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Insignificante armonía natural

Por 28 de julio de 2008 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Víctor Gómez Pin

La interrogación arriba esbozada sobre el origen, la cuestión esencialmente antropológica del paso de un código de señales a la palabra que efectivamente hizo al hombre, se vincula a la cuestión musical en la medida en que se avanza una arriesgada conjetura, a saber:

Aun en la hipótesis de que, tras las esferas de la metáfora platónica, ciertas ondas sonoras primigenias fueran sometidas a regulación ya objetivamente armónica, de tal forma que la atmósfera primigenia de la mera vida posibilitara ya la acústica percepción de tal prodigioso trascender del puro ruido… sólo en la atmósfera prístina del lenguaje encontraría matriz lo musical y, en consecuencia, sólo allí cabría explicación del enorme peso que la música tiene en la vida de los hombres.

Sólo retrospectivamente, sólo proyectando sobre ella el peso de la palabra, el comportarse de la naturaleza objetiva (suponiendo que -tras la epistemología cuántica- quepa aun hablar de objetividad para referirse a una naturaleza sobre la que ninguna operación de medición habría incidido) puede, mera analogía, ser tildado de musical. A fortiori, válido es decir que los animales, por sorprendente acuidad perceptiva que puedan mostrar, sólo son testigos acústicos de una naturaleza estéril por lo que a generosidad musical se refiere, ello como consecuencia directa de su intrínseca insignificancia de no estar mediatizada por el significado del signo lingüístico. Consecuencia directa, en suma, de que sólo en el horizonte del lenguaje hay espacio para la significación.

A modo de ejemplo de lo que estoy apuntando evocaré de nuevo la escena vivida en un seminario que reunía en la ciudad de Ronda a músicos y filósofos. Se presentaba un texto griego de la poetisa Safo (o Safó, como el protagonista de la anécdota afirmaba que deberíamos pronunciar), se justificaba una traducción al castellano, escrupulosamente respetuosa de la métrica original… Finalmente una voz declamó el texto, primero en lengua griega y luego en la versión. Esta voz produjo en los oyentes una profunda emoción, vinculada al sentimiento de que efectivamente (tal como sostiene cierta escuela lingüística contemporánea) la profunda comunidad de todas las lenguas hace que ninguna sea radicalmente ajena, y que en algún registro uno siempre capta en ella más de lo que cree.

He señalado en varias ocasiones que una situación como ésta nos pone ya sobre la pista de lo que puede constituir una auténtica interrogación filosófica: simplemente se despertó entonces la curiosidad sobre si, en el origen, la lengua puede ser realmente disociada de la forma musical; curiosidad, en suma, relativa a si en el principio está el canto.

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Víctor Gómez Pin

Victor Gómez Pin se trasladó muy joven a París, iniciando en la Sorbona  estudios de Filosofía hasta el grado de  Doctor de Estado, con una tesis sobre el orden aristotélico.  Tras años de docencia en la universidad  de Dijon,  la Universidad del País Vasco (UPV- EHU) le  confió la cátedra de Filosofía.  Desde 1993 es Catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), actualmente con estatuto de Emérito. Autor de más de treinta  libros y multiplicidad de artículos, intenta desde hace largos años replantear los viejos problemas ontológicos de los pensadores griegos a la luz del pensamiento actual, interrogándose en concreto  sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Esta preocupación le llevó a promover la creación del International Ontology Congress, en cuyo comité científico figuran, junto a filósofos, eminentes científicos y cuyas ediciones bienales han venido realizándose, desde hace un cuarto de siglo, bajo el Patrocinio de la UNESCO. Ha sido Visiting Professor, investigador  y conferenciante en diferentes universidades, entre otras la Venice International University, la Universidad Federal de Rio de Janeiro, la ENS de París, la Université Paris-Diderot, el Queen's College de la CUNY o la Universidad de Santiago. Ha recibido los premios Anagrama y Espasa de Ensayo  y  en 2009 el "Premio Internazionale Per Venezia" del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Es miembro numerario de Jakiunde (Academia  de  las Ciencias, de las Artes y de las Letras). En junio de 2015 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

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