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Lecciones de PD James

P.D. James Todo lo que sé sobre novela negra es el título del libro de P.D. James que ha publicado Ediciones B. Ahí analiza a varios modelos de novelas de detectives, teniendo como paradigma a Arthur Conan Doyle y su Sherlock Holmes. En El Mundo, Paula Juan resume las lecciones en cinco.  Aquí les dejo las dos más interesantes para mí:

EL CONTEXTO Algunos novelistas comienzan describiendo el acto del asesinato. Otros, sin embargo, inician sus líneas con el descubrimiento ?del cuerpo del delito?. También hay algunos que se decantan, como la propia P. D. James, por ?comenzar por describir el entorno? para poder ?meterse de lleno? en el ambiente y en el contexto sobre el que girará la historia. Sea cual sea la manera de comenzar hay que tener en cuenta que, una de las ?reglas sagradas?, según explica la autora de la obra, es que ?el detective nunca debe saber más que el lector?. Pero sí que puede ocurrir lo contrario, ?que el lector sepa más que el detective?. Un ejemplo de esto es que el lector sepa que uno de los sospechosos miente EL LECTOR Pero, quizás, lo más importante de toda historia detectivesca sea la inteligencia del lector ya que, al fin y al cabo, el relato se convierte en un ?puzzle casi intelectual?. Ellos son la parte más importante de la historia ya que sin ellos ni habría novela ni historia ni nadie que reflexionara acerca del asesinato, las pistas y todo lo que el detective va descubriendo con su análisis y sus investigaciones.

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26 de septiembre de 2010
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Disciplina, terquedad, perseverancia, espíritu crítico y autocrítico

Mario Vargas Llosa Cada vez es más difícil encontrar notas en las que Mario Vargas Llosa hable de cosas estrictamente literarias. Los medios siempre resaltan las frases políticas de Vargas Llosa incluso en medios literarios, como la reciente: ?Las dictaduras en América Latina están en extinción?, dicha en La Jornada. Por eso, es tan interesante la nota que hace El Universal donde Vargas Llosa habla de sus inicios literarios y da consejos a los jóvenes escritores presentes en el salón de la UNAM luego de su Honoris Causa. Sobre literatura y ficción dice:

?La ficción ejerce una presión de tal naturaleza sobre lo que uno quiere que sea puro testimonio, que se ve obligado a introducir también en el testimonio la ficción, es decir, a que el testimonio sea infiel, a que prevalezca la fantasía sobre la pura memoria?, explico el escritor. ?Me gusta que mis historias imiten la realidad?, recalcó ante los estudiantes que se dieron cita en la Sala Nezahualcóyotl, en el marco de un diálogo sobre su obra, en el contexto de la entrega del Doctorado Honoris Causa que recibió de la UNAM el pasado jueves. ?Estoy convencido de que las novelas no cuentan verdades, se han hecho para contar mentiras?, expuso el narrador peruano y luego matizó: ?un tipo dementiras que son muy sui generis, muy especiales porque sólo a través de esas mentiras se pueden expresar verdades. Creo que la novela sí expresa unas verdades muy profundas sobre la condición humana, pero las expresa a través de ficciones que son versiones muy engañosas y falaces de lo que es la realidad objetiva?. Y sobre la vocación literaria declaró: ?Uno puede escribir con muchas aspiraciones: hacerse famoso, rico, denunciar las injusticias, pero todo eso es accesorio. Lo fundamental es dedicar su vida a ese quehacer, porque gracias a ese quehacer uno encuentra un orden, un sentido a la vida, algo que organiza el caos. Un joven que siente la literatura de esa manera es alguien que tiene vocación; el que se dedica a la literatura por razones subalternas, lo más probable es que fracase como escritor y que, por lo tanto, no alcance nunca esos ideales que lo llevan a hacer literatura?, dijo el también autor de La niña mala. Con esas palabras provocó una ovación del público. Vargas Llosa, quien publicará en noviembre la novela El sueño del celta, basada en la vida del irlandés Roger Casement, personaje al que el novelista dedicó tres años de investigación, dijo que, detrás de las grandes obras hay disciplina, terquedad, perseverancia, espíritu crítico y autocrítico.

