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¿Se puede sobrevivir a la vergüenza?

Por 3 de febrero de 2010 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Félix de Azúa

Decía Zaratustra que pensar, pensar seriamente, no es algo que exija una gran inteligencia, pero sí un considerable coraje. Nadie vaya a creer que Kant o Wittgenstein nacieron con una inteligencia superior a la de sus coetáneos, pero eran más valientes, de eso no cabe duda. Casi toda la gente dotada de una gran inteligencia dedica su talento a forjar una buena vida, segura y confortable. Sólo unos pocos la emplean para enterarse de algo y compartir luego con sus semejantes lo que han podido saber antes de convertirse en un puñado de polvo.

    Hay otros humanos también valerosos, pero cuya tarea no es la de enterarse de algo, sino dar una forma perdurable a eso de lo que se han enterado. Así, en lugar de iluminar nuestra inteligencia nos agudizan la imaginación. Solemos llamarlos "artistas", palabra que ha perdido toda dignidad, pero que usamos a falta de otra mejor. Así que un artista de la palabra, J.A. González Sainz, acaba de publicar la última de sus valientes novelas. Ésta se llama "Ojos que no ven" (Anagrama) y como en las anteriores su protagonista, una especie de Orfeo ético, nos permite visitar el infierno de la miseria moral y salir con vida.

    No deja de ser escandalosa la cantidad de novelas y películas que se siguen dedicando a las atrocidades de la guerra civil del siglo pasado, frente a las escasísimas que ahondan en las atrocidades actuales. ¿De qué se nutre el odio de un inmigrante en el País Vasco, para que a los pocos años se transforme en un asesino nacionalista? ¿Cómo se soporta la humillación de vivir en una sociedad satisfecha con su vileza moral? Las causas de la degeneración ética son razones para la inteligencia, pero sus figuras, sus símbolos, sus caracteres, son formas para la imaginación.

    La novela de González Sainz usa una rigurosa lengua literaria para construir un relato que en ocasiones proyecta una sombra bíblica. Quizás porque sólo el desolado mundo de las gentes aplastadas por un Dios despiadado es capaz de encarnar metafóricamente la errancia en el desierto de las víctimas vascas.

 

Artículo publicado el sábado 23 de enero de 2010.

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017), Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) y El arte del futuro. Ensayos sobre música (Debate, 2022) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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