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Parálisis

Por 19 de septiembre de 2017 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Félix de Azúa

Hace casi 40 años, el coronel Tejero dio el último golpe de Estado. Militares y tropa, a la manera romántica, tomaron la Institución y aguardaron la llegada de la autoridad competente. No vino. Todo tenía un aire antiguo, de novela del ochocientos, y ni siquiera los tanques de Milans lograron subirlo al siglo XX. Fue el último golpe moderno y a partir de entonces vendrían los golpes posmodernos.

Pocos creían que aquellos infelices pudieran lograr el control del país, pero, por si acaso, nadie se movía. Los jefes de izquierdas o sindicales corrieron a ocultarse. La pequeñez de los diputados puso de relieve a dos de ellos, un militar y un civil, que se mantuvieron en pie ante el matonismo golpista. Los demás, se agacharon.

Pocos creían en la eficacia golpista, pero, por si acaso, más valía no figurar. Durante días, la gente no habló de otra cosa y todas las actividades quedaron paralizadas. El golpe chupaba como un tifón la totalidad de las energías del país. Por lo menos hasta que empezaron a gotear militares por las ventanas del Parlamento, una de las escenas más chuscas de aquel grotesco guiñol.

Vivimos ahora un golpe posmoderno muy similar. El actual Tejero se llama Puigdemont y también ha surgido de la nada, pero a diferencia del coronel este golpista se muere por aparecer en la radio, la televisión, la prensa, y sobre todo (lo más infantil) las llamadas redes sociales. De hecho, el golpe lo está dando en el mundo inmaterial y compite con Rajoy en audiencia, hora punta, publicidad, seguidores telemáticos y fotografías en la prensa extranjera. Como Kim Jong-un, ha dado orden de que todos sonrían a la cámara.

Es otro modelo, pero el efecto es el mismo: allí están todos agachados hasta saber quién gana. No hay ni dos de pie.

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017), Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) y El arte del futuro. Ensayos sobre música (Debate, 2022) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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