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Malas bestias

Por 25 de enero de 2022 Sin comentarios

Félix de Azúa

Lo superfluo del raciocinio y de la argumentación es el corazón de la política española, la cual se va pareciendo cada vez más a una serie de la tele

Si usted ha visto alguna serie o película española habrá observado que casi siempre hay una o varias personas que gritan, gesticulan, lanzan improperios e insultan. La atmósfera general suele ser la de una caseta de títeres muy zafios. Nunca se argumenta o se dialoga, que es la gracia de las series británicas o incluso de las francesas, porque los personajes no se definen por su capacidad de raciocinio, que es nula, sino por su mera presencia. Los esforzados actores y actrices solo pueden afirmar que ahí están ellos dando fe de que su cuerpo ya es suficiente para que el espectador identifique sin error quién es el más idiota.

Sorprende que esa manera de gritar e insultar sea tan típica de la ficción española. No se da en ningún otro medio europeo y por lo que la curiosidad me ha permitido ver, tampoco en las series turcas, mucho más comedidas y correctas, lo que les ha ganado una popularidad inesperada entre los adictos a la televisión.

Lo superfluo del raciocinio y de la argumentación es también el corazón de la política española, la cual se va pareciendo cada vez más a una serie de la tele. No es solo que un concejal de Zaragoza llame “carapolla” al alcalde de Madrid como si estuviera en una taberna, finca o pensión de serie española, es que en general no hay ni una sola argumentación entre los partidos, seguramente por imitación a las series televisivas que parecen el solo alimento de los políticos. Así, por ejemplo, lo único que han sido capaces de mascullar los de Podemos ante las amenazas rusas sobre Ucrania es un “no a la guerra” que suena a película subvencionada por José Luis Rodríguez Zapatero. ¿A qué guerra? ¿De qué están hablando? Da lo mismo porque lo siguiente es aullar que Ucrania es machista y heteropatriarcal, en tanto que Rusia usa el lenguaje inclusivo. Esta o cualquier otra majadería. ¿Quién imita a quién?

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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