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Europa, esa desconocida

La amenaza es de destrucción, declinada en todas sus variantes. Y a cámara lenta, por cierto: a la crisis de nunca acabar se suma la lentitud exasperante con que se van trenzando los debates y desgranando las decisiones. Empezó con ?Si cae el euro, cae Europa? y ahora estamos incluso en ?Si cae el euro cae Alemania?. En el último episodio los conservadores británicos han llegado a tomárselo en serio: ¡Qué caiga! El euro, Europa, todo junto.

La realidad, en cambio, lleva desmintiendo tales amenazas. Todo va virando al sepia años treinta, cuando aquella Gran Crisis que terminó tan mal, pero ya se ve que el euro aguanta. No aguantan los Estados de bienestar. No aguanta el empleo. Ni las empresas. Menos aún la paciencia de los sufridos ciudadanos, que se indignan por un lado y votan a la oposición por el otro. Pero el euro y la Unión Europa sí aguantan. No hay destrucción, sino cambio. Cuando termine, todo será distinto. Y no solo serán distintos el euro y la Unión Europea, sino todos sus socios, las relaciones de poder entre ellos y la influencia y papel de los europeos en el mundo. Hace algo más de un año había dudas sobre si el FMI debía acudir al rescate de Grecia o era tarea exclusiva de los europeos. Ahora ya se trata de pedir a China que haga su aportación a la financiación de los rescates. Entonces todavía se hablaba de un directorio de los países más ricos que marcaba el paso a los periféricos, pero al poco quedó reducido a dos, Sarkozy y Merkel, y ahora a uno solo, la canciller, que discute y vota en su parlamento por la mañana lo que obligará a aceptar a los 17 socios del euro por la tarde. Las instituciones europeas han quedado profundamente modificadas por toda esta tormenta. Desde que entró en vigor el Tratado de Lisboa, a finales de 2009, hasta ahora, han crecido más las estructuras de gobierno del euro que en sus diez años anteriores: Autoridad Bancaria Europea, presidencia de la Cumbre del euro, Junta Europea de Riesgo Sistémico? Las recién creadas ?presidente del Consejo Europeo, alto representante de Política exterior?, y las que ya había ?la Comisión?, no han terminado de encontrar su papel. Y no sabemos en qué terminará y cómo se gobernará el invento: si habrá algo parecido a un Tesoro o a un alto representante del Euro. También están cambiando los países. La crisis coloca a cada uno en su sitio. El peso del tribunal constitucional, parlamento y cancillería alemanes supera al de sus homólogos de cualquier otro país, incluidos sus correspondientes de la UE, que apenas tienen vela en este entierro. La presidencia francesa, excepcional en sus poderes inventados por De Gaulle, puede morir en el intento. La del Consejo de Ministros italiana ya lo ha hecho. Con el resto, España incluida, no hay problema: a obedecer y callar. Cuando termine todo, habrá que hablar de nuevo de democracia.

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30 de octubre de 2011
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Intelectualidad abertzale: resumen de fuentes

 

La autoagresión, uno de los cultos más antiguos y persistentes, pervive hoy en incontables manifestaciones saludables y modélicas. Puede que esa perversión irreductible no solo esté en el software de la especie, sino que también sea justo lo que la convirtió en especie. De ahí la antiquísima explicación poética que habla de aplacar divinidades vengativas, y la fe terca y lamentable en la utilidad del dolor como ofrenda de resarcimiento. 

Juvenal (XII, 81-82: Tunc, stagnante sinu, gaudent ibi vertice raso / Garrula securi narrare pericula nautae) habla de los marineros que después de haberse rapado el pelo, como solía hacerse de puro pánico ante un temporal para calmar a las divinidades enfurecidas, se recrean narrando con garrulería desbocada los peligros pasados, cuando ya están en la dársena más interior y abrigada del puerto. Narrar con garrulería también quiere decir mintiendo a todo meter. 

El poeta celebra el regreso de su amigo Catulo, que lo tiró todo y hasta abatió a hachazos el palo mayor del barco, y recomienda llevar consigo hachas para empuñar en hora de tormenta y, si fuera preciso, mutilar el propio barco.

