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Hasta aquí llegó el agua

Por 26 de marzo de 2012 Sin comentarios

Eder. Óleo de Irene Gracia

Lluís Bassets

No son las encuestas, siempre averiadas. Son las expectativas. La marea azul venía subiendo desde que empezó la crisis. Y hasta aquí ha llegado. Andalucía y Asturias marcan el nivel que alcanzó el agua. Rajoy tiene algo que agradecer a su amarga jornada electoral del domingo: justo a los cien días, conoce mucho mejor los límites de su poder.
El mayor daño suelen producirlo las medicinas mal administradas. Rajoy quiso dosificar la purga europeísta y le ha salido mal el calendario. Si hubiera sacado menos pecho en Bruselas con el déficit y además hubiera elaborado los presupuestos a tiempo ahora podría atribuir entero el resultado electoral a la reticencia antieuropea de la izquierda española.

El ensueño de un cambio histórico en Andalucía, que le diera por primera vez a una fuerza conservadora la mayoría, se ha desvanecido. El socialismo no ha ganado, que quede claro. Su declive sigue. Quien se beneficia directamente es Izquierda Unida, que reclamará el premio y la prima por su victoria. Pero al cabo de la calle queda demostrado que la roja Andalucía es un dato fijo de la realidad española como lo son Euskadi y Cataluña dominados por los hechos diferenciales del nacionalismo. Recordemos que el único clientelismo que se denuncia es el de los otros, como sucede con la corrupción, y evitemos así la explicación fácil a las victorias ajenas.
También se lee de otra forma este primer percance serio de su presidencia. Arenas mandaba demasiado. Este es otro dato de la realidad que se deduce de la campaña, no de los resultados directamente. También en el PP los barones territoriales merman poder y márgenes de maniobra al Gobierno. Y no lo hacen por altruista sentido de Estado, sino por rastreros cálculos electorales: como todos. El vencedor inconsolable, como le ha calificado Ignacio Camacho, condicionó cuanto pudo a Rajoy durante la campaña sin sacar luego fruto alguno del poder propio ni de la debilidad ajena. Alguien deberá sacar conclusiones.
Estos son los bueyes con los que hay que arar. O Rajoy busca la base mínima de consenso para salir de la crisis todos juntos, cediendo por tanto cada uno en sus pretensiones, o en caso contrario el sino nefasto de Papandreu empezará a planear como un águila sobre su cabeza. No era Zapatero, era la crisis. No era la socialdemocracia, era la crisis. Las crisis son las que destruyen los gobiernos, con independencia del esfuerzo que con frecuencia hacen los gobernantes para destruirse ellos solos sin ayuda de nadie.
Una vez el tsunami se llevó a la izquierda por delante, ahora le toca llevarse lo que queda, que es la derecha. Cabe que esta línea del agua marque el momento en que empezó la caída de la derecha. Pero que nadie eche las campanas al vuelo: así como la destrucción de la izquierda no significa automáticamente la construcción de la derecha, lo contrario tampoco es cierto.
No olvidemos otras hipótesis menos convencionales que suelen acompañar a las crisis, capaces de rentabilizar con gran eficacia los escenarios de empeoramiento. Cuidado, pues, con las euforias futbolísticas que suelen acompañar a los resultados electorales. En circunstancias idénticas suelen subir los populismos extremistas de ambos signos.

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Lluís Bassets

Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.  

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