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Desplazamientos de poder

Por 2 de noviembre de 2011 Sin comentarios
Revista Claves (marzo-abril 2020)

Lluís Bassets

El mercado único se hizo por la transferencia de soberanía a las instituciones comunitarias, Comisión, Parlamento y Tribunal. El euro, que se desprendía del mercado único, por decisión unánime de los países miembros y sólo entre quienes quisieran (hay derogaciones para integrarse en la moneda única, que solo es obligatoria para quien no las ha pedido y obtenido: Reino Unido y Dinamarca) y cumplieran las condiciones, con el resultado de que la soberanía se transfería al Banco Central Europeo. No se quiso avanzar en la unión política, porque tocaba una soberanía que se consideraba sagrada e intransferible.
Ahora la Unión Europea está al cabo de la calle. Las instituciones europeas no tienen papel alguno en esta crisis. El Banco Central lo tiene, pero muy acotado. La pelota estaba en el campo donde jugaban los 27 jefes de Estado y de Gobierno, pero resulta que sólo dos jugadores, Francia y Alemania, han sido capaces de mover el balón y hacer con él lo que quieren. Uno con su hiperpresidencia aparentemente todopoderosa y el otro con su democracia parlamentaria cuidadosamente equilibrada por un Tribunal Constitucional que hace oír su voz en todas las decisiones.

Si el poder se desplaza en el mundo cambiante, también sucede lo mismo dentro de Europa. Alemania es la potencia emergente dentro de un continente en declive. Aparece siempre de la mano de Francia, pero sus intereses y sus decisiones se hallan en abierta divergencia y terminan siempre imponiéndose. Para Sarkozy es fundamental mantener la apariencia de que se halla todavía al mando de algo, y por eso no duda en defender las decisiones de Merkel como si fueran suyas, aunque se haya dedicado a discutirlas hasta un minuto antes.
Cuando se producen tales desplazamientos de poder a nadie le debe extrañar que aparezcan fuertes reacciones por parte de quienes lo pierden y también sufren como resultado de las decisiones tomadas por los que ganan. Esto es lo que ha sucedido con Grecia. Papandreu convoca el referéndum porque no se siente capaz de seguir aplicando hasta no se sabe cuándo la dura austeridad que le impone Merkel, a cambio, por cierto, de un paquete financiero que todavía no ha conseguido concretar: falta que la banca europea asuma la quita entera y que aparezcan la generosa ayuda de los Bric para completar el rescate.
Angela Merkel no quiere perder la adhesión de sus votantes. Pero Papandreu también tiene derecho a cuidar de los suyos. Lo más criticable de las decisiones de estos días es que se hayan tomado sin tener en cuenta los intereses de todos en vez de solo los más poderosos, la banca francesa y alemana, entre otros. Está visto que los dirigentes europeos hablan poco entre sí y no se consultan unos a otros antes de tomar decisiones graves que afectan a todos. La UE ha avanzado siempre con fórmulas en las que nadie pierde y cada uno consigue salir airoso y con algún provecho. Cuando solo ganan unos a costa de que pierdan los demás, la UE retrocede y terminan perdiendo todos.

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Lluís Bassets

Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.  

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