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Por 11 de enero de 2022 Sin comentarios

Félix de Azúa

 

T.S. Norio, ha escrito un libro titulado ‘El vicio de Napoleón’ cuyo genitivo es engañoso: no trata sobre algún pecado capital de Napoleón sino de la obsesión del escritor con el gran corso

Si usted cree tener un vicio deje de sentirse culpable porque lo que le sucede es lo contrario, es el vicio quien le tiene a usted. Somos mártires de nuestros vicios y el vicioso suele odiarse por esa irritante comezón. Aunque no todos, así, por ejemplo, en el cuento infantil Pedro y el lobo, sólo cuando está a punto de morir devorado se arrepentirá Pedro de haber mentido toda su vida. Porque una de las cualidades realmente extrañas del vicio es que, aunque sabemos que es dañino, al vicioso le produce placer.

Fue Gregorio Nacianceno quien propuso siete grandes vicios: la vanagloria, la avaricia, la lujuria, la envidia, la gula, la ira y el tedio. Estos serán luego los célebres pecados capitales, pero con el tiempo han ido cambiando e incluso alguno se ha extinguido. En cambio, han aparecido vicios nuevos. Así, por ejemplo, un escritor asturiano, T.S. Norio, ha escrito un libro titulado El vicio de Napoleón (KRK) cuyo genitivo es engañoso: no trata sobre algún pecado capital de Napoleón sino sobre un vicio de T.S. Norio que es pasar la vida obsesionado con el gran corso. Hay mucho napoleópata, gente que no puede prescindir de un sólo detalle: de sus manías, sus portentos, sus líos, sus amantes, su vestimenta, su dieta. Algunos datos son interesantes, como cuando inventó las fake news a partir de 1805 mediante los Boletines de la Grande Armée que mentían sistemáticamente sobre el resultado de las batallas. Otros inventos son más simpáticos, como imponer las hileras de árboles a ambos lados de las carreteras para dar sombra a los caminantes pobres. Y un cierre de Norio: Napoleón es, después de Jesús de Nazaret, el personaje más biografiado de la historia. Así que él añade otra, con la intención de matar a su vicio para siempre. Como el que deja de fumar, pero se guarda la cajetilla con gesto decidido.

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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