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¿Tiene lugar en Troya la guerra de Irak?

Por 3 de junio de 2008 Sin comentarios

Rafael Argullol

"La Colère d'Achille", Giovanni Battista Tiepolo, 1757Rafael Argullol: Es fascinante ver este entrelazamiento entre lo que es la calidad literaria y el impacto, porque hay muchas leyes distintas.

Delfín Agudelo: Pienso también en ese impacto en términos de las obras que maduran estando en un estado desconocido. Siempre he pensado que uno de los sueños de la labor del estudiante de literatura es encontrar libros perdidos, olvidados, que por cualquier motivo han quedado ensombrecidos en depósitos de bibliotecas públicas. En esa medida, hay algo latente en la escritura, sobre todo de un clásico, y es cómo volviendo sobre esos viejos textos que todos llaman "ladrillos" -que son aquellos que sólo lee el estudiante cuando tiene que responder un examen- podemos encontrar características actuales de la condición humana más claros de los que se pueden escribir en este momento. No digo con esto que son más o menos buenos, pero que pueden ser equivalentes. Se me ocurre el sentimiento de la guerra en la Ilíada. O la sensación de extravío de la Odisea. Hay algo en la literatura actual que le teme a los clásicos: su propia inserción en una tradición literaria.

Rafael Argullol: Lo que creo que es completamente esencial en la literatura y en el arte es que sus obras sean al mismo tiempo actuales y atemporales. Hemos dicho miles de definiciones de arte y literatura, pero ninguna me parece tan sólida como la que nos llevaría a concluir que las obras literarias o artísticas tienen como exigencia ser al mismo tiempo actuales y atemporales. Con esto quiero decir que lo que diferencia una doctrina científica de una obra artística es que la científica queda obsoleta con el tiempo: la doctrina cosmológica de hace dos mil años ha quedado obsoleta por la actual. En cambio, lo que para mí es imprescindible en una obra literaria es que siempre sea actual. La Ilíada no se puede leer con ojos arqueológicos, y sucede lo mismo con una tragedia griega, el Mahabarata o Shakespeare; hay que leerlos como si fueran interlocutores del presente.

Partiendo de esta idea, que es la mejor definición que se haya dado nunca, es indudable que en el mundo de la guerra que se refleja en la Ilíada, en la confrontación de aqueos y troyanos, hay mucho vinculado con el marco antropológico de aquella época. Eso es lo propio de los arqueólogos o antropólogos. Pero lo propio de la lectura literaria es lo mucho de atemporal que se expresa allí. En definitiva lo que sucede en una guerra actual sucedía ya en la guerra de la Ilíada. Por eso me ha parecido pertinente esa lectura que ha venido haciendo Alessandro Baricco de la Ilíada en estos dos últimos años, porque él trataba de buscar paralelismos y equiparaciones entre lo que se expresaba en la obra y lo que podía ser una guerra como la de Irak o Vietnam. Y efectivamente es que siempre encontraremos esa actualidad de lo atemporal.

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Rafael Argullol

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013). Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010), Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar y el Observatorio Achtall de Ensayo en 2015. Acantilado ha emprendido la publicación de toda su obra.

 

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