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País, paisaje, paisanaje

Por 25 de febrero de 2009 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Félix de Azúa

Abundo en un artículo anterior: en mis años de universidad, cuando la economía política era la asignatura que nos iba a salvar de la criminal estupidez capitalista, siempre producía una considerable satisfacción constatar cómo los teóricos liberales coincidían con el dictamen estrictamente marxista de que los feroces totalitarismos europeos habían sido causados por el derrumbe económico. La ley de los ciclos de crecimiento y acumulación, seguidos por otros de depresión y pobreza, no los negaba nadie. Creo que todavía hoy sigue siendo el dictamen general de los economistas. En consecuencia, los expertos deben de estar ya preparándose para el totalitarismo.

    No me extrañaría que se diese la curiosa paradoja de que, por ser esa la interpretación canónica, acabe realizándose ya que no es infrecuente una profecía que genera su propia constatación. Cuando, antes de cualquier prueba fehaciente, hay un convencimiento dogmático extendido, los engranajes sociales trabajan denodadamente para conseguir pruebas que demuestren el dogma. Así funcionan el nazismo, el estalinismo, el castrismo, el franquismo, el maoísmo y todos los sistemas que inventamos los humanos cuando nos entra el pánico y queremos asegurarnos el corral. El proceso es irreversible y acabamos todos entre rejas, presos y guardianes.

    En los últimos meses, y como no podía ser de otro modo, los talantes totalitarios, tan acendrados y aplaudidos, tan gerenciales en nuestro país, están comenzando a limpiar sus trabucos. Vi con inquietud a los castristas de Izquierda Unida y de la Iniciativa catalana exigir a gritos que alguien nos encadene, que venga de una vez el gran macho que nos domine. El temor a la libertad es la más vieja tradición española. Más inquietante aun fue leer en el periódico de la burguesía de Barcelona a un cómico que tiene un éxito loco en la televisión local quejándose por una encuesta según la cual apenas un 5% de la población catalana se interesa por la política catalana. No decía que habría que obligarles, pero se le notaba la irritación. "No son como yo", venía a decir. "Hay que conseguir que nuestra gente crea en sí misma". Y eso se traducía en: "Y por lo tanto, que se adapten a mi identidad". Ni se le pasaba por la cabeza que quizás el tullido moral era él, que se gana la vida explotando a los políticos con chistes de colegio. Ahora predica desde la Televisión, pero pronto ejercerá desde un despacho. Entonces se habrá acabado el chiste.

    Dicen las prospecciones que en Francia la extrema izquierda ya ha superado a los socialistas. Y dicen las proyecciones electorales que en la Europa rica, los países escandinavos, los flamencos, los holandeses, buena parte de Alemania, viene subiendo exponencialmente la extrema derecha. Eran sobrecogedoras las imágenes del proletariado británico exigiendo a gritos que los puestos de trabajo se reserven para los nacionales. Recordé que en la última crisis económica, el proletariado francés que votaba por el Partido Comunista se pasó en bloque a Le Pen. La extrema derecha es el mejor refugio de la extrema izquierda y viceversa. Cuando no se matan entre sí, se adoran. No hay nada tan espeluznante como leer las justificaciones que escribieron los burócratas franceses del Partido, entre ellos Louis Aragon, cuando Stalin firmó el pacto con Hitler. Esa connivencia profunda se expone con lucidez en el mayor clásico ruso (y comunista) del siglo XX, Vida y Destino, de Vassili Grossman.

    Da escalofríos pensar en cómo se producirá esa partición violenta en nuestro país. De momento son sólo fenómenos dispersos, como vagos relumbres en el horizonte. Uno que pide dictaduras a la cubana, otro que reclama autoridad y rigor, muchos que exigen una nacionalización radical de la política. Cuando los relámpagos se conviertan en tempestad, constataremos que cuarenta años de convivencia no son nada comparados con diez siglos de guerra civil. Nuestra tradición manda que todo el mundo ha que ser forzosamente igual, o sea, igual a Mí. A eso le llamamos "identidad", un modo maquillado de mencionar el amor al uniforme.

    El pasado fin de semana me acerque al espolón de L’Estartit para ver una vez más cómo el bravo mar se había llevado de una dentellada uno de los espacios más emocionantes de lo que queda de Costa Brava. Constaté que aquello no se va a reconstruir nunca. Anduve luego hablando con el amable regente del Club Náutico, con los comerciantes de Torroella, con el paisanaje de aquel lugar por el que siento un afecto parecido, creo yo, al que se suele denominar "amor a la patria". Luego paseé con el podenco de unos amigos de Llabià, bicho conejero y socarrón, por el camino bordeño que da sobre el viejo lago, uno de los paisajes más enteros de la zona, cultivos que pudo pintar Jan Memling. Los verdegrises del pinar, el polvo plateado de las encinas, y sobre todo la nube de pétalos blancos sobre cada almendro contra un cielo de loza, eran de una cortesía jovial. Pensaba en el buen país, el notable paisaje y el cordial paisanaje que quizás dentro de poco se convierta en una hoya de furias en la que cada cual querrá imponer violentamente eso que él llama "su identidad" y que no es sino un modo delicado de hablar del gran deporte nacional: marcar el paso.

Artículo publicado el 25 de febrero de 2008.

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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