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Ocasión para no morirse tonto

Por 9 de junio de 2008 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Félix de Azúa

Cuando suena la palabra "filosofía", o bien se desata el terror, o bien una carcajada, o bien la bizquera del sordo ("¿filo qué?"). El primer caso atañe a quienes creen que la filosofía es como la física cuántica, cuando sólo es su fundamento. En el segundo caso es seguro que se ha dicho en un contexto como "la filosofía del entrenador nacional". El tercero es el más general y simpático. Mejor no tener ni idea que creer que se tiene una.

Sin embargo, la filosofía es lo más simple del mundo: es "el arte de hablar exclusivamente de asuntos que a todos conciernen". Eso sí, deben concernir a todo el mundo, no sólo a los geómetras o a los peluqueros, no sólo a los inteligentes o a los tontos. A todo el mundo. Parece una condición imposible de cumplir y sin embargo es la única sin la cual no hay filosofía. Por ser difícil de cumplir, la filosofía es infrecuente.

/upload/fotos/blogs_entradas/filosofa._interrogantes_que_a_todos_conciernen_med.jpgLa definición de "filosofía" antes mencionada es de un pensador riguroso, Víctor Gómez Pin, en su libro póstumo "Filosofía. Interrogaciones que a todos conciernen" (Espasa). Gómez Pin que comenzó como experto en Aristóteles con sendos tratados sobre el vino y los toros, derivó en sus últimos años de vida hacia la filosofía de la ciencia. Sin embargo, el enigma del vino y los toros nunca le abandonó ya que nada tendría sentido si el sentido no tuviera su raíz en los misterios de la ebriedad y la muerte. Somos animales que deliran, juegan con la muerte y bailan sobre sus propias tumbas. Si la mecánica cuántica es incapaz de decir algo sobre tales asuntos, mejor usarla para construir cyberbarbies.

Dedicar la vida al pensamiento es una tarea peligrosa. No se sabe qué es peor, si que te reconozcan (esas figuras terminales de Ortega y Zubiri), o que te traten como a un mono, que es el destino habitual de quienes tratan de pensar en este país. Gómez Pin no se engañaba sobre la generosidad de su tarea y asumió con total naturalidad su acabamiento. Antes de dejarnos, sin embargo, escribió su testamento. Observen: "Interrogaciones que a todos conciernen". Gran faena final del matador.

Artículo publicado en: El Periódico, 7 de junio de 2008.

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017), Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) y El arte del futuro. Ensayos sobre música (Debate, 2022) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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