Aquí, cuando se dice que ya ha pasado lo peor de la tormenta etnócrata y asesina, se nos ofrece un edificante tema de meditación contemplando los cogotes pelados de los supervivientes y escuchando su verba de pretensión feliz, pero todavía por el hielo atada. Cuánta narración sin explotar yace en el testimonio mudo de las conductas reconvertidas para sobrevivir, desde el campeón deportivo al gran escritor, y también en el etnócrata correcto que nunca temió porque tormenteaba para los demás, y en los incontables que se hicieron un nuevo look con tal naturalidad temerosa y rebañiega que ni lo recuerdan. Y ahora que aún se perciben bien los rastros de la intimidación en todas las caras, se puede echar la vista atrás y ver en qué escasez intelectual ha medrado la etnocracia de matones. 

El primer manifiesto proviolencia racista vasca se publicó en febrero de 1953. Se titulaba Euskaldun gudu-zalduntza baten beharrkiaz (“De la necesidad de una aristocracia guerrera vasca”) y lo firmaba Jon Mirande. “Las democracias han ganado la guerra, pero los vascos que lucharon a su lado y pusieron su esperanza en ellas no son más libres por eso […] bajo el dominio de un Estado que dice ser garante de la libertad y que en todas las cumbres internacionales condena el asesinato racial, mientras su política va liquidando las culturas de todas las razas blancas, negras y amarillas de las que se adueña”. Tras explicar que los vascos maravillosos de la antigüedad tardía y el primer medioevo obedecían a líderes guerreros germánicos que fueron el fermento de la bendita guerra racial y recordar que sin aquella aristocracia guerrera germánica no habría pueblo vasco, concluía: “La historia de nuestro pueblo, y la de los demás, prueba que la fuerza siempre ha convertido el rebaño humano amorfo en sociedad organizada mediante la violencia. Eso es justo, porque la violencia es patrimonio del más fuerte. De modo que, teniendo en cuenta la actual situación crítica de Euskalherria, es evidente que nos hallamos en la necesidad de una aristocracia guerrera semejante. Nuestra calidad de pueblo va a morir, y no de la muerte honorable del guerrero, sino de la muerte por degeneración racial, y no hay cosa más vergonzosa. Hemos perdido la libertad y los extranjeros gozan de la riqueza de nuestra labor. Pero, lo que es más, la integridad de nuestra etnia se está perdiendo a causa de la emigración de nuestros elementos vascos puros y su sustitución por elementos de otra raza poco beneficiosa para nosotros. Los matrimonios con extranjeros nos presentan el problema de los mestizos que alguna vez habremos de resolver , pero ¿cómo? (no digo que todos los matrimonios con extranjeros sean perjudiciales: algunos cruces de sangre nos pueden aportar algo bueno y los necesitamos; los que desestimo son aquellos que se hacen sin tener en cuenta la raza de los contrayentes). Esa degeneración racial de los vascos deriva sin duda de la situación política (aunque también del complejo de inferioridad que afecta a la mayoría de los vascos) y es lícito buscar un remedio político en su contra. […] Es evidente que los abertzales no han podido ofrecer a los vascos, sobre todo a los jóvenes, una meta lo bastante elevada […] No sirve pedir lo que nos corresponde en justicia: para conseguir algo, tenemos que pedir más de los que nos corresponde, teniendo como tenemos mejores argumentos que los legales, quiero decir, argumentos de fuerza. Creo que uno de los medios más adecuados para dar a los vascos el complejo de superioridad racial y el idela de fuerza que precisan es la creación de una nueva aristocracia guerrera. De paso, esa aristocracia tendría el cargo de velar por la pureza de sangre de los vascos y para eso quizá nos conviniera usar blasones y otros emblemas heráldicos.”

