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Por 12 de enero de 2021 Sin comentarios

Félix de Azúa

Las novelas de Javier Fernández de Castro tienen un espacio único, una tierra esquilmada, yerta, baldía, azotada por el hielo en invierno, abrasada en verano

 Ante una línea de pinturas, en cualquier museo, de haber entre ellas un Greco difícil será no distinguirlo. Los creadores tienen un trazo tan personal que no pueden evadir el reconocimiento. Es lo que sucede con la novela póstuma de Javier Fernández de Castro, Una casa en el desierto (Alfaguara). Hace medio año Javier murió sin haber visto su libro impreso, pero a sus amigos nos transmitió la sensación de que era consciente de su valía. No erraba: su última novela es soberbia.

Todo novelista personal y original posee, además de un lenguaje inconfundible, una imaginación capaz de construir lugares y tiempos hasta hacerlos más reales que la realidad. Las novelas de Javier tienen un espacio único, una tierra esquilmada, yerta, baldía, azotada por el hielo en invierno, abrasada en verano. En ese territorio, cuidadosamente descrito, se mueven unos personajes libres de toda carga sentimental. Suelen aparecer en forma de familias y múltiples personajes que se entregan a tareas casi imposibles con una increíble habilidad técnica.

Esta vez, en un pueblo que se llamó Herrera de la Cañada, en la parte de la Llanada de Aranzana, cayó la ruina cuando se perdió la cañada y dejó de transitar la única clientela del pueblo. A ese lugar de rastrojo y peñascal llega un día un misterioso holandés dispuesto a crear una industria dedicada a la manipulación de residuos metálicos, pero como no debo revelar nada más, quede ahí el inicio de lo que será una tragedia aún mayor que la desaparición de la trashumancia en Herrera. La historia del director de la planta y sus cinco hijos es un maravilloso canto a la vida.

Javier no tuvo más reconocimiento que el de sus mayores (especialmente Ferlosio y Benet) y sus amigos. Tenga ahora más fortuna su memoria.

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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