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"El perro de los Baskerville" de Pierre Bayard

carátula de la novela Pierre Bayard, autor del provocador Cómo hablar de los libros que no se han leído, ofrece en su nuevo libro, El caso del perro de los Baskerville, una novela policial escondida bajo la apariencia de un ensayo sobre Sherlock Holmes y su método de análisis criminal. Pero Bayard, al mejor estilo de Jorge Luis Borges, en vez de escribir una novela prefiere comentar un libro homónimo ya escrito (y publicado en 1901). Uno de los más célebres, además, de Arthur Conan Doyle. Leer la reseña completa en ?Basta de carátula?

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10 de agosto de 2011
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Arbitrariedad

Hay muchos críticos arbitrarios, pero pocos son críticos sólo gracias a que son arbitrarios.

Ahí entra por la bocacalle, con andar pausado, la mirada fija y las manos arqueadas sobre las pistoleras. A partir de este momento todo es cuestión de suerte. Labrará su fama con las muescas de su revólver. Cuando deje de matar, pasará de inmediato al olvido irremediable.

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9 de agosto de 2011
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El "rentrée" español

Jonathan Franzen, la estrella del ?reentrée? español A fines de agosto se acaban las vacaciones de verano en España, y con ello empieza el ?reentrée? español: las novedades inundan con fuerza las librerías durante el otoño. Javier Rodríguez Marcos comenta en El País los títulos más llamativos entre estas novedades -encabezados por Freedom de Jonathan Franzen, traducido literalmente como Libertad y un ambicioso panorama literario latinoamericano escrito por Carlos Fuentes y editado por Alfaguara- que tendrán a los afortunados españoles (a los no afectados por la crisis, se entiende) yendo a las librerías cada fin de semana para ver qué pescan. Dice la nota:

Si la literatura fuera como el fútbol Libertad (Salamandra), de Jonathan Franzen, sería uno de esos partidos del siglo que se juegan cada cierto tiempo. Cuando esta novela de 600 páginas se publicó en Estados Unidos hace un año la revista Time le dedicó la portada a su autor, algo que solo habían conseguido escritores como Joyce, Nabokov o Salinger. En su caso, además, el titular era rotundo: ?El gran novelista americano?. El hecho de que Obama se interesara por el libro antes de su aparición ya había puesto bajo los focos a un narrador que atesoraba dos medallas: el National Book Award por su novela anterior, Las correcciones (Seix Barral), y haber rechazado la invitación para salir en el programa de televisión de Oprah Winfrey. Para algunos Libertad es la primera novela del siglo XXI. Para otros, la última del XIX. Los primeros se basan en su contenido: la historia de una familia de Minnesota que con el cambio de milenio pasa de acercarse al ideal para convertirse en una fábrica de sospechas. Los segundos, entretanto, subrayan un modo de narrar ese contenido que acerca a Franzen a autores como Tolstoi, Dickens o Balzac. Para ambos, la novela como género sigue siendo la historia privada de las naciones. En este caso, la más poderosa del planeta. Un lugar en ocasiones ideal, sospechoso en otras. (?) Uno de los jóvenes autores españoles que mejor ha sabido armonizar la ambición en la forma y la contundencia en los temas, la historia de la vida privada y la de la vida pública, es Isaac Rosa, autor en 2004 de El vano ayer, una de las grandes obras sobre el antifranquismo. En septiembre, Rosa publicará su cuarta novela, La mano invisible (Seix Barral), una aproximación desde la ficción al mundo laboral que podría tener su cara testimonial en El muelle de Ouistreham (Anagrama), de Florence Aubenas. En su reportaje, la periodista francesa narra su experiencia durante los días de 2007 en que, tras estallar la crisis, se inscribió en el paro poder contar desde dentro el cruce de explotaciones y humillaciones a las que son sometidos muchos trabajadores. Los de la limpieza, por ejemplo. Como ella. Hay, no obstante, otra Francia y casi toda estará en Anagrama, que desembarca apostando por nuestros vecinos (Beigbeder, Roudinesco). La estrella más rutilante es Michel Houellebecq con El mapa y el territorio, novela ganadora del último premio Goncourt después de que el autor de Las partículas elementales despotricara durante años contra el galardón. Al final se lo llevó con su ácido retrato del mundo del arte contemporáneo en el que él aparece como personaje: ?Un autor agradable de leer?, escribe de sí mismo. (?) La primera revolución democrática del mundo árabe, la acontecida en Túnez, ya tiene quien la explique: Sami Naïr, que publica simultáneamente en árabe, francés y español La lección tunecina (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores), un libro tejido con entrevistas a los que encendieron una llama que todavía sigue encendida. De algo más al este llegan los relatos de un clásico vivo, el cairota Alaa Al Aswany, opositor a Mubarak y autor del celebérrimo El edificio Yacobián. Su libro Deseo de ser egipcio (Mondadori) reúne una serie de cuentos que las autoridades de su país rechazaron con el argumento de que contienen ?opiniones subversivas al tiempo que se burlan de los valores de la sociedad egipcia, el Estado y la Patria?. La actualidad, la historia y la memoria mandan en el otoño casi tanto como eso que llaman ?los mercados?. De las tres cosas hay en Esperanza (Roca), la crónica biográfica en la que Jesús María Santos retrata a Esperanza Pérez, una española de Cuba que terminó viendo cómo su hijo engrosaba la lista de los desaparecidos en la Argentina en la dictadura militar. Por lo demás, una de las mesas de novedades más poblada será la de los ensayos literarios con Juan Benet (Lumen), Umberto Eco (Debate), Zadie Smith (Salamandra), Orhan Pamuk (Mondadori) o T. S. Eliot (Lumen). Además, un inédito inesperado: el Diario anónimo escrito por José Ángel Valente entre 1959 y 2000 (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores). Por el lado de la imaginación, el otoño verá llegar a las librerías los cuentos completos de Antonio Muñoz Molina (Seix Barral), Manuel Rivas (Alfaguara) y, en 2.500 páginas y tres tomos, los de Pirandello (Nórdica). También relatos -Carolina Grau- publicará Carlos Fuentes, que hace doblete con el monumental volumen La gran novela latinoamericana (Alfaguara), un panorama que va de los tiempos de la conquista a Juan Gabriel Vásquez. Sin olvidarse, por supuesto, del boom de los años 60. ?Nosotros queríamos contar lo que la historia no había contado?, dice el escritor mexicano refiriéndose a su generación. ?Los autores que vinieron luego ya no tenían esa pretensión?. Algunos, no obstante, todavía la conservan. Y llegan en septiembre.

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9 de agosto de 2011
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O'Hara y otra modesta proposición

 

 

A Nueva  York la han cantado muy bien. Puede estar orgullosa de sus cuentistas. Y no se puede quejar de aquellos que han entrado en sus interiores. Está contada esquina a esquina. Novelada, biografiada, filmada, inventada y mil veces reinventada. Cada año se muere un poco para renacer con otra cara, otro cuerpo. La nostalgia nunca fue lo que quiso ser. Solo nos vale para la melancolía, que no es poco pero no es demasiado.

Cineastas, narradores y poetas. Muchos poetas. De todas clases, nacionalidades, lenguas y miradas. Lorca aparte, en el pasado siglo- el siglo de Nueva York- tuvo la suerte de seducir a unos cuantos poetas. Entre los "clásicos" no pueden faltar John Ashbery ni, desde luego Frank O'Hara.

Llevo días con O'Hara paseando por Nueva York. Sobre todo a la hora de comer. Buena hora para bocadillos líricos. A O'Hara le gustaba salir a esa hora en que los obreros descansan y se comen grasientos bocadillos con Coca Cola. Tampoco dejaba de salir a la hora en que Miles Davis entraba golpeado al Birdland ni a esa hora de la tarde en que los muchachos se tocaban en las dobles sesiones de los viejos cines. A O'Hara le gustaba recorrer su ciudad. Y otras ciudades, otros pueblos. Por España estuvo en los años de ladillas y franquistas, en Madrid encontró compañía y tornillos como amuletos.