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26 de septiembre de 2010
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Escritores enredados

enredos Los escritores se enredan, dice Daniel Arjona, quien escribe para El Cultural de ?El Mundo? un artículo sobre cómo las redes sociales han terminado por involucrar a la actividad literaria. Le agradezco mucho que le dedique un párrafo al Moleskine Literario:

? La actividad de algunos importantes narradores en las redes resulta errática. Lorenzo Silva no actualiza su Twitter desde hace más de veinte días y su actividad anterior no superaba el comentario por mes, para decepción de su centenar de seguidores. Otros, como Jorge Volpi se han visto tal vez superados por las multitudes virtuales como muestra el hecho de que su perfil en FB avise al lector que busca su amistad que el mexicano ?tiene demasiadas solicitudes pendientes?. Por contra, los hay que no paran. El peruano Ivan Thays, activísimo, no deja un hueco de las redes sin tocar y, sin embargo, su bulímica deglución de información literaria -su blog es lo primero que consultan a diario editores como Jorge Herralde- sufrió una radical mutación el pasado julio. ¿El motivo? El Mundial de Fútbol de Sudáfrica que trocó, durante todo un mes, los comentarios librescos por los de las jugadas. Minuto a minuto, sin exagerar. 

La  nota comenta los distintos casos, en España y en el mundo anglosajón, de cómo las redes sociales acogen páginas de fans o de los autores mismos. Y también recoge algunas declaraciones de autores españoles que participan de estas redes sociales. Por ejemplo:

¿Cómo afecta la hipervisibilidad y la cháchara a los escritores españoles interrogados? Eloy Tizón (Madrid, 1964), cuyo perfil en Facebook es un hospitalario punto de encuentro para sus más de 600 amigos, apunta que ?el excesivo contacto afecta tanto al escritor como no tener ninguno. Entre el zoco y la torre de marfil debe haber algún término medio. Facebook es una especie de gigantesca sopa de letras en permanente estado de ebullición; un pulpo; un panóptico; un escaparate que tiene mucho de espejismo?. Asegura Fernando Marías (Bilbao, 1958) que Facebook le ha ayudado a vender ?muchos? ejemplares de Todo el amor y casi toda la muerte, (Premio Primavera 2009). ?Me fascina las fórmulas de comunicación que han generado las redes sociales. Para hablar de tus libros con los lectores son valiosísimas. Y también me inspiran, mi muro es bastate literario?. ?En este país se sigue escribiendo como si no existiera la televisión? (Ray Loriga. El hombre que inventó Manhattan). Idéntica afirmación, sólo que sustituyendo la ?televisión? por ?Internet?, ha sido enmendada en los últimos años por una nueva generación de escritores decididos a correr en el campo de juego fragmentario de la cultura de masas. No es extraño así que sean algunos de los nocilleros los más activos peripatéticos de las redes. Agustín Fernández Mallo y Manuel Vilas, sin ir más lejos, aliñaron recientemente a cuatro manos una suerte de Manifiesto Facebook lúdico literario en el que secuenciaban las diferentes poses emocionales-estéticas-intelectuales que allí se prodigan. Vilas (Barbastro, 1962) defiende que ?Facebook le ha venido bien a la literatura: ensancha y democratiza la difusión de los discursos literarios. Es un delirio, una casa del terror posmoderno. Hay vanidad, hay estrés, hay soledad, hay adicción, hay fotos, hay exhibicionismo??. Otro de los renovadores de la Literatura actual, Kirmen Uribe, Premio Nacional de Literatura por Bilbao-New York-Bilbao (2009) asegura que ?la relación autor-lector está cambiando muchísimo. Ahora hay mucho más contacto. La red ha sido un motivo de inspiración muy importante en mi novela Bilbao-New York-Bilbao. ?. Montero Glez (Madrid, 1965), por su parte, se sirve de Facebook ?para hacer propaganda de mi material. Yo me lo tomo como un juego. Al igual que cuando me iba a los billares a jugar con las máquinas de marcianitos. Es algo infatiloide, pero se trata de conectar con tus semejantes y a partir de ahí, materializar lo virtual?. Tal vez quienes más gusten de las redes sociales con ímpetus creativos sean los poetas y, de manera especial, las jóvenes versificadoras. Y es que la Generación bloguer anda por todas partes, en las redes y en los bitácoras, cincelando versos en vivo con teclado y ratón. ¿Sus nombres? Ana Pérez Cañamares, Ana Gorría, Luna Miguel, Déborah Vukusic, Inma Luna, Rebeca Yanke? La foto del perfil de Facebook de la poeta tinerfeña Pérez Cañamares (1968) es la de su último poemario: Alfabeto de cicatrices (Baile del Sol, 2010). Trasiega desde hace un año por allí y sabe bien de sus ventajas: ?Me entero de la vida literaria de otros colegas y doy a conocer la mía; lo utilizo como trampolín para acceder a blogs y otros textos ; tengo reacciones de primera mano a mis libros. Permite una creatividad mayor de lo que pensaba en un primer momento.

