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Fecha para salir de Irak

Por 2 de marzo de 2009 Sin comentarios

Eder. Óleo de Irene Gracia

Lluís Bassets

La decisión, finalmente, ha llegado. Seis años después de la invasión de Irak, el nuevo presidente de Estados Unidos ha podido anunciar el calendario que va a poner fin a la ocupación. Obama ha tenido que optar entre tres propuestas de retirada de Irak, que oscilaba entre los 16 meses prometidos en su campaña y los 23 que le pedían los jefes militares sobre el terreno, con una intermedia de 19. ¿Puede extrañarle a alguien que este gobernante moderado y prudente haya elegido la intermedia? También ha decidido que mantendrá a 50.000 hombres para tareas de entrenamiento, formación y asesoramiento del ejército iraquí hasta finales de 2011. Esto significa que la ocupación propiamente dicha terminará el 31 de agosto de 2010 y el último soldado norteamericano se irá de Irak el último día de 2011: ¿a quién puede parecerle mal un plan de repliegue tan pautado y claro? Hay que tener en cuenta que la base de todo esto es el Sofa (Status of Force Agreement), firmado precisamente por George W. Bush, y negociado a cara de perro con el Gobierno de Al Maliki, en el que no se contempla el mantenimiento de bases norteamericanas en Irak.

Obama está recibiendo críticas desde la derecha y desde la izquierda: unos porque se retira, pero hay que recordarles que fue Bush quien tiró la toalla y acordó la salida con el Gobierno iraquí, aunque sin plazos claros; otros porque no se retira con suficiente rapidez, pero hay que recordarles a éstos que el calendario ahora anunciado conduce a la plena responsabilización iraquí de la seguridad interior y de la defensa exterior. Otra cosa distinta, no contemplada todavía en ninguno de los acuerdos bilaterales ni ahora en discusión, es que en un futuro un Gobierno iraquí decida ceder o compartir bases con Estados Unidos, con Obama o con otro presidente, al estilo de lo que sucede en otros países, notablemente en Europa, o en la misma España. Pero lo que está ya claro de antemano, tanto por parte de Obama como antes por parte de Bush, es que los planes de Washington no pasan por reproducir el esquema que ha funcionado con las ocupaciones de Alemania, Corea o Japón, con mantenimiento de bases durante un tiempo indeterminado.

Siendo claro y limpio el plan y el calendario de aplicación, no lo son tanto los resultados. La pacificación de Irak es muy relativa y hasta ahora se ha hecho a costa de dar primero el Gobierno a la mayoría chiíta, en detrimento de los sunitas, y luego reequilibrar en algo la relegación de estos últimos. El momento actual, sin embargo, coincide con la agudización de las tensiones entre los kurdos, casi autónomos en el norte, y el Gobierno de Maliki. Lo más peligroso de la retirada norteamericana es que pueda coincidir con un enfrentamiento civil que conduzca a la partición del país, algo que ya se había advertido como peligro en el momento de la invasión en 2003.

En la cuestión de Irak quienes más han cambiado han sido los republicanos. Bush cambió muy sustancialmente en 2007, sólo con el desalojo de Donald Rumsfeld de la secretaría de Defensa y su sustitución por Robert Gates, secretario de Estado que ha permanecido con Obama. Fue entonces cuando adoptó algunos puntos de vista del Irak Study Group, una comisión bipartidista que recomendaba un pequeño incremento de tropas para asegurarse el control para luego disminuir paulatinamente hasta la completa retirada. El ISG, en el que estaba integrado Gates, llegó a propugnar que el presidente se comprometiera ante los iraquíes de que no habría bases permanentes norteamericanas en el futuro en su país.

Obama se opuso a la invasión y luego también a todas las sucesivas decisiones de George W. Bush, excepto la última de todas, que fue la negociación con Maliki del estatuto de las fuerzas de ocupación. Por parte de la actual Casa Blanca sólo se ha producido una modulación del calendario inicialmente prometido, a instancias de los militares sobre el terreno, para evitar los riesgos de la precipitación. Los generales Petraeus y Odierno, que han conducido la última etapa de Bush en Irak, se han acomodado muy bien al nuevo presidente, sobre todo porque al final son más las continuidades que las rupturas en este capítulo entre Bush y Obama. Entre estas últimas hay que anotar dos nada menores: Obama va a incluir en los presupuestos todos los gastos de Irak y Afganistán, y se acabó la política de privatización y externalización militar practicada por Rumsfeld y Cheney que llevó a los abusos conocidos de la compañía Blackwater.

(Escribo estas notas a la espera de que se aclaren los resultados electorales en Galicia y País Vasco, y mientras siguen llegando muy malas noticias sobre la economía de Estados Unidos. Peores son todavía las que afectan a las compañías editoras de periódicos, uno de los sectores más afectados por esta crisis. El sábado dejó de publicarse una cabecera histórica, el diario ‘Rocky Mountain News’, al que le faltaban apenas 50 días para cumplir sus 150 años. Ya no era rentable y no encontró ningún comprador que se sintiera capaz de intentar su recuperación. Era un gran diario, con cuatro pulitzers y un enorme pundonor profesional. Denver (Colorado), la ciudad donde se publicaba, con un área metropolitana de dos millones y medio de habitantes, se queda con un solo diario impreso, el Denver Post. Vendía unos 250.000 ejemplares de lunes a sábado, más o menos lo que vende su competidor. Prácticamente se fundó con la ciudad y su historia se confunde con ella. Para mí no es una noticia remota, sino que interpela a los periodistas de todo el mundo y a los lectores de prensa ahora claramente en declive en Europa y América. Los periodistas del Rocky han hecho una última demostración de profesionalidad con su último número y sus vídeos y blogs en la página web del periódico, todo ello emotivo y ejemplar.)

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Lluís Bassets

Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.  

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