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Aquellos caballeros

Por 1 de noviembre de 2022 noviembre 2nd, 2022 Sin comentarios

Félix de Azúa

Las clases dirigentes británicas, que son plebeyas, han heredado la capacidad de hacer el ridículo de sus antecesores aristocráticos

Los últimos sucesos en la Gran Bretaña extra europea están conmoviendo antiguas convicciones. Muchos teníamos a los ingleses por un modelo de racionalidad y comportamiento, pero más aún como personalidades a las que no asustaba la originalidad. En resumidas cuentas, como individuos que aceptaban su individualidad y era muy difícil que les afectara la infección colectiva e identitaria. Eran chovinistas, claro, imperialistas, sin duda, pero daban ejemplo de cómo comportarse cuando uno tiene esos defectos y no quiere hacer el ridículo.

La ironía con la que se trataban a sí mismos y a sus manías eran un escudo protector francamente envidiable para un país, el nuestro, que en estas cuestiones de nacionalidad y privilegios muestra el rostro más agropecuario. De ahí que nos gustara tanto la literatura autoparódica de los ingleses, la de Evelyn Waugh o la de P. G. Wodehouse, aunque ese distanciamiento estaba también presente en literatos de fuste como Dickens, James o Conrad y en artistas del cine como los Monty Python. En ellos aprendimos que el único modo de no hacer el payaso con las cuestiones nacionales era tomárselas con mucha distancia y sarcasmo.

Sin embargo, tardamos un poco más en percatarnos de que esas virtudes de la ironía y el sarcasmo no eran las propias de la aristocracia británica, sino más bien algo característico de los plebeyos. Fueron las clases medias y bajas las que se burlaron seriamente de las clases dirigentes desde Shakespeare, cuyos bufones tienen esa retranca popular y socarrona que siempre nos sedujo.

Voy a proponer un ejemplo a modo de prueba del nueve. Lo tomo de Pierre Assouline, cuyo trabajo sobre el retrato (Le portrait, ignoro si hay traducción), lo incluye como rasgo memorable de la personalidad del retratado. Cuenta que a los invitados a la enorme (y horrenda) mansión, la célebre Waddesdon Manor, de los Rothschild ingleses, cada mañana, tras correr las cortinas, el valet preguntaba:

-¿Té, café, chocolate, señor?

-Té, por favor.

-¿Aslam, Souchong, Ceylan, señor?

-Ceylan, por favor.

-¿Leche, crema, limón, señor?

-Leche, por supuesto.

-¿Jersey, Hereford, Montbéliarde, señor?

Podría ser una escena de Pickwik, pero debe subrayarse algo menos conocido. Los Rothschild eran, como todos sabemos, una extensa familia judía sin la menor relación con las clases dominantes, las cuales sólo se permitían el contacto con ellos cuando necesitaban un préstamo. La rama inglesa en particular carecía de cualquier refinamiento y sus gustos eran más bien de clase baja, como se vio hace unos años en ocasión de la subasta del amueblamiento interior del manor, comprado en su mayor parte por los árabes.

Los Rothschild tenían tanto poder que podían permitirse despreciar a aquellos pretenciosos lores y baronets que hacían ascos cuando veían a un judío. De manera que la escena podría muy bien ser una burla sarcástica, inventada por los propios Rothschild. Las actuales clases dirigentes británicas, que son claramente plebeyas, han heredado, sin embargo, la capacidad de hacer el ridículo de sus antecesores aristocráticos.

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017), Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) y El arte del futuro. Ensayos sobre música (Debate, 2022) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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