunque sabemos de nuestra falsa ilusión) que existen dos mercados del arte. Uno en donde el arte adquiere un valor, digamos, riguroso o serio de acuerdo a la importancia de los componentes que reúne el cuadro en sí. Se trataría de analizar el cuadro y asignarle un precio justo, ajustado por un tasador honesto e insigne a partir de factores con fundamento y verdad.
 
Efectivamente su cotización se hallará en relación a su extrañeza, a la época de su realización, a su calidad dentro de la escala del autor y en relación a la de otras obras de toda la posible historia de la pintura pero una vez realizados meticulosamente los diferentes cálculos el precio será una suma equivalente o muy aproximada a lo real. Es decir no a lo imaginable, lo especulativo o lo arbitrario, sino coincidente con la verdad íntima de la obra.
 
Sin embargo, al lado de esta creencia sobre la "verdad" de la cotización se asiste a menudo al espectacular pago de una obra en las subastas no marcado por la indicación de experto alguno -que sólo interviene ritualmente en el "precio de salida"- sino gestado por un extraño fenómeno de carácter transartístico, más allá del valor artístico, que gobierna la invisible mano del especulador, el innominado banco japonés, el fondo de inversión norteamericano, la temible fuerza de los capitales circulantes que soplan sobre el título de la obra y generan activos, títulos negociables que se alejan, cada vez más, de la excelencia misma del lienzo. La obra de arte se comporta así como una potencia secreta de la que se desprende el infinito del valor, el prodigio de su indeterminación y su creación milagrosa, tan milagrosa que las cifras evocan la amenazadora presencia de una poderosísima fuerza acaso capaz de transportar la equivalencia más allá de las equivalencias humanas, capaz de romper la referencia entre la cosa y el dinero para abrirse al resplandor de un espacio insólito donde el dinero y el cuadro, uno y otro quedan abolidos en un efecto delirante donde lo más atractivo es precisamente su gran sinrazón, el anonadante espectáculo de la locura inmaterial que transforma la obra humana en un signo inasible y transustancia el dinero que lo hace explotar en una maniobra diabólica en cuyo centro bulle la orgía o la especulación.

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Vicente Verdú

Vicente Verdú, nació en Elche en 1942 y murió en Madrid en 2018. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y fue miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribía regularmente en el El País, diario en el que ocupó los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003), Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005), No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008), El capitalismo funeral (Anagrama, 2009) y Apocalipsis Now (Península, 2009). Sus libros más reciente son Enseres domésticos (Anagrama, 2014) y Apocalipsis Now (Península, 2012).En sus últimos años se dedicó a la poesía y a la pintura.

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