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Entrevista

Por 17 de mayo de 2010 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Félix de Azúa

 Recibí por correo, hace cinco semanas, unas preguntas. Las enviaba un estudiante en trance de escribir su tesis doctoral o algo por el estilo. Nunca obtuve respuesta ni noticia de recepción. Creo que no era lo que él andaba buscando. Las he vuelto a leer antes de enviarlas a la papelera y no me parecen tan exageradas. Son estas:

 

¿En qué afecta la crisis, la falta de financiación, la contención del gasto, a los grandes proyectos urbanísticos y arquitectónicos?

    Muy positivamente. A la arquitectura le sienta estupendamente la pobreza. La peor arquitectura es la que se hace con toda clase de medios, financiaciones y subvenciones. El mejor ejemplo, el Berlín de Speer/Hitler.

 -Se percibe un cambio en las prioridades políticas: ¿menos proyectos pero más grandilocuentes?

    Tal y como van las cosas los que mandan en estos asuntos son los poderes regionales en alianza con las mafias locales. La arquitectura de la mafia es asombrosa, basta con darse una vuelta por Sicilia o por la costa valenciano/catalana. No parece haber otro futuro.

 -¿Qué credibilidad, y a qué intereses responden, los grandes anuncios de proyectos como el de Sarkozy o Berlusconi? ¿Son factibles?

    Mientras sigamos pagando impuestos, son factibles. ¿Llegará un día en que nos neguemos a la dictadura de los partidos? Es dudoso.

 -No es un argumento recurrente ese de ilusionar a la ciudadanía con grandes obras, algunos utópicas, que luego nunca se hacen realidad?

Sí, pero ya ve usted que la gente sigue votando.

 -En tiempos de crisis, ¿qué proyectos deberían ser los prioritarios? ¿En qué consiste la arquitectura de crisis?

    La arquitectura de la crisis y de la no-crisis debería ser la misma, una actividad destinada a guarecer a las gentes lo mejor posible en ciudades habitables. Pero eso no sale muy bien en papel couché.

 -Arquitectos estrellas y poder político, ¿cuánto durará ese matrimonio?

    Hasta que nos demos cuenta de que el fascismo ha regresado disfrazado de democracia.

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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