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Dante

Por 15 de junio de 2021 Sin comentarios

Félix de Azúa

Hay que leer a la vez estas dos traducciones de la gran obra del florentino para buscar la mejor interpretación: la de José María Micó y la de Juan Barja y Patxi Lanceros

Fue un hombre de aspecto hosco y altivo según los retratos que han llegado hasta nosotros. Un buen ciudadano extraviado por la política de una sociedad en guerra civil, escindida entre el Papa y el Emperador. Eligió el bando perdedor, fue condenado a muerte, se exilió, y ya no volvió a ver Florencia, su patria. A cambio, hizo del florentino la lengua de todos los italianos. Tan dramáticos elementos han hecho de él un poeta próximo al alma de los españoles. Hay una docena de excelentes traducciones, pero entre ellas sobresalen dos, la de José María Micó (Acantilado) y la que origina este comentario, la monumental de Juan Barja y Patxi Lanceros (Abada). Por fortuna, son tan distintas que no nos obligan a sancionar cuál sea la mejor. Las dos son mejores y el verdadero aficionado querrá tenerlas ambas.

La de Micó es práctica para viajes a Italia (935 páginas). La de Barja es colosal (1600 páginas en gran formato). Son ambas eruditas, algo imprescindible en un texto del que no queda un solo autógrafo. La obra fue un éxito inmediato y dio lugar al más extenso samizdat del siglo XV: se conservan 750 manuscritos. Ello da idea de los problemas del traductor para elegir los términos justos en una obra grandiosa y obsesionada con el lenguaje. Las diferencias, por tanto, son frecuentes y fascinantes. Ambos usan el endecasílabo de un modo propio e igualmente virtuoso. Hay que leerlas a la vez para buscar la mejor interpretación.

En este ascenso hacia la luz, ha quedado fijo como “dantesco” lo infernal. No es así. También son dantescos Purgatorio y Paraíso, no sobra un verso. De modo que son necesarias ambas ediciones, una para leer en un sillón (Micó) y otra para trabajar sobre la mesa: la de Barja incluye los bellos dibujos de Botticelli y casi 300 páginas de notas. Lujo.

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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