Mirande fue también el inventor de la prosa moderna vasca y el introductor del género literario que él llamaba paidophilia erotica, y en el que hizo la concesión de sustituir a su verdadero objeto amado, que era un niño vasco puro, por una niña de lechosidad céltica. Federico Krutwig lo conoció en París y, seducido por su ideal etnocrático, escribió en 1964 un Manifiesto Etnocrático, que Mirande rechazó por estar saturado de logomaquia marxista y porque “Nos parece insensato que un líder, por dotado y meritorio que sea, que se reclama de la etnia europea más antigua, anterior incluso a la llegada de los conquistadores arios, no tenga en definitiva la mínima gota de sangre vasca en las venas. Y, bien pensado, su herencia familiar lo vincula con cierta raíz étnica totalmente ajena al Volkstum europeo occidental. En consecuencia nos parece del todo abusivo que dicho camarada, no contento con militar, por su conocimiento de la lengua euskariana, en las filas de esta antigua etnia, ahora desee encabezarla, e incluso, so pretexto de una “manifiesto etnocrático”, elevarse descaradamente a la dirección del conjunto de etnias más representativas de Occidente, las únicas que han permanecido, en medio de la degeneración moderna, cercanas al ideal natural del Urvolk. […] Desde todo punto de vista, es lástima que nuestro amigo no haya aplicado su talento “dialéctico”, que es grande, a pueblos menos caracterizados que las etnias extremo-occidentales en cuestión (vascos, bretones, frisones, sardos) y no se haya dirigido, por ejemplo, a los camaradas anarco-sindicalistas de Barcelona, o a los neocastristas de Caracas o Tehuantepec… O, aún mejor, que no haya pensado en beneficiar de su savoir-faire a los irredentistas de Richon le Sion, ni los kibboutznikim del Negev. […] No se puede negar en definitiva que el libro Vasconia, hábilmente presentado y bien editado, haya carecido de un efecto a veces saludable en los soñolientos de la causa “euskadiana”, demasiado ligados a las formas legales de la democracia capitalista. Pero de ahí a pasar pura y simplemente bajo las horcas caudinas de la ideología marxista, hay un mundo… Non possumus.”

Y no hay mucho más, en la logorrea de Vasconia mamaron, casi siempre de segunda boca, las neuronas acubilladas bajo la boina, y de ahí vienen estos pelos que traemos y estas razones cobardes que nos gobiernan.

 

 

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30 de octubre de 2011
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Los dibujos de Tolkien

Una ilustración de Tolkien La primera edición de El Hobbit, el libro que dio inicio a la saga El señor de los anillos de JR Tolkien, apareció con ilustraciones del mismo autor. Ahora esas ilustraciones amateurs han sido recuperadas en su 75 aniversario y son publicadas en The Art of The Hobbit por HarperCollins editora. Y son más de un centenar. La nota de Borja Bergareche en el ABC así lo comenta. Dice la nota:

Para dar el inicio a unos meses calientes para los fans de la «comunidad del anillo», la editorial HarperCollins publica hoy un libro, «The Art of the Hobbit», que saca a la luz la totalidad de la obra gráfica con la que Tolkien acompañó los cuatro libros de la saga. La reciente digitalización de nuevos fondos de la biblioteca Bodleian de Oxford, depositaria de parte del legado del autor, permitió descubrir que Tolkien realizó un centenar de ilustraciones sobre el mundo de Bilbo Baggins (Bilbo Bolsón, en español).  Fue una sorpresa, pensábamos que podía haber 40 o 50 en total, pero son 110», explicó David Brawn, el editor. Este «tesoro» artístico incluye acuarelas, dibujos a la tinta, mapas y sketches. Y aporta una novedosa información, llena de viveza y fantasía, sobre cómo Tolkien imaginaba el universo de sus pequeñas criaturas, empezando por el «agujero» en el que vivía Bilbo. En «El Hobbit», este encantador personaje abandona su guarida para reclamar un viejo reino, y es acompañado en su viaje por un grupo de enanos que aspiran a recuperar su tierra. Las aventuras fundacionales de la saga, que incluyen la primera aparición del mago Gandalf y muchos enanos, protagonizan la primera de las dos precuelas a la trilogía del anillo, que rueda en Nueva Zelanda Peter Jackson, director de la exitosa trilogía cinematográfica. «The Hobbit» tiene previsto estrenarse en diciembre, y la segunda parte en diciembre del año que viene. Este aniversario precoz abrirá, sin duda, un periodo intenso de retorno a la leyenda para los fans de la historia en todo el mundo. Y coincide, según explican en HarperCollins, con la venta del ejemplar número 150 millones de «El Señor de los Anillos». Un poderoso mundo de fantasía al que el libro que se publica hoy, elaborado por dos bibliotecarios, Wayne G. Hammond y Christina Scull, debería restaurar en su imaginario más sobrio y vintage, para contrarrestar los infinitivos efectos especiales que permiten el paisaje neozelandés, y las nuevas tecnologías.