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26 de septiembre de 2010
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El aprendizaje de la decepción

Lo sorprendente, en la vida y en la política, no es la decepción, que se repite una y otra vez, sino la ilusión previa que la provoca. Nos extrañamos de nuestra capacidad para agarrarnos a cualquier quimera, pero en cuanto reflexionamos un poco percibimos que se trata casi de un mecanismo instalado en nuestra naturaleza. Tropezar en la misma piedra es mucho más que un destino fatal: forma parte del instinto de supervivencia. Una humanidad siempre escéptica y deprimida se hundiría en el embrutecimiento y en la inacción. Esos momentos de exaltación por cambios que no se producirán tal como los hemos soñado son imprescindibles para que se produzcan otros cambios mucho más modestos y prácticos.

Una buena crisis económica no es tan solo la oportunidad para efectuar grandes cambios: también es el tiempo idóneo para la caída de los ídolos. El caso más resonante, aunque no sabemos si definitivo, es el de Barack Obama. También es el que permite mayor riqueza de matices. Las caídas de Zapatero o de Sarkozy, siendo igualmente espectaculares e irreversibles, tienen menos trascendencia, por la inferior enjundia de los personajes y el menor peso y tamaño del poder de sus respectivos países. Con Obama podemos atender a un primer argumento: la falta es nuestra, del público que ha creado las expectativas excesivas que luego quedaron desmentidas. Pero tiene mayor interés un argumento más sofisticado y subjetivo: fue el propio Obama quien nos avanzó una visión del mundo ilusoria y sobre ella se proyectaron los deseos de la gente. Lo ha señalado Walter Mondale, vicepresidente con Jimmy Carter, que publica sus memorias estos días y ha reprochado a Obama su excesiva confianza en una política más transversal y pospartidista, superadora del sectarismo y de la estrechez de miras de los partidos. Entre las expectativas de unos y las ilusiones de otros hemos dibujado el mito de una nueva era histórica sobre la que está cayendo un chorro de agua fría. Sucede ahora con el mundo lo que ya nos ha sucedido justo un peldaño antes con la unidad europea, que iba a superar los Estados nacionales y nos iba a catapultar como una superpotencia benéfica en el nuevo mundo multipolar. Nada de esto ha ocurrido: los Estados nacionales regresan, a pesar de su escasa funcionalidad, y la capacidad europea para jugar en el mundo no aparece por ningún lado. Tampoco termina de arrancar la nueva era de cooperación multilateral bajo liderazgo americano, revertida más bien en una época de inseguridad occidental y de desplazamiento del poder hacia Asia. A menos que Mondale no tenga razón y Obama, en vez de asemejarse a Jimmy Carter, presidente de un solo mandato, se reinvente como líder mundial y vuelva a levantar en los dos años que le quedan las ilusiones perdidas durante los dos primeros de su presidencia.

