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Nostalgia del héroe

Por 4 de febrero de 2010 Sin comentarios

Javier Rioyo

 

Hace tiempo que sabemos que la poesía admite hasta golondrinas. No han dejado de pasar pájaros y pajarracos. Conozco poesías en las que el protagonista es Torrebruno, aquél bajito italiano que salía por la televisión y cantaba para niños. La poesía, "cuartel de invierno", camino de primavera, hojas de otoño o mar de los veranos, sólo vale cuando es capaz de encontrar su verdad. Unos años atrás leímos a José Luis Rey, poeta y pensador cordobés, que nos había regalado unos cuántos poemas de luz y palabras. Ahora completa ciclo y llama "Volcán vocabulario" a su último libro. Sigue convocando a la poesía para que baje del horizonte y nos pille durmiendo con los ojos abiertos.

Me gustan muchos de sus poemas. Elijo uno con la figura del héroe. Nunca me han gustado muchos los héroes, ni los actos heroicos, algo que no se arregla con la edad. Un descreimiento que aumenta y que amenaza con dejarme a la intemperie, en un mundo ausente de héroes. Al menos nos queda el recuerdo de algún héroe de la infancia. Un héroe, por ejemplo, como el del poema de José Luis Rey. Uno de esos héroes que le vendría bien conocer a Leire Patín para que no confunda a Rodríguez Zapatero con un héroe.

 

"EL HÉROE

 

Nadie entendía cómo lo había logrado. No se lo dejaban

tener en clase, y el gorrión frágil se quedaba horas y horas

en la ventana. De vez en cuando volaba, o saltaba asustado

por el ruido de los coches, o se iba a posar sobre el escudo

de hierro barato del ayuntamiento. Pero, en los recreos,

entre clase y clase, el niño le silbaba y el gorrión

domesticado acudía a posarse en su hombro, heraldo vivo

del cielo, y tomaba las migas de pan que su dueño le daba.

 

 Y todos los demás jamás tuvimos admiración tan grande

por un héroe. En círculo, mirábamos  a ese niño con su

gorrión en el hombro, emperador de la infancia, alejarse

lentamente por el umbrío pasillo, que se iba llenando de

hierba, como cuentan que ocurre en las leyendas"

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Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

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