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CONFLICTOS

Por 26 de junio de 2007 Sin comentarios

Vicente Verdú

Lo que suele irritar más a los pasajeros que sufren un retraso imprevisto es que la compañía no les facilite explicaciones. Esto les hace sentir no sólo perjudicados sino también menospreciados. El menosprecio procede del silencio del culpable de nuestro mal que en este caso, además, se siente como un arma cruel. Los silencios tienden a ser crueles o duros. Ni siquiera cuando se presentan como apoyos condescendientes puede impedirse que oculten un juicio severo. Las explicaciones, por el contrario, son un bálsamo para la víctima en casi cualquier situación.

Explicar significa extraer de la plica siendo la plica el sobre donde se encierra el silencioso secreto. 

Pero no acaba ahí la cosa. Hay explicaciones que no consiguen hacer entender el problema planteado. Explicaciones que no convencen y se reciben como mentiras que repiten el menosprecio correspondiente a la falta de explicación. O incluso amplían ese desdén porque unas explicaciones insuficientes hacen pensar en el enmascaramiento de factores más graves y humanamente inconsentibles. La deficiencia en la explicación patrocina así la presunción de un mal o una maldad de categoría insoportable. Tan insoportable en su talla que la explicación no desea incorporar a su contenido, tanto por el miedo a su descrédito absoluto como por temor a la potenciada agresividad del receptor.

Pero el receptor es aquí, siempre, la víctima, el sujeto del dolor.

Aliviarlo de ese padecimiento quizá llegue a ser un propósito imposible pero será tanto más noble la intención cuanto más se perciba en el emisor su conciencia del daño que inflinge. De este modo la explicación gana en suficiencia a pesar incluso de su objetiva deficiencia. Gana en eficiencia mediante la complicidad (subjetiva). Sujeto a sujeto se ata el mundo, víctima a su vez desatada de la conflictividad total.

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Vicente Verdú

Vicente Verdú, nació en Elche en 1942 y murió en Madrid en 2018. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y fue miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribía regularmente en el El País, diario en el que ocupó los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003), Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005), No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008), El capitalismo funeral (Anagrama, 2009) y Apocalipsis Now (Península, 2009). Sus libros más reciente son Enseres domésticos (Anagrama, 2014) y Apocalipsis Now (Península, 2012).En sus últimos años se dedicó a la poesía y a la pintura.

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