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26 de septiembre de 2010
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En ninguna parte, pero en todas

Son las dos de la tarde en el Departamento de Inmigración y Extranjería (DIE) de la calle 17 entre J y K. Decenas de personas aguardan  por un permiso de salida del país, esa autorización de viaje que han dado en llamar ?tarjeta blanca?, aunque mejor sería decirle ?el salvoconducto?, ?la carta de libertad? o ?la orden de excarcelación?. Las paredes están descascaradas y un anuncio de ?cuidado, peligro de derrumbe? se muestra a un costado de la enorme casona de El Vedado. Varias mujeres ?que ya han olvidado sonreír y ser amables? visten sus uniformes militares y le advierten al público que debe esperar disciplinadamente. De vez en cuando gritan un nombre y el convocado regresa unos minutos después con el rostro jubiloso o con un puchero contenido. Finalmente, me llaman para anunciarme la octava negativa de viaje en apenas tres años. Especialistas en despojarnos de lo que podríamos vivir, experimentar y conocer fuera de nuestras fronteras, los funcionarios del DIE me comunican que no estoy ?autorizada a viajar por el momento?. Con ese breve no ?dicho casi con deleite? he perdido la posibilidad de estar en el 60 aniversario del Instituto de Prensa International y en la presentación de Internet para el Nobel de la Paz en New York. Un cuño sobre mi expediente y me vi obligada a hablar vía telefónica  en las actividades de Torino Capital europea de los jóvenes, y a comunicarme con la editorial Brûlé para que lance Cuba Libre en Montreal sin  mi presencia. El absurdo migratoria se ha interpuesto entre mis ojos y los repletos estantes de la Feria del Libro de Frankfurt, entre mis manos y esa compilación de textos que verán la luz en el Festival de Literatura de no ficción en Polonia. Ya no llegaré a la Feria de Periodismo de Ferrara ni a la presentación del documental en Jequié, Brasil; mucho menos podré participar en el Congreso de Mujeres Liderando el Milenio, con sede en Valencia, y tampoco en Cuneo, durante el evento Scrittori in Citta. Mi voz no se escuchará en LASA, a donde sí han enviado una representación oficial y la aparición de mi libro Gestión y Desarrollo de Contenidos con WordPress tendré que disfrutarla en la distancia. Todo eso y más me han arrebatado. Sin embargo, me dejan ?como si se tratara de un castigo? junto a la materia prima fundamental de la que salen mis escritos, en contacto con esa realidad de la que no me perdonaría estar ausente.

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26 de septiembre de 2010
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"Intento nuevas maneras de contar un cuento"

carátula del libro. Fuente: la ciudad letrada El diario La Tercera acoge una entrevista al escritor mexicano Daniel Sada a propósito de su reciente libro de cuentos, editado en Anagrama, Ese modo que colma.  Dice la nota:

Con un estilo abigarrado que incluye grandes espacios dedicados al verso octosílabo, heptasílabo y eneasílabo, mediante el cual narra historias de pueblo como la de Rosita Alvez, una chica que vive con su madre viuda y que termina pagando un precio muy caro por fugarse de casa para ir a un baile, el autor norteño ha sido calificado de varias maneras. Ha sido llamado costumbrista, recreador del realismo mágico, barroco en el desierto norteño, definición esta última atribuida al desaparecido escritor chileno Roberto Bolaño, que era su gran admirador. Todas estas definiciones son negadas con fuerza por Sada. ?El barroco en realidad es culterano, por definición y yo con lo que trabajo es con la oralidad, no hay culteranismo en mi literatura, pero la oralidad sí me impulsa a buscar y encontrar arcaísmos?, dice. ?En una presentación que hizo el escritor Heriberto Yépez el año pasado decía precisamente que no soy todo eso que dicen. Que no soy barroco, ni norteño, ni costumbrista y que en realidad nadie ha acertado a definirme, soy un escritor atípico que no se identifica con todos esos adjetivos que me endilgan?, asegura. Lo que sí admite Sada es cierta deuda con el irlandés James Joyce, sobre todo por los monólogos a que son tan afectos muchos de sus personajes, fruto ?de un narrador que me invento y que es un poco bobalicón, reflexivo, que increpa a los personajes, se hace muchas preguntas, se responde él mismo?. ?Siempre me interesa un narrador que esté muy cercano a los personajes, casi hombro con hombro?, explica. Para el autor, que comienza su volumen de cuentos con cinco páginas narradas en verso, ?el cuento como género ha caído en fórmulas estratificadas, la típica fórmula de Maupassant con el final sorpresivo. En cambio la novela ha sido siempre un campo de experimentación?. ?He tratado con mi libro de escapar de todos esos exégetas del cuento que defienden las fórmulas anquilosadas, intentando humildemente hallar nuevas maneras de contar un cuento?.

