"No tiene usted aspecto de encontrarse bien, querido primo, dijo [la Reina de Nápoles] a Monsieur Charlus. Apóyese en mi brazo, tenga la seguridad de que le sostendrá siempre. Es lo suficientemente sólido para ello". Y alzando orgullosamente los ojos (frente a los cuales se encontraban Madame Verdurin y Morel), añadió: "Usted sabe que en otro tiempo, en Gaète, este brazo ha sabido ya mantener a raya a la plebe. De nuevo le servirá de escudo".Y así, conduciendo su brazo al barón, y sin permitir que Morel le fuera presentado, salió del salón Verdurin la gloriosa hermana de la emperatriz Elisabeth. ( A la Recherche...Pléiade 1988, II, 322)
El contexto de este párrafo algo vergonzoso es el siguiente: la duquesa de Baviera y hermana de la emperatriz de Austria, convertida en reina de Nápoles por su boda con el futuro Francisco II, ha aceptado con desgana una invitación de la arrivista Madame Verdurin, Tras dejar el salón se da cuenta de que ha olvidado su abanico y regresa a recogerlo. En el ínterin ha habido un incidente del que es víctima el Barón de Charlus, primo de la Reina de Nápoles y amante traicionado del violinista Morel. Resulta simplemente que Charlus ha sido gravemente humillado en público por el violinista y la propia Verdurin. Por su regreso imprevisto la Reina de Nápoles es inesperado testigo de la situación. Al darse cuenta de su presencia Morel quiere ser presentado a ella, pero la orgullosa aristócrata protege a su primo Charlus y muestra su desprecio por esa chusma de arrivistas (lo que entre otras cosas supondrá que la resentida Verdurin la acuse después en la guerra de espionaje a favor de Alemania).
No es este el único lugar dónde el Narrador de la Recherche se complace en presentarnos a los verdaderos "grandes señores", considerados- secretamente- como seres superiores tanto por la burguesía como por la nobleza de nuevo cuño y que a diferencia de estos tendrían un comportamiento auténticamente regido por valores superiores. Así cuando el propio Narrador es expuesto a que se agrave su delicado estado de salud en razón de que un maître de restaurante le ha ubicado cerca de la puerta, la aparición de su noble amigo el Marqués de Saint Loup hace que la actitud del sirviente cambie y todo sean ya amabilidades y reverencias.
¿Para un viaje así era necesaria la inmensa arquitectura de la Recherche?, cabe preguntarse. La respuesta es obviamente que no. Roland Barthes parece justificar a Proust diciendo- cosa que es verdad- que este constituía un auténtico militante de la vida mundana y que dedicaba a las reuniones de salón la misma intensidad que un militante sindicalista a las reuniones de célula. No hay sin embargo que llamarse a engaño. El Narrador, y posiblemente el propio Marcel Proust, responden en ocasiones a prejuicios profundamente anclados y a convenciones y jerarquías de valores que simplemente constituyen un bochorno. El edificante texto sobre la Reina de Nápoles es un ejemplo entre cientos. Y sin embargo la potencialidad de esta obra es tal que, cabe decir, todo ello es como transmutado y redimido:
"Pues el artista sólo había escuchado a los demás cuando, por estúpidos o insensatos que pudieran ser, repetidores como loros de lo que dicen personas análogas en carácter a ellos mismos, precisamente por ello se habían convertido en pájaros profetas, en portavoces de una ley psicológica. El artista no se acuerda más que de lo general. Por tales entonaciones, por tales movimientos de fisonomía, ya hubieran sido contemplados en su más lejana infancia, la vida de los otros había quedado representada en él, y cuando más tarde viniera a escribir, compondría... como si estuviera anotado en el cuaderno de un anatomista, en este caso para expresar una ley de tipo psicológico... cada uno habiendo tenido su instante de pose.