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29 de octubre de 2011
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Un toque de realismo mágico

Audur Ava Ólafsdóttir ?Los autores islandeses somos más especiales que el resto de los escandinavos, más poéticos, con un toque de realismo mágico; suecos, daneses o noruegos son más realistas puros, creo? Así se desmarca la islandesa Audur Ava Ólafsdóttir, autora de Rosa Cándida (Alfaguara) de la celebridad que está teniendo actualmente la literatura escandinava en España y en el mundo en general. Una entrevista en El País de Carles Geli anticipa lo que trae la novela de esta autora de apellido impronunciable. Dice la nota:

Cuatro horas caminando sobre el mullido y sedante musgo es más duro que hacerlo montaña a través. La misma suavidad acaba castigando mucho más los tendones de Aquiles que las rocas. Sin saberlo, cuando el joven aprendiz de jardinero cuenta este casi oxímoron está describiendo la fuerza oculta de Rosa Cándida, la novela de la que es protagonista, de la autora islandesa Audur Ava Ólafsdóttir (1958). La obra ha cosechado ya cinco premios internacionales, se quedó a las puertas de otros tantos y ahora llega a España con Alfaguara.

La aparente candidez del argumento -un islandés de 22 años sin un sentido claro de su vida, que sólo aspira a recuperar la rosaleda de un monasterio perdido en medio de Europa y que de pronto se convierte en padre fruto de un viejo encuentro fugaz- camufla notables reflexiones sobre el azar o la predestinación, la nueva masculinidad y hasta la desaparición de lenguas minoritarias. Todo en un estilo seco, de capítulos breves y parcas descripciones, que refuerzan un aire entre aforístico y espiritual. A los personajes, marcados por coincidencias alfanuméricas llamativas, siempre les pasa algo muy distinto de lo que piensan o de lo que la vida les apunta. ?La fuerza de los números está también en mis otras dos novelas, quizá influencia de papá, que era ingeniero y en vez de cuentos me explicaba historias de números?, rememora Ólafsdóttir que, sin darse cuenta, abre y cierra corchetes y recuadra cifras o palabras sobre el papel mientras habla. ?Rechazo el pensamiento analítico realista; yo intento otro acercamiento, el del sabor, el del olfato, tocar? en mi obra el cuerpo importa más que la palabra?. (?)

Pero si algo cuestiona este libro es la masculinidad. ?Es un libro sobre cómo un joven afronta la paternidad. ¿Quieres seguir siendo libre o comprometerte? Nadie nace siendo padre o madre y todos tenemos nuestros sueños?, resume. Pero sigue con el tema paterno. ?Los padres son tanto o más importantes que las madres, si se dieran cuenta de ello tendríamos un mundo mejor? Aquí sabemos de eso: los vikingos dejaban a sus familias para ir a robar y violar, destrozaban hogares y luego volvían al suyo a descansar? Mi libro es una oda al hombre, a la nueva masculinidad; es totalmente antivikingo?. La teoría rousseauniana de que el hombre es bueno por naturaleza impregna las 271 páginas. ?Hay que tener confianza en la gente aún en este mundo de avaricia?, aclara. ?Lo escribí coincidiendo con la crisis de Darfur, en el Sudán: era horroroso? Yo quería crear otro mundo, donde la crueldad no existiera. Y sí, pienso que el 99% de los humanos son buenos, lo que ocurre es que el poder lo tiene el 1% restante?. Y en el libro aparece todo ello pero bajo capas de simbolismo narrados con estilo seco pero sencillo. Entre los niveles casi subliminales de lectura está el asunto de las lenguas minoritarias: el joven es islandés (su idioma solo lo hablan los 315.000 habitantes del país) y viaja a un lugar donde aprenderá una lengua en vías de extinción. ?En un mundo donde lo práctico es ley divina, él hace una cosa tan poco práctica como eso; igual que la rosa que lleva para añadir a la rosaleda donde hay infinitas variedades de todo el mundo, con las lenguas pasa lo mismo: cada una enriquece el mundo y lo representa?. No siente que el islandés esté amenazado, ni lamenta que la suya, que fue la literatura que en el siglo XII salvó todas las demás nórdicas al recopilar por escrito las sagas, sea hoy la menos conocida. Le da más miedo ?el funcionamiento del mercado literario, que lo ha invadido todo sólo de novela negra, ocultando así los otros tipos de literatura que hacemos aquí arriba?. Y como muestra, será su superexitoso colega de serie negra Arnaldur Indridason el que dará la conferencia inaugural la próxima semana en la Feria del Libro de Francfort, que este año se dedica a Islandia. Escéptica, dura en el fondo, Ólafsdóttir matiza incluso el paraíso cultural islandés, donde cada ciudadano lee una media de ocho libros al año. ?Es un mito: estas cifras las aguantan las mujeres, que leen dos y tres títulos a la semana; piense que el 70% de los universitarios de aquí son chicas; además, se compran muchos libros, pero casi nadie los acaba?. Igual de dura se muestra con la crisis económica, que afectó especialmente a su país. ?¿Sabe qué es lo más grave? Que nos robaron por dentro y desde dentro? Estoy enfadadísima con eso. Pero ahora cambiaremos la Constitución y lo arreglaremos?, dice con sus fulgentes ojos azul hielo. Cuidado con el musgo?

