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La santidad en la política

Por 9 de agosto de 2013 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Sergio Ramírez

Agobiado por la edad avanzada, Nelson Mandela parece por fin a punto de sucumbir. Pero es uno de esos personajes extraordinarios a quienes la historia viva ha juzgado con bien desde antes de su muerte. Entre los héroes contemporáneos, y no son muchos, para mí él está a la cabeza. No sólo por lo que representa en su lucha al final triunfante contra el Apartheid en Sudáfrica, su patria, una lucha por la que pagó con largos años de cárcel en una celda de aislamiento, sino también por lo que luego representó como estadista, el primer presidente negro de su país, que no vaciló en apartarse del poder cuando cumplió con su período, sin dejarse tentar por ese demonio siempre despierto de la reelección, cuando pudo haber sido electo cuantas veces hubiera querido.
Salió de la cárcel para buscar como construir un país nuevo en el que no se excluyera a los soberbios y altivos blancos que habían inventado todo un perverso sistema institucional para oprimir y discriminar a los de su raza, y supo mantenerse lejos de cualquier deseo de venganza o de revancha. Qué difícil construir la democracia en medio del odio y la desconfianza, de los agravios, pero lo hizo. Impuso con su ejemplo el perdón y la reconciliación entre los suyos.
La austeridad en su modo de vida se ha vuelto legendaria, lejos siempre del lujo y de los oropeles. Y la sencillez fue siempre su regla, dueño de la humildad hasta en los momentos más dolorosos de su vida, como cuando le tocó comparecer delante de un tribunal que tramitaba el divorcio con su esposa de muchos años. Se despojó de la investidura presidencial, como cualquier ciudadano, y declaró en el juicio, respetuoso, sin pronunciar jamás una palabra fuera de lugar.
Qué pequeño se queda a su lado Robert Mugabe, por ejemplo, otra figura de la historia africana de nuestra época. Luchó con las armas por la independencia de Zimbawe, fue un héroe de la liberación de su pueblo, y cuando llegó al poder ya no quiso apartarse jamás, pisoteando los derechos de sus conciudadanos, llenando las cárceles de disidentes, abusando de los bienes públicos y construyendo una inmensa fortuna. Allí sigue aún ya cerca de los noventa años, convertido en un dictador indeseable ante la comunidad internacional. La historia viva la he dado también su lugar.
Cuando un héroe se convierte en villano pasado el tiempo, la explicación más simplista es decir que fue así desde el principio, y que lo que sabía era esconder muy bien su vileza. Demasiado simple. El ser humano es más complicado, y nunca debemos olvidar que el poder es el peor de los factores disolventes. Muy pocos son los que llegan a su cima y descienden de ella sin haberse contaminado de arrogancia, y sin haber corrompido los principios que lo llevaron a emprender su lucha con desinterés y entrega, y en medio de las peores privaciones, cárcel, clandestinidad, exilios.
O sin ir más lejos, ejemplos para comparar a Mandela podemos hallarlos dentro de las filas de algunos de sus propios herederos, quienes han malversado su legado. Él se apartó del poder para garantizar la alternabilidad en el mando, porque creyó siempre en la democracia, y luego vinieron otros, como el actual presidente de Sudáfrica, Jacob Suma, acusado de corrupción y violación, y que contradice en su ostentoso estilo de vida, a veces hasta el ridículo, todo lo que Mandela representa. Pero esos son riesgos que no se curan quedándose para siempre en el mando, y él lo tuvo claro siempre.
Héroes y villanos. Nelson Mandela ha probado que existe una santidad en la política, rara, por supuesto, como toda santidad. Mathama Gandhi, Martin Luther King. ¿Cuántos más podemos agregar?

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Sergio Ramírez

Sergio Ramírez (Masatepe, Nicaragua, 1942). Premio Cervantes 2017, forma parte de la generación de escritores latinoamericanos que surgió después del boom. Tras un largo exilio voluntario en Costa Rica y Alemania, abandonó por un tiempo su carrera literaria para incorporarse a la revolución sandinista que derrocó a la dictadura del último Somoza. Ganador del Premio Alfaguara de novela 1998 con Margarita, está linda la mar, galardonada también con el Premio Latinoamericano de novela José María Arguedas, es además autor de las novelas Un baile de máscaras (1995, Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera traducida en Francia), Castigo divino (1988; Premio Dashiell Hammett), Sombras nada más (2002), Mil y una muertes (2005), La fugitiva (2011), Flores oscuras (2013), Sara (2015) y la trilogía protagonizada por el inspector Dolores Morales, formada por El cielo llora por mí (2008), Ya nadie llora por mí (2017) y Tongolele no sabía bailar (2021). Entre sus obras figuran también los volúmenes de cuentos Catalina y Catalina (2001), El reino animal (2007) y Flores oscuras (2013); el ensayo sobre la creación literaria Mentiras verdaderas (2001), y sus memorias de la revolución, Adiós muchachos (1999). Además de los citados, en 2011 recibió en Chile el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso por el conjunto de su obra literaria, y en 2014 el Premio Internacional Carlos Fuentes.

Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com

y su página oficial en Facebook: www.facebook.com/escritorsergioramirez

Foto Copyright: Daniel Mordzinski

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