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Ficha técnica

Título: Les Màquines de Leonardo | Autores: Joaquim Poireau, Diosnel Saldívar, Jan Carelman, Padre Octavio, Elías Deià, Miguel Arredondo, Andreu Peris, Jordi Lahispaniola, Travis Ortega, Peris K. Dick, Andrés Duvet, Nöel Zinc, Joan Van Dahlmann, Andreu Sabater | Prólogos: Javier Vellé y Antoni Serra | Ilustraciones: Manuel Sánchez Monzó | Editorial: Casabierta | Colección: Palma de los otros | ISBN: 978-84-613-8578-2 | Páginas: 320 | Encuadernación: Sobrecubierta. Tapa dura. Páginas plegadas y cosidas con hilo.  Cubierta forrada. Lomo recto, guardas y cabezadas |  PVP: 20,00 € | Publicación:  2010 | Antología heterónima

Les màquines de Leonardo

Varios autores

CASABIERTA

«Les màquines de Leonardo inician su camino en 1997 directamente inspiradas en el fanzine cultural Youthing -de quien adaptó su formato y su rasgo fundamental al ser gratuito-, en el Boletín del Ateneu Llibertari o como respuesta literaria a La bolsa de pipas… Por citar sólo algunas. Es una publicación que nace con ellas y desde ellas, pero que desde el principio determina una identidad totalmente propia, algo atípica y rotundamente anónima. A veces por pura necesidad creativa, otras por vanidad y otras, la mayoría, por el simple gusto de hacer lo que nos venía en gana, sin esperar recompensa ni complicidades ajenas.
Número tras número todo se reinventaba. Las tiradas eran cortas y puntuales, anárquicas. Unas veces se distribuían entre los parabrisas de los coches y otras en librerías peninsulares de anarquistas maravillosos, ya que persistía la idea de que un ejemplar de Les màquines de Leonardo nunca acabaría en los contenedores de papel reciclable (qué ingenua es a veces la alegría). Unas veces costaba editarlas lo que cuestan dos menús aceptables y otras nos dejaban los bolsillos vacíos». Javier Velle
«Cuando la Editorial Casabierta me propuso escribir unas líneas de introducción para una antología heterónima de la obra de estos personajes, acepté de inmediato. Porque creo en ellos -no religiosamente, fotre!, sino creativamente: son sin ser, siendo-, en cada uno de ellos. Y me leí -sin prisas, con saltos cuánticos vivénciales, con ciertas ansias de encontrarme con la renovación y rebeldía- A propósito de nada, de Joaquim Poireau («Siento no poder contaros gran cosa./ Eso es todo: me como hasta las palabras»); los cuentos de Diosnel Saldívar («Las bestias del dolor habían escapado de sus jaulas y orinaban en mi sangre»); No-words, de Jan Carelman («… recordé/ que mi silencio/ siempre será el más hermoso de los versos»); Los relatos de Padre Octavio, («A nosotros, ¿qué nos justifica? Después del dolor y la mentira, después de la crueldad y las tinieblas, ¿qué podremos esgrimir? ¿Manos vacías? ¿Pura impotencia?»); La tinta blanca, de Elías Deià («… las pijas madrileñas habían alcanzado/ la crítica sin pasar por la literatura»); El libro de los pobres, de Miguel Arredondo («He vivido con un yonqui más de dos años. He paseado por el infierno; y he regresado: Él no. (…) Me gusta dejar pasar la luz a través de mis manos»)… Nueva temporada en el infierno, de Andreu Peris («ahora voy a contaros en un momento/ cómo no estuve en parís, ni fui dichoso;/ a decir verdad ni en este planeta estuve:/ ¡no me he movido en casi treinta años!»); Relatos proletarios, de Jordi lahispaniola («No hay manera de insertarse en la ciudad siendo sólo poeta»); A quemarropa, de Travis Ortega («Si te dan a elegir/ lo tienes claro:/ prefieres el infierno… (…) …sentir mojadas/ las puntas de tus dedos/ en sus bragas…»); Ambas cosas, de Peris K. Dick («… a vuestra civilización la devora la flora abriéndose paso entre edificios abandonados, aluminio y plástico»); A la intemperie, de Andrés Duvet («Insignes merecedores del premio Mein Kampf de literatura/ en reconocimiento a toda/ una anodina trayectoria literaria…»); Tantas veces nada, de Nöel Zinc («Fumando un cigarrillo, apoyado en la pared como si ésta me estuviera sujetando. No me muevo, la pared tampoco. Tan sólo se consume el cigarrillo y parte de nuestras vidas»); Capax Dei, de Joan Van Dahlmann («Nada he querido nada he adorado/ Sino la viva escritura que enciendes» y, finalmente, El adulterio, Andreu Sabater («Sólo el agua debería ser insípida; nunca la palabra del hombre»…

Toda una muestra de literatura inquietante, no domesticada y de revolución (estética y conceptual) permanente. Diría más, aunque no me lo permitan los académicos y los legionarios con birrete y sobrepelliz, sólo los breves fragmentos que he citado (reproducido) ya justifican íntegramente la antología de Les màquines de Leonardo». Antoni Serra

 

Comerciantes de Nubes  

   Son algo más de las doce del mediodía y la terraza del Café Central está casi vacía. «Es mucho el frío para tan poco mallorquín», comenta con ironía Pep, mientras sonríe de oreja a oreja. Faltan tres días para que Neera cumpla doce años -doce años ya-, es enero de 2010, llevo un mes queriendo escribir este prólogo y no encuentro la forma de unir tanta palabra. Pienso en todo esto mientras me caliento las manos con el café con leche y, a lo lejos, veo sentarse a Biel Morgue.

   Abro mi cuaderno, reviso las notas y leo un fragmento del artículo Dos décadas de underground, de Jesús Luis, publicado hace algunos años, donde describe las propuestas editoriales, de publicaciones y libros que se generaron en las décadas de los ochenta y noventa en Mallorca, sobre todo en Palma: «Por aquella época tuvo lugar un experimento extraño, un grupo de alrededor de quince jóvenes se empezó a reunir en diversos bares de la zona de la Cruz Roja de Palma para debatir e intercambiar inquietudes poéticas, dando lugar a lo que se daría en llamar Edicions Móntatelo-Tú. Se trataba de autopublicarse las propias obras por los medios más económicos posibles».

 

   Me acerco a saludar a Biel y me siento junto a su mesa, Honorio le sirve su café con elegancia -como siempre hace- mientras yo, algo indiscreto como siempre hago, directamente comienzo a preguntarle: «La fotocopia…», me dice, «es importante para entender el desarrollo de todas aquellas publicaciones. Era lo único que teníamos al alcance y, además, era el medio perfecto para la difusión urbana. La fotocopiadora: nuestra verdadera revolución». Y no le falta razón, ya que esta máquina impresora hizo furor desde los ochenta a bien entrados los noventa entre cualquier publicación que se autoeditase; además, cabe recordar que las imprentas aún mantenían máquinas Offset que, por defecto, encarecían cualquier tipo de impresión, por lo que a nivel de costes no tenían comparación con las tiendas de fotocopias que comenzaban a abrirse en Palma. «Lo destacable: la fotocopiadora», me dice este hombre espigado y delgado como buen pino mediterráneo.

 

   Lavativa, Conspiració Gnomo, El insurrecto, Plomí Corcat, Lusmore Productions, El Moixet Demagog, Bóvedas, El ánima, La bolsa de pipas, Morge 47, Youthing, La parturienta, El arte de marear, Boletín Estell Negre, Casatomada, Potemkin, Edicions Móntatelo-Tú y otros… Parafraseando a Pep: «En realidad son muchísimas publicaciones para tan poco mallorquín por metro cuadrado». Y así es, teniendo en cuenta las dimensiones de esta ciudad, de esta isla; teniendo en cuenta la política cultural que imperaba, tanto oficial como privada; teniendo en cuenta que todas estas propuestas eran independientes, creativas y libres… Se lo hago notar a Biel, él frunce el ceño y acepta para luego apuntar con inteligencia: «Pero todo esto tiene sus orígenes, su centro primero. Si la fotocopiadora es destacable, fundamental fue Radio Activitat». 

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]

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Varios autores

Joaquim Poireau de recorrido itinerante, el poeta es un mal-entendido, el vano esfuerzo de escapar al susurro que le dicta y en el que se reconoce: «Yo no tengo dinero, creo que ya lo dije en otro poema;/ no tengo casa, ni patio, ni suelo, ni compañeros viejos/ de trabajo, ni ilusiones ganadas o perdidas». Ofrece una voz inédita, vehemente por el eco de su biografía... y quién sabe si esa vida hubiera sido posible sin los versos que nos dejó escritos en carpetas olvidadas. Diosnel Saldívar es miembro de Boris Vian, un colectivo underground cuya sede es la planta alta y la azotea de un rascacielos asunceno en el que conviven farra, exposiciones de arte, conciertos, proyecciones de cine de autor y editoriales marginales. Es saxofonista, escritor y guionista de televisión. Está casado con una madrileña a la que conoció en Buenos Aires cinco años atrás. Actualmente se gana los cuartos como locutor del programa Mari-lin en Radio Aleph.   Padre Octavio nace en Palma en junio de 1973. Era pequeño, de ojos grandes y negros, ocultista, teósofo, simpático, excelente persona, vegetariano; y aunque condenado a vivir en un segundo plano por prófugo del servicio social, todavía anda diciendo por pueblos y calas de Mallorca aquello que decía a principio de los años noventa: «Os traigo la cola del cometa».   Jan Carelman (Belfast, 1972), hijo de una posadera francesa y de un inglés loco que diseña objetos imposibles, dicen que al llegar a la isla se le inundaron los ojos de luz. También cuentan que desde que cayeron las torres gemelas en New York vive tramuntanero en un refugio de montaña, donde sólo llegan las mulas y los excursionistas a pie: «Dejé atrás la ciudad, el ruido, la supervivencia, las mujeres, el hambre».   Miguel Arredondo ensayista consumado, tozudo y libertario, Arredondo dedica su palabra más íntima y personal a El libro de los pobres, obra en prosa en que trabaja hasta que muere asesinado por la policía en mayo de 1972, en un momento en que América Latina hierve en dictaduras.   Andreu Peris (Sagunt, 1968 - Coll de Nargó, 2005) se dedicó a ser poeta de provincias, sobre todo en lengua catalana, logrando incluso una entrada de varias líneas en la página doscientos ochenta y siete de la primera revisión de la Gran Enciclopedia de Mallorca.   Jordi Lahispaniola es primo de Elías Deià según él mismo, nace en Madrid en 1973. No consigue fijar el tono de su voz hasta el año 2004 en Uvero Alto, República Dominicana. Allí escribe los poemarios Jordi Lahispaniola, a modo de confesión y el ínclito Yanvalou.   Peris K. Dick amigo virtual del astronauta Edgar Mitchell, el sexto humano que pisó la Luna, Peris K. Dick comienza a publicar ciencia ficción antes de cumplir cuarenta años. Suele dedicar lo que cuenta a su pequeña, que sí le comprende, y siempre se deja aconsejar por Jan Vëllem, con quien está escribiendo a cuatro manos el novelón Paisajes del Universo.   Travis Ortega (London, 1964 - Malabo, 2007) aterrizó en Mallorca en los noventa para quedarse entre nosotros cerca de siete años. Poco sabemos de él, salvo que era hijo de irlandesa y mexicano y que nació en un barrio marginal de Londres. «Soy nómada, bastante mujer y mi sangre es mitad ginebra, mitad palabras».   Andrés Duvet (Pyongyang, 1971) es un habitante de lo impalpable, uno de los que sueña y su palabra se convierte en carne: «No es un oficio ser escritor, sino una vida». Escribe poemas en reversos de servilletas, extensas cartas de caligrafía extrañísima y crónicas periodísticas en los márgenes de los diarios matutinos.   Nöel Zinc desapareció del mundo literario en 2001 para dedicarse en exclusiva a la creación. Desde entonces nadie ha vuelto a verle, en persona, por ahí. La única forma de acercarnos a su extraño universo creativo es a través de The Nöel Zinc Virtual Project.   Joan Van Dahlmann es vecino de Marivent. Rapsoda, guitarrista de acústica, cantante de blues y alma del Disparador Poético, que es un diccionario portátil con «palabras a mano para versos urgentes» como, por ejemplo: «corpóreo atributo acaecer provisión inconexo accesorio catálogo».   Andreu Sabater en una sola frase resume toda su biografía: «Fui parido en una recóndita sierra cerca del centro del mundo». Este es el único dato que Andreu accede a compartir, porque como dice él mismo: «Qué más dará mi edad o pueblo, mi sabor preferido o lo que pienso sobre Dios».   Elías Deià nace en Madrid en 1973 sin manera de insertarse en la ciudad siendo sólo poeta -además hay que ser alguna otra cosa para vivir, porque ser poeta no da para mucho-, lee su primera poesía en las cavas de Arapiles, Maravillas y La Guindalera. 

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