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29 de octubre de 2011
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Peter Stamm reseñado

carátula de la novela ?Una novela tan precisa y desoladora como sus relatos? dice Rafael Narbona en la reseña que publica en El Cultural sobre Siete años, la novela de Peter Stamm que para mí (y que me perdonen los fans de Jonathan Franzen) será la novela del año sin lugar a dudas. Ya no puedo esperar que llegue a Lima, o encontrarla en México pues viajo en tres semanas para allá. A ver. Dice la reseña:

La infelicidad se ha fundido con nuestras vidas, insinuando que el fracaso es el desenlace inevitable de cualquier ilusión. Peter Stamm (Weinfelden, Suiza, 1963) ha abordado los conflictos que acechan a las relaciones sentimentales en Siete años, una novela tan precisa y desoladora como sus relatos, donde apenas hay espacio para la esperanza. Sonja y Alex son un matrimonio aparentemente perfecto. Atractivos y con éxito profesional, se dedican a la arquitectura, pero el orden que reflejan en sus proyectos apenas logran esconder su caos interior. Cada uno se enfrenta a los conflictos de forma distinta, pero la frustración ha prevalecido sobre todas sus estrategias, frustrando las expectativas de dicha. La crisis económica sólo contribuirá a desatar el malestar que han aprendido a reprimir. Los dos comenzarán a fantasear con su pasado, planteándose la posibilidad de retroceder y comenzar de nuevo, pero ambos saben que las oportunidades perdidas no regresarán. Pese a todo, Alex rescatará del olvido a Ivona, que le hizo vislumbrar un mundo diferente e incomprensible, donde el amor ya no era una pasión correspondida, sino una insensatez con vocación de absoluto. Ivona es una joven polaca, católica e introvertida. No es una mujer hermosa, pero tiene la belleza de un animal herido. Su amor hacia Alex se convertirá en una obsesión silenciosa, que sobrevivirá a la separación y a las múltiples imposibilidades que impidieron la consumación de un deseo recíproco. Stamm se adentra en sus personajes con una deliberada perplejidad. No pretende saberlo todo. Sólo desea compartir su desconcierto e inseguridad. Lejos del punto de vista del narrador omnisciente, no presume de conocer sus motivaciones. El otro siempre es un misterio impenetrable. Hay una intimidad recóndita que ni siquiera se muestra en las relaciones más estrechas. La amistad es más propicia a las confesiones, pero siempre hay un resto que se escamotea. El matrimonio presupone el fin de todas las reservas. Sin embargo, los protagonistas, Alex y Sonja, se alejan con el paso de los años, hasta convertirse en extraños afligidos por una intolerable soledad. Alex invoca constantemente el magisterio del arquitecto milanés Aldo Rossi, pero su influencia se manifiesta más en su vida que en su trabajo. Cuando se encuentra a solas con Ivona por primera vez, la alcoba que les protege de las miradas ajenas se convierte en espacio descanrado de repulsión y desencuentro. ?Cada habitación habita un abismo?. El abismo que se levanta entre los amantes, los esposos o los desconocidos, que buscan alivio o una tregua en el placer ocasional. No es algo insólito, si se repara en que las ciudades sólo son ?un campamento de vivos y muertos?, donde la existencia y su fin se encadenan sin ningún propósito racional. Siete años es una extraordinaria novela, y un excelente retrato de una época sin certezas y ni convicciones. Peter Stamm evita los juicios morales. No pretende hacer pedagogía, sino reflejar nuestra impotencia frente a los acontecimientos. Al igual que los trágicos griegos, cuestiona la libertad, pero sin atribuir las calamidades al destino. Aldo Rossi sostenía que el verdadero significado de un edificio no se aprecia hasta que ha sido demolido. Peter Stamm escarba entre las ruinas de las pasiones humanas y nos muestra que es absurdo soñar con la felicidad. La literatura sólo es la crónica de una derrota y no debemos esperar nada de ella, salvo unos momentos de lucidez. 

