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Principios irresistibles

Por 18 de febrero de 2009 Sin comentarios

Eder. Óleo de Irene Gracia

Marcelo Figueras

Hay comienzos de la literatura que hoy son clásicos entre los clásicos. Empezando por la mismísima génesis del asunto: ‘En el principio creó Dios el cielo y la tierra’, dice aquel que es padre y madre de todos los libros. ‘En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor’, arranca el Quijote. ‘Llámenme Ishmael’, invita Melville en Moby Dick, estableciendo una complicidad inmediata entre autor y lector. ‘¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte…!’, amenaza el mejor libro de Sarmiento. ‘Si resultaré o no el héroe de mi propia vida, o si esa dignidad le corresponderá a alguien más, estas páginas deberían demostrarlo’, dice Dickens al comienzo de David Copperfield. (Un comienzo que ha sido recreado, con la intención de negarlo, por Salinger en The Catcher in the Rye.) No es el único de los comienzos de Dickens que merece el bronce. Mi favorito, sin ir más lejos, es el primer párrafo de Bleak House.

          Pero por supuesto, no hay que irse tan lejos para encontrar frases de esas que tornan imposible dejar la novela. Me gusta el comienzo de The World According to Garp, de John Irving: ‘La madre de Garp, Jenny Fields, fue arrestada en Boston en 1942 por herir a un hombre dentro del cine’. Simple e irresistible: uno muerde el anzuelo de inmediato, y sigue porque no tolera no saber qué fue lo que motivó tan peculiar acto de violencia.

          Pero entre los clásicos modernos, pocos comienzos más espectaculares que el de London Fields, de Martin Amis:

          ‘Esta es una historia verdadera pero no puedo creer que esté ocurriendo de verdad.

         Es la historia de un crimen, también. No puedo creer la suerte que tengo.

         Y una historia de amor (creo), entre todas las cosas extrañas, de manera tan tardía en el siglo, de manera tan tardía en el maldito día.

         Esta es la historia de un crimen. Todavía no ocurrió. Pero ocurrirá. (Más le vale.)’

          ¿Acaso hay muchos placeres mayores que el de abrir un libro y verse compelido a seguir hasta el final?

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Marcelo Figueras

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cinco novelas: El muchacho peronista, El espía del tiempo, Kamchatka, La batalla del calentamiento y Aquarium. Sus libros están siendo traducidos al inglés, alemán, francés, italiano, holandés, polaco y ruso.   Es también autor de un libro infantil, Gus Weller rompe el molde, y de una colección de textos de los primeros tiempos de este blog: El año que vivimos en peligro.   Escribió con Marcelo Piñeyro el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana, considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. Suyo es también el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; de Rosario Tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana) y de Las Viudas de los Jueves, basada en la premiada novela de Claudia Piñeiro, nuevamente en colaboración con Marcelo Piñeyro.   Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.   Actualmente prepara una novela por entregas para internet: El rey de los espinos.  Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País. Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

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