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Por 18 de enero de 2022 Sin comentarios

Félix de Azúa

 

Poderes tan musculados como el religioso, el político o el mediático, hace ya décadas que solo se interesan por los “retornos”. Síntoma indudable de su impotencia

Hace ya unos años se reunieron un filósofo bastante popular, Peter Sloterdijk, y un poderoso cardenal, Walter Kasper, en el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos con el fin de debatir acerca de un asunto que consideraban relevante: “el retorno de la religión”. El diálogo lo publicó el diario Die Zeit. ¿Por qué pensaban que se estaba dando tal retorno? Ese punto en ningún momento se explica. Ambos lo creen o aparentan creerlo, pero con matices notables.

Dijo Sloterdijk que, a diferencia del islam, el cristianismo carece ya de fuerza, orgullo y coraje, y que, en contraste con la violencia teológica islamista, “aquello que nos vuelve a inquietar en el monoteísmo se ha vuelto menos visible en el cristianismo que en su bastardo estético, el comunismo”. Para el cardenal, en cambio, la sospecha de que “haya algo que es sagrado, que está fuera de mi alcance y con lo que debo vivir con respeto y veneración” sigue siendo el cimiento del cristianismo. Como se ve, la posición del jerarca aparece en todo momento a la defensiva, a pesar de que el filósofo no se emplea a fondo y le perdona la vida en un par de ocasiones. Es más, para Sloterdijk la cuestión no es de bondad, respeto y comprensión sino de algo irreparable: “No podemos perdonar a los árabes o a los musulmanes que seamos cultural y técnicamente superiores desde hace 200 años”. Esta inversión de la culpa deja al cardenal muy desconcertado.

Pero en mi edición (KRK), la opinión definitiva, la más contundente, se debe al prologuista, Félix Duque: “Lo único que no se pregunta, al menos en los casos aquí examinados, es por qué no vivimos ya más que de retornos”. Y este es el problema. Poderes tan musculados como el religioso, el político o el mediático, hace ya décadas que solo se interesan por los “retornos”. Síntoma indudable de su impotencia.

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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