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28 de octubre de 2011
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El pulso de Julian Barnes

carátula del libro Mientras esperamos que en otoño del 2012 Anagrama publique The Sense of an Ending, la novela de Julian Barnes ganadora del Booker, podemos adelantarnos a la prosa de Barnes a través de los cuentos de Pulso que ha publicado la editorial para fin de año. La reseña muy elogiosa en El Cultural es de Germán Gullón.  Dice:

Julian Barnes en sus últimos libros, al igual que Philip Roth, abordaba los temas de la muerte y de la vejez, lo que ponía un monótono crespón negro a su narrativa. En Pulso remite el pesimismo. El narrador cuenta con la alegría de quien se reencuentra con la vida, con las mil y un facetas que cada día ofrece la realidad, y con ellas elabora estos fragmentos de vida literaria. Este libro es excepcional por la riqueza de sus relatos. Ya el cuento inaugural, ?Viento del Este?, nos deja sin aliento. En él, un divorciado comienza a tener una relación con una inmigrante del Este de Europa, una mujer madura que apenas dice nada, simplemente se deja llevar. Su silencio pide discreción y, en cambio, incitará la curiosidad del hombre. Deseoso de saber sobre la amante, consigue entrar en su habitación, donde descubre el secreto de su conducta. No la volverá a ver, porque ella abandona el trabajo y el lugar. Otros relatos exploran la verdad más dura sobre una relación matrimonial, el momento en que los esposos comienzan a regalarse objetos útiles para la casa, cuando el sentimiento que los unió, el amor o como se quiera llamar, ha desaparecido. Estas historias, según dije, nos dejan sin aliento, frente a casos, a momentos de la vida, que quizás los lectores hemos protagonizado o visto ocurrir en nuestro entorno. Un cuarteto de piezas ocurre en la casa de Phil y Joanna, donde se reúnen ocho amigos de clase media a cenar. Hablan de los temas más diversos, la política, el medioambiente, Obama, el despego de los ingleses hacia Europa? Son diálogos vivaces sobre la actualidad, en los que apenas distinguimos quién habla, pues los personajes se quitan la palabra unos a otros, sin que podamos identificarlos. Aquí Barnes descorcha su prosa, construyendo unos diálogos enormemente sugerentes, que vienen a ofrecer un listón de cómo habla y piensa un inglés educado de clase media. Algunos cuentos abordan el nacimiento de las relaciones amorosas, como el inicial, y otros las pequeñas disensiones que se producen en el seno de las parejas. Puede ser que se trate sólo de cómo organizar las plantas en un jardín o la invitación a unos amigos a tomar una barbacoa. Estos tira y afloja de la vida, que cuando viene mezclada con unas amistades anodinas acaban por sumir la existencia cotidiana en un tedio permanente. No faltan cuentos referentes a la muerte, testimonio del impacto de la viudez de Barnes. Uno, ?Pulso?, el que da título al volumen, trata de la muerte de una mujer y del dolor y el hueco que deja en la vida de su hijo y, sobre todo, de su marido. Los últimos cinco relatos tratan cada uno de un sentido, donde encontramos a un pintor ciego, a un músico sordo, y así. Quizás la calidad de estos cuentos se deriva de que Barnes no es un escritor que sólo escribe de sí mismo, sino que crea ambientes donde participan diversos personajes. Se ha dicho que esto ocurre por la influencia de Guy de Maupassant, porque, como él, sabe situar al hombre en el mundo, donde nunca estamos solos. 

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28 de octubre de 2011
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La shortlist del Herralde

Hotel Condes de Barcelona, donde se dará el veredicto Entre Argentina y España (salvo que el cubano nos dé una sorpresa) está el ganador del XXIX Premio Herralde de Novela de la editorial Anagrama. La rueda de prensa que dará al ganador y al finalista será al mediodía del lunes 7 de noviembre. Anagrama ha enviado ya la shortlist, con 10 semi finalistas: - El salto de Donatti, Juan Almar (pseudónimo), España - Usted me pidió que le contase, Budrun (pseudónimo), España - Modelos animales, Aixa de la Cruz, España - Otros negocios, Martín Hernández (pseudónimo), Argentina - Érase una vez en el invierno, Antonio Jiménez Iznaga (pseudónimo), Cuba - La piscina, Roberto Lara (pseudónimo), España - La sala en noviembre, Gonzalo Leal Manrubia (pseudónimo), España - El hombre del mini, Peña Maín (pseudónimo), España - Padres de la patria, Gabriel Pasquini, Argentina - La vida nueva, Alberto de Santos (pseudónimo), Argentina