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24 de septiembre de 2010
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El insomnio de Lobo Antunes

Antonio Lobo Antunes El archipiélago del insomnio, el nuevo libro de Antonio Lobo Antunes, aparecerá en unas semanas por Mondadori. Un libro terminado bajo condiciones muy especiales, porque el autor portugués tenía cáncer y sentía que el tiempo para terminar el libro se le extinguía, sin saber si podría o no terminarlo. Lobo Antunes está en Segovia, dispuesto a participar del Hay Festival, y ahí Javier Rodríguez, para El País, consigue hacerle una entrevista:

Hace cuatro años, mientras andaba embarcado en una nueva novela, la vigésima, António Lobo Antunes (Lisboa, 1942) se sintió mal. Estaba en Guadalajara, México, y pensó que sufría un mero desarreglo estomacal, la venganza de Moctezuma. Pero era cáncer. ?Mi gran problema era que tenía que terminar el libro?, cuenta el escritor, en Madrid camino de Segovia, donde el sábado participa en el Festival Hay. ?El tratamiento es muy violento y lo que sientes es un vacío inmenso. No miedo, vacío, porque crees que no tienes futuro. Cuando suena el despertador y pides cinco minutos más, ese tiempo es eterno. No se puede vivir sin eternidad, y mi problema era el libro, acabarlo?.

Se curó, lo acabó y lo publicó en Portugal en 2008. Se titula El archipiélago del insomnio y en unos días aparecerá en Mondadori la traducción española, obra de Mario Merlino, fallecido en agosto del año pasado. ?Sentí mucho su muerte. Fueron años juntos?, dice Lobo. ?Traducir bien es muy difícil, y más cuando las lenguas son tan cercanas?. Sostiene Lobo Antunes que no sabría decir si la enfermedad ha influido en su escritura. ?En el hospital sentía remordimientos porque supe que yo viviría y la gente que me acompañaba en la sala de espera, tal vez no. Tenía además la impresión de estar rodeado de aristócratas. Había revistas que nadie leía y una tele encendida que nadie miraba. Cada uno estaba en su burbuja, pero con una dignidad y un coraje increíbles. Era un hospital público lleno de gente pobre. Muchos venían del campo. Se habían puesto su mejor ropa para ir a Lisboa. Parecían príncipes?. Cuando él volvió a casa pasó tres meses sin poder escribir. Ni leer: ?Los libros me importaban un pito. Me quedaba en una silla mirando a la pared. Nunca me había pasado porque yo escribo 12 horas al día?, afirma antes de añadir con una sonrisa: ?Tener un libro en marcha es bueno para la fidelidad conyugal?. El archipiélago del insomnio está lleno de voces en duermevela que se cruzan para contar sin concesiones la historia de una familia del agro portugués gobernada por un abuelo autoritario. Gente más cómoda ante un gesto violento que ante uno cariñoso. Cosas de la costumbre. Las voces de los muertos, además, atraviesan la novela. El escritor escucha esa frase en el arranque de una pregunta y lanza él la suya: ?¿Es una novela? Yo me lo pregunto. Uno aspira a hacer una obra de arte total que lo combine todo, la música, la pintura? Quizás un libro no sea más que un delirio estructurado?. ¿Y cómo se construye esa estructura? ?Trabajando todo lo posible. Siempre pienso que el libro hubiera sido mejor si hubiera trabajado más. Cada libro que escribes es como una corrección del precedente. A veces lo que llaman calidad no es más que un defecto disfrazado?, explica el autor, para el que el cansancio es el estado ideal para que fluyan las palabras: ?Las tres primeras horas son tiempo perdido. Cuando estás cansado tus mecanismos lógicos y tu policía política interior se relajan. Pero para empezar una obra debes estar seguro de no ser capaz de escribirla, para que sea un reto?.

