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LA NEVERA

Por 24 de mayo de 2007 Sin comentarios

Vicente Verdú

Estoy asistiendo en casa a un fenómeno muy del gusto de Millás que, como se verá, no tiene ninguna gracia. La nevera supura. Puede calificarse el hecho de otras maneras puesto que la secreción es sólo de agua y llega a formar un charco que no llega a ser ni muy grande ni muy pequeño. Podría definirse como que la nevera llora. O también, como que la nevera padece incontinencia. O, trágicamente, que la nevera sangra.

No es sangre desde luego lo que mana pero lo consecuente con los fluidos interiores de una nevera sería el agua y de este modo la hemorragia presentaría una justa metáfora de su circulación interior.

¿Qué hacer ante este asunto? Todas las reflexiones y aproximaciones razonables que pudieran dar cuenta del mal las doy por revisadas y concluidas. Tampoco dispongo ahora de una asistenta –recientemente operada de un quiste- o una occidentalizada especialista en labores domésticas que aportaran su peritaje.

La única interpretación cabal conduce a un asunto paranormal. El charco aparece azarosamente, no se forma durante la noche o durante el día de una manera justificada y vigilable. La única constatación es que “aparece” a su antojo y en la absoluta soledad. No está cuando se pretende inspeccionar la habitación y se encuentra, ya formado, cuando se llega descuidadamente ante él.  De este modo parece, al descubrirlo, que no soy yo quien observa unilateralmente al charco sino que el charco me aguarda y me mira. Me mira, además, desde su posición baja y aplastada, tal como un mendicante o un ser abatido. Lejos por tanto de sentir irritación ante su regreso mi alma se ve poseída por una lástima inconsolable y por una culpabilidad, además, sin rápidos paliativos. ¿Sufre la nevera un mal medular de importancia y soy incapaz de atajarlo? ¿Seguirá mostrándome estos signos de su padecimiento y continuaré sin ofrecerle algún auxilio?

La acción inmediata sería llamar a un especialista pero si me he resistido hasta el momento ha sido para no reconocer su valor antropológico al fenómeno. Porque, con toda evidencia, no sería un especialista cualquiera el indicado para aportar soluciones, sino alguien tan especial como inquietante.  Tratándose de una avería sin más, un técnico vendría a repararla. Lo embarazoso es haber constatado  que su desajuste procede más del espíritu que del mecanismo en sí, más de un ámbito emocional indefinido que de la materialidad de sus componentes. Efectivamente no será así puesto que nos han instruido suficientemente sobre la radical diferencia entre objetos y sujetos, personas y artefactos, pero cualquier ser sensible que presenciara la lastimera conducta de esta nevera experimentaría más o menos el desasosiego de que doy cuenta.

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Vicente Verdú

Vicente Verdú, nació en Elche en 1942 y murió en Madrid en 2018. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y fue miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribía regularmente en el El País, diario en el que ocupó los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003), Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005), No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008), El capitalismo funeral (Anagrama, 2009) y Apocalipsis Now (Península, 2009). Sus libros más reciente son Enseres domésticos (Anagrama, 2014) y Apocalipsis Now (Península, 2012).En sus últimos años se dedicó a la poesía y a la pintura.

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