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28 de octubre de 2011
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II. El poder, un espejismo alucinante

Y era tal el espejismo alucinante creado por la megalomanía del coronel, que se negaba a sí mismo como todopoderoso, declarándose ajeno a los asuntos terrenales del gobierno que dejó en manos de sus hijos; en un plano mucho más elevado, casi etéreo, era el guía espiritual no sólo de Libia, sino del mundo, a través de las enseñanzas de su Libro Verde, del que hizo imprimir millones de copias en todos los idiomas.

            La ilusión del poder para siempre, que no es sino una forma de locura, desvanece la idea de la muerte y la sustituye por otra perversa, la idea de la inmortalidad. La soberbia del poder crea un juego de espejos infinitos donde la figura del caudillo se refleja hasta la eternidad, y por eso mismo, cuando la muerte se le presenta al coronel Kadafi en su último y precario refugio de la alcantarilla, uno de esos espejos se rompe, y él pregunta, asombrado, incrédulo, a quienes lo buscan para matarlo: "¿qué pasa? ¿qué pasa?".

            ¿Qué pasa? Es como si en ese momento despertara, saliendo del más profundo de los sueños, el sueño del poder omnímodo, que es como un abismo, y viera en todo su terrible esplendor a la realidad en la imagen de los insurrectos que lo apuntan con sus fusiles, para entonces exclamar: "¡No me maten! ¡mis hijos!". La indefensión, la impotencia son ahora los fantasmas que lo rodean, mientras los fantasmas siempre risueños del poder se desvanecen, y lo que sus oídos escuchan es el ruido de los espejos de su gloria inmortal, que van saltando, uno tras otros, en añicos.

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28 de octubre de 2011
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¿Existe el Nuevo Drama o el viejo marketing?

Portada de suplemento literario Mucho ruido pero ¿pocas nueces? No he leído la antología Mi madre es un pez, publicada por Libros del Silencio y preparada y antologada por Sergi Bellver y Juan Soto Ivars, aunque conozco uno de los cuentos (de Katya Adaui) y me parece fantástico. Sin embargo, al parecer, aunque la antología trataría de reunir solo cuentos sobre familias, los autores del prólogo han dicho algunas cosas que han disgustado a más de uno, porque al parecer han usado la antología como herramienta y bandera de un supuesto nuevo movimiento al que han llamado Nuevo Drama y que se opondría al grupo Nocilla, y lo han propuesto en contra -o en desconocimiento- de los propios antologados. Viejo truco de marketing, en realidad. ¿Recuerdan McOndo? Por su parte, los autores del prólogo (luego de tirar la piedra, hay que decirlo), ante la trifulca que se armó, en la presentación del libro han pedido no ahondar en el prólogo sino en los textos.  Pero la bronca ya está armada y no se puede ocultar el sol con un dedo. Así lo cuenta Juan Palomo en su blog ?La Papelera?:

Semana movida la que han vivido los jóvenes escritores españoles. Acaba de nacer un movimiento literario y ya le han crecido los desertores. Todo empezó cuando Sergi Bellver y Juan Soto Ivars, editores de la antología de relatos Mi madre es un pez colaron en el prólogo el advenimiento de Nuevo Drama, básicamente anti-Nocilla y anti-Mallo, que se impone ?romper con la frialdad de la forma y la impostura de lo fragmentario?. Tendències, de El Mundo de Cataluña, lo registró en un reportaje incluyendo a Javier Calvo, otrora nocillero, en el conciliábulo. Pues bien, un cabreado Calvo colgó en la red este comunicado: ?No formo parte del movimiento Nuevo Drama ni tengo nada que ver con él. El movimiento Nuevo Drama, por lo que yo sé, lo integran tres personas: Bellver, Soto y Manuel Astur. Yo no comulgo con su manifiesto ni me he alineado nunca con él?. Más desmarques siguieron: Javier Avilés, Mercedes Cebrián? O sea, se ocultó a los antologados (Eduardo Mendoza y Rodrigo Fresán, entre ellos) en Mi madre es un pez que el libro se iba a vender como la bandera del nuevo movimiento. 

Si quieren leer el prólogo que ocasionó tantos disgustos, haga clic aquí. 