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24 de septiembre de 2010
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Boardwalk Empire: El origen del mito

El pasado domingo se estrenó Boardwalk Empire, la serie con la que HBO intenta recuperar un lugar prominente en el competitivo espacio de la televisión de calidad. Hubo un tiempo en que, con series como Los Soprano, The Wire y Six Feet Under, HBO estableció su predominio. Luego, apareció AMC con Mad Men y Breaking Bad, y de pronto todo cambió. No será fácil que HBO vuelva a su posición de privilegio. Pero eso no quiere decir que no lo intentará.

Boardwalk Empire no esconde su deseo de ser la nueva Los Soprano. Su productor es Terence Winter, que escribía guiones para Tony Soprano y su familia; el papel principal de "Nucky" Thompson, tesorero de Atlantic City, está en manos de Steve Buscemi, que tenía un gran rol como primo de Tony Soprano. Aunque el primer episodio de Boardwalk Empire es brillante, gracias a la dirección de Martin Scorsese, sería injusto compararla con una obra ya formada como Los Soprano. Además, los objetivos son diferentes. Los creadores de Los Soprano se acercaron al gran mito americano del gangster, lo encontraron lleno de lugares comunes y estereotipos, y decidieron reinventarlo; los de Boardwalk Empire han preferido, más bien, ir en busca del origen del mito.

Ese origen está en 1920, año en que comienza en Estados Unidos el período de la Prohibición. En la primera escena, "Nucky" y otros políticos de Atlantic City celebran la llegada de la "ley seca"; como dice "Nucky", los que tienen en sus manos un producto que todo el mundo quiere (el alcohol) podrán venderlo ahora a un precio veinte veces más alto que el original. Así, en el primer episodio aparecen mezclados, a la manera de Doctorow en novelas como Ragtime y Billy Bathgate, personajes ficcionales con otros históricos; estremece ver a dos jovencitos ambiciosos que no tardarán en llegar a ser grandes: Lucky Luciano y Al Capone.

Scorsese dirige este episodio con su acostumbrada energía y su visión operática de la vida. Se mueve con soltura de "Nucky", un hombre corrupto con un lado sentimental que le hace ponerse del lado de los inmigrantes, las mujeres, los negros y los bebés, a las historias de Jimmy (el protegido de "Nucky") y Margaret (una inmigrante embarazada con un marido alcohólico). Si hay una parte confusa, ésta tiene que ver con la enorme cantidad de mafiosos que aparecen en Atlantic City en busca de un pedazo del negocio del contrabando de alcohol; no está claro quiénes son aliados y quiénes enemigos y quiénes enemigos que aparentan ser aliados. Es el precio a pagar cuando se presentan múltiples subtramas en apenas setenta y cinco minutos.

Terence Winter ha dicho que el "Nucky" ideal hubiera sido James Gandolfini. Pero Gandolfini es Tony Soprano, de modo que hubo que pensar en otras opciones. Buscemi es un actor con mucho carácter, más acostumbrado a roles secundarios. Su "Nucky" no se adueña de la serie desde el principio. Winter pide paciencia. A juzgar por el primer episodio, Boardwalk Empire se la ha ganado.  

