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Una metáfora imposible de resistir

Por 20 de enero de 2010 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Félix de Azúa

Supongo que quienes vieron "Apocalypse now" tienen presente la inolvidable escena en la que seguimos a una flotilla de helicópteros lanzados al ataque sobre un poblado vietnamita, mientras de fondo truena la cabalgata de las walkirias de la ópera que Wagner dedicó a tan señalada como gorda guerrera germana. Hay una admirable armonía entre las máquinas metálicas y esa música que nos induce a creer que, en efecto, los Sykorsky (¿o eran de otra raza?) son, en verdad, robustas hembras.

    Yo no sé si Coppola lo ha confesado alguna vez, pero esa su quizás más famosa escena le pertenece a Marcel Proust. Me llamó la atención sobre este plagio una amiga muy leída a la cual le había asaltado en una relectura del "Tiempo reencontrado". Me dijo en tono perentorio: "¡Tercer volumen de la Pléiade, página 758, te lo lees y me llamas!".

    En esa página retrata Proust a los estetas de la Gran Guerra y el esnobismo de algunos oficiales de la nobleza. El narrador, Marcel, encomia a Saint-Loup "la belleza de los aviones que despegan en la noche" y ese momento en el que forman "una nueva constelación" en el firmamento. Su amigo replica que prefiere verlos dispersos y lanzados al ataque "creando un apocalipsis". El sonido de las sirenas les añade un aire wagneriano, dice, de modo que "uno se pregunta si se trata de pilotos o de walkirias". Y acaba con una frase de necia frivolidad: "Ha sido necesario que los alemanes vinieran a París para que pudiéramos escuchar a Wagner debidamente".

    Quizás Coppola lo haya dicho en alguna entrevista, quizás sea un lugar común para la crítica, pero yo no lo había remarcado. Bien es cierto que todavía algo se me escapa. La similitud de los viejos aeroplanos de la Gran Guerra, cuyo piloto era tan visible como un jinete, con las galopantes walkirias, es obvia. ¿Pero una flotilla de helicópteros? ¿Los vemos en verdad como caballos del aire, al igual que las locomotoras eran caballos de hierro para los sioux? ¿O será acaso que Wagner compuso una metáfora tan potente que ya fue inevitable el invento de la aviación?

Artículo publicado el sábado 19 de enero de 2010.

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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