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28 de octubre de 2011
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"La literatura no tiene la obligación de estar reflejando la realidad"

Yuri Herrera en Buenos Aires Hace unos meses, Yuri Herrera estuvo en Buenos Aires para el FILBA. Ahora, la Revista Ñ nos deja una entrevista que le realizó Marcela Mazzei en aquella ocasión, donde se habla mucho de política latinoamericana y también un poco sobe su segunda novela (tan exitosa como la primera, Trabajos del reino) titulada Señales que precederán el fin del mundo ambas publicadas por Periférica.  Dice la entrevista:

¿Cómo es que la realidad de su país se mete en la ficción? Creo que no necesariamente la migración o el narcotráfico son el núcleo de muchas historias que se están contando en México, sino que son ingredientes ineludibles. Y la gente que hace literatura los toma y los procesa. La literatura no tiene la obligación de estar reflejando la realidad ?cosa que por otro lado creo que no es posible? sino que la representa, la reconstruye y le añade algo. En relación a la violencia, la idea es no sólo estar repitiendo los mismos discursos extremadamente sangrientos sino ?sin temerle pues al horror?, tratar de aprehender una cierta emoción que hay en la sociedad respecto a estos hechos. ¿Se trata entonces de refutar discursos extendidos, hegemónicos??Sí en la medida en que soy muy crítico de los discursos que tratan de monopolizar las versiones de la realidad. Sin embargo, cuando estoy escribiendo un texto de ficción no me gusta hacerlo en función de una agenda específica o de un propósito político. La literatura siempre está atravesada por la política pero uno la empobrece si lo hace sólo en función de un solo objetivo como podría ser: voy a escribir esta novela para refutar el discurso presidencial. Sí creo que los discursos presidenciales tienen que ser criticados y refutados pero la literatura va más allá de un asunto coyuntural. Estudió Ciencias Políticas, de manera que cuenta con herramientas para analizar en esos términos la realidad, ¿cuándo ingresa la literatura?La literatura siempre estuvo presente. Yo tenía una convicción bastante idiota: si querías hacer literatura no podías estudiar literatura, y es por eso que decidí no entrar a ninguna carrera de letras. Ahora creo que si uno quiere escribir, escribe, independientemente de lo que estudie o no. Aparte de esa motivación un poco tonta, no me arrepiento. Aunque todo el tiempo sabía que quería hacer literatura, fue muy interesante practicar la elaboración de otros discursos, estar con otro tipo de gente; y además fue un momento muy interesante. Porque la UNAM es no sólo la mejor universidad sino la más interesante que hay en México, y entré en 1989 cuando todas nuestras certezas políticas, de uno y otro lado, comienzan a desarmarse: caen el sandinismo, las burocracias de Europa de Este, y el sistema político mexicano empieza a resquebrajarse también. Esto contribuyó a enriquecer una mirada que me estaba construyendo sobre la realidad.  (?) De regreso a la migración, ¿cómo construyó desde la literatura esta idea en su versión contemporánea? Porque gente que migra hay desde que el mundo es mundo?Una de las cosas que a mí me importan a la hora de escribir es no ser rehén de ciertos términos que están sobrecargados y dependen de discursos muy establecidos. Eso es lo que sucede con narcotráfico o migración. Nunca utilizo esas palabras porque creo que una de las cosas que puede hacer la literatura es poner ciertos problemas que parecen abstractos en una escala humana. ¿Y en la novela específicamente?Señales que precederán al fin del mundo es la historia de un viaje que realiza una mujer y, a través de este viaje, esta mujer por un lado está cambiando su identidad y por otro está colaborando en el cambio de identidad de estos distintos países. Y una de las cosas que se pueden ver en este trayecto es que la lengua también es algo que está cambiando. Cuando se habla de migración, cuando los políticos hablan de migración, da la impresión de que solo están hablando de asuntos que tienen que ver con pasaportes y con ciertas leyes sobre cómo puedes tú transportarte de un lugar a otro manteniendo tus derechos. Y la migración es algo que tiene muchas más influencias que las que los estados nacionales están dispuestos a reconocerle. Llevo más de 10 años mudándome, siempre lo he hecho como un individuo privilegiado, pero si una cosa puedo decir es que no solo la migración es un derecho universal sino que es un hecho irrefrenable. Y lo que hacen estas grandes leyes migratorias en muchos países es simplemente abaratar el trabajo migrante pero no detener el fenómeno.

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27 de octubre de 2011
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El Boomeran(g)
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