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Primer ejercicio de curso

Por 4 de octubre de 2006 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Félix de Azúa

Tanto ha crecido la potencia del mal en los últimos diez meses que debemos ponernos a estudiar los datos fundamentales, por si los hemos olvidado. ¡La última vez que los repasamos fue en 1930! Y para comenzar como es debido, lo primero será conocer a los jefes. Veamos los trece más importantes según Facaros & Paul.

Abraxas. Es uno de los capos, pero apenas sabemos nada de él. Hay quien cree que es tan sólo una palabra empleada por los demoníacos, pero olvidan que esa es la naturaleza íntima del mal, esconderse tras las palabras. De modo que bajo las palabras se agita el poderosísimo Abraxas como una sierpe venenosa entre los tréboles. Desenmascararlo es nuestra tarea.

Adramalech. Es el tesorero (antaño se decía “el condestable”) de Satán y además es su sastre. Cuando se aparece a los terrestres lo hace bajo la forma de un pavo real o una top model. Vence las voluntades por medio de la vanidad, la fatuidad, la arrogancia, la autosatisfacción y la petulancia. Hoy día arrasa en los parlamentos y en las directivas del fútbol, allí donde no hay salvación.

Asmodeo. Pocas veces se le ha visto en su forma terrestre porque tiene pies de pato, cola de dragón y tres cabezas, lo que le hace muy conspicuo. Ahora bien, de noche pasa inadvertido porque está hecho de una materia sutil. De ese modo, en su última aparición confirmada sedujo a las monjas de Loudun, en 1630. Las modernas investigaciones lo sitúan en África donde no llama la atención incluso con su aspecto natural.

Astarot. La bella y joven diosa Astarté trabajó durante sus años mozos para los asirios y fenicios, pero tras la decadencia física comenzó a trabajar para los israelitas y luego con los cristianos, amargada y de muy mal humor. Muchos la confunden con las brujas, las cuales, de hecho, están a su servicio. Tiene muy mala baba.

Azazel. Se ocupaba de los habitantes del desierto (Levítico, 16:26), pero antes del diluvio había enseñado diversas maldades a los humanos. Dos tienen una especial relevancia en nuestros días: la guerra y la cosmética.

Balam. Apenas se sabe nada de él, excepto que cabalga sobre un oso. Seguramente actúa en zonas muy septentrionales y es difícil distinguirlo del oso propiamente dicho. Quizás habría que interpretar desde esta perspectiva las matanzas de osos del Pirineo cada vez que los Verdes sueltan uno.

Belcebú. Es el célebre “rey de las moscas”, figura central de las misas negras. Lleva cuernos, alas de murciélago y patas de macho cabrío. Es fácil llamarlo, pero luego no se va de ninguna de las maneras. Actúa mucho en Hollywood y en Las Vegas donde ha hecho auténticos estragos y muchas películas.

Belial. Su papel ha ido en ascenso desde que aconsejó a Lucifer que no volviera a enfrentarse con Dios de un modo tan directo como ingenuo, porque tenía todas las de perder. Es astuto y se dedica a la abogacía. Habita en las capitales nacionales y es uno de los demonios más peligrosos y temibles. Aparece constantemente en la televisión.

Belfegor. Es de origen moabita y vive entre las heces y los excrementos. Es el patrón de los coprofílicos, de los profanadores de tumbas, de los sadomasos radicales (para quienes inventó la lluvia de oro), de los violadores de cadáveres, en fin, de este tipo de gente. Tuvo un buen momento en la Francia dieciochesca, pero en la actualidad es uno de los jefes del mercado del ocio norteamericano.

Incubos. Son muchos y muy pequeños. Se introducen en los sueños de las chicas y las dejan preñadas, lo cual antaño traía consecuencias desagradables. En la actualidad, menos, pero no deja de ser una molestia. En su forma femenina asalta a los eremitas y a los santos del desierto, lo que hoy día supone una cierta precariedad laboral. De ahí la cantidad de ellos que se dedican en exclusiva al género femenino.

Lilith. ¡Gran desconocida! Sabemos que formaba parte del personal laboral del Edén, pero no sabemos con qué cargo o responsabilidad. Algunos dicen, incluso, que como primera dama. El caso es que ni fue expulsada, ni cayó con la redada de los Ángeles Rebeldes, sino que se fue del Edén por voluntad propia. Todo un carácter. Su maldad más odiosa es el robo de recién nacidos, pero la más conocida es la seducción de ingenuos caballeros a los que chupa la sangre y abandona en los muladares. Baudelaire, que se topó con ella en la rue de Bellechasse, la confundió con un vampiro e intentó ahuyentarla con una ristra de ajos que llevaba en la levita. A Lilith le hizo tanta gracia que le perdonó la vida. Baudelaire le dedicó un poema sensacional que comienza diciendo: “La femme cependant de sa bouche de fraise…”. Es básico entender ese “cependant”.

Mammón. Es un demonio originario de la Gran Bretaña, en donde comenzó su carrera. Luego se expandió por todo el globo. Se globalizó. Su apariencia terrena es la de un mendigo, un sin techo, un sin domicilio fijo, e induce a los humanos a acumular riquezas hasta volverlos locos. Se le puede ver a veces subido en el hombro izquierdo de los grandes especuladores y acaparadores. Ruiz Mateos tuvo uno, muy raquítico, durante apenas una semana. No se le suele ver en las fotos porque como se disfrazaba de aquella manera… Es muy visible, en cambio, el de Lord Murdoch y tan grande que suele llevarlo a su lado, del bracete.

Mefistófeles. En el reparto territorial clásico, su área era la germanística. Aparecía, o bien como un perro de ojos rojos, o bien como un dandy, elegante, seductor y un poco marica. Trabajaba las más infames condenas en los departamentos universitarios. Yo le vi un día en la Escuela de Arquitectura de Barcelona solemnemente aburrido. Nadie le hacía el menor caso. Ni le entendían. Lo reconocí gracias al retrato que hizo de él Thomas Mann, tras haberlo visto junto a Schoenberg. Hay foto.

Se observará que en el directorio no aparece Satán, nombre diabólico de Lucifer, al que en España llamamos el Lucero del Alba. Esta ausencia se debe a que hace ya mucho que vive retirado y a la espera de su momento decisivo. Cuando reaparezca, todo habrá terminado.

Mucha gente se hizo ilusiones cuando lo de Hitler y Stalin. Parecía haber comenzado el último capítulo de la humanidad con Satán agitando el látigo sobre las cabezas de millones de esclavos enloquecidos. Falsa alarma. Olía mucho a Satán, pero acabó retirándose. Cobarde.

Lo peor está por llegar.

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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