 (Qué Pasa, 24 de septiembre 2010) 
 

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24 de septiembre de 2010
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Interferencia

El radio que me regalaron por mi último cumpleaños dormita ?lleno de polvo? sobre un librero. Para qué encenderlo si apenas puedo escuchar algo. Ni siquiera las emisoras nacionales se oyen bien en esta zona llena de altos ministerios y de antenas que se usan para obstruir las transmisiones de onda corta que entran al país. Yo, con la ilusión de poder escuchar la Deutsche Welle para mantener vivo el idioma alemán y la bocina lanzando un zumbido en lugar del esperado ?GutenTag?. En medio de una verdadera guerra de frecuencias radiales vivimos sobre esta Isla. Por un lado, la emisora llamada Radio Martí que se trasmite desde Estados Unidos, prohibida pero sumamente popular entre mis compatriotas y, por el otro, los zumbidos que se utilizan para silenciarla. A los aparatos receptores que se venden en las tiendas oficiales les extraen el módulo que permite oír las emisiones extranjeras y la policía tiene práctica en detectar en las azoteas los artilugios que ayuden a captar mejor esas señales. Pero en el interior de las casas la gente busca el lugar, ya sea en una esquina, cerca de una ventana o pegado al techo, donde el radio logra dejar a un lado el pitido de las insoportables interferencias. Es común ver a alguien tendido en el piso mientras localiza el punto exacto en el que la programación local queda opacada por esa otra que nos llega desde afuera. No importa lo que estén trasmitiendo al otro lado, no importa siquiera si es un aburrido programa musical, un noticiario en inglés o el parte meteorológico de otra zona del mundo. Lo que resulta un bálsamo para los oídos es que suena diferente, que se aparta de esa mezcla de consignas y prosa sin libertad que trasmite cada día la radio cubana.

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24 de septiembre de 2010
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La cabeza bajo el ala

El verano, propicios siempre para ser informados de noticias que olvidamos durante el invierno, ha dejado constancia de que, según las últimas valoraciones, ninguna universidad española está entre las 200 más importantes del mundo. En la anterior lista había una -la Universidad de Barcelona-, pero en la actualidad también ha desaparecido. Hubo unos cuantos comentarios en los periódicos, aunque no creo que esta información haya amargado las vacaciones a demasiada gente. Unos días después de esa noticia La Vanguardia dedicaba una doble página al negocio de la prostitución en España y, además de indicar las fabulosas ganancias que implicaba para las mafias, ofrecía, no sé bien a través de qué medios, un cálculo de las prestaciones anuales requeridas por los varones españoles: 15 millones, un récord en Europa y todo un índice de la salud sexual, y no sexual, de la sociedad española.

En la misma doble página, en un recuadro, los periodistas advertían que la prostitución era el segundo negocio con más volumen de beneficios, únicamente por detrás del de las armas, pero por delante del de las drogas. No me quedó claro si por "armas" se entendía la fabricación y exportación legal o directamente el tráfico ilegal de armamento; de ser esto último la capacidad recaudatoria del pobre Estado quedaría aún más mermada, tras no sacar provecho alguno del dinero negro procedente de las drogas y la prostitución. De todos modos no hay ningún indicio de que la alarma suscitada en la comunidad sea particularmente grave. Negocios tan rentables, al fin y al cabo, no son fruto de un verano, sino la consecuencia de delitos perpetrados a lo largo de años y a la vista de todos. Nadie puede escandalizarse, más allá de cuatro comentarios fugaces.

Sin embargo, como pueden comprobar, el panorama es bastante coherente. Un país que asiste impávido a la sedimentación del delito, como ocurrió también, durante décadas, con la especulación inmobiliaria, ¿para qué necesita buenas universidades? Si lo que prevalece es la corrupción y la ganancia fácil por encima del mérito, ¿a qué viene rasgarse las vestiduras cuando las estadísticas incordian con sus fríos números señalando a tantos jóvenes predispuestos a la apatía a falta de otras posibilidades? ¿Cuántos españoles se sienten responsables del desastre educativo?

