Vicente Verdú
Dentro de la trágica fantasía en que consiste la crisis financiera internacional, la ficción constante de los hechos dobla a la ficción de la narración y, en la interminable cadena de derivados y fantasmas contables inaccesibles al saber lógico, la gran reunión del G-8 ha concluido el pasado día 12 de octubre en que la auténtica solución al conflicto ha de pasar por financiar el sistema de financiación. La solución al conflicto, pues, exige mediante una nueva financiación la antigua financiación y con el fin de que el anterior sistema funcione. ¿El sistema anterior? El desastroso sistema anterior se ha estancado hasta el punto en que muchos analistas confunde con su fin y, sin embargo, para volver a la vida financiera preciso sumar al fenecido sistema de financiación una financiación obtenida del mismo sistema de financiación. Porque ¿qué otro sistema de financiación cabe imaginar en el bucle total del sistema?
En El País (13-10-2008) Abdeslam Baraka, ex-ministro marroquí de Relaciones con el Parlamento y ex-embajador en España decía que sin la inyección de financiación "la sangre dejará de fluir en el cuerpo de la economía y el paro cardiaco será inevitable. O, en todo caso, las secuelas sobre las funciones del cerebro estarán servidas". A falta, por tanto, de un acceso racional al fantasmagórico problema económico se recurre al simple ejemplo de la salud humana. A falta de inteligibilidad del mal en la economía del sistema de financiación se invoca el mal del cuerpo y sus líquidos vitales como muestras de la trascendencia del factor liquidez en no importa qué sistema, tanto en el riego sanguíneo como en las inyecciones de capital circulante. Fuera ya de toda posible comprensión, fuera de cualquier control, desbordando la medida de la dimensión inteligible, The Washington Post de ese mismo día titulaba: "La crisis financiera une al planeta". ¡Quién iba a predecir este colosal milagro! La hecatombe de capitales refunda la unidad capital y gracias no sólo a su envergadura sino en virtud también de la brillante ininteligibilidad del fenómeno. Los milagros son precisamente de esta misma naturaleza y logran tan portentosos resultados. Lo milagroso deshace las posibles diferencias, con la extremosidad de su luz vela cualquier punto negro y crea con su deslumbramiento un ámbito general radiante y homogéneo, desnudo de tropiezos, desprovisto de razones, aplastado ante la magna categoría del suceso. Financiación para el sistema de financiación, vida para el sistema de vida, líquido para el sistema de liquidez, existencia para la existencia de la existencia o la inexistencia cabal.
La suma de lo idéntico sobre lo idéntico conduce hasta la masa crítica de Dios. El ser absoluto que es absolutamente el que es. Acaso en ningún momento de la historia tras la llegada de la modernidad las explicaciones más técnicas y profesionalizadas se aproximaron más al pensamiento mágico a la palabra y la mitología del salvaje.