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¿Democracia?

Por 21 de diciembre de 2021 Sin comentarios

Félix de Azúa

Ha bastado el evidente talento de Isabel Díaz Ayuso y Cayetana Álvarez de Toledo, para que los varones de su partido se acoquinen e intenten someterlas

A velocidad vertiginosa nuestra sociedad ha pasado del deseo y la pasión por vivir en una democracia parlamentaria, con sus partidos y dirigentes, a la decepción de sus partidos y sus dirigentes. Seguramente siguen siendo necesarios, pero lo cierto es que ya todo quisque sabe que los partidos y sus dirigentes no buscan el bienestar de los ciudadanos, ni siquiera la solución de problemas graves como la salud o el hambre, sino su propia conservación. Los partidos solo quieren preservarse y dar empleo a la tropa. Son empresas mercantiles que deben tratar con cierto respeto a sus empleados, pero lo esencial es el control de los enormes sueldos y negocios de la cúpula, como los bancos que solo benefician a sus consejos de administración. A eso llaman “el poder”. Y es verdad: eso es el poder.

Por esta razón voy siguiendo con interés las historias de dos miembros del Partido Popular que se han tropezado con este desagradable asunto: que sus jefes no quieren reconocer el talento para resolver problemas, sino tan solo la sumisión debida a quienes manejan el dinero. Que los empleados muestren talento no es algo bien recibido por los jefes. Últimamente, hemos asistido a la notoriedad de dos mujeres, Isabel Díaz Ayuso y Cayetana Álvarez de Toledo, con una inteligencia política destacada. Ha bastado eso, su evidente talento, para que los varones de su partido se acoquinen e intenten someterlas por todos los medios. Si hubieran sido feministas como las de Podemos, defensoras de símbolos y alegorías, nada habría pasado, pero estas dos mujeres hablan de cosas concretas, de problemas verdaderos, y se atreven a ganar elecciones. Esto ha de ser algo intolerable para la cúpula de funcionaros serviles que ahora conduce un partido sin coraje ni inteligencia. El feminismo, cuando es racional y legítimo, aplasta a los hombres sin cerebro.

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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