Creo que necesitaríamos muy pocas manos para contarlos con los dedos. Evidentemente, los culpables son siempre los otros. En especial hay dos figuras que son vistas como monigotes del pim-pam-pum sobre los que lanzar las reacciones airadas cuando emerge un problema: el maestro y el político. Esteúltimo, protagonista de un paisaje utilitarista y sin ideas, incorpora a su profesión el riesgo de ser señalado constantemente; los italianos, que saben bastante de estas cosas, ya hace mucho que han asociado el mal tiempo con el porco governo. Por su parte, el maestro, como está en la primera línea del frente, es el depositario directo del colapso educativo.

Lo grave, e hipócrita, de esta concepción es ignorar que, en realidad, se trata de un fracaso ciudadano que implica la entera percepción de la democracia. Treinta y cinco años después de la muerte de Franco, y con la octava economía del mundo -según se ha alardeado-, España es incapaz de tener una universidad de prestigio mundial. Y hay algo peor. A casi nadie parece importarle. O bien se trata de un fracaso de la democracia, tal como históricamente se ha entendido este modelo político, o bien hemos instaurado una democracia de otro tipo, innovadora y vanguardista, para la cual es mucho más decisivo tener una selección de fútbol campeona del mundo que una universidad entre las primeras del planeta. Si se hacen encuestas a este respecto es casi mejor no saber los resultados. Aunque también podría ser que nos estuviéramos adelantando a todos al ensalzar la ignorancia y despreciar el conocimiento, y constituyamos la vanguardia del siglo XXI.

Pero si hay que entender la democracia tal y como la entendieron humanistas e ilustrados el fracaso es evidente, y no atañe solo a los políticos y a los maestros, sino a todos los ciudadanos. Hay unanimidad en que el sistema educativo es un desastre, pero lo insólito sería que tuviéramos buenas escuelas y universidades en medio de la indiferencia general. Es cierto que gran parte de la Universidad española se halla en caída libre como consecuencia de sucesivas reformas ineficaces y de una burocratización sin límites que acaba premiando a los mediocres, pero no es menos cierto que los buenos -o excelentes- profesores que sobreviven lo hacen en un ambiente descorazonador en el que la falta de estímulos procede, en primer lugar, del escaso interés y prestigio del conocimiento en el seno de la comunidad.

A través de la sempiterna pantalla de televisión -con un consumo medio de tres horas diarias por habitante- los adolescentes son informados puntualmente de que los héroes son deportistas multimillonarios, los especuladores, los tertulianos gritones, las prostitutas de lujo y toda esa chusma que se pasa el día juzgando y sentenciando a los demás. Este esperpento permanente transmite un mensaje claro: ¿para qué sirve la cultura?; para nada, pues lo que sirve es la palabra hueca, la neurona lenta y la rapiña veloz. Y frente a esa invasión la resistencia de los ciudadanos, hay que reconocerlo, es escasa. La conciencia crítica disminuye hasta casi anularse, empezando por la que atañe a la vida política, pero con repercusiones en todos los estratos de la sociedad. Con estar atentos a la pobreza del lenguaje utilizado por los españoles, desde el que se usa en los Parlamentos hasta el que se puede escuchar en los restaurantes, uno puede formarse una idea bastante nítida de la situación.

No nos engañemos. Políticos sin grandeza y profesores desorientados solo son responsables secundarios de la escasísima formación media de los jóvenes; el responsable directo es el ciudadano-avestruz, el protagonista de una democracia fraudulenta en la que se enfatizan los derechos y se rehúyen los deberes, siempre mirando hacia otro lado o con la cabeza bajo el ala. El ciudadano-avestruz nada quiere saber de la destrucción del litoral mientras esto no vulnere sus intereses; nada le afecta la corrupción mientras no se grave su bolsillo; en nada le concierne el asentamiento de las mafias mientras él pueda ir tirando; le importa un comino tener o no tener buenas universidades mientras la diversión esté asegurada. Siempre podrá acusar a los políticos -reclutados a su imagen y semejanza- de sus errores. Porco governo. El espantapájaros.

Lo malo es que finalmente se consigue una democracia de avestruces; todos con la cabeza bajo el ala y, por supuesto, sin mirar nunca de frente.

  El País, 17/09/2010 

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24 de septiembre de 2010
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