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Caminito que el tiempo ha borrado

Por 30 de abril de 2008 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Félix de Azúa

Primero se llamó "la revolución de mayo", luego lo de "revolución" se cayó y los diarios hablaban de "mayo del 68". Más tarde no es raro ver que se cite sencillamente "el 68" como si fuera un alarde atlético anterior al "69" del kamasutra. En la actualidad es más frecuente leer acerca de los "sesentayochistas" que sobre los famosos sucesos. La actual conmemoración, no obstante, ha llenado las librerías de objetos religiosos.

Un "sesentayochista" artístico suele ser un individuo dotado con la Tarjeta Dorada de Renfe que utiliza sin embargo un atuendo pleistoceno (tejanos sin marca, zapatillas deportivas, jerséis llenos de bolas), tiene una subvención estatal considerable y muy buena opinión de Fidel Castro. Muchos cantan, o lo intentan. Cuando bebe, lo que sucede con cierta frecuencia, llama "facha" incluso a Rosa Luxemburg. Hay que entenderle: en él es una intensa expresión de cariño previa a la quimioterapia. De todos modos, también hay "sesentayochistas" de sillón de cuero.

En su primer momento, como es lógico, aquello fue verdaderamente una fiesta, es decir, un caos en el que nadie sabía quién era el dueño de la casa, ni si se podía abrir la nevera o usar los dormitorios impunemente. Lo único que tenía urgencia era llegar hasta las bebidas y a los que vendían canutos. Esos fueron los primeros días. Es de suponer que lo mismo sucedió en 1789 y en 1917, con la diferencia de que en Rusia en octubre hace un frío del carajo. En julio, por el contrario, París se desmelena y las madres de la revolución de 1789 mostraban unos pechos similares a los obuses prusianos (como bien reflejó Delacroix en la siguiente, la de 1848), pero en mayo ni fu ni fa. Por esas fechas se dan días buenos y días malos. Nada que ver con el mayo de Praga. Allí todos fueron malos.

En París hubo varios días buenos. A la manera veneciana, no circulaban coches, autobuses o camiones, pero en cambio no había ni un solo turista en calzoncillos o en chándal, una bendición. La gente estaba feliz al sol, paseando por los bulevares silenciosos o ligando en la universidad y sin tener que dar explicaciones por llegar tarde o no llegar en absoluto. Si llovía, que llovió, se refugiaba en los infinitos cafés bajo la mirada agresiva de los camareros, todos ellos de extrema derecha desde lo de Argelia. En muchos cafés se habían agotado las existencias o las habían escondido, pero eso no impedía sentarse a fumar unos galoises y observar con complacencia al servicio mordiéndose los puños con la habitual cobardía de los mayordomos ensalzada por Lenin.

Para cuando empezó a agotarse el pan y otros implementos del hogar, los sindicatos cambiaron como de la noche al día y comenzó a olvidarse lo de "revolución". El pacto social se convirtió en la palabra clave y "los del 68" ya figuraron para siempre como unos burguesitos de mierda en los discursos del proletariado estalinista, o sea, el Partido, o sea, los sindicatos. Los sucesos reales pasaron muy rápidamente a llamarse "mayo del 68" un poco como aquí decimos el "11 M" y en Nueva York el "11 S" o lo que corresponda en esa tipografía analfabeta.

/upload/fotos/blogs_entradas/testigo_de_su_poca_med.jpgLa fiesta se terminó de golpe cuando De Gaulle salió volando y los mejor informados decían que estaba en Alemania preparando la invasión de Francia. El general, que había ocultado con enorme esfuerzo la colaboración de miles de entusiasmados franceses con los alemanes de Hitler, ese caballero, no era un bromista y ya bastante había tenido con arrastrarse a los pies de los aliados para que le dejaran actuar como un general de verdad. Ahora tenía la ocasión de demostrar su temple guerrero con un enemigo despreciable: los franceses.

Así que los más exaltados revolucionarios volvieron a casa para preparar sus coartadas. Negociaron con sus tías, muchas de las cuales pertenecían a la crême, para que juraran que aquella semana la habían pasado en el chateau de la familia jugando a la petanca. A cambio, renunciaron al Monet del salón. Así se forjaron varios prestigios que han durado hasta el día de hoy. Unos dirigen ONGs, otros son diputados en cualquier democracia europea y en cualquier partido democrático (no hay que hacerse el estreñido cuando el destino aprieta) y una mayoría se hicieron profesionales del 68. Casi todos son o han sido ministros o directores de revista especializada, sólo una escuálida minoría pasó al terrorismo sin apenas preparación. Murieron con las Adidas puestas.

De aquella agitación y verdecer de tanto galán no ha quedado nada. Al cabo de pocos años se observaba, si uno no se había dedicado a la carrera parlamentaria, universitaria o mediática, que la verdadera revolución había sido la píldora, la cual había disuelto la ancestral sujeción paternalista e iba a poner en el mercado a millones de mujeres que desde el neolítico deseaban desesperadamente escapar de los hombres, esos golfos.

Poco después llegaba en su ayuda la TV, cuya expansión colosal abrió los ojos a las pocas mujeres que aún no se habían percatado del proceso irreversible que las libraría de los curas párrocos incluso en la España rural, gracias a programas como "Un, dos, tres". Y finalmente la masificación de la educación y de la cultura acabaría con las viejas exigencias elitistas que obligaban a saber leer y escribir para ocupar una plaza administrativa o un cargo de responsabilidad. Habíamos llegado al final y podíamos olvidarnos de aquel episodio chusco, más francés que el bidet, que alguna vez pareció haber tenido relevancia. En la actualidad goza de la consistencia histórica de eventos como la aparición de la Virgen de Fátima a las tres pastorcillas. O cuatro, que no me acuerdo. Da lo mismo, porque también se ha olvidado por completo si fueron cuatro o mil los del 68 dado que, como las cárceles franquistas, por allí ha tenido que pasar todo el que medra en la política y otros espectáculos. Los hay que juran haber estado, pero nacieron en los años ochenta según consta en su DNI. Si les objetas el orden natural de las cosas, nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte, te llaman facha.

Sobre la disolución de aquel producto hay textos famosos, como los "Tigres de papel" de Olivier Rolin y nuevos documentos, como las memorias de Virginia Linhart, hija del fundador de los maos parisinos. Hay que leerlos para entender que aquella inocencia no dejaba de ser criminal. Queda, eso sí, el recuerdo de las cargas de los guardias de la porra, tan emocionantes y hoy innecesarias, las calles vacías, el silencio, los jardines floridos, las muchachas en flor, los muchachos enamorados de las muchachas en flor, algunos vencejos chillando por el cielo y anunciando el verano. Ese verano que nunca llegó.

Artículo publicado en: El Periódico, 27 de abril de 2008.

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017), Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) y El arte del futuro. Ensayos sobre música (Debate, 2022) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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