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Carta de un colono isarelí

Por 26 de junio de 2009 Sin comentarios

Eder. Óleo de Irene Gracia

Lluís Bassets

Un ciudadano israelí, que responde por el nombre de Daniel Ben Hillel, me hace llegar una carta a propósito de mi artículo ?Los okupas de Jehová?, que publiqué en El País y en este blog el 11 de junio. Hoy quiero dar dicha carta en este espacio y señalar que la mejor respuesta a sus argumentos se la da el prestigioso historiador británico Tony Judt en el artículo que publicó ayer El País, y que es una versión algo acortada y traducida al castellano del texto original publicado por The New York Times. La carta toca algunos puntos muy concretos que merecen, sin embargo, una respuesta más específica, que daré en un próximo post, probablemente este mismo lunes.

Estimado Sr. Bassets,
 
Me dicen que es usted de ascendencia Judía, lo cual me permite, quizás, comprender mucho mejor su posicionamiento acérrimamente anti-israelí. Ese es un problema con el cual hemos venido lidiando desde hace 2.500 años y a pesar de que tenemos aún fresca en la memoria la experiencia de la Judería alemana en 1938, aun no hemos podido comprender que hay cosas de las que simplemente no podemos, como judíos, desprendernos.
 
Su artículo parte de premisas varias, repetidas una y otra vez por los propagandistas árabes, quienes están aplicando la regla enunciada por Goebbels, de triste memoria, de que una mentira repetida mil veces se transforma en una verdad. Intentaré marcar, por lo menos, algunas de éstas, a mi entender, erróneas concepciones.
 
La propiedad de la tierra de Israel – El Estado de Israel fue fundado en su tierra ancestral, tierra que vió nacer al pueblo Judío y la única tierra en la cual los Judíos se desarrollaron como país y como pueblo. Es cierto que hubo propuestas de sitios alternativos ofrecidas a lo largo de los años, tales como parte de Argentina o la ex colonia inglesa de Uganda, pero no fueron aceptadas por el pueblo Judío por una razón muy simple: no tenemos ninguna base ética para reclamar esos territorios. La tierra de Israel, en cambio, nos pertenece porque es la tierra que Dios le dio al pueblo Judío y no por una resolución de las Naciones Unidas. Analizando las resoluciones, primero de la Sociedad de Naciones y luego de las Naciones Unidas, vemos que el territorio destinado a Israel era el de TODO el protectorado de Palestina (protectorado inglés), que luego fue subdividido para satisfacer intereses políticos ingleses creándose el Reino de Transjordania; el territorio restante fue dividido otra vez por parte de las Naciones Unidas para la creación del Estado de Israel y de una entidad árabe, partición no aceptada por los árabes a pesar de que dejaba en sus manos el 93% del territorio original destinado al pueblo Judío.
 
Racionalidad de los "okupas" – Los okupas, como usted les llama, y en cuyo numero me cuento, no están en duda; resulta, tan solo, que nuestra escala de valores es distinta a la suya. El Judaísmo no es una religión (se que esto es difícil de entender sobre todo por usted), el Judaísmo es una forma de vida, es una forma de comer, una forma de rezar, una forma de vestir, una forma de pensamiento filosófico, etc., pero sobre todo una fe profunda en Dios. No puede usted tratar de "odiadores de árabes", extremistas y otros cuantos apelativos peyorativos a gente que es tan solo fiel a sus principios de vida, sin por ello alejarse de la realidad mundial ni de trabajar como cualquier hijo de vecino. No puede pretender que yo crea y/o acepte que no tengo derecho a Judea y Samaria (donde vivo) y sí a Tel Aviv por la simple razón de que las Naciones Unidas así lo determinaron. Judea y Samaria son nuestra cuna histórica, no así la región de la costa; por ello creemos tener tanto o más derecho a Judea y Samaria que a cualquier otra región de Israel.
 
Idealismo – Quizás este punto sea la clave para su incapacidad de comprender la lucha del pueblo Judío por vivir en su tierra; quizás el vivir en una sociedad mercantilista le lleve a creer que se puede transar en lo básico siempre y cuando se obtenga algo a cambio de ello. Sr. Bassets, ¡cuéntele eso a los vascos! ¡cuénteselo a los catalanes (eso debería entenderlo) o a quien fuere que crea que los ideales no se venden! Esta misma es la razón por la cual Estados Unidos es incapaz de comprender la realidad mundial y sueña que con sanciones económicas se soluciona todo. Como dice el dicho: "Cree el ladrón que todos son de su misma condición", y quien está dispuesto a vender sus creencias a cambio de una casa calefaccionada y un vehiculo climatizado cree que lograr lo que quieren es una simple cuestión de precio. Pues se equivoca Sr. Bassets; su forma capitalista de pensar esta básicamente errada ya que asume que todo el mundo es capitalista.
 
La Realidad – Creo firmemente que la única forma de que vea, acepte y conozca la realidad es que visite nuestro país, y más específicamente mi ciudad, donde sería mi huésped, por supuesto sin cargo alguno para usted; también me haría cargo del coste del billete de avión. Nada como que usted conozca la realidad, nada como ver la forma en la que viven los habitantes de Judea y Samaria para que usted comprenda que hablamos de un volver a las bases, sea en términos de modo de vida, sea en términos éticos.
 
Nada le impide llegar al conocimiento; incluso podría luego escribir varios artículos que seguramente vendería bien; tan solo la valentía de enfrentarse a sus fantasmas asimilacionistas se interpone entre esta oportunidad y usted. Aguardo su respuesta.
 
Daniel Ben Hillel

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Lluís Bassets

Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.  

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