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Cadáveres políticos

Por 2 de diciembre de 2012 Sin comentarios

Eder. Óleo de Irene Gracia

Lluís Bassets

En política no hay cadáveres. Los mejores ejemplares triunfan incluso después de muertos. Por profundas que sean las heridas, incluso las auto infligidas como es el caso de Artur Mas, la resurrección siempre es posible. Es difícil, ciertamente, porque la fortuna, la oportunidad que debe saber aprovechar el Príncipe maquiavélico, no suele pasar muchas veces.
A algunos no les pasa nunca, a otros les pasa una sola y no saben sacarle partido alguno, y otros más saben aprovechar la última que les encumbra hasta la cima justo cuando estaban a apunto de tirar la toalla. Hay ejemplos a porrillo, pero cada uno puede buscar los suyos.

Artur Mas no es exactamente un cadáver político, pero su plan sí lo es. Las elecciones del 25N han pulverizado su transición nacional. Recordemos que debía conducir al Estado propio a través de una mayoría indestructible, parlamentaria y social, que debía ser más fuerte y más sólida que la que tiene Rajoy en el resto de España, y que debía suceder gracias a la batuta de un presidente plebiscitado con fuerza y autoridad, y por tanto con manos libres para negociar en nombre de Cataluña, internacionalizar el conflicto entre legalidad y legitimidad y obtener así de Madrid y de Bruselas las mejores condiciones para el futuro Estado.
Todo debía ocurrir a ser posible en una legislatura que resolviera el derecho a decidir y, como máximo, en dos. Esa hoja de ruta tan precisa, pormenorizada por la almendra del soberanismo convergente en sus contactos con la prensa internacional y con los diplomáticos extranjeros, incluía en su final la retirada de un Mas satisfecho y exhausto, una vez Cataluña situada ya en el lugar que le corresponde.

Pero que Mas no sea un cadáver no quiere decir que las cosas se le hayan puesto muy cuesta arriba. Su liderazgo está totalmente resquebrajado, a punto de caramelo para que crezca muy rápidamente la pulsión de relevo en su partido y en la coalición. El soberanismo ya tiene en todo caso un líder nuevo, Oriol Junqueras, de Esquerra Republicana, que es el que le marcará el paso a partir de ahora. Se le ve un tipo tranquilo y frío, con cabeza y carácter para aguantar la presión de los convergentes.
El buenismo soberanista de moda, que hace los jugos más dulces con los limones más amargos, asegura que nada ha cambiado y que solo se trata de compartir el liderazgo. Que Dios les conserve la vista. El orondo Junqueras tiene una mandíbula política y un estómago electoral de ogro. Que se preparen.

Mas puede resucitar pero su proyecto no. Ese es el auténtico cadáver que ha quedado tirado en mitad de la avenida de la independencia. La agenda, la hoja de ruta y el relato, ¡ay el relato!, pertenecen a Esquerra y no a Convergència i Unió, y ésta es una verdad difícil de reconocer. Hasta hace una semana estábamos hablando de 68 diputados convergentes, de un mínimo de 90 soberanistas y de un líder incontestable e incontestado a la cabeza de todo, para aprovechar la ventana de oportunidad abierta por la Diada, el momentum le llaman los americanos. Poco queda de todo aquello, sobre todo del momentum.

Se ha terminado el entusiasmo, hijo de los numerosos entusiastas voluntarios pero también de un nutrido grupo de insignes contratados. Basta con leer los periódicos barceloneses, llenos de columnas torcidas y desangeladas. Queda el soberanismo realmente existente, muy serio, sólido y respetable, digno de la mayor atención de todos, empezando por Rajoy, pero exactamente como ya existía antes y a la espera de otro momentum que no sabemos si volverá.

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Lluís Bassets

Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.  

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