Pero de sus "poemas a la hora de comer" me van a permitir uno muy reflexivo, un pequeño poema que está pensado especialmente para tantos jóvenes que tienen fe. Y que además de fe tienen hambre y necesidad de comer. Y el que come no tiene porqué callar. ¿Dónde defecarán el millón de almas cándidas, con sus cuerpos parecidos a los de cualquier pagano, que inundarán Madrid en las jornadas de Papa y muy señor suyo?

 

"¿No sería divertido

 que El Dedo hubiese dispuesto

que cagáramos sólo una vez por semana?

 

durante toda la semana engordaríamos

y engordaríamos y el domingo por la mañana

cuando todo el mundo está en la iglesia

                                                          ¡ploop!

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9 de agosto de 2011
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IV. Dioses de opereta

Estos dioses de opereta, a pesar de sus poderes omniscientes no son capaces de enterarse de su propia decrepitud, ni saben escuchar los cuchicheos que se multiplican tras puertas y paredes y que luego se convierten en alaridos de rabia y de rechazo cuando se llena las plazas.

            Un dios recostado en una blanda nube, en un cielo azul y sereno sin inquietudes ni tormentas. Tras hallarse en la lista internacional de los terroristas más buscados, se había reconciliado con occidente, que le perdonó la explosión del avión de la Panamerican en vuelo sobre Escocia en 1988, responsabilidad suya, como lo ha reconocido su propio ministro de Justicia, Abdel Jeleil, que ahora ha dimitido.

            Las llaves del petróleo y del gas las tenía abiertas hacia el otro lado del Mediterráneo. Reyes y jefes de estado lo recibían con pompa. Su megalomanía y sus excentricidades eran pasadas por alto. Sus cuentas rebosaban los bancos en Estados Unidos y Europa.

            ¿Por qué ahora? ¿Por qué a mí?, debe preguntarse. Y lo peor es que, declarado apóstata por los teólogos islámicos, no puede aspirar al título sagrado de shaheed (mártir), y por tanto la está negado el paraíso. Un dios sin paraíso. Vaya contradicción tan extravagante.

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18 de marzo de 2011
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III. Los dioses vencidos

Anastasio Somoza, poco antes de huir a Miami con su familia y sus más íntimos allegados en julio de 1979, llenó de gente una plaza de Managua, empleados públicos y campesinos acarreados en camiones del estado, en sus manos, por igual, fotografías suyas de cuando era joven y esbelto, y no la caricatura envejecida en que también se había convertido. La gente en la plaza gritaba ¡no te vas te quedás, no te vas te quedás!, mientras él, en la tribuna, saludaba con los brazos en alto detrás de una mampara de vidrio a prueba de balas. Sólo conservaba Managua, la capital, o partes de ella. Las ciudades más importantes del país estaban ya en manos de los rebeldes, como ahora en Libia. Aquellos gritos ya no servían de nada. No se quedaba, se iba, Ya se estaba yendo.

            Había bombardeado las ciudades y los barrios insurreccionados de Managua con aviones artillados con cohetes, y cuando se le acabaron las bombas, con barriles de quinientas libras rellenos de dinamita. Se fue, dejando una estela de sangre, más de veinte mil muertos. Y siempre repitió, hasta el último momento, que quienes buscaban derrocarlo, quitarle el trono, el cetro y la corona al dios vivo que él era, no eran sino terroristas, drogadictos, fanáticos, a los que también había que cazar casa por casa. Viejas palabras del repertorio de los dioses vencidos.

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16 de marzo de 2011
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El paradigma Celine

Retorno a la doble función de la cultura que Felix de Azúa me señalaba en el escrito arriba comentado. Catedrales por un lado  y también expedientes inútiles para domar  nuestra naturaleza determinada por el gen venía a decir Felix. Objetaba por mi parte que  la cultura es tanto relativización de la necesidad animal como matriz de nuevas inclinaciones, que a veces entran en conflicto con los propios marcos que la cultura se ha dado. La regresión pura y simple a la condición bestial es para los humanos ya imposible, y por eso patología alguna es indicio de tal regresión. Jean Baptiste Lully, Horacio, Marcel Proust,  y... el general Franco, todos son perfecta y exclusivamente humanos, epifanías contrapuestas pero verídicas del conjunto unificado de facultades que hacen del humano un animal irreductible, un animal singular. En ocasiones, ambas epifanías coinciden, y tenemos ante nosotros a un Celine, personaje que efectivamente parecía "jugarse el pellejo" en cada una de las frases del Viaje al fondo de la noche, y a la vez se complacía en la rapiña de los débiles perpetrada en la Francia ocupada, tanto por los nazis como por los esbirros del gobierno de Vichy.

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4 de marzo de 2011
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II. Los dioses provisionales

Este otro dios, cercado en su fortaleza de Bab el Zizia, y que gusta de los disfraces, arropado en vestiduras de beduino, o vestido de mariscal de charreteras doradas y vistoso quepis, debe ya tener dudas serias sobre su propia inmortalidad, en la medida en que su poder se resquebraja como un decorado comido de manera implacable por la polilla de la animadversión popular, que termina trocándose en furia.

            Los dioses provisionales suelen fabricar sus propios escenarios. El coronel Kadafi se asoma al borde de un muro rodeado de sus Guardianes de la Revolución, los mismos que matan a mansalva en las calles de Trípoli a todos los que ya no creen en el dios verde,  para contemplar a sus partidarios, que han sido congregados allí para gritar vítores, para ensalzarlo, portando muchos de ellos sus retratos de cuando era joven, fabricados en serie. ¿Se asoma para darse confianza, para reforzarse en su idea de permanencia para siempre en el poder, o para despedirse, porque el estrépito de los decorados que se derrumban llega desde toda Libia, desde Sirte, desde Bengasi, desde Tobruk?

            El dios envejecido, que se deforma en caricatura, la cara rellena de botox, y que lanza sus legiones de helicópteros Apache sobre la población civil indefensa como castigo de los cielos, el rayo que sale de su mano y que calcina y mata, juega su último juego, el del amor de su pueblo, el de la devoción imperecedera de sus criaturas. 

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4 de marzo de 2011
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Ayuno de información

En la red, un site que ha introducido el británico Alex Tew, desafía a permanecer dos minutos sin atender a los mail, el móvil o la red social. Se llama a esto "ayuno informativo" y tiene por misión purificar de escorias el espíritu, dejar holguras a la imaginación, liberar  a la mente de su constante conexión con los demás.

 Al éxito de la intercomunicación divertida sigue la intoxicación de la acción sin fin. "Hay un tedio bueno y otro malo", como el colesterol, dice el periodista italiano Armando Torno. Pero incluso podría decirse que el continente del tedio, el continente del ocio donde el tedio se deposita, es la fuente histórica de la creación o la reflexión.

 ¿La reflexión? La glotonería de los datos, su empapuzamiento, ha provocado la pérdida de pensamientos. No hay tiempo para pensar si se desea la conciencia de estar. ¿Consecuencias? El mundo material y moral va a la deriva flotando entre la ausencia de sentido. Su masa se forma y se deforma, se traza o se arrastra empujada por un orden que repele el absentismo, el aislamiento o el yo interior. La velocidad sin freno, sin re-flexión, lleva hacia un futuro transparente y sin nombre que ya vuela sobre nuestras cabezas, a través de los cuerpos, sobrepasando edificios y muros macizos: desencadenado, desde su extraña materia, la orgía de la confusión.

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3 de marzo de 2011
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El espejo libio

Los dictadores y los monarcas feudales, no tan solo del mundo árabe, están sumamente atentos a la evolución de los acontecimientos en Libia. Saben que en la guerra civil que se está fraguando entre Gadafi y los revolucionarios no se juega únicamente el destino del país africano. En Túnez saltó la chispa. En Egipto es donde prendió, como país central y decisivo que es para los árabes. Y si los ciudadanos egipcios buscaron su espejo en Túnez, y luego todos los árabes lo encontraron en Egipto, es en Libia donde se miran no los ciudadanos sino sus opresores, los mandatarios que temen la propagación de la revuelta hasta sus propios países. Vale para los regímenes árabes, pero también para todas las autocracias, deprimidas estos días por el prestigio creciente de la libertad y de la democracia en el mundo.

Si Gadafi se mantuviera, muchos tiranos se reafirmarían en el camino de la represión El caso libio será tomado como ejemplo en dos cuestiones: en el uso de la fuerza por parte de los gobernantes acosados por los revolucionarios y en el peso y papel de las organizaciones internacionales a la hora de derrocar a un régimen. Y en ambos casos solo contará finalmente el resultado. Si Gadafi consiguiera mantenerse, muchos serían los tiranos y reyezuelos que emprenderían o se reafirmarían en el camino de la represión para ahogar las revueltas. Lo mismo valdría para la comunidad internacional, con Estados Unidos a la cabeza, que en tal caso quedaría de nuevo en evidencia ante todos los dictadores preocupados por la preservación de su poder. Una victoria rápida de los rebeldes, en cambio, conduciría a los resultados opuestos: desprestigiaría a ojos de otros dictadores la represión violenta de la revuelta y prestigiaría los pasos hasta ahora escasos y vacilantes realizados por la comunidad internacional para presionar a Gadafi. Aunque la suerte de Gadafi está echada, la ejemplaridad de la crisis libia se juega ahora en el tiempo. Las dificultades de los rebeldes para organizarse y la lentitud y divisiones de la comunidad internacional juegan a favor de la bunkerización del régimen en Trípoli. No es lo mismo un derrocamiento rápido por parte de los civiles armados que una guerra civil entre Gadafi y un Gobierno provisional formado en territorio rebelde, que provocaría inmediatamente un realineamiento internacional, lejos de la actual unanimidad suscitada en el Consejo de Seguridad. Paradójicamente, solo en una situación como esta podrían hacerse realidad los propósitos más intervencionistas acerca de una zona de exclusión aérea que impidiera moverse a la aviación del régimen y de corredores custodiados por militares para la evacuación de civiles y suministro de ayuda humanitaria. Hay una especie de compás de espera entre los autócratas. Tuvieron una primera reacción perfectamente acorde a su naturaleza: el palo. Pero los consejos de Washington y la incertidumbre les ha conducido luego a entregar zanahorias, en forma de dinero contante y sonante, pequeñas reformas irrelevantes e incluso limitaciones del propio poder para el futuro, como es el caso del dictador yemení, que ya ha excluido la sucesión dinástica e incluso su presentación de nuevo a las elecciones presidenciales. Con esta estrategia pretenden comprar tiempo, a la espera de que amaine el temporal o de que fracase la revolución libia y empiecen a regresar las cosas a su sitio. La prueba es que ni uno solo de los regímenes concernidos, blando o duro, ha emprendido el camino del reformismo democrático. Todo esto vale para las autocracias árabes. Pero puede extenderse al resto del planeta, donde hay muchos regímenes interesados en los resultados de esta prueba de tensión a la que se están sometiendo las organizaciones internacionales con motivo de la crisis árabe. No hay mayor stress test o prueba de estrés que una revolución. Nada que ver con las que se les hace a los bancos para averiguar su grado de solvencia, porque se trata de una prueba de tensión real y efectiva. Vale para los Gobiernos y Estados concernidos, pero también para sus vecinos, y sobre todo para la comunidad internacional. Una oleada revolucionaria como la que ha prendido en todo el mundo árabe pone a prueba, sin duda, a la Unión Europea, a la Alianza Atlántica y a Naciones Unidas. Hace ocho años estas organizaciones fueron ya sometidas a un duro examen con ocasión de la búsqueda de las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak, momento en que los europeos se dividieron como no había sucedido nunca antes en su historia, y la ONU fue declarada obsoleta e irrelevante nada menos que por el representante de Estados Unidos, el país fundador y que acoge a su sede central. De las actuales pruebas de tensión, segundas en una década, las organizaciones concernidas pueden salir felizmente vivas y eficaces o definitivamente liquidadas. Quizás George Bush se equivocó en su día al dar por enterrado el multilateralismo con ocasión de la guerra contra Sadam Husein. Por eso el multilateralismo no puede volver a fallar ahora ante un hueso tan duro de roer como es Gadafi.

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3 de marzo de 2011
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