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Señor, señor, qué aciaga tabarra

Por 15 de octubre de 2007 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Félix de Azúa

No siempre, pero a veces hablar con un grupo de periodistas lleva peligro de la vida. El miércoles presenté un libro y como era de esperar me preguntaron sobre el absorbente asunto de la Feria de Fráncfort. Hablé con la tranquilidad de quien se dirige a un conjunto de adultos.

Dije, por ejemplo, que me había sorprendido la unanimidad de los escritores en lengua catalana para acudir a unos actos que eran, sin duda, una promoción política y secundariamente comercial. Desde luego, sin relación alguna con el arte de escribir. Un acto más propio de funcionarios que de escritores y en el que el presidente de un club de fútbol les dijo (¿a los alemanes?) que si no mejora el catalán habrá que fundar la "república catalana del Barça". Todo muy elevado.

Cuando España fue la invitada de honor de la feria, algunos escritores convidados (yo mismo, sin ir más lejos) declinamos porque nos contrariaba perder el tiempo en una feria que es más una reunión comercial que literaria. Y añadí que quienes conocen el paño saben que allí no hay nada mejor que hacer que emborracharse en el bar del hotel. Comenté que a un escritor suele darle un poco de vergüenza servir de cartel a un circo patriótico cuyos rendimientos se los lleva la Administración. El rechazo del servilismo hizo que bastantes escritores españoles no acudieran al Fráncfort español. Mostré mi perplejidad por la unanimidad de los 110 escritores de la Generalitat. Ni un ausente. Sólo ha fallado Sergi Pàmies, uno de los mejores, por razones que no ha revelado, aunque ha dicho que si hablara "le meterían en la cárcel".

Mostré mi sorpresa sin acusar a nadie, como mera constatación. Por suerte me llevo bien con casi todos los invitados. Incluso entiendo que la unanimidad se deba a que comparten los fines patrióticos del Departamento de Cultura de los independentistas. Nada que objetar.

Titular: "Azúa tilda de serviles a los escritores catalanes de la comitiva oficial". Acato la obsesión por el titular malévolo. Incluso me complace: el lector inteligente sabe discriminar. El bobo va al trapo.

Artículo publicado en: El Periódico, 13 de octubre de 2007.

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017), Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) y El arte del futuro. Ensayos sobre música (Debate, 2022) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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