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El rey de la péñola jacetana

Por 29 de septiembre de 2008 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Félix de Azúa

Tener un poeta en tu vida es fuente de alegría. Si los gobiernos no tiraran el dinero podrían dedicar una partida a poner poetas en la vida de las gentes. Con muy poco dinero aumentaría mucho eso que ahora se llama "calidad de vida". /upload/fotos/blogs_entradas/papur_med.jpgMi poeta biográfico es Francisco Ferrer Lerín, con quien he vivido aventuras extremas y temibles encuentros. Es un poeta del enigma, del desmán, del arcano, del rijo, del sindiós, del crimen y de la casquería. Acaba de publicar su último poemario, "Papur", en un sello de nombre apropiado: Editorial Eclipsados. Yo diría que son unas cincuenta novelas en miniatura seguidas de poemas científicos (es muy bello el llamado: "Ingesta de carne humana a cargo de aves en las provincias de Lérida y Huesca", para enamorados y tal) y dos guiones que podrían dar algo de vidilla al cenizo cine español. Aprovecho la ocasión para aclarar un punto de nuestra biografía que tanto ha dado que hablar a los historiadores y archiveros.

En la presentación de uno de sus libros y al narrar algunas escenas de nuestra vida en común, Ferrer Lerín reveló que yo fui el ganador del primer concurso de masturbación que se celebró en España tras la muerte de Franco. Por el gesto adusto del numeroso público adiviné de inmediato que había sido malinterpretado, pero luego nos olvidamos y ya no volvimos sobre el asunto. Tras mucha vacilación, hoy debo aclararlo. En efecto, en los años sesenta algunos estudiantes radicales ganábamos unos duros masturbando cerdos. Los payeses catalanes no gastaban en piensos y con aquella práctica ancestral sabían que el marrano sacaba carnes más blandas y menos pestilentes. Iba a peseta el gorrino. Hoy eso se ha perdido, por el Erasmus. Sin embargo el concurso no lo gané yo sino alguien que hoy goza de tan temible poder que no puedo dar su nombre y sólo de pensarlo tiemblo. Debo añadir que cada vez que entrábamos en cochiqueras los cerdos iban, enloquecidos, hacia Ferrer Lerín con el morro palpitante y los ojos encendidos. También de eso va su libro. Es muy bueno.

Artículo publicado en: El Periódico, 27 de septiembre de 2008. 

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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