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La patada en el hormiguero, con una apostilla

Por 4 de febrero de 2010 Sin comentarios

Lluís Bassets

Obama ha pegado la patada en el hormiguero. La pérdida del escaño de Massachusetts ha sido el catalizador. Pero se veía venir. Varios documentos elaborados por prestigiosos think tanks de ambas orillas venían advirtiendo una seria avería en las relaciones políticas entre EE UU y la Unión Europea. Aunque la bofetada es en el rostro de Zapatero, Europa es quien va pagar el giro de Obama hacia la política interior.

Las cumbres bilaterales con la UE ?nunca han sido populares entre los presidentes americanos?, según señala el documento Hombro a hombro. Forjando una relación estratégica EE UU-EU, elaborado por un grupo de think tanks de ambas orillas, bajo la dirección de Daniel Hamilton y Frances Burwell. Según sus redactores, cumbres como la que había que hacer en Madrid ?eran como la visita al dentista: tienes que hacerlo pero siempre es molesto?. El desplante de Obama pone en evidencia un problema de fondo. La relación entre la UE y Estados Unidos es muy estrecha, pero está llena de redundancias, disfunciones y excesos burocráticos que incomodan a Washington. Se solapa, además, con la auténtica institución transatlántica que es la OTAN, aunque ésta también se halle en crisis y en plena prueba de fuego en Afganistán. Obama salió muy insatisfecho de las dos anteriores, celebradas el pasado año, en Praga y otra de vuelta en Washington, en la que eludió su participación en el almuerzo final. Pero ni siquiera estos fiascos habían hecho cambiar hasta ahora los planes del presidente norteamericano, que tenía previsto asistir a la Cumbre con la UE en Madrid en abril, en contra de lo que ahora ha afirmado la Administración norteamericana. Obama es un presidente que no quiere dar ningún paso sin tener toda la información y conocer al dedillo la trascendencia de la decisión. George Bush asistió a todas la cumbres porque sus asesores consideraron que era lo conveniente, pero por sí mismo no podía poner en duda su funcionalidad. No es el caso de Obama, que raciona y dosifica su tiempo en función de las prioridades y no de los compromisos. Su horario es el más caro entre todos los políticos mundiales y se organiza por cuartos de horas, unidad mínima de tiempo que la Casa Blanca considera suficiente para asimilar un problema, despachar una entrevista o consultar una cuestión con sus asesores.

Los viajes al extranjero, muy abundantes en su primer año, paralizan su agenda interior, donde ahora se centran las prioridades, por lo que es del todo lógico que ahora quiera concentrarse, a la vista de las elecciones de mitad de mandato de noviembre, en las que se juega la doble mayoría en las cámaras. Obama sólo habría asistido a la Cumbre de Madrid esta primavera si algo sustancial y realmente relevante hubiera estado en juego. No es el caso: la UE no es un problema ni le sirve a Washington para resolver problema alguno.

En el fondo, ha seguido al pie de la letra la recomendación de un think tank europeo, el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, en un paper donde se puede leer que ?la relación trasatlántica no necesita más cumbres, foros ni diálogos? y que ?visto desde Washington, la ronda anual de cumbres EE UU-Europa se ha convertido en un ejercicio de pantomima?. Sus autores, el británico Nick Witney y el americano Jeremy Shapiro, recomendaron también que se descartara la idea inicial española de aprovechar la presidencia para revisar la Nueva Agenda Trasatlántica, firmada en 1995. Tal propuesta ?sólo dañaría la credibilidad de Europa en Washington?, señalan. Aunque la diplomacia española pudo captar a tiempo la necesidad de rebajar las expectativas acerca de la Cumbre, no percibió que lo que estaba en crisis era la cumbre misma. Ningún presidente desde hace 17 años ha dejado de asistir a estas aburridas reuniones, que fueron semestrales con Clinton y se convirtieron en anuales con Bush. Es evidente que la arquitectura de las relaciones ha quedado obsoleta, pues corresponde al mundo tal como era en 1994, cuando se aprobó la Nueva Agenda, con una Europa todavía de 15 miembros y sin el euro.

El documento elaborado en similares fechas por dos think tank españoles, el Instituto Elcano y la Fundación Alternativas, en cambio, considera todavía que la presidencia española constituye ?una oportunidad para replantear la relación trasatlántica? y para que España actúe ?como puente entre los EE UU y la UE?. La renovación de la Agenda Trasatlántica que proponen incluye la posibilidad de una solemne Declaración de Interdependencia, que debería salir de la cumbre ?como mensaje político de gran calado?. En contraste, el documento antes citado Hombro por hombro subraya que el problema no es de estructuras organizativas, sino de falta de voluntad y de visión política por parte de las principales capitales europeas. Cada vez que se ha producido una discrepancia sustancial dentro de la UE se ha resuelto por la vía de la complicación burocrática: creando una nueva y compleja institución, buscando derogaciones temporales de los tratados o aplicando el método clásico de los pequeños pasos que conducen finalmente a un cambio. Lo que pide EE UU con su brusco desdén es que los 27 busquen rápidamente el consenso en los temas estratégicos en los que la cooperación entre Europa y EE UU puede dar resultados tangibles: la relación con Rusia, el estatus de Turquía, la negociación de paz en Oriente Próximo o la guerra de Afganistán.

En vez de una superpotencia dispuesta a trabajar hombro con hombro (de ahí el título del documento), Washington suele encontrar todo un abanico de matices, que pueden ir desde la voluntad de actuar como contrapoder (Francia) hasta la entrega incondicional (Reino Unido), que luego se expresan en una cacofonía incomprensible para los presidentes americanos. Estas actitudes estimulan la tendencia natural norteamericana al unilateralismo. No hay aliados más próximos que los de la UE, ha señalado la secretaria de Estado, Hillary Clinton, pero a la hora de la verdad la obamanía europea se ha traducido en escasos resultados tangibles: dificultades para mandar tropas a Afganistán, escasas ofertas para recibir presos de Guantánamo, problemas por parte del Parlamento Europeo en la cooperación policial con los sistema Swift de datos bancarios y PNR (Passanger Name Record) para el control de pasajeros aéreos. Sólo faltaba que los europeos criticaran abiertamente a Obama por su acuerdo con Brasil, India, China y Sudáfrica (los BRICS menos Rusia) sobre medio ambiente en Copenhague o que los franceses expresaran su malestar por el desembarco de los marines en Haití para que la Casa Blanca perdiera ya la paciencia.  (Hasta aquí, el análisis que se publica también en el diario con fecha de hoy. Los párrafos que vienen después son una apostilla que completa mi reflexión sobre la suspensión del viaje y de la Cumbre.) El desaire permite dos lecturas perfectamente compatibles. La primera: el perfil de los recientes nombramientos de presidente del consejo y de alto representante, Herman Van Rompuy y Catherine Ashton respectivamente, revelan la débil voluntad europea de jugar como un agente global, a lo que Estados Unidos responde poniendo patas arriba el calendario de encuentros a su máximo nivel. Segunda: Washington aprovecha el vacío creado por el paso de la Europa del Tratado de Niza a la Europa del Tratado de Lisboa, evidente incluso en el lento calendario de hearings parlamentarios y en la toma de posesión la semana próxima, para impugnar un esquema en el que no se han sentido nunca cómodos y que molesta todavía más al nuevo presidente. Lo peor para España ha sido la sorpresa: el Gobierno se enteró por la prensa y sólo recibió explicaciones oficiales tres horas después. Y las malas formas, naturalmente. Obama ha intentado compensar el mal trato con la invitación hoy al Desayuno Nacional de Oración. Pero el daño ya está hecho. A la UE, por supuesto, que está obligada a reaccionar y a hacerlo revisando sus propios defectos, no buscando las culpas al otro lado del Atlántico. Y a España y su presidente, claro está, aunque sea escasa la responsabilidad de este lado; si acaso, la falta de perspicacia de su diplomacia. Pero en todo caso, está visto que una presidencia europea ya no es una oportunidad de lucimiento, sino una trampa para elefantes, sobre todo en mitad de una crisis económica tan severa. Nouriel Rubini señalaba ayer en el Financial Times que ?ninguna unión monetaria ha sobrevivido sin una unión fiscal y política?. Lo que le falta a Europa para que Obama asista con regularidad a las cumbres es lo mismo que le falta para abordar razonablemente la crisis. Y sólo estamos en los primeros compases de la aplicación de ese Tratado de Lisboa que debía convertir la UE en un agente global.

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Lluís